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Espiritualidad y sociedad informacional -- Francisco Barco Solleiro

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La espiritualidad, esa manifestación vital de este complejo ser humano, se expresa, se vivencia siempre con el lenguaje que le ofrece cada época, cada civilización. En estos momentos de transformación axial en que nos encontramos hemos de buscar y encontrar, como en otros tiempos radicales, nuestra expresión espiritual. Me permito sugerir unas pistas de acercamiento a algunos de los profundos cambios sociales que nos ayuden a comprender la amplitud y profundidad de este seísmo.


NUEVA ERA, SOCIEDAD NUEVA

Muchos son los teóricos que nos vienen hablando de la nueva sociedad con seriedad y rigor científico. Castells la define como «sociedad informacional, sociedad red»; Echeverría la denomina «Telépolis».

Nos encontramos en un cruce evolutivo y como todo cambio de envergadura, se lleva a cabo entre verdaderas luchas, con dolores de partos desgarradores, como diría Pablo de Tarso. En la actualidad esta evolución cambiante está destacando, entre otras propiedades, la planetaria: mundialización geográfica, significante, que conforma, señala y socializa, como percepción psicológica individual y colectiva y la globalización, que defino como holística, es una característica fundamental que nos relaciona interelacionandonos permanente y simultáneamente, de forma multidireccional, multidimensional y sísmica.

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE ESTA SOCIEDAD NUEVA.

No me detendré mucho en definir los cambios que nos afectan, no es este el lugar, sólo procederé a enumerar algunos y a breves sugerencias; incluso doy por sentado la gravedad de los cambios económicos, políticos y ambientales, por ser más conocidos y necesitar, cada uno de ellos, espacios diferenciados.

Siguiendo la tabla de características de los tres entornos de Echeverría, Madrid.2000, podríamos decir que la nueva era modifica nuestra relación con el espacio y el tiempo, nuestra forma de «estar, el aquí y ahora», con grandes consecuencias en nuestros modelos habituales de vida y, como no, en el ámbito de la espiritualidad.

Algunas características que deseo destacar de esta nueva sociedad, por sus graves consecuencias personales y colectivas a medio y largo plazo, son: multigeneracional, deslocalizada, en perpetua frontera, atemporal, con rompimiento de los espacios personales, (espacio íntimo, espacio interior, y espacio exterior), neonómada, con pulsión libidinal permanente, frágil, de riesgo, autoconstructiva o de autobricolage personal permanente (Beck) urbanícola de megápolis….

Multigeneracional. El alargamiento de la vida y el buen estado general de la salud permiten que convivan de forma autónoma, activa y protagonista tres o más generaciones, multiplicándose las oportunidades y conflictos intergeneracionales, y los proyectos vitales, culturales, formativos, afectivos etc. a lo largo de la vida de una misma persona con un creciente y renovado ímpetu personal.

Esta convivencia será aún más palpable en los próximos años, cuando accedan a la jubilación las generaciones de mujeres con una larga y valiosa experiencia laboral y social durante toda su vida, visualizando socialmente lo que denomino la feminización de la sociedad.

Por el contrario, y como una más de las complejidades de esta nueva era, junto al sentimiento de permanencia que nos hace percibir la larga expectativa de vida, no podemos olvidar la sensación cultural y psicoafectiva que produce el cambio permanente de los avances tecnocientíficos continuos. Vivimos en un tiempo tan acelerado y cambiante que podríamos llamarlo, tiempo publicitario, por lo exiguo de su protagonismo, por su corto ciclo. Es una sociedad que se identifica con el zaping social.

Deslocalizada. Creo que es más profundo el cambio de lo que aparenta a primera vista; no es sólo un cambio físico, económico, social o cultural, es una transformación que condiciona anímicamente.

Estamos acostumbrados a un asentamiento en tierra, a vivir inmerso en la cosmogonía que nos rodea y de la que formamos parte, y esta deslocalización global nos inunda de miedo.

Por otra parte, nuestro cerebro límbico sufre continuamente la agresión de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, que le hace vivir una virtualidad real deslocalizada en tiempo y espacio, en entornos culturales diferentes y de forma narrativa dramática.

Continua frontera. Nos encontramos en una sociedad red, reticular, donde los vértices o nodos no son límites sino espacios confluyentes, míos y de otros muchos situados al lado o a miles de kilómetros. Nuestras percepciones de la frontera como lugar marcado y a la vez abierto al encuentro con otras vidas y modelos diferentes, es una percepción recintual, como la llama Echeverría, es un espacio concreto y físico de incertidumbres, retos, riesgos e innovación, pero fijado: la tenemos frente o a la espalda, ahí. En esta nueva sociedad, la frontera no es física, no la podemos encuadrar; un “Nodo” es un flujo continuo y multidireccional. A esto le llamo la continua frontera, que nos exige ser autónomos, emprendedores, abiertos, arriesgados y a la vez. interdependientes, analistas, reflexivos y prudentes

Con todo lo que se viene diciendo se encuentra muy relacionada mi afirmación relativa al rompimiento de los espacios personales.
Vivimos en una afirmación existencial básica, que nos permite un equilibrio psicológico y emocional estable sin caer en dualidad: el saber y aceptar que estamos, vivimos y somos en un espacio con distintas y claras esferas: el espacio exterior, el interior y el espacio íntimo, claramente diferenciados y diferenciantes.

El espacio exterior lo entendemos como todo aquello que nos rodea, con más o menos distancia; el espacio interior es aquel más cercano a nuestra epidermis y confundido muchas veces con ella, traspasándola. Lo sentimos como algo de dentro de nosotros, sobre el que tenemos unos derechos y dentro del que nos encontramos seguros: podríamos definirlo como la epidermis de nuestro yo, es defensa y contacto a la vez; frontera y camino que dominamos desde nuestro interior.

El espacio íntimo, no me refiero a la intimidad exterior que nace de una casa o de un ambiente, es el reducto infranqueable que nos comunica y a la vez es el vehículo de expresión de nuestro yo. Su desaparición constituye la enajenación y la desestructuración como persona, como individuo.

La sociedad red, globalizada, actúa rompiendo las esferas de los tres espacios las difumina, las invade múltiples veces y de formas diferentes, con todos los medios de la sociedad informacional. Está por ver las influencias de esos medios en las futuras generaciones con el uso invasivo, agresivo y permanente de medios como MP3´.

Aparecen claros indicios de un nuevo romanticismo y dramatismo en esta nueva sociedad, con causalidades pulsionales también nuevas. No debemos olvidar que este modelo está incrementando la aparición de una fuente de pulsiones que origina unos impulsos o factores de motilidad con nula o difícil resolución objetual. Existen estudios que lo relacionan, además de los cambios en la alimentación, con la aparición precoz de cambios hormonales.

Vivimos en una sociedad de riesgo, vulnerable y frágil. La creencia racionalista exaltada por la ilustración tiene que ver mucho con el nuevo mito de las ciencias y los avances tecnológicos y nos ha dado «una crédula certeza» en el poder y fortaleza de nuestra sociedad y del mismo género humano.

Me fijaré en dos causas directamente relacionadas con la fragilidad y vulnerabilidad de las personas: el cambio permanente, que nos obliga a continuas modificaciones y expectativas; esa vivencia que he denominado » continua frontera». La segunda causa podríamos definirla como «autismo bipolar tensado». El vivir aislado y autónomo, y a la vez totalmente interelacionado e interdependiente, favorece «ese autismo», ese aislamiento y esa tensión impuesta por las múltiples dependencias e influencias originadas en cualquier lugar del mundo.

Urbanícola de megápolis. La tendencia acelerada de la concentración en grandes urbes residenciales como las únicas zonas habitables permanentemente, provocará, consecuencias ecológicas, de infraestructuras, distribución alimentaria, aguas potables y energías enormes, además de reforzar las estructuras de poder e información y la organización del trabajo en manos de poderosos centros de poder y decisión, con el consiguiente aumento de mayor riqueza en los grupos más ricos, y el aumento de la pobreza en los grupos más pobres, contribuyendo a la fractura social y a la llamada sociedad de los dos tercios y la generación de grandes bolsas de pobrezas en los mismos entornos de estas grandes concentraciones urbanas.

Para concluir estas características sobresalientes de la nueva era, que no pretenden ser exhaustivas, ni en cantidad ni en calidad, desearía mencionar la identidad individual y las identidades colectivas en la sociedad informacional. …» las identidades organizan el sentido, mientras los roles organizan las funciones». Castells., M. 2000. «Las identidades son fuentes de sentido para los propios actores y por ellos mismos son construidas mediante un proceso de individualización».

«Desde la perspectiva sociológica, continúa Castells, todas las identidades son construidas. Y refiere tres tipos:
1 Identidades legitimadoras, introducidas por las instituciones dominantes.
2 Identidades de resistencia generadas por los actores que construyen trincheras de resistencia.
3 Identidades proyecto, cuando los actores sociales, basándose en los materiales culturales de que disponen, construyen una nueva identidad que redefine su posición en la sociedad.

Parece evidente que nos preguntemos en qué y cómo se puede ver afectado el individuo, la persona en su identidad en una sociedad tan cambiante y transformada. Resulta manifiesto que hablamos de identidad, pero cada identidad personal se conforma y expresa, se construye, en diferentes planos, desde el biológico al social. También nuestra identidad espiritual se verá notablemente cuestionada.
Una de las características de los grandes cambios y retos que sufre nuestra identidad se refleja en la identidad sexual. Los hombres que hemos confundido durante toda nuestra existencia nuestra identidad sexual con nuestro rol de «macho», nos vemos en una situación de grave crisis. Hemos confundido sexo, que es el conjunto de información, genética, embrionaria, morfológica etc. de cada individuo, con sexualidad, que por el contrario, significa el cómo cada individuo, cada persona, vive y desea vivir responsablemente su sexo.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Todos convendremos que en la sociedad Red es ineficaz buscar u ofrecer una receta, o pensar que los conflictos no se encuentran multirelacionados, que son completamente diferentes. «El hombre del futuro será muy distinto del actual y habrá que facilitarle su adaptación biológica a un nuevo estado civilizado, supermecanizado y universalista; y especialmente, habrá que guiar su desarrollo mental». Rodríguez Delgado, J.M. Madrid 1972

Al igual que en miles de ocasiones a lo largo de la vida humana, es necesario la búsqueda de unas nuevas orientaciones, Castells termina su trilogía con una cita que, a mi parecer, engrandece su obra después de habernos orientado en la maraña de la nueva sociedad y habernos descubierto «que lo que hayamos podido ver en el espejo, puede que no nos guste». No es un cándido optimista, pero dice con Neruda: » y seguimos amando el amor y con nuestra directa conducta enterramos a los mentirosos y vivimos con los verdaderos».

Se trata de construir un ORDEN NUEVO, totalmente basado en valores diferentes, no una prorroga del antiguo, caduco e injusto. Este orden nuevo también en lo referido a las religiones y en especial a sus organizaciones o iglesias.

He dicho que la nueva sociedad se feminiza: esto no debe ser un suceso, un fenómeno tomado a regañadientes, ha de ser un bien a alcanzar en lo social y en lo personal que trastoque el poder y su ejercicio. «La marginación de las mujeres y la destrucción de la biodiversidad son procesos que van unidos». Vandana Shiva. Entrevista El País. 27, 01,02.

El saberse y comprenderse como femenino/masculino romperá nuestras corazas mentales, emocionales y culturales, y favorecerá ese orden nuevo, de valores nuevos, en la economía, la política, la organización social y en las iglesias.

En los momentos y épocas de crisis, y ésta lo es en profundidad y extensión, no es posible volver al «becerro de oro» y es necesario «subir a la montaña» para encontrar la nueva orientación, un código nuevo.

Nuestra antigua ética se basaba en el entorno físico y social del que nos habla Echeverría; correspondía a una civilización urbana de lo cercano al individuo y al grupo, a sus necesidades y cultura, a la defensa contra un medio físico o social hostil, a la búsqueda de una seguridad para el individuo, la pareja y su prole que podía extenderse al grupo de los iguales. Todo eso se ha venido abajo, el corpus ético que lo soportaba ya no es suficiente y cuando reaccionamos desde su óptica la respuesta es remisa, no recurrente y contradictoria; no nos satisface y genera conflictos graves.

No tenemos una receta pero pienso que hay que tender hacia una ética flexible, que no quiere decir inconsistente; autónoma y por ello informada, con criterios científicos y libres; solidaria en sentido horizontal – a y para todos y de todo lugar – y vertical, con las generaciones anteriores, (memoria) y las venideras, que considere nuestro mundo como parte de nosotros; de derechos y deberes de todos y durante toda la vida, donde el primer derecho es el deber de ser responsable.

Una sociedad que según todos los expertos es cada día más injusta y los más pobres son más numerosos y empobrecidos, mientras los ricos son más ricos, debe encontrar estructuras organizativas y políticas solidarias de manera urgente e innovadoras, temiendo presente la internacionalización y globalización. Lo contrario son las respuestas individuales o grupales que van desde la actitudes cainitas, la delincuencia individual u organizada y transnacional, la evasión nihilista, el fanatismo integrista o la creencia de un aislacionismo protector/salvador.

En estos momentos en los que estamos comprobando como «los señores del aire» (Echeverría) se adueñan de espacio exterior y quieren conquistar nuestra intimidad, es muy necesario que controlemos quién manda, qué desea dominar y con qué tecnología. La censura, el dominio de la red, tanto por autoridades públicas y sus policías, como por empresas, léase Microsoft, dominan las tecnologías, los flujos nodales, los contenidos y las bases de datos. Que sólo le entreguemos la parte de nuestra memoria técnica o que nos entreguemos totalmente en nuestra intimidad, será determinante en esa nueva era, en el individuo globalizado: seremos personas o «teleindividuos».

La responsabilidad del aprendizaje permanente para todos es hoy, a mi entender, lo más urgente y a la vez la tarea que nos exigirá mas esfuerzos e innovación. Nuestro aprendizaje será el aprendizaje de saber hacer y procesar, especialmente en la llamada de la sociedad del conocimiento. Ayudar a saber pensar es lo más peligroso para el poder y la principal preocupación de posturas y concepciones conservadoras, integristas y fundamentalistas. Incluso a nivel de la propia persona: pensar es un riesgo que puede intranquilizarnos.

Creo necesario resaltar que hemos olvidado demasiado tiempo la emoción y la sensibilidad como ingredientes básicos y obligatorios de la inteligencia y de los aprendizajes inteligentes. Nada más erróneo, sólo podremos aprender inteligentemente con la razón, la emoción, la sensibilidad, en definitiva con todo el cuerpo.

Si por un lado no podemos ser muy optimistas, dado que nunca tanto poder ha estado en tan pocas manos, por otros existen claros signos positivos: un movimiento feminista cada día más consolidado que crea opinión en mujeres y hombres, una conciencia ecológica crecientemente organizada, esbozos participados a nivel mundial que reclaman y luchan por instituciones mundiales representativas de una nueva gobernanza como el Tribunal Penal Internacional y la consolidación de la necesidad de la política como modelo de la ordenación mundial en esta nueva era. Aunque debemos huir de mitos, Porto Alegre puede representar un camino positivo.

Y es, desde esta sociedad, desde esta ERA NUEVA, a la que podemos aplicar Rom 8, 22 “Pues sabemos que la creación entera sufre dolores de parto…”, que estamos llamados a encontrar, a vivir la Espiritualidad. Con estas “redes” hemos de encontrar las nuevas imágenes, los códigos que nos identifiquen, la organización que nos desarrolle, la religión que nos libere, las nuevas palabras que nos signifiquen y esa ESPIRITUALIDAD NUEVA que dignifique nuestro ser humano, que los cristianos reclamamos como imágenes de Dios.

BREVE BIBLIOGRAFÍA

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