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Federación latinoamericana para la renovación de los ministerios

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CARTA ABIERTA AL PAPA BENEDICTO XVI
En estos momentos de la historia latinoamericana, el tema del celibato ha vuelto a ser debatido, a raíz de los escándalos producidos por el presidente del Paraguay, Fernando Lugo y por el Padre Alberto Cutie.
Escribimos esta carta desde el Continente Latinoamericano, como se le llama el continente de la esperanza, pero la gran contradicción es que esa esperanza se ha frustrado porque 200 millones de pobres claman al cielo justicia y pan, porque de cada 10 niños 6 son pobres, porque la miseria es galopante.

Al año de la reunión de Aparecida solamente queda el recuerdo. La esperanza de una liberación integral se ve lejana y continua siendo un discurso nada más.

Creemos que las conclusiones de Aparecida deben ser reforzadas con una evangelización mas profunda y comprometida. Que sea liberadora de toda esclavitud. Como trazaron las conclusiones del Concilio Vaticano II, las Conferen-cias de Medellín y de Puebla.

La Federación Latinoamericana para la Renova-ción de los Minis-terios, que agrupa a los presbíteros que hemos for-mado nuestras familias, que somos de México, Guatemala, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Paraguay, Argentina, Brasil, Chile, presentan un cuadro estadístico de 15.000 presbíteros casados, sin tener en cuenta que hay un buen numero de sacerdotes que no han pedido la dispensa al Vaticano.

Manifestarnos a la sociedad a los católicos, a los hermanos creyentes y no creyentes, que la fidelidad a Dios, a nuestras conciencias, a las comunidades que hemos servido, nos han hecho dar el paso al matrimonio, porque no hemos querido ser hipócritas e incoherentes.

Nos mantenemos ligados a la Iglesia católica, Pueblo de Dios, con nuestras familias, y nuestros trabajos, colaboramos en la construcción del reino de Dios y su justicia.

De ninguna manera queremos volver a las sacristías, ni ocupar cargos eclesiásticos, desplazar a los Obispos, a los curas párrocos de sus cargos, a los rectores de conventos, de colegios u otras instituciones.

Queremos continuar trabajando en las comunidades de base, en las familias, con una planificación pastoral nueva y renovada, basada en los principios del evangelio, en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, las Conferencias de Medellín y de Puebla, que fueron dedicadas al acompañamiento del mundo moderno.

Luchamos por la participación plena de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Por un mundo mejor y una sociedad justa y solidaria.

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FEDERACIÓN LATINOAMERICANA PARA RENOVACIÓN DE LOS MINISTERIOS

La Federación Latinoamericana para la renovación de los Ministerios, integrada por presbíteros que hemos formado nuestras familias, no queremos dejar pasar el hecho histórico de la reunión de los presidentes de América Latina, convocados por la UNASUR y reunidos el 28 de agosto en Bariloche, Argentina, para analizar las bases militares de los Estados Unidos en Colombia problema que ha preocupado a las naciones Latinoamericanas y al mundo.

Esta reunión fue una decisión de los presidentes latinoamericanos que se reunieron en la ciudad de Quito, el 10 de Agosto del presente año con motivo de la posición del Presidente del Ecuador, Rafael Correa, que por voluntad popular del pueblo Ecuatoriano, triunfó en las elecciones.

Como creyentes que somos pensamos que en esta realidad Latinoamericana vivimos, trabajamos y luchamos para mejores condiciones de nuestras familias. Que en estos momentos la iglesia católica en América Latina se encuentra dirigida por fuerzas contrarias a las directrices doctrinarias que concluyeron en el Concilio Vaticano II, y las conferencias Latinoamericanas de Medellín y de Puebla , las cuales dieron orientaciones precisas para participar en la política de los pueblos en estos tiempos.

Ante la realidad de la sociedad Latinoamericana que es considerada creyente en su gran mayoría que se debaten en la pobreza y en muchos casos en la miseria hemos considerado que la dirección de la iglesia y las jerarquías se encuentran en manos de clérigos que han archivado la concilio Vaticano II y las conferencias Episcopales de Medellín y de Puebla que eran respuestas a las sociedades modernas del mundo y de Latinoamérica.

La mayoría de los jerarcas de las naciones Latinoamericanas están en desacuerdo con los Gobiernos progresistas y nacionalistas, se inclinan más bien a mantener posiciones de silencio ante las injusticias y opresiones de las empresas transnacionales y nacionales explotadoras del trabajo consideran que los gobiernos van hacia el Socialismo siglo XXI.

La influencia del Vaticano tiene atados a los Obispos Latinoamericanos y a los clérigos a un silencio absoluto ante la dominación de las clases excluidas.

La política implementada por el Opus Dei, ha ganado terreno en los campos pastorales, ha condenado la Teología de la Liberación, y evangelio liberador.

Los principios señalados en esta reunión sobre la unidad, la cooperación, la confianza, la vinculación, la no intervención, la seguridad, la defensa, el respeto a los derechos humanos, el cumplimiento… ¿acaso no tienen relación con el evangelio predicado por Jesús?.

De igual manera el rechazo a la mentira, el engaño, la calumnia, la dominación, la explotación, el abuso del poder, el derroche de dinero gastado en armamentismo, la corrupción… ¿no son los males rechazados por el evangelio?.

Pensamos como señala el concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et Spes, N. 29, «Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten bajo cualquier régimen político los derechos fundamentales del hombre».

Quito, 29 de Agosto 2009

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ENTREVISTA A MARIO MULLO

Mario Mullo, a sus 66 años, es profesor universitario de historia y presidente de la Asociación de Sacerdotes Casados del Ecuador Yahuarcocha, (fundada en 1992). También es presidente de la Federación Latinoamericana para la renovación de los ministerios

Luego de 10 años, en que fue párroco en Calacalí, fue suspendido por la Iglesia debido a que confesó voluntariamente que estaba enamorado. Se casó con Rosa Leiva hace 35 años y tiene tres hijos: Daniela, de 30 años, Fernanda, de 28, y Mario, de 22. Su organización promueve el celibato opcional.

¿Se considera aún sacerdote?

Es un don que imprime carácter, en la medida en que no se puede borrar. Es como recibir el bautismo. Uno es sacerdote «in eternum» (para siempre). Me considero sacerdote estacionado, es decir sin ejercer, debido a la institución canónica.

¿Cuándo escogió el sacerdocio?

Desde niño. Tuve la dicha de estar cerca de la Iglesia de Santa Clara. Fui monaguillo. Aunque eso no era lo fundamental, me gustó trabajar y compartir con niños. Mis padres también me influenciaron. Eran católicos y compartían con los más pobres, aquí en el barrio. Estuve en el Seminario Menor, de 1954 hasta 1960. Y luego hasta el 66 en el Seminario Mayor.

¿Por qué aceptó ser célibe?

Era consciente de lo que venía. Le pedí a Dios que me iluminara para que pudiera ser fiel a esa promesa. Pero en el orden sacerdotal uno sale a cumplir la misión y en el trayecto está lo complicado. Uno va arriesgándose a la realidad con hombres, con niños, con mujeres. Uno va amando a la gente. Llega la correspondencia de los demás y pronto… Uno llega siendo fiel al celibato uno, dos, tres años… seis, híjole… Yo estuve diez años en el servicio y cumpliendo con el voto del celibato y dije no voy a poder cumplir esta ley.: «Yo le confesé al Obispo que no iba a poder guardar el celibato, que estaba enamorado de una chica»

Conversé con mi mamá, con mi papá, iba donde un confesor espiritual y dije: «tengo problemas». Iba a donde padres superiores que me dijeron: «eso es pasajero, eso lo podemos arreglar… ten en reservado y punto… una amante, una mujer». Para mí era grave por mi misma forma de ser, no podía engañarme, peor a Dios y a la comunidad. Esto era muy duro. Se enfrentaba a mi espiritualidad. Lloraba «Señor, ayúdame, soy débil». Pero ya me enamoré y no podía dar un paso atrás.

¿Cómo asumió esa ruptura?

Yo le confesé al Obispo que no iba a poder guardar el celibato, que estaba enamorado de una chica. Una compañera de la parroquia. Me dijo que me iba a cambiar, que me fuera a estudiar un año a Colombia. Y que ellos se encargarían de la chica. Yo dije nadie manda en mi corazón. Y no hubo nada que hacer.

¿Cambió su forma de pensar sobre la Iglesia?

Claro. Por más que se quería tapar, aparecían casos que conocía, de compañeros mayores que viven con mujeres en sus parroquias y las hacen pasar como sirvientas. Es un engaño. Ahí está la hipocresía. Eso es lo que está golpeando duro. Lo de «hipocresía» suena mal, pero es algo que hay que enfrentar.

¿Tenía esperanzas de que esa realidad cambiara?

Esta ley de alguna manera debe cambiar porque es muy rígida. Muy dura. En la historia ya sabíamos que Jesús escogió tanto a hombres casados como a solteros… El Concilio del Vaticano realizó reformas profundas. Ellos al menos previeron que eso se iba a venir. El Papa Juan XXIII ya tenía algo bajo la manga sobre esto, según decía el padre Lombardi. Creía que el celibato necesitaba una discusión.

¿No cree que tiene razón en que los solteros pueden dedicar su vida a una causa con más facilidad?

Eso es discutible. Y cómo yo de casado hago lo mismo y quizás más que de soltero. Yo sigo unido a las comunidades. El momento en que yo me separé de Ministerio, yo apoyé a que se fundara el movimiento indígena Ecuarunari con algunos sacerdotes y con el Monseñor Leonidas Proaño. Y me casé. Y continuaba colaborando con el movimiento indígena.

No celebraba misa pero los compañeros me decían que si quería eso, ahí tenía su comunidad. Que no me haga problemas con las jerarquías. Yo respeté siempre las leyes de la iglesia y no acepté.

¿Volvería al sacerdocio si el celibato sería opcional?

Con una reformulación de los servicios. Volver a las fuentes del evangelio. Celebrar las asambleas en los barrios, en las familias… Yo acepto volver pero no para celebrar misa los fines de semana. Planifico y organizo las comunidades. Y además no veo al sacerdocio como una profesión… Sigo con mis clases en la universidad, ganando mi dinero. Hoy el sacerdote es un negociador. No se trata de aprovechar de los sacramentos para obtener dinero.

Galo Betancourt. 10 de Agosto 2009

Boyacá Guayaquil, Ecuador

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