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ENTREVISTA A FRANCISCO GRACIA NAVARRO SOBRE LA CLONACIÓN TERAPÉUTICA. Luis Alfonso Gámez.

Publicado en

El Correo

Francisco Gracia Navarro presentó ayer en Bilbao las líneas maestras de la nueva Ley de Investigación Biomédica, un texto con el que el Gobierno pretende impulsar un campo con «un gran potencial de creación de riqueza». La ley, que autoriza la clonación terapéutica, intenta casar la libertad de investigación con los principios éticos de la mayoría de la sociedad española, según el director del Instituto de Salud Carlos III, que inauguró las XIII Jornadas sobre Derecho y Genoma Humano, organizadas por la cátedra interuniversitaria de Derecho y Genoma Humano de las universidades del País Vasco y de Deusto.

-Congeniar libertad de investigación con ética en el campo de la biomedicina no parece fácil.
-Es perfectamente posible si entendemos por ética lo que entiende la mayoría de los ciudadanos y no la confundimos con la creencia, que es otra cosa. La ética no es patrimonio de una determinada confesión o creencia religiosa, sino del ser humano. Y el ser humano tiende a ser bueno por naturaleza, a comportarse de manera adecuada.

-Cuando se habla de experimentar con embriones, a mucha gente se le ponen los pelos de punta.
-Le vienen a la mente monstruosidades que no se corresponden con lo que se hace con los preembriones con los que se investiga. Los preembriones de hasta catorce días de desarrollo, que son con los que se permite trabajar, son sólo masas de células. Han sido generados ‘in vitro’ y no por fecundación, a no ser que se trate de los sobrantes de un proceso de reproducción asistida. Estos último, si no se usan para investigar, se acabarían tirando a la basura.

-El uso de los embriones sobrantes de la fecundación ‘in vitro’ (FIV) en el laboratorio es lo que regulaba ya la Ley de Reproducción Asistida, ¿no?
-Sí. Hay gente que ha dicho que la nueva Ley de Reproducción Asistida quita el límite de los tres preembriones a implantar en la mujer para así generar muchos embriones sobrantes destinados a la investigación. No es así. El motivo es que, para que una mujer ‘superovule’, se la somete a un tratamiento muy agresivo en el que se la inyectan muchísimas hormonas durante doce o catorce días para que produzca muchos óvulos. Si, al final, sólo coges tres para usarlos en la reproducción asistida y no tienes éxito en la implantación, deberás volver a repetir el ciclo y meterle otro ‘pelotazo’ a la mujer. Se quiere evitar eso, que es muy agresivo para la salud de la mujer. Por tanto, hay que generar embriones sobrantes.

-Y, si sobran algunos al final del proceso, pueden acabar en el laboratorio.
-Tienen que sobrar y que haber consentimiento expreso de los progenitores. En la ley se establece, como principio fundamental, que, para que se experimente con él, quien genera ese material biológico debe haberlo donado para la investigación, porque es suyo. Se respetan así las creencias de las personas. A nadie se le obliga a que done sus preembriones, sus óvulos o sus espermatozoides. Los dona voluntariamente aquél que quiere y nosotros pretendemos que cuente con la suficiente información a la hora de tomar la decisión.

-Tradicionalmente, un embrión era el resultado de la fusión de un espermatozoide y un óvulo. Sin embargo, en la clonación terapéutica no se da eso y la Iglesia sigue hablando de embrión.
-Efectivamente. Hay muchos paradigmas biológicos que están cayendo. También antes se hablaba de un gen igual a una proteína. ¿Óvulo más espermatozoide igual a embrión? Desde el punto de vista biológico, ahora podemos obtener material de origen embrionario por otras técnicas que no son la fecundación. Nosotros entendemos en la ley que un embrión originado por fecundación debe estar destinado a la reproducción, salvo que sobre de las técnicas de reproducción asistida. Y también entendemos que aquello que no se origine por fecundación no es un embrión, es algo que se obtiene artificialmente en el laboratorio.

Futuro y esperanzas
-Ahora se necesita un óvulo para crear ese material biológico por clonación terapéutica, pero puede que dentro de poco ni ese óvulo sea necesario, ¿no?
-Es lo que llamamos reprogramación celular: coger una célula adulta, reprogramarla y transformarla en una célula embrionaria. Se trataría, por tanto, de otra masa de células que, si se llegase a desarrollar, sería susceptible de transformarse en un individuo. Eso no es posible ahora mismo, pero puede serlo en un futuro. No habrá entonces ni fecundación ni transferencia nuclear. ¿Cuál será la postura de la Iglesia cuando esta técnica esté disponible?

-La Ley de Investigación Biomédica va a autorizar la clonación terapéutica. Eso supondrá la creación para investigación de un material que la norma no denomina embrión, aunque hay gente que lo llama así.
-Es que para nosotros no es un embrión. Se trata de una masa de células que se ha generado como consecuencia de la transferencia de un núcleo procedente de una célula adulta a un ovocito al que se ha quitado el núcleo. Eso no es un embrión. No es producto de la fusión de un óvulo y un espermatozoide. Es un grupo de células que puede usarse para investigación. Lo que queremos es fomentar la investigación en terapia celular porque creemos que es un campo con muchísimo futuro. Hay que investigar mucho, sobre todo en los mecanismos básicos que regulan la diferenciación celular. Cuando sepamos por qué, por ejemplo, una célula pasa de ser indiferenciada a ser de músculo y seamos capaces de controlar el proceso, tendremos una magnífica herramienta terapéutica.

-¿Cuándo aprenderán los científicos a hacer eso?
-No tengo una bola de cristal y no me gusta hablar de estas cosas porque creo que un problema importante es el de generar expectativas, a veces desmedidas, entre los pacientes. A mis compañeros científicos les suelo pedir que salgan menos en los medios, que digan menos que van a curar las enfermedades y que se dediquen más a trabajar en el laboratorio.

-Pero usted es consciente de que, sin esas declaraciones de los científicos, el apoyo popular con que cuentan en España la experimentación con embriones y la clonación terapéutica no sería tal.
-Sí. Es cierto. Ésa es la otra cara de la moneda. Pero, una vez conseguido esto, ha llegado el momento de que los científicos empiecen a obtener resultados. Si no, dentro de unos años, los ciudadanos nos pedirán explicaciones a los políticos y a los científicos.

-¿Cuándo vamos a disfrutar de esa nueva medicina personalizada, predicitiva, regenerativa…?
-Ya se están aplicando técnicas de medicina predictiva y personalizada. Ya hay hospitales y grupos clínicos que dan los fármacos y la anestesia al paciente en función de su perfil genético. Llevará un tiempo que eso se extienda a todo el sistema; pero está ocurriendo poco a poco sin que nos demos cuenta.

«La Iglesia también se oponía al principio a los trasplantes»

-¿Qué ha pasado para que los políticos ahora apuesten por la clonación terapéutica, cuando era un tabú hace no muchos años? ¿Les han convencido los científicos?
-Yo creo que, básicamente, han cambiado el Gobierno y su ideología. El Gobierno del PP, que abrió la puerta muy tímidamente a la utilización de embriones sobrantes con más de cinco años de antigüedad, ha sido sustituido por uno más progresista, de izquierdas, que entiende que esta línea de investigación puede desarrollarse con los correspondientes controles éticos.

-Pero el propio PSOE era mucho más cauto antes. Daba la impresión de que no contemplaba la clonación terapéutica a corto plazo. ¿Se trataba de ir avanzando poco a poco, según el apoyo social?
-Indudablemente. Un Gobierno no puede implantar medidas políticas sin contar con apoyo social y así ha sido en este tema, en el que la sociedad y los medios de comunicación han ido entrando en ese debate. Es lo mismo que ha pasado con la ley antitabaco. Eso no está exento de que haya ahora debate y discusión.

-Que puede ser muy duro, porque la Iglesia católica está frontalmente en contra.
-Sí; el debate puede ser duro. Lo que creo que debemos demostrar todos es responsabilidad y no entrar en las descalificaciones ni en los insultos. Hay que tener un debate de ideas y de posturas. Nosotros no pretendemos imponer a nadie lo que haga o deje de hacer, sino que la gente pueda tomar sus decisiones con suficiente conocimiento. No creo que la sociedad vaya a desaparecer porque se pueda investigar con material de origen embrionario; lo mismo que la sociedad no ha desaparecido por los trasplantes. Al principio, también la Iglesia se oponía a los trasplantes; decían que iba a ser la hecatombe. Hoy en día, los trasplantes son algo común y corriente, y no ha habido ninguna hecatombe social.

-¿España va a pasar, con la nueva ley, de estar en el vagón de cola de la investigación biomédica a viajar en la locomotora?
-¿Ya me gustaría a mí! En España contamos con buenos investigadores, con potencial. Pero hay que mejorar. Necesitamos más investigadores y jóvenes científicos que dinamicen el sistema. Con dinero, organización y una buena normativa, nuestros investigadores pueden hacer que avancemos mucho. Eso no sólo se reflejará en una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, sino también en capacidad productiva, porque la biomedicina tiene un gran potencial de creación de riqueza a través del desarrollo de fármacos, productos sanitarios, nuevas tecnologías, etcétera. El campo es inmenso y tenemos un buen sistema sanitario que puede generar todo ese conocimiento, toda esa riqueza.

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