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Honduras: Latinoamérica en una hora decisiva -- Maggie Marín, periodista

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Adital

Combatividad, coraje, tesón, perseverancia, y resistencia ejemplar, por el lado de la legalidad y la justicia. Tosca intransigencia, patrañas y maniobras dilatorias por otro costado, el de los usurpadores y los represores. Son claves esenciales que delinean lo que ha venido ocurriendo en Honduras en las más de dos semanas transcurridas desde el golpe de estado que secuestró y le arrebató el cargo al legítimo gobernante hundureño, José Manuel Zelaya, o Mel, como le dice cariñosamente su pueblo.

Porque –la verdad sea dicha–, mientras el presidente constitucional de la hermana nación centroamericana muestra una bizarría y un arrojo que pasarán a los anales de la historia latinoamericana como bien lo demostró el domingo 5 de julio al intentar la peligrosa acción de ingresar en su país por vía aérea (decidido a cumplir su promesa de compartir con su pueblo la brutal represión golpista como escribió Fidel en su reflexión del 10 de julio), por su parte Roberto Micheletti y su pandilla solo exhiben más cinismo y socarronerías. Sin asomo de vergüenza.

Por supuesto, el panorama hondureño ostenta otros substanciales signos. Uno, muy reconfortante, es la madurez demostrada por el Frente Nacional contra el Golpe de Estado, integrado por organizaciones sindicales, estudiantiles, campesinas, femeninas, ambientalistas, de derechos humanos y otras, y que se ha traducido en la tenacidad de las manifestaciones y marchas populares en repudio del golpe de estado, contra «Goriletti» o «Pinocheletti» (como también ha sido apodado por el pueblo el presidente espurio Roberto Micheletti), a favor de la restauración del orden constitucional, y por la restitución de José Manuel Zelaya, su legítimo gobernante.

Otro, muy significativo también, es la amplitud del repudio internacional de que es objeto la camarilla golpista y que al original y categórico rechazo de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), sumó el de la Organización de Estados Americanos (OEA), el de la ONU (Organización de Naciones Unidas), reunida de urgencia para analizar la situación en Honduras y en la que Zelaya fue recibió un masivo respaldo, el la Unión Europea, del Sistema de Integración Centroamericano (SICA), de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), y del Movimiento de Países No Alineados (NOAL), que incluye el vital asunto entre los temas principales de su XV Conferencia Cumbre, que dará inicio mañana 15 de julio en Egipto.

Y sumó una clave vital: la fuerte implicación en la asonada de los sectores más ultraderechistas de USA, de un sector del ejército estadounidenses y de la CIA. «Se han movido detrás de los golpistas. Todavía no tenemos toda la evidencia, pero seguramente cuando pase el tiempo y empiecen a desclasificarse algunos materiales de Estados Unidos, vamos a ver su fuerte implicación», aseguró a Telesur el politólogo argentino Atilio Borón. «Los militares hondureños siguieron un manual de operaciones de la CIA como un grupo comando que entró por la noche en la casa del presidente, lo sacó con hombres encapuchados, aplicando la metodología propia de la década de los 70».

Borón precisó que hay un dato fundamental en la virulencia que tuvo el golpe: «Es el hecho de que hablamos del ejército (hondureño) que ha sido más profundamente indoctrinado por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, por la Escuela de las Américas en todo el hemisferio. Este es un dato que no es menor».

Lo cierto es que algunos especialistas aseguran que sin la complicidad de miembros de la jefatura del Comando Sur y de la IV Flota, los castrenses no habrían dado el paso. Además crecen las denuncias sobre las implicaciones antes, durante y después del golpe (en estratagemas y maniobras posteriores contra el gobierno legítimo de Honduras que incluirían la famosa mediación en Costa Rica propuesta por la Secretaria de Estado gringa Hillary Clinton), de organismos estadounidenses con rollizos prontuarios intervencionistas, como la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID)y el Instituto Internacional Republicano (IRI), entre otras; del embajador gringo en Tegucigalpa, Hugo Llorens; de otros dilectos personajes de la extrema derecha estadounidense como Otto Reich y John Negroponte, así como de conocidos y desprestigiados miembros y organizaciones (ALFA 66 entre ellas) de la mafia cubano-americana asentada en Miami.

Por ejemplo el propio Llorens -nacido en Cuba y enviado a USA con 7 años durante la operación CIA Peter Pan– admitió su participación en reuniones donde se discutieron los planes del golpe antes del secuestro de Zelaya. Aunque este espécimen no goza de la fama de Reich y Negroponte, es especialista en terrorismo y era director de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad en Washington cuando se produjo el golpe contra el presidente Hugo Chávez, en 2002.

Digo más, si alguna duda existiese aún respecto al lado en que se hallan la justicia y la razón, bastaría conocer los nombres y la casta de dos personajillos que se han puesto al servicio del gobierno de facto que desgobierna Honduras desde el 28 de junio: Lucía Pinochet, hija de su dilecto padre, y Billy Joya Amándola, quien arrastra una nefasta pero considerable fama por sus destrezas en las artes del asesinato, la desaparición y la tortura. Jefe y fundador del Batallón hondureño 3-16, especializado en la represión en la década del 80, el capitán Joya acaba de ser nombrado «asesor ministerial» por el usurpador, Roberto Micheletti.

Y aseguran expertos que multinacionales farmacéuticas gringas también tuvieron participación y «colaboraron» financieramente. No olvidar que la importancia del área centroamericana para los norteños no es sólo geopolítica y estratégica, también emana de la gran riqueza de su biodiversidad.

A las ya señaladas manifestaciones del movimiento popular se ha sumado Xiomara Castro de Zelaya, quien usó de la palabra en una gran concentración en Tegucigalpa, la capital, poco antes de la marcha del martes 7 de julio y que constituyó su primera aparición pública desde la asonada golpista, ya que no estaba con su esposo cuando este fue secuestrado y trasladado a la fuerza a Costa Rica por los militares, al amanecer del 28 de junio. La compañera del mandatario, radicalizada ella misma al calor de los azarosos acontecimientos, dijo que no podía seguir oculta para proteger su vida cuando el pueblo sigue batallando y ofrendando su sangre. En su emotivo discurso aseguró que como parte de ese, su pueblo, no siente miedo, y exhortó a continuar la resistencia pacífica.

Ciertamente, uno de los hechos más impactantes de la más reciente realidad hondureña ha sido esa tenacidad y combatividad de sus pobladores en la lucha cívica día a día, a despecho del catálogo de intimidaciones ideadas por los usurpadores y por la derecha política, el empresariado y la oligarquía; y de la brutal represión de que han sido objeto los manifestantes por el ejército, una institución que, vale apuntarlo, ha sido tradicionalmente fraguada y prohijada por Washington, la CIA y el Pentágono, y que tan nefasto papel jugara contra los movimientos guerrilleros y populares de toda Centroamérica en los años 70 y 80, muy especialmente contra los sandinistas nicaragüenses.

Incluso ya se han instaurado otras formas de lucha popular como la toma de carreteras y de puentes; en tanto sus líderes, conscientes de que hoy en Honduras se juega el destino de Nuestra América toda, ratifican que mantendrán la lucha hasta la restitución de la legalidad democrática y el retorno de Zelaya.

El sábado pasado en Tegucigalpa y bajo una lluvia pertinaz, Berta Cáceres, dirigente indígena, aseguró: «Cada minuto que estamos aquí, ellos (los oligarcas) pierden millones, ese es el lenguaje que ellos entienden. Hay que golpear la economía de esos fascistas».

Y como en todas las batallas de David contra Goliat, ese abierto desafío tiene un costo humano. Así, organismos defensores de los derechos humanos aseguran que unas dos decenas de personas son objeto de persecución, otro tanto están desaparecidas, hay un número indeterminado de heridos y suman seis los muertos.

Al respecto, activistas humanitarios guatemaltecos miembros de una misión presidida por la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, denunciaron que la militarización y el uso indiscriminado de la fuerza ha derivado en la violación de derechos tan elementales como el derecho a la vida». «Hemos podido constatar al menos cinco ejecuciones extrajudiciales derivadas directamente de esta situación, así como violaciones a los derechos a la movilización, expresión, manifestación y reunión», aseguraron. También denunciaron la censura informativa.

Según declaró Menchú, vivir en Honduras «es como vivir en un cuarto oscuro, donde no se sabe lo que está pasando afuera. La información que hay es para legitimar el golpe de estado, no hay otro punto de vista», denunció.

Paradigma de la crueldad y la barbarie que visten los militares por encima de sus trajes de camuflaje fue el asesinato el domingo 5 de Isy Obed Murillo, de19 años quien murió cuando fuerzas militares golpistas arremetieron brutalmente contra los manifestantes que esperaban a su presidente constitucional, Manuel Zelaya, en el aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa. El ejemplo del joven mártir y la viril actitud asumida por su familia a pesar de la tragedia (que no ha terminado porque los intimidan para que cesen de imputarle el crimen al gobierno de facto y hasta el padre había sido detenido por los castrenses), han matizado el día a día en una Honduras que está literalmente en pie de guerra.

En tanto ¿Qué ocultan las pláticas con los golpistas? ¿Cuál es su real dimensión? Colegas de medios como el diario mexicano La Jornada brindan algunos quid de la cuestión en boca de protagonistas y lugareños. Así que mientras la radio en Honduras «olvida» informar sobre las marchas aunque sí emite juicios expresados por quien a pedido de la Secretaria de Estado gringa ejerce de mediador oficial de las pláticas, el Premio Nobel y presidente de Costa Rica, Oscar Arias («Ambos sectores han afirmado su convicción de que es con el verbo, no con la pólvora, con lo que se escribirán los trazos de su reconciliación»), surgen denuncias de que los golpistas están en la fase de la represión selectiva, intentando intimidar a los dirigentes de la resistencia.

De unas conversaciones que tras dos rondas no rindieron el fruto que debieran (la rendición incondicional de los usurpadores como exigió virilmente Zelaya en cuanto arribó al aeropuerto de San José y la restitución del legítimo gobernante) se siente satisfecho Arias (¡Di tu!) quien, además, sopesa la propuesta golpista de seguir dentro de ocho días. Silvia Ayala, diputada y una de las cuatro representantes del presidente constitucional en el diálogo de San José, dice que eso abona la idea de que el gobierno de facto sólo busca alargar el conflicto. «Nosotros dijimos que era demasiado tiempo y le propusimos al presidente Arias que el próximo encuentro fuera en Honduras».

Certificó asimismo la parlamentaria que mientras en la mesa hablan de buena voluntad, en Honduras arrecian acciones vengativas, como el anuncio de que investigarán las cuentas bancarias de dirigentes del Frente Nacional contra el Golpe.

El enviado de La Jornada dialogó con dos manifestantes que junto a otros miles marchaban por la carretera que conduce a San Pedro Sula y a la Costa Atlántica, tras un bloqueo de un par de horas. «Ese diálogo de Costa Rica sólo es para cansar. ¿Quién lo propuso? Estados Unidos, que ni retira a su embajador ni se atreve realmente a bloquear. Es atole con el dedo» dicen, avispados. No están al tanto de lo expresado por el presidente bolivariano, Hugo Chávez, sobre el particular («¿Cómo si desde temprano andamos acá en el bloqueo?»). El colega les cuenta: «Chávez dice que el diálogo en Costa Rica estaba muerto antes de comenzar, que es un aborto de Washington». Y brota otra vez el talento popular: «Pues eso es, tiene razón».

Para Juan Barahona, dirigente de la Federación Unitaria de Trabajadores, el mentado diálogo es una táctica para prolongar el conflicto, una estrategia para darle largas y debilitar la resistencia.

Certero y diáfano, como siempre, el compañero Fidel valora en su reflexión del 10 de julio: «Cuando el Presidente de Estados Unidos Barack Obama, de viaje en Moscú para abordar temas vitales en materia de armas nucleares, declaraba que el único presidente constitucional de Honduras era Manuel Zelaya, en Washington la extrema derecha y los halcones maniobraban para que éste negociara el humillante perdón por las ilegalidades que le atribuyen los golpistas».

Advierte: «Si el presidente Manuel Zelaya no es reintegrado a su cargo, una ola de golpes de Estado amenaza con barrer a muchos gobiernos de América Latina, o quedarán éstos a merced de los militares de extrema derecha, educados en la doctrina de seguridad de la Escuela de las Américas, experta en torturas, la guerra psicológica y el terror. La autoridad de muchos gobiernos civiles en Centro y Suramérica quedaría debilitada. No están muy distantes aquellos tiempos tenebrosos. Los militares golpistas ni siquiera le prestarían atención a la administración civil de Estados Unidos. Puede ser muy negativo para un presidente que, como Barack Obama, desea mejorar la imagen de ese país. El Pentágono obedece formalmente al poder civil. Todavía las legiones, como en Roma, no han asumido el mando del imperio».

¿Qué es hoy Honduras en medio de una de las peores crisis de su historia? Pues no solo un país ocupado por los golpistas, sino además un ocupado por las fuerzas armadas de Estados Unidos, como asegura Fidel, quien menciona a la base militar de Soto Cano (Palmerola), que a menos de 100 kilómetros de Tegucigalpa fuera reactivada en 1981 y utilizada por el coronel Oliver North en la guerra sucia contra Nicaragua desatada bajo la administración de Ronald Reagan. «El Gobierno de Estados Unidos dirigió desde ese punto los ataques contra los revolucionarios salvadoreños y guatemaltecos que costaron decenas de miles de vidas, escribe Fidel.

«Allí -añade– se encuentra la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo de Estados Unidos, compuesta por elementos de las tres armas, que ocupa el 85 por ciento del área de la base. Luego Eva Golinger divulga su papel en un artículo publicado en el sitio digital Rebelión el 2 de julio de 2009, titulado «La base militar de Estados Unidos en Honduras en el centro del golpe». Ella explica que «la Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país. Un acuerdo ‘de mano’ entre Washington y Honduras autoriza la importante y estratégica presencia de los cientos de militares estadounidenses en la base, por un acuerdo ‘semi-permanente’. El acuerdo se efectuó en 1954 como parte de la ayuda militar que Estados Unidos ofrecía a Honduras… el tercer país más pobre del hemisferio.» Ella añade que «…el acuerdo que permite la presencia militar de Estados Unidos en el país centroamericano puede ser retirado sin aviso».

El Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba advierte que Soto Cano es sede de la Academia de Aviación de Honduras y que parte de los componentes de la fuerza de tarea militar de EE UU la integran soldados hondureños. «¿Cuál es el objetivo de la base militar, los aviones, los helicópteros y la fuerza de tarea de Estados Unidos en Honduras?», se pregunta. «Sin duda que sirve únicamente para emplearla en Centroamérica. La lucha contra el narcotráfico no requiere de esas armas».

En evidente referencia a las pláticas de San José, anota asimismo Fidel: «No sería comprensible que Zelaya admita ahora maniobras dilatorias que desgastarían las considerables fuerzas sociales que lo apoyan y solo conducen a un irreparable desgaste.

«El Presidente ilegalmente derrocado no busca el poder, pero defiende un principio, y como dijo Martí: «Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército».

Manuel Zelaya cumplió lo prometido. El domingo 5 de julio intentó regresar a Honduras por vía aérea en compañía de Miguel D´Escoto, presidente pro témpore de la Asamblea General de la ONU, de Patricia Rodas, su canciller, y de una pequeña comitiva. Hasta se movilizaron los presidentes Rafael Correa, de Ecuador; Cristina Fernández, de Argentina y Fernando Lugo, de Paraguay, para acompañarlo en el viaje. Luego se entendió que lo mejor era que esperasen en tierra los resultados de un acto que reveló el coraje del mandatario hondureño, en situación crítica, como sabemos, por defender sus principios y a su pueblo.

Escribe Fidel sobre el hecho: «Me consta que en pleno vuelo, cuando se aproximaba a Tegucigalpa, se le informó desde tierra sobre las imágenes de Telesur, en el instante que la enorme masa que lo esperaba en el exterior del aeropuerto, estaba siendo atacada por los militares con gases lacrimógenos y fuego de fusiles automáticos», escribe Fidel en la referida reflexión del viernes 10 de julio. «Su reacción inmediata fue pedir altura para denunciar los hechos por Telesur y demandar a los jefes de aquella tropa que cesara la represión. Después les informó que procedería al aterrizaje. El alto mando ordenó entonces obstruir la pista. En cuestión de segundos vehículos de transporte motorizados la obstruyeron».

«Tres veces pasó el Jet Falcon, a baja altura, por encima del aeropuerto, sigue Fidel. «Los especialistas explican que el momento más tenso y peligroso para los pilotos es cuando naves rápidas y de poco porte, como la que conducía al Presidente, reducen la velocidad para hacer contacto con la pista. Por eso pienso que fue audaz y valiente aquel intento de regresar a Honduras. Si deseaban juzgarlo por supuestos delitos constitucionales, ¿por qué no le permitieron aterrizar?»

«Zelaya sabe que estaba en juego no solo la Constitución de Honduras, sino también el derecho de los pueblos de América Latina a elegir a sus gobernantes.», asevera el líder de la Revolución Cubana».

Cuando escribo estas líneas el panorama se compone de la persistencia de Zelaya en su intensión de regresar a Honduras por métodos pacíficos, y ha sostenido reuniones con el secretario de Estado adjunto para América Latina, Thomas Shannon, y el consejero adjunto de Seguridad Nacional para la región, Dan Restrepo (quienes le reiteraron «su apoyo ante el golpe de Estado del pasado 28 de junio y abogaron por su restitución») así como y con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

Y lo más importante, de la persistencia de la lucha popular. El sábado 11, por ejemplo, miles de manifestantes colmaron las principales calles de Tegucigalpa y se concentraron luego frente al aeropuerto internacional Toncontín para rendir homenaje a Isy Obed Murillo, el joven asesinado por el ejército en sus alrededores cuando participaba en la manifestación popular que esperaba la llegada del presidente Zelaya. Marchas similares, así como bloqueos de carreteras y puentes, siguen teniendo lugar a diario en la capital y en diversos lugares del país, y no deben cesar.

Porque no hay dudas, en lo inmediato y por sobre todas las cosas, lo que definirá el futuro de Honduras y en gran medida de Latinoamérica toda dependerá de la capacidad de resistencia del movimiento popular. En Honduras y además en el ámbito regional. Hay que responder, en fin, al llamado golpe «judicial», con porrazos, golpazos, batacazos y leñazos populares.

¡Que lección le estamos dando a los halcones washingtonianos!

* Periodista de la revista centenaria cubana Bohemia

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