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Ese obispo curial, “¿es el que estamos esperando”? -- Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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José Moreno Losada, presbítero (sacerdote, ¡mal llamado así!) de la diócesis de Mérida-Badajoz, y bloguero también de 21rs, comenta en Religión Digital (RD) la siguiente noticia publicada por la misma revista RD: “Inminente nombramiento de Celso Morga como arzobispo-coadjutor de Mérida-Badajoz”. Y en el artículo de ese título se informaba de que Celso es, actualmente, arzobispo secretario de la Congregación para el Clero de la Curia romana. Que es del Opus Dei, que se doctoró en la Universidad de Navarra, y que ha tenido, fundamentalmente, un trabajo administrativo y burocrático. Eso sí, pertrechado de su condición arzobispal, algo que ni yo, ni Moreno Losada, ni muchos otros fieles cristianos, y leales católicos entendemos.

El artículo del clérigo emeritense tiene un título muy ocurrente, y muy apropiado. Suena así: Celso Morga, ¿es el que ha de venir? La pregunta hace una obvia alusión a la que hicieron a Jesús los enviados por Juan Bautista: “¿eres el que va a venir? A lo que el Maestro respondió: “Id y contad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y la Buena Noticia llega a los pobres. ¡Y dichoso aquél que no se escandalice de mí!” (Mt 11,4-5)

Jesús respondió invitando a que los enviados de Juan observaran la vida y el ministerio del Maestro de Nazaret, y cómo éste cumplía casi al milímetro la profecía de Isaías, según la pequeña variación de Lucas: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, y me ha enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». (Lc 4,18-19). Y siguiendo la línea de la Escritura, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento (AT y NT), el cura extremeño sueña con que el nuevo obispo coadjutor con derecho a sucesión “venga con la sencillez de los creyentes y el ánimo de los que se han encontrado con el resucitado”.

Es decir que el pueblo fiel de la diócesis de Mérida-Badajoz, por boca de uno de sus presbíteros, pide que, al igual que hizo Jesús, el nuevo pastor que les anuncian sea un auténtico y valiente anunciador del Reino, que sea verdaderamente un Pastor, que conozca a sus ovejas y se mezcle tanto con ellas que acabe, como dice gallardamente Francisco, “oliendo a oveja”. (Cosa que en la actualidad es poco probable, un olor tan espeso y rudo en las estancias vaticanas. Pero que no desanime, que acabará con ese aroma tan peculiar de quien no solo lidia con y cuida a las ovejas, sino que se mezcla con ellas porque las ama).

Me parece entender bien la preocupación de José Moreno Losada: no trata de descalificar al candidato a Obispo de su diócesis, sino que se plantea, responsable y legítimamente, si la mejor manera de aprender a ser obispo es el trabajo burocrático en unas oficinas, por muy de la Santa Sede que se trate. Y, de mi cosecha, aprovecho para recordar que la que es Santa (“Una, Santa, Católica y Apostólica”) es la Iglesia, toda ella, sobre todo como misterio de Salvación. Pero no tiene por qué ostentar esa denominación ninguno de sus departamentos por separado, o cualquiera de sus divisiones administrativas y funcionales. La sede romana, durante siglos, ha dado muestra de todo menos de santidad. Recordemos la frase corrosiva, pero en gran porcentaje cierta: “Roma veduta, fide perduta”.

(Nota: recuerdo que en una de mis entradas bastante antiguas fui mucho más lejos en la consideración del uso y abuso del Sacramento del Orden, sobre todo en el nivel episcopal, para los encargados de trabajos burocráticos y administrativos. En ese artículo afirmaba que para ellos no se debería precisar, de ninguna manera, la consagración episcopal. Si se requiere es, tan solo, por imposición normativa del Derecho Canónico, que, mientras no se diga lo contrario, -y nunca se dirá-, no es un documento dogmático). (“Seglares, hombres y mujeres, cardenales. ¿Por qué no?» Febrero de 2011)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

José Moreno Losada, presbítero (sacerdote, ¡mal llamado así!) de la diócesis de Mérida-Badajoz, y bloguero también de 21rs, comenta en Religión Digital (RD) la siguiente noticia publicada por la misma revista RD: “Inminente nombramiento de Celso Morga como arzobispo-coadjutor de Mérida-Badajoz”. Y en el artículo de ese título se informaba de que Celso es, actualmente, arzobispo secretario de la Congregación para el Clero de la Curia romana. Que es del Opus Dei, que se doctoró en la Universidad de Navarra, y que ha tenido, fundamentalmente, un trabajo administrativo y burocrático. Eso sí, pertrechado de su condición arzobispal, algo que ni yo, ni Moreno Losada, ni muchos otros fieles cristianos, y leales católicos entendemos.

El artículo del clérigo emeritense tiene un título muy ocurrente, y muy apropiado. Suena así: Celso Morga, ¿es el que ha de venir? La pregunta hace una obvia alusión a la que hicieron a Jesús los enviados por Juan Bautista: “¿eres el que va a venir? A lo que el Maestro respondió: “Id y contad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y la Buena Noticia llega a los pobres. ¡Y dichoso aquél que no se escandalice de mí!” (Mt 11,4-5)

Jesús respondió invitando a que los enviados de Juan observaran la vida y el ministerio del Maestro de Nazaret, y cómo éste cumplía casi al milímetro la profecía de Isaías, según la pequeña variación de Lucas: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, y me ha enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor». (Lc 4,18-19). Y siguiendo la línea de la Escritura, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento (AT y NT), el cura extremeño sueña con que el nuevo obispo coadjutor con derecho a sucesión “venga con la sencillez de los creyentes y el ánimo de los que se han encontrado con el resucitado”.

Es decir que el pueblo fiel de la diócesis de Mérida-Badajoz, por boca de uno de sus presbíteros, pide que, al igual que hizo Jesús, el nuevo pastor que les anuncian sea un auténtico y valiente anunciador del Reino, que sea verdaderamente un Pastor, que conozca a sus ovejas y se mezcle tanto con ellas que acabe, como dice gallardamente Francisco, “oliendo a oveja”. (Cosa que en la actualidad es poco probable, un olor tan espeso y rudo en las estancias vaticanas. Pero que no desanime, que acabará con ese aroma tan peculiar de quien no solo lidia con y cuida a las ovejas, sino que se mezcla con ellas porque las ama).

Me parece entender bien la preocupación de José Moreno Losada: no trata de descalificar al candidato a Obispo de su diócesis, sino que se plantea, responsable y legítimamente, si la mejor manera de aprender a ser obispo es el trabajo burocrático en unas oficinas, por muy de la Santa Sede que se trate. Y, de mi cosecha, aprovecho para recordar que la que es Santa (“Una, Santa, Católica y Apostólica”) es la Iglesia, toda ella, sobre todo como misterio de Salvación. Pero no tiene por qué ostentar esa denominación ninguno de sus departamentos por separado, o cualquiera de sus divisiones administrativas y funcionales. La sede romana, durante siglos, ha dado muestra de todo menos de santidad. Recordemos la frase corrosiva, pero en gran porcentaje cierta: “Roma veduta, fide perduta”.

(Nota: recuerdo que en una de mis entradas bastante antiguas fui mucho más lejos en la consideración del uso y abuso del Sacramento del Orden, sobre todo en el nivel episcopal, para los encargados de trabajos burocráticos y administrativos. En ese artículo afirmaba que para ellos no se debería precisar, de ninguna manera, la consagración episcopal. Si se requiere es, tan solo, por imposición normativa del Derecho Canónico, que, mientras no se diga lo contrario, -y nunca se dirá-, no es un documento dogmático). (“Seglares, hombres y mujeres, cardenales. ¿Por qué no?» Febrero de 2011)

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