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Iglesia Católica… ¿con I de infamia, con C de calumnia? -- Gustavo Vidal Manzanares, jurista y escritor

Publicado en

El Plural

Joseph Goebbels, jefe de propaganda de la Alemania nazi, recomendaba: “Mentid, mentid, mentid… al final, algo queda… y no olvidéis que, cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá”.
De este modo, durante años, se han disparado acusaciones falsas contra excelentes profesionales de la Medicina.

Los tribunales, sin duda, deben imponer las correspondientes penas a los supuestos calumniadores. Pero entiendo que no debemos centrarnos en estos presuntos delincuentes. Persiguen un lucro y una notoriedad que no alcanzarían con rectitud ni defendiendo causas justas. Ninguno de ellos llega a la suela de las zapatillas del doctor Montes. Efectivamente, pocas personas pueden ser acreditados especialistas de la Medicina. Pero convertirse en lenguaraces inflamados de odio… está al alcance de casi cualquiera.

Sin embargo, en los momentos de indignación, hemos de conservar la mente gélida y analizar el escenario: si todos los delitos esconden un móvil, ¿qué se oculta detrás de este cortinón de calumnias contra estos magníficos profesionales de la sanidad pública?

En mi opinión, esta campaña de atroces falsedades solapa dos objetivos: por un lado, desprestigiar la sanidad pública para proceder a su saqueo, es decir, privatización. Y, desde otro ángulo, frenar cualquier iniciativa de eutanasia.

La iglesia católica y los poderes económicos que apuntalan al PP se perfilan como los dos actores de esta opereta. Por ello, tras la cortina de infamias, ya se ha privatizado algún centro hospitalario y se proyecta la edificación de ocho hospitales. Construidos con dinero público pero que serán gestionados por manos privadas. La estafa a los ciudadanos no puede ser más grosera: unos pocos se harán más ricos con lo que pagamos entre todos. “Mercado libre, sí, pero usted paga y nosotros (los ultraliberales) nos quedamos con los beneficios”.

Desde otra óptica, la campaña de calumnias persigue frenar cualquier atisbo de derecho a una muerte digna. La iglesia católica no parece conformarse con rechazar el preservativo, abocando así a cientos de miles de africanos al precipicio de una espantosa muerte. También espera que millones de enfermos terminales extingan sus días retorcidos de dolor.

La actitud frente a tanta infamia y calumnia ha de ser doble. Por un lado, un replanteamiento maduro de las frivolidades privatizadoras, conjugado con una información precisa sobre las desastrosas consecuencias económicas y sociales que acarrean a la mayoría. Por otra parte, urge un marco legal adecuado para que los profesionales médicos puedan aliviar el sufrimiento inenarrable de quien ya no puede curarse y desea acabar con su martirio. En otras palabras: hay que regular la eutanasia.

Todo esto puede ser posible si el 9-M votamos donde más les duele a quienes se llenan la boca de Cristo, cuando resulta imposible encontrar una molécula del Evangelio en sus aquelarres de odio, complejos, vanidad y calumnias.

gvidalmanzanares@gmail.com

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