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FENÓMENOS MIGRATORIOS EN GAO (MALI)Misioneros de África/Provincia de Mali

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JUsticia y Paz

Desde hace tiempo, Gao es un camino muy importante para llegar a Europa a través de los países magrebíes. Durante mucho tiempo vimos gente pasar para «subir» a Europa, aunque de vez en cuando volvían por haber sido expulsados. Éstos nos perdían nunca la esperanza de conseguir su sueño: encontrarse un día en Europa.

Para conocer mejor este fenómeno de los viajes hacia Europa y cómo transcurren estos, especialmente por Argelia, más abajo en-contrarán una interesante encuesta, llevada a cabo por Paolo Mac-cario (antiguo estudiante en los Misioneros de África) en Argelia. Casi todos los expulsados que me he encontrado y con los que he hablado están de acuerdo con el testimonio de Paolo. A menudo ellos añaden otras experiencias que están viviendo en este momen-to, donde las expulsiones se han convertido en una operación orga-nizada y apoyada por la comunidad europea.

En efecto, desde hace algún tiempo, una nueva realidad de migra-ción ha visto la luz. El paso por Gao ya no es para «subir». Es más bien al contrario: los inmigrantes que se encuentran en Gao buscan cómo volver a sus casas. Esto es debido a las expulsiones masivas sistemáticas, causadas por las medidas tomadas por la comunidad europea, de acuerdo con los países magrebíes. Esta gente, con la que nos encontramos ahora, ha perdido la esperanza de ir a Europa, porque, como ellos dicen, «hay un muro infranqueable entre Ma-rruecos y Europa». Antes había guetos organizados que acogían a la gente que quería ir a Europa, pero estos guetos han cerrado sus puertas.

Desde mi llegada a Gao, en el mes de Octubre de 2005, la comuni-dad me pidió que trabajara con la Cáritas maliense. A nivel de pa-rroquia, Cáritas se ocupa de los pobres y de aquellos que necesitan una ayuda urgente. Fue allí donde tuve la ocasión de conocer este mundo de las expulsiones masivas. Descubrí sus miserias, sus su-frimientos, su humillación…

¿CÓMO PODEMOS AYUDARLES?

En efecto, los expulsados son muchos y harían falta grandes medios si quisiéramos ayudarles a todos. Sin embargo, podemos ser un poco más modestos y hacer lo que podamos, lo que esté en nuestra mano. Una pequeña anécdota: en una ocasión, pudimos hacer vol-ver a alguien con tan sólo 1000 F. Cfa. Esta pequeña suma le permi-tió llamar a su familia y ellos hicieron llegar el dinero del viaje. Para nosotros, lo que pasa en Gao son como pequeños «Tsunami» u otros «Darfour», aunque, por supuesto, a menor escala.

¿QUIÉNES SON ESTOS INMIGRANTES ?

Son cameruneses, congoleños, nigerianos, marfileños, liberianos, angoleños y burkineses. A menudo se trata de hombres solteros. No se ven muchas mujeres y niños en Gao, pero en Kidal y sobretodo en Tin Zaouten (ciudad fronteriza con Argelia) nos encontramos con familias completas con hijos. Su número exacto es difícil de estimar, pero pensamos que serían más de 100 en Gao y unas 300 en Tin Zaouten. He conocido personalmente a una treintena pero su núme-ro evoluciona muy rápido ya que algunos salen de un día para otro hacia Niamey o Bamako. Hay que distinguir dos grupos de expulsa-dos:

1. Los que han querido ir a Europa y han fracasado.
2. Los que trabajan o estudian en Marruecos o en Argelia y que un día son capturados por las patrullas, siendo pos-teriormente embarcados en los camiones de expulsa-dos.

SU SITUACIÓN

Digamos que los que llegan a Gao son fuertes. Han tenido la suerte de ahorrar su dinero. La mayoría, como muestra la cifra dada más abajo, se encuentra en la frontera con Argelia en Tin Zaouten. Sue-len llegar tras 4 ó 6 semanas de viaje (normalmente hacen falta 2 semanas para viajar entre Marruecos y Argelia, 4 semanas entre Marruecos y la frontera con Mali, y 3 días entre Tin Zaouten y Gao). A menudo llegan agotados, física, psicológica y moralmente. Algu-nos están enfermos. Entre ellos, hay quienes han estado en la cár-cel, donde las condiciones higiénicas son lamentables. Algunos han sido victimas de accidentes. No tienen dinero para comer ni para cambiarse de ropa. En cuanto a la fatiga psicológica, muchos de ellos están enajenados mentalmente. Algunos se han vuelto muy agresivos, a consecuencia de lo que han visto y vivido durante su viaje. Para ellos, es un fracaso.

Han invertido mucho, sacrificado mucho (hablamos de unos 4000 euros, alrededor de 2.625.000 F Cfa). Les da hasta vergüenza po-nerse delante de sus familias y amigos, también arruinados. Muchos han perdido todos sus papeles, carnets de identidad y pasaportes. Se han convertido, pues, en inmigrantes ilegales.

SUS NECESIDADES

Son muchas. Desde gastos de transporte hasta medicamentos, pa-sando por la alimentación y el alojamiento. También hay que añadir la necesidad de volver a tener contacto con sus familias (cartas, teléfono…).

LA SITUACIÓN DE GAO

Gao es una ciudad donde hay muchos pobres, muchos parados; hay familias que no tienen ni para comer. Por ello, para los inmigrantes se convierte en una tarea muy difícil encontrar una familia capaz de acogerles y alimentarles.

Gao está alejada de otras ciudades: Mopti está a 600 km y Niamey a 400 km. Los transportistas no les hacen el favor de llevarlos gratis en tales distancias. Antes, la alcaldía de Gao daba unos papeles que les permitían viajar gratis o a un precio reducido; pero desde hace algunos meses, ya no da estos papeles, sin duda debido a los excesos que se han cometido.

LO QUE HACE CÁRITAS

La parroquia, a través de su oficina de Cáritas, se interesa por los problemas de estos expulsados, pero a menudo se encuentra limita-da por falta de recursos económicos. Hasta ahora, nosotros asegu-ramos en principio una acogida, lo que les permite sentirse escu-chados. Para aquellos que son cristianos, se les invita a integrarse en la vida de la comunidad cristiana. También pueden acudir a los servicios médicos de la parroquia. Les alimentamos como podemos y de vez en cuando les permitimos llamar por teléfono para que con-tacten con sus familias y puedan ayudarles.

EL PELIGRO QUE SE PRESENTA

Si se quedan en la ciudad y no continuan su viaje, su situación va a empeorar en poco tiempo. En la ciudad, igualmente, su número au-menta, lo que plantea cada vez más problemas. Problemas colatera-les que se pueden imaginar fácilmente (bandalismo, tráfico de dro-gas, etc.).

¿QUÉ HACER?

Pensamos que lo más inmediato es salvarles de cualquier urgencia y encontrar los fondos necesarios para asegurar su subsisten-cia (alimentos, medicinas, etc.).
Evidentemente, no sabemos cuando va a cesar el problema. Lo que sí sabemos es que Gao será siempre un lugar de paso, de tránsito para todo tipo de inmigrantes. Para el futuro, la parroquia planea la construcción de un centro de acogida adecuado. También hay que considerar cómo ayudar a los que están en Kidal y en Tin Zaouten. Es necesario sensibilizar a la opinión nacional e internacional, para que el sufrimiento de estos expulsados masivos de Marruecos y España sea conocido y se les ayude.

CONCLUSIÓN

Nuestro deseo es que, a través de este testimonio, la situación de los expulsados sea mejor conocida y se lleven a cabo actuaciones para enmendar la situación.

Anselm Mahwera y la oficina de Cáritas de Gao.

* * * *

Las migraciones clandestinas subsaharianas.
La encuesta de Paolo Maccario

L
os movimientos migratorios han existido siempre entre los países saharianos y el Magreb en general. Sin embargo, se trataba sobre todo de malienses, nigerianos y chadianos, que iban allí para realizar trabajos temporales y, en algunos casos, para instalarse definitivamente. Hoy en día, los países representados por los inmi-grantes son al menos una veintena y el objetivo ya no es el mismo: ahora el objetivo es llegar a Europa. Argelia no constituye un país de tránsito. Al mismo tiempo, el sistema de permisos para acceder a los países europeos, la dificultad de obtenerlos, y la creación del espacio Schengen, ha contribuido a la aparición de canales migratorios clandestinos, sobre todo en Argelia y Marruecos; estos países representan desde entonces, para los candidatos a emigrar, la única posibilidad de realizar su proyecto.

Este informe no quiere considerarse como el punto de vista de un experto, que no lo soy, sino más bien como el testimonio de alguien que se ha tomado la molestia de conocer el número más alto posible de inmigrantes y que se ha esforzado en profundizar en su entorno; esta tarea no ha sido siempre fácil dada la situación de precariedad en la que se encuentran y la ilegalidad que les hace desconfiar de cualquier extraño.

1.1. Situación demográfica.

En el año 2000, el África subsahariana albergaba el 10% de la po-blación mundial, unos 640 millones de habitantes. En 1950 sólo eran alrededor de 176,5 millones (el 7% de la población mundial). En el espacio de 50 años la población del África subsahariana se ha mul-tiplicado por 3,6; sin embargo, a escala mundial la población sólo se ha multiplicado por un poco menos de 2,4. Esta explosión demográ-fica se explica por las altas tasas de natalidad, que se mantienen muy elevadas, mientras que las tasas de mortalidad se han reducido sensiblemente gracias a las campañas sanitarias; esto es ciertamen-te un progreso. Por otro lado, la tasa de fecundidad está aún muy por encima de la tasa media de reemplazo de generaciones (2,1 hijos por mujer). En consecuencia, la población del subcontinente africano adquiere una tasa de crecimiento natural del 2,4% aproxi-madamente, mientras que su equivalente a nivel mundial está alre-dedor del 1,3%.

1.2. Situación económica.

Cuando miramos las economías de los países del África subsaha-riana desde la descolonización, lo que se ve claramente es la acen-tuación del subdesarrollo. Si al principio de la independencia el con-tinente subsahariano acogía el 4% de los intercambios comerciales, esta proporción no supera el 2% hoy en día. El problema principal de la economía de los países de esta región es que están domina-dos por la exportación de sus materias primas y de productos poco elaborados, cuya fabricación cayó a partir de los años 70; por otro lado, los sectores manufactureros y de prestación de servicios son casi inexistentes.

Por tanto, el África subsahariana está obligada a importar los pro-ductos industriales esenciales y de consumo necesarios y cuyos costes son cada vez más elevados; esto se debe también a la fuerte devaluación de la mayoría de las monedas en curso. Debido a que tenían una gran dependencia de las ayudas públicas para el desa-rrollo, en el momento en que éstas comenzaron a disminuir, la eco-nomía se hundió en la espiral del endeudamiento exterior (un peso aplastante que aún permanece) y en la plaga de la corrupción, uno de los mayores obstáculos a cualquier proceso de desarrollo. Con objeto de colmar las lagunas de la economía anterior, y al margen de la oficial, se desarrolló una economía basada en las redes tradi-cionales, en particular en el ámbito de la vivienda, de los bienes de consumo corrientes y de los servicios cotidianos (sobre todo, el transporte). Sin embargo, esta economía popular que representa, desde la crisis de los años 80, la mayor fuente de empleo y por tanto de ingresos, no ha podido impedir el aumento de la pobreza que sacude en profundidad el sistema social.

1.3. Situación política.

Durante la guerra fría, cuando la Unión soviética y los EEUU busca-ban, cada uno por su lado, aliados entre los dictadores del continen-te, los Estados africanos eran tratados como socios legítimos, ga-rantes de la estabilidad geopolítica, y se beneficiaron de ayudas exteriores importantes. Pero desde el fin del conflicto este-oeste las ayudas disminuyeron hasta niveles jamás conocidos. África perdió su papel de socio y se encontró obligada a negociar sus condiciones con las grandes multinacionales occidentales y con las instituciones financieras internacionales. El campo político se abrió entonces a conflictos interiores y exteriores para conseguir el poder y el acceso a las riquezas.

Hoy, la situación sigue siendo dramática en un gran número de re-giones, debido a los conflictos y a las guerras de todo tipo cada vez más numerosas, largas y mortíferas. Un africano de cada cinco vive una situación de guerra y se diría que la violencia está convirtiéndo-se en el método usual de las relaciones sociales entre jóvenes y mayores, ricos y pobres, etnias y religiones diferentes. Todo esto sin contar los golpes de Estado que se suceden -menos frecuentes sin embargo que en los años setenta– en los países del África subsaha-riana, afectados por guerras de Estado o guerras civiles interétnicas, o interconfesionales, que son al menos una veintena. El caso más claro es seguramente el del República Democrática del Congo, don-de guerras civiles y guerras interestatales destrozaron el país a par-tir de 1997, estando implicadas tropas de seis países vecinos (Ango-la, Namibia, Zimbabwe, Uganda, Ruanda, Burundi), en una de las empresas más lucrativas de África central. Puesto que, como “por casualidad”, son las regiones más ricas en materias primas y en potencial agrícola, éstas han sido objeto de las luchas más ásperas. Tras la firma de los acuerdos de paz en diciembre de 2002, se con-tabilizaron 2,8 millones de víctimas. A pesar de ello, las masacres siguen en el Noreste del país, en particular en la región de Bunia, rica en yacimientos de oro.

Entre 1994 y 1995, en Ruanda, la guerra civil entre Tutsis y Hutus causó la muerte a más de 500 mil personas. En Angola, que desde su independencia (1975) casi no ha vuelto a conocer la paz, el alto el fuego entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes de la UNITA se decretó en abril de 2002; sin embargo, las confrontacio-nes continúan en la provincia de Cabinda. El balance de este largo período de violencia asciende a un millón de muertes.

En Sudán el ejército es responsable de numerosas masacres de civiles en los pueblos del Sur habitados por cristianos y animistas. Hasta este momento han muerto 1,5 millones de personas. En Sie-rra Leona, durante el último año, la ONU consiguió desarmar par-cialmente el Frente Revolucionario Unido, tristemente conocido por la práctica de amputaciones de piernas, brazos, orejas y nariz. En Liberia, han prevalecido una serie de combates muy violentos.

Sólo hemos citado algunos casos de entre los más trágicos pero es necesario constatar que los conflictos afectan también a países re-conocidos hasta este momento como modelos de paz y estabilidad, como Costa de Marfil, cuya crisis amenaza el equilibrio político de toda la región limítrofe, o sea, una media docena de países. Muy pocos de estos conflictos responden a los criterios clásicos de gue-rra, tal y como se describe en los antiguos manuales de estrategia militar. En general, se combate dentro de un único país, con los viejos restos de arsenales proporcionados por las grandes potencias (machetes, kalachnikov, viejos tanques) y recurriendo a menudo a los “niños soldados”. Se utilizan a 120 mil niños (los más jóvenes sólo tienen 7 años) como soldados en conflictos de países de África tales como Angola, Burundi, RDC, Etiopía, Liberia, Ruanda, Sierra Leona, Sudán y Uganda.

Los civiles representan un 90% de las víctimas. Esta dramática im-plicación de las poblaciones se refleja en el número de refugiados: en el África subsahariana actualmente hay más de 4 millones de personas que huyen de la guerra. Debido a sus numerosos conflic-tos armados, el África subsahariana es, por supuesto, un destino privilegiado para las armas ligeras. Este tráfico, procedente sobre todo de Francia, Bélgica e Israel, encuentra enlaces africanos en países como Burkina Faso y Togo, que se han convertido en etapas clave en el “blanqueo de armas”, transferidas hacia los países en guerra. La guerra es a la vez causa y consecuencia de la pobreza. Mina el tejido social, arruina las finanzas del Estado, impide la asig-nación de los fondos necesarios para las tareas de desarrollo y com-promete las inversiones que proceden del extranjero.

Sin embargo, poco a poco, la referencia democrática se impone en África, incluso a pesar de las restauraciones autoritarias y conflictos agudos. Según el Banco Mundial, desde 1990, cuarenta y dos de los cuarenta y ocho países del África subsahariana celebraron eleccio-nes multipartidos, mientras que a principios de los años ochenta solamente Isla Mauricio, Gambia, Senegal y Botswana conocían el pluralismo político.

En la actualidad, aunque para los ciudadanos de algunos países, la democracia no sea más que un disfraz (partidos dirigidos, eleccio-nes amañadas), la mayoría de los africanos pueden elegir a sus dirigentes en las urnas. En sólo tres años, los partidos dominantes de Senegal, Isla Mauricio, Ghana, Cabo Verde y Mali han cedido pacíficamente el poder a sus opositores. La primera condición y manifestación del desarrollo es la libertad. Los africanos han tomado conciencia de ello, como demuestra la aparición de múltiples aso-ciaciones que han tomado el relevo de los Estados defectuosos en todos los ámbitos y que hablan y actúan en nombre de la sociedad civil, con el fin de restaurar la paz, la democracia y el desarrollo.

1.4. Otras cuestiones clave.

El sida.

En 1991, se preveía que, de aquí a finales de la década, África sub-sahariana contaría con 9 millones de seropositivos y 5 millones de muertes debidas al VIH-SIDA; sin embargo, la realidad es tres veces más dramática que las estimaciones. En efecto, el informe de Onu-sida de junio de 2000 (véase cuadro 4) describía 25,3 millones de personas afectadas por SIDA en África subsahariano, lo que repre-senta un 70% del total mundial (36,1 millones). Eran 21 millones en 1997 y 28 millones en 2001. Entre 1991 y 2000 la pandemia causó la muerte de 16,8 millones de personas.

El hambre.

Según las estimaciones de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (OAA), en 2000, 840 millones de personas sufrían hambre y desnutriciones en el mundo. Sobre esta cifra, 200 millones vivían en África subsahariana, o sea un habi-tante de cada tres. 40 millones de personas y 17 países de esta región están en situación de urgencia alimentaria. El cuerno de Áfri-ca y la región meridional son las más afectadas.

El agua.

Aunque dispone de ríos (el Congo, el Nilo, Senegal, Níger) y lagos de agua dulce (Victoria, Tanganyika) que están entre los más impor-tantes del mundo, el continente africano cuenta actualmente con 450 millones de personas sufriendo la falta de agua corriente y potable. La mayoría viven al sur del Sáhara y, por tanto, en los países más pobres.

2.1. Los emigrantes : ¿quiénes son ?

Al llegar a las distintas localidades mencionadas anteriormente, es-tos son los jóvenes con los que me encontré: su edad media es aproximadamente de 30 años, en una banda que va desde los 19 a 45 años. Los emigrantes de 20-29 años son los más numerosos (51%); el 36% tienen entre 30-39 años, y el 11% superan la cuaren-tena (40-45 años). Los emigrantes menores 20 años (18-19 años) representan un 2% del conjunto. El grupo de congoleños (RDC) parece ser el de edad más elevada. La mayoría son hombres (80%).
Con respecto a los países de origen, es necesario observar que los emigrantes que transitan por Argelia representan al menos veinte nacionalidades diferentes; sin embargo, según las declaraciones de algunos periodistas, esta cifra ascendería a más de treinta. Entre los más numerosos se citan los malienses, los nigerianos, los senegale-ses, los nigerinos y los ghaneses. A continuación vendrían, y en un número más reducido, los congoleños (RDC y Brazza), camerune-ses, benineses, liberianos, sierraleoneses, guineanos, togoleses, marfileños… Hay que hacer dos observaciones a este respecto: la primera es que cité a los que proceden de Níger entre los grupos más consistentes, pero hay que aclarar que eso es así sobre todo en la ciudad de Tamanrasset, donde son efectivamente muy nume-rosos, y muy raramente van más lejos. La mayoría de las veces, se limitan a trabajar durante algunos meses en esta ciudad, después de lo cual regresarán a sus casas y sólo volverán cuando su situación económica lo haga necesario. Muy raros son los que quieren ir a Europa.

La segunda observación es que se tiende a creer que los congole-ses (RDC) son muy numerosos. Eso es debido al hecho de que seguramente sean los que mejor saben explotar los organismos de ayuda, (Cáritas, Encuentro y Desarrollo, comunidades religiosas, etc) y se les encuentra, pues, más fácilmente. En realidad, sólo re-presentan alrededor de un 4% del flujo migratorio.

2.2. Familia y lugar de origen

Los emigrantes proceden generalmente de familias más bien nume-rosas, comprendiendo, por término medio, de 6-8 hermanos y her-manas y que declaran ser los mayores en el 40% de los casos. Este dato reviste una determinada importancia ya que el papel del mayor, es decir, el hecho de sentirse con la responsabilidad de colmar las necesidades de la familia, desempeña un papel no desdeñable en la decisión de emigrar… Los malienses proceden a menudo de fami-lias polígamas y tienen, por término medio, de 10 a 15 hermanos y hermanas.

2.3. Formación intelectual y situación profesional

A excepción de los emigrantes malienses, entre los cuales se regis-tra una elevada tasa de analfabetos (30%), y de las personas que únicamente realizaron estudios primarios (60%), el 24% de los de-más emigrantes que respondieron al cuestionario pararon sus estu-dios durante el bachillerato o después de su obtención. La propor-ción de los que abandonaron los estudios, después de haber asisti-do a la universidad de uno a tres años, es del 16%, mientras que un 23% de emigrantes (más de uno de cada cinco) afirman haber deja-do su país durante sus estudios superiores. El porcentaje de licen-ciados en pedagogía, en química, en gestión, en marketing, etc… es también bastante importante, ascendiendo aproximadamente al 21%. Sin embargo, un 16% de los emigrantes abandonaron la es-cuela después del primer ciclo o ni siquiera llegaron a ir.

2.4. Situación familiar

Más de la mitad de los emigrantes entrevistados están casados. Casi todos declararon tener de 1 a 4 niños. En un 50% de los casos, emigraron con sus cónyuges, y un 30% de las parejas viajan con sus hijos (2 ó 3 por término medio).

2.5. ¿Cuántos son?

Según Mehdi Lahlou, economista marroquí, entre 65.000 y 80.000 personas acceden al Magreb, por sus fronteras saharianas. De esta cifra aproximada, un 80% de los emigrantes se dirigen hacia Libia y el 20%, lo que representa entre 13.000 y 16.000, van a Argelia. No obstante, del 80% que va a Libia, una parte imposible de calcular vuelve a pasar a territorio argelino, para ir a Marruecos y a continua-ción a Europa. En Argelia habría, según declaraciones de Lahlou, entre 50.000 y 150.000 emigrantes clandestinos.

2.6. ¿Por qué emigran?

La cuestión puede parecer banal después de haber mencionado, en el capítulo anterior, los principales males que sufre el África subsa-hariana: pobreza, desempleo, guerras, ridiculizados derechos huma-nos… son muchas las razones iniciales mencionadas por los emi-grantes entrevistados. La investigación continúa sobre la prepara-ción del viaje y el coste. Paolo Maccario aborda a continuación los riesgos del viaje, las dificultades encontradas sobre el curso, en Argelia, y durante el viaje de vuelta cuando son expulsados.

3.1. Argelia: una escala cada vez más larga.

En el proyecto de los emigrantes Argelia sólo representa una escala antes de llegar a Marruecos y alcanzar España. Sin embargo, esta escala puede durar meses o incluso años, y se observa una tenden-cia hacia la prolongación de esta parada. A título de ejemplo, los que están en Argelia desde hace un año o más, suponen un 60% de los emigrantes que respondieron al cuestionario. Entre ellos, el 35% está allí desde hace un año, el 25% desde hace 2 años y el 25% desde hace 3 años. ¡El 15% está allí desde hace 4, o incluso 7 años!, y lo peor es que no todos están al final de esa estancia forza-da. Ciertamente, los que tienen más dinero y los más afortunados sólo permanecen algunos meses en el territorio argelino aunque, atendiendo a los datos recogidos, se calcula que la duración media de la escala en Argelia es de aproximadamente 18 meses.

3.2. Es un movimiento heterogéneo

Se tiende a menudo a considerar a los emigrantes como una masa indiferenciable, aunque en realidad constituyen un movimiento hete-rogéneo de nacionalidades, lenguas, culturas y estilos de vida, eso sin contar, pero sin olvidar tampoco, la historia personal y la situa-ción única de cada emigrante. Esta variedad confiere al movimiento migratorio una configuración interna bastante compleja.

4.1. La realidad de la inmigración clandestina.

Lo peor que le puede pasar a un emigrante clandestino es que sea detenido por la policía. Eso significa para él la vuelta a la casilla de salida, al infierno del rechazo en las fronteras de Mali o Níger. Cada día se detiene a decenas de emigrantes en cada rincón de Argelia. A estas detenciones diarias se añaden incursiones más generaliza-das, las cuales son cada vez más frecuentes y que pueden implicar a un centenar de emigrantes en el mismo día, y en la misma ciudad. Conviene añadir también que la inmigración clandestina no es la única acusación que se hace a los emigrantes. Los documentos falsos y su uso, el proxenetismo y el tráfico de drogas son algunas realidades que rodean también al fenómeno migratorio.

4.2. Maghnia: la última etapa argelina.

Situada a unos 14 km. de la frontera marroquí, la ciudad de Maghnia es la última etapa argelina en la ruta hacia el nuevo Eldorado. Fue en 1997 cuando un artículo publicado en la prensa local hablaba por primera vez de este fenómeno, que en aquella época aún no había alcanzado las proporciones actuales, y el lugar tampoco era el de hoy. Hasta 1998 los emigrantes no superaban el centenar y sólo tenían que atravesar el camino de la frontera, lo que era relativa-mente fácil. Posteriormente, el flujo migratorio se hizo más lento. Los emigrantes fueron siendo cada vez más numerosos y la duración de su estancia aumentó considerablemente, pudiendo durar incluso meses. En el año 2000, su número alcanzaba ya alrededor de los ¡dos millares de personas!

4.3. Ceuta y Melilla.

El paso por Ceuta y Melilla se ha vuelto muy difícil, por no decir im-posible. De este modo, a los emigrantes que no pueden permitirse pagar el precio de la travesía por mar, sólo les queda intentar alcan-zarlo por otros medios. Hay que decir de paso que algunos emigran-tes son atacados en la región de Melilla por bandidos que están en complot con la policía. En el momento de su entrada en España, si los emigrantes consiguen infiltrarse sin ser interceptados por las fuerzas del orden españolas, que los rechazarían inmediatamente hacia Marruecos, lo primero que hacen es, paradójicamente, presen-tarse (espontáneamente) a la policía. Esto lo hacen con el objetivo de introducir sus nombres en un registro y así ser enviados a un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Las estructuras a menudo están sobrecargadas y podría suceder que se les enviara a un centro de la península. Si todo va bien, una autorización de residencia y de trabajo, válida durante un año, vendrá a coronar sus sueños.

4.4. ¿Qué hacer?

La investigación nos permitió tomar aún más conciencia de las nu-merosas dificultades que los emigrantes encuentran a diario, aunque no son las mismas para todos ellos, y están más o menos acentua-das según los lugares de tránsito. Podemos agruparlas en la lista siguiente:

• Una gran precariedad desde el punto de vista material (comida, aseo personal, alojamiento) y dificultades de acce-so a los servicios sanitarios.
• Poco, y a veces inexistente trabajo, mal remunerado.
• Actitud hostil de una buena parte de la población local.
• Un sentimiento de abandono y aislamiento, debido a que son clandestinos.
• Abuso de poder por parte de las fuerzas del orden.
• Condiciones de expulsión muy duras, o incluso inhumanas.
• Consecuencias aún peores para mujeres y niños.

Los emigrantes subsaharianos que transitan por Argelia sólo repre-sentan un porcentaje insignificante de los inmigrantes clandestinos que producen, por todas partes del mundo, los conflictos armados, la pobreza y los ataques a los derechos humanos.

* * * *

En este cuaderno únicamente hemos ofrecido extractos amplios de dos investigaciones sobre la inmigración subsahariana. Si desean leer el texto íntegro de la investigación de Paolo Maccario, pidan una copia a la Casa Provincial.

Cuaderno redactado por el Taller JPIC de Mali.
Secretariado Provincial – Padre Alain Fontaine.

Asociación “Sevilla Acoge”
Traducción: Enrique Miguel Rubio

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