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GRAVÍSIMO INFORME INTERNACIONAL SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL. Emilio Marín

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Argenpress

Las consecuencias del cambio climático ya lo pagan países pobres y los pobres del mundo
La reunión de expertos internacionales en el calentamiento global fue tan apocalíptica como la primera que deliberó en febrero en París. El informe de Bruselas pronostica aumento de temperatura, inundaciones, sequías, etc, que afectarán a los más pobres.

El 6 de abril la humanidad se desayunó con malas noticias. Y esta vez no provenían de las muertes alevosas de iraquíes a manos de soldados estadounidenses ni de los reiterados ataques de las tropas israelitas contra los palestinos de Gaza. No. La preocupación embargaba a quienes leían las conclusiones de la segunda reunión del año de los especialistas del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, ámbito donde están representados cien países.

La principal conclusión de los expertos fue que habrá más enfermedades, malnutrición, olas de calor, sequías y aumento del nivel del mar, entre otras calamidades producidas básicamente por la acción del hombre. Y que, como no podía ser de otro modo, esas consecuencias impactarán sobre todo entre los países pobres y los amplios contingentes de pobreza que habitan incluso en los países ricos. Esta última no es una apuesta a futuro de difícil dilucidación: en la tragedia provocada por el huracán Katrina en agosto de 2005 en Nueva Orleáns, ya se vio que eran los pobres, negros en su mayoría, los más perjudicados que no tenían adónde ir ni cómo ir.

La reunión de la capital belga tuvo participantes de numerosas entidades ecologistas y de organismos sanitarios internacionales. Por caso, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el calentamiento global y sus cambios climáticos provocarán un aumento de la malnutrición y de las enfermedades infecciosas y respiratorias, que impactarán en los niños.

La OMS asegura que crecerá el número de muertos y heridos por inundaciones, tormentas y olas de calor. Entre otras pruebas de que esta ya es una realidad que está entre nosotros, aunque a veces no se lo tenga presente, la entidad sanitaria citó como ejemplo alarmante el fallecimiento de 35.000 personas en Europa a causa de la ola de calor en 2003. No eran muchos, incluidos los periodistas, los que tenían presente ese dato.

El informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) se titula “Efectos, adaptación y vulnerabilidad”. Y allí se plantea un panorama apocalíptico para los próximos cien años, donde la temperatura subirá 2 grados como mínimo, aunque otras voces afirman que el aumento será mayor. En consecuencia, se podría extinguir un tercio de las especies, caer la producción de alimentos y aumentar el nivel del mar de 4 a 6 metros. Se cree que en los próximos cinco años ya habrá 50 millones de personas que serán “emigrantes climáticos” procedentes de zonas inundadas por el mar.

La mano empresaria

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), ya hay 10 millones de seres humanos que viven ya a menos de un metro sobre el nivel del mar. Es el contingente más vulnerable y su perfil de clase social está cantado: los que viven en las zonas bajas, inundables, son generalmente los pobres. Los ricos, a lo sumo, pueden tener casas de fines de semana en esos lugares y en todo caso, ante una emergencia, tienen buenos vehículos, tarjetas de crédito y relaciones para zafar de situaciones comprometidas.

Aunque es una verdad ampliamente conocida, no está demás repetir que gran parte del calentamiento global tiene que ver con la emisión de gases contaminantes o también llamados de “efecto invernadero”, sobresaliendo el dióxido de carbono. La utilización de combustibles en el parque automotor y fabril es la principal fuente de generación de ese efecto, que recalienta el planeta.

Ya el primer informe del IPCC tras su reunión de París, en febrero último, apuntó a la responsabilidad del hombre, más específicamente a la responsabilidad empresaria y gubernamental. Las empresas y las autoridades son quienes contaminan, por acción u omisión, por la utilización a full de carbón, petróleo, etc, o bien por la falta de controles.

Obviamente no es la misma responsabilidad la de un hachero que vive con su familia en el monte santiagueño, o lo que queda de él, y quema para hacer carbón; que la de los directivos de la Exxon, la principal petrolera del mundo, que promueve el uso irracional del combustible, o de la General Motors, que fabrica autos sin atender a criterios ecológicos.

No es lo mismo y es bueno remarcarlo, porque sobre todo en Argentina hay demasiada cultura de igualar para abajo y afirmar que “todos somos responsables” cuando se quiere disimular quiénes son los culpables centrales de algo.

El comisionado de Justicia de la Unión Europea, Franco Frattini, declaró que “las empresas son responsables del 73 por ciento de los delitos medioambientales”. Entre los mismos está el arrojar desechos tóxicos a los países más pobres. Es que en este tema se aplica la ley del gallinero: el que está un palito más arriba, ensucia al que está abajo.

Y los que están en lo más alto del mundo, desde el punto de vista de su desarrollo industrial y su potencia económica, son los que más contaminan el planeta. Estados Unidos es responsable del 30,3 por ciento del calentamiento global, seguido de la Unión Europea con el 27,7 por ciento y Rusia con el 13,7. China, India y el sudeste asiático, con el 12,2.

Lo más grave es lo de EEUU. Su gobierno no hace nada para cambiar esa condición de campeón de la contaminación y encima es un contaminador alevoso, pues se ha negado a firmar el protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático.

¿Y por casa cómo andamos?

Cuando se trata de cuestiones de política internacional hay argentinos que creen que eso les resbala porque no los afecta directamente. Esa actitud es incorrecta. Pero si mantienen ese punto de vista sobre el calentamiento global serían suicidas. Este tema los atañe en vivo y en directo, como parte del mundo que, dicho sea de paso es único e irrepetible.

Los señalamientos de París y Bruselas apuntan objetivamente contra la superpotencia americana y sus socios europeos, aunque la administración Bush y algunas publicaciones alemanas hayan querido cuestionar a China como si fuera la peor del grado.

El científico argentino Osvaldo Canziani fue copresidente de uno de los grupos que deliberó en el IPCC reunido en febrero en París. El declaró que “por ejemplo, Tartagal, Santa Fe y Buenos Aires conocieron grandes inundaciones por los cambios que se produjeron, deforestaciones o cultivos continuos”. Agregó, “en agosto hubo granizo en el país y eso está claro que se debe al cambio climático; las precipitaciones y las tormentas son cada vez más intensas en latitudes medias, incluida Argentina”.

Una publicación que no tiene nada de antiimperialista, como “Greenpeace en acción”, nº 49, otoño de 2007, publicó un artículo titulado “Las inundaciones de Tucumán son consecuencia del desmonte y el calentamiento global”. Allí se afirma que las inundaciones del norte argentino “son consecuencia directa de la relación entre el Cambio Climático Global y las prácticas incompatibles con el medio ambiente, como el irracional proceso de destrucción al que se encuentran sometidos los bosques nativos”.

Argentina pierde cada año 250.000 hectáreas de bosques que sirven para regular los regímenes de lluvias y absorber emisiones de gases de efecto invernadero. La fiebre de la soja y sus más de 600 pesos la tonelada, con la meta del récord de 100 millones de toneladas en total de granos para el año que viene, extiende de ese modo irracional la frontera agropecuaria. Y tiene ese costo social.

La CEPAL está investigando si las recientes inundaciones en Bolivia, que dejaron un saldo de 54 muertos y 75.000 desplazados, tuvieron o no relación con el calentamiento global. Un estudio de ese tipo también es pertinente sobre la catástrofe del litoral argentino, que provocó 13 muertos y aún hoy tiene a 13.000 evacuados en Santa Fe. Es gente muy humilde a la que Jorge Obeid quería forzar a volver a sus domicilios pese a los riesgos y enfermedades al acecho, con tal de mejorar la imagen oficialista para las elecciones.

Un signo alentador en esta pulseada mundial fue el reciente fallo del Tribunal Supremo de EEUU ordenando a la Casa Blanca que la Agencia de Protección Medioambiental controle las emisiones de gases de camiones y autos. Hasta ahora, George Bush, Exxon y otras petroleras ofrecían miles de dólares a los científicos para que elaboraran informes donde se impugnaran las conclusiones de los expertos del IPCC.

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