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En Estados Unidos las leyes antiinmigrantes son políticas sin principios -- Padre Luis Barrios (New York-EEUU)

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Cada uno/a de nosotras/os tiene que ser devota/o
enardecida/o de la justicia, de los derechos humanos,
de la libertad, de la igualdad, pero mirándolos a la luz
de la fe.
(San Romero de Las Américas-5 de febrero de 1978; III-189)

La clase dominante y quienes se proclaman guardianes de la “moral” y la “seguridad nacional” de Estados Unidos siempre han buscado maneras de poder implementar y a la misma vez justificar sus sentimientos y acciones clasistas, racistas, etnocentristas, heterosexistas, sexistas, cristocentristas y xenofóbicas –solo menciono algunos de estos pecados sociales- desde una perspectiva judicialmente.

La ola antiinmigrante comenzada en Arizona y desplegada por otros estados es parte de todo este proyecto ideológico de control social, exclusión y opresión. En su campaña antiinmigrante latina estas nuevas leyes reflejan lo que podemos denominar como una especie de hegemonía cultura. Esta se distingue por definir y establecer normas y valores culturales que protejan los intereses e ideas dominantes de quienes están en control como clase gobernante.

Ahora bien, este asunto se complica. Cuando esta hegemonía cultural es mercadeada y pasa a ser obedecida por lo grupos oprimidos y explotados a través de una fabricación de consenso, entonces llegamos a lo que Carlos Marx denominó como “falsa conciencia,” o sea, el pensamiento de las personas de una manera que no es consecuente con sus condiciones materiales de existencia. Aquí es que vemos como personas Latinas, Asiáticas y Afro-Americanas –por solo mencionar tres grupos étnicos- han pasado a ser parte de esta campaña de por un lado criminalizar y demonizar a los/as inmigrantes y por otro lado salir a buscar a este pueblo indocumentado a través de una nueva adaptación de los linchamientos.

Yo tengo claro que todo país tiene el derecho y la obligación de proteger a su ciudadanía y garantizar su seguridad nacional. Lo mismo entiendo que todo país tiene todo el derecho de implementar medidas de seguridad concerniente a quien entra y sale del país. Ahora bien, como me decía mi abuela Doña Bárbara; no me confunda el asunto porque no todo lo prieto es morcilla. Tengamos claro que la mayoría de estas realidades son solo síntomas de un problema que denominamos capitalismo por lo tanto vamos a dejarnos de pendejerías y en vez de lidiar con síntomas lidiemos con el verdadero problema.

Un análisis crítico a estas leyes antiinmigrantes nos permite ver inmediatamente el reflejo de perfil racial y xenofóbico de las mismas. Para esta gente que se sienta a producir leyes de exclusión y opresión hay un mensaje directo en la Biblia a través del profeta Isaias: ¡Ay de quienes dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a las gentes pobres, y para quitar el derecho a las personas afligidas de pueblo; para despojar a las viudas y robar a las personas huérfanas! (Isaías 10:1-2). Y de la misma manera una denuncia al presidente Barack Obama, quien sigue reculando ante su promesa de una verdadera reforma de las leyes. Malditos/as son aquellos/as quienes de frente a los procesos de justicia, se amedrentan y retroceden para darle entrada a la infamia. Aquí en la tierra pagaran su traición.

Permítanme recordarles que los mensajes fabricados donde se trata de hacer creer que hay una invasión silenciosa por partes de inmigrantes latinoamericanos dentro de Estados Unidos; que hemos creado una crisis económica; que la delincuencia y el crimen han aumentado con nuestra presencia; y que nos hemos apoderado de los trabajos; son pura falacias. El asunto es mucho más complicado.

El otro problema serio lo es la política externa del gobierno de Estados Unidos hacia nuestros países Latinoamericanos. Todo este pánico colectivo antiinmigrante se ha realizado sin tomar en consideración una exploración socio-histórica, política y económica de la política colonial-imperialista del gobierno de Estados Unidos hacia los países Latinoamericanos; la manipulación y destrucción de las economías nacionales a través del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y los mal llamados acuerdos de libre comercio; y su protección de gobiernos corruptos a través de militares entrenados en el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, mejor conocido como la Escuela de las Américas o Escuela de Asesinos.

Esta política sin principios, como lo denominó Mahatma Gandhi, en su listado de los siete pecados sociales, es lo que ha caracterizado al gobierno de Estados Unidos a través de su empeño de adquirir, dominar y robar los recursos de otros países. Esta política imperialista, anexionista y colonialista la tenemos que denunciar. De aquí su Doctrina Monroe la cual surge en el año 1823 con la intención de frenar a los países Europeos de no colonizar a los países de Las Américas porque Estados Unidos tiene ese privilegio; la Doctrina del Divino Manifiesto del año 1839 la cual se usa para decir que por mandato divino Dios le otorga la responsabilidad a Estados Unidos de controlar el resto del mundo; el Tratado de Guadalupe Hidalgo del año 1848 a través del cual le roban a México más de la mitad de su propio territorio: California, Nevada, Texas, Utah y partes de Arizona, Nuevo México, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Asimismo, la frontera internacional se establece en el Río Grande; el Tratado de Paris del año 1898 convierte a Filipinas, Guam y Puerto Rico colonias de Estados Unidos; la doctrina del Gran Garrote o Big Stick justifica que entre los 1900 y 1933, Estados Unidos invadiera y colonizara cuatro veces a Cuba, dos a Nicaragua, seis a Panamá, una a Guatemala y siete a Honduras; la Política de Buena Vecindad del año 1933 la cual enarbola la doctrina del panamericanismo donde se suaviza la doctrina Monroe pero se mantiene la misma intención de colonizar y controlar a los otros países; y la Alianza para el Progreso que se lleva a cabo en los años 1961 y 1970 como un programa de ayuda económica y social de EE. UU. para América Latina con la intención de tratar de frenar los movimientos socialistas en América Latina y que no imitaran el proyecto socialista de Cuba.; entre otros.

Por lo tanto, me parece a mí que un buen ejercicio para organizar y movilizar nuestros movimientos de masas contra todas estas leyes injustas debe de ayudarnos a entender por un lado la manera en que algunas conductas pueden ser clasificadas como criminales y otras no (ejemplo: el fumar o injerir bebidas alcohólicas controlado hasta que se tiene 21 años vs. el ir a la guerra a matar a los 18 años). Asimismo, el poder entender el por qué algunos grupos son mas susceptibles a que sean clasificados como “problemáticos” o “criminales” y otros no (ejemplo: grupos de supremacía blanca o KKK vs. inmigrantes indocumentados/as). Y por supuesto, el por qué las supuestas leyes de control de crimen tienden a focalizarse en las acciones cometidas por la clase trabajadora o clase pobre y no los cometidos por la clase adinerada (ejemplo: el crimen corporativo o de estado vs. el crimen de la calle).

Consecuentemente, tal y como nos dice nuestro hermano y compañero profeta San Romero de Las Américas, hay la necesidad de que lo que pensemos, sintamos y hagamos sea en todo momento mirando hacia la luz de la fe. Esta fe es la que nos lleva hacia la utopía realizable porque hace realidad nuestra manera de pensar y de actuar. Si las leyes que se decretan en nuestros procesos judiciales no reflejan nuestra devoción hacia la justicia, los derechos humanos, la libertad y la igualdad tenemos el deber social, moral y espiritual de desobedecerlas. En otras palabras, hay que quebrantarlas. De la misma manera tenemos la obligación de aceptar las consecuencias que nuestra transgresión a la inmoralidad de estas leyes pueda dejar como resultado. Esta es la belleza de la desobediencia civil, la cual en este contexto es una manera de obedecer. Ante esta realidad no hay espacios para posiciones neutrales de neuroticismos o ambigüedades psicóticas de conveniencias.

Para combatir estas leyes de políticas sin principios sigamos construyendo el Reino de la paz con justicia de Dios aquí en la tierra con el amor solidario anticapitalistas, el sacramento más importante.

Padre Luis Barrios
Iglesia de Santa María
New York, New York
7 de agosto de 2010
Lbarrios@jjay.cuny.edu

(Información recibida de la Red MUndial de Comunidades Eclesiales de Base)

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