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El reto de una Sociedad laica -- Manolo González

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Somos Iglesia de Andalucía

Laicismo.jpg1.- LAICO. La palabra “laico” nos viene del griego a través del latín. De acuerdo con su etimología (“laós”=pueblo), laico significaría “popular”. En los primeros siglos del cristianismo tenía un significado solemne. Se identificaba con el Pueblo de Dios, y así aparece en el Nuevo Testamento. Con la progresiva clericalización de la Iglesia, el significado de “laós” se fue restringiendo al pueblo llano, ese inmenso co-lectivo que no forma parte del estamento clerical. En un segundo paso, se acotó más su campo semántico y se refiere solamente a los no religiosos.

En nuestros días la palabra laico significa para algunos sectores eclesiásticos una connotación negativa como “no religioso”. “aconfesional” y la palabra laicismo como sectario, anticatólico, antirrelioso. Noso-tros queremos entender en adelante laico como equivalente a seglar. Quienes no son ni curas ni frailes ni monjas, para entendernos.

2.- SOCIEDAD LAICA. A lo largo del s. XIX surgió la necesidad de buscar una palabra que definiera esa nueva sociedad que se iba fraguando a trancas y barrancas con la beligerancia del papado. Esa nueva sociedad aspiraba a ser igualitaria y no religiosa… ¡laica!. La Academia la define como una sociedad en la que se defiende “La independencia del hombre o de la sociedad y más particularmente del estado a cualquier organización o confesión religiosa”. Si se le acepta alguna dependencia es porque lo religioso forma parte del folclore, del la cultura y de las convicciones de muchos, la mayoría, de los ciudadanos.

a.- Sociedad laica es sociedad adulta. Una sociedad laica es una sociedad adulta que aspira a liberarse de todas las tutelas que la han condicionado a lo largo de la historia y que todavía la siguen condicionando. Sencillamente, que, al quedar libre de la tutela de la religión, ha pasado o intenta pasar de la minoría de edad a la adultez. La tutela religiosa ha sido y sigue siendo un condicionante específico en la sociedad española. La religión católica ha ejercido durante siglos una tutela omnipresente hasta anular todo atisbo de autonomía en cual-quier ámbito personal o social. La filosofía era “la criada de la teología” y su única función era auxiliar y servir a la teología. La medicina era mirada con enorme recelo porque, al venir la enfermedad por volun-tad divina, resultaba blasfemo intentar librarse de ella. Sólo era aceptable la petición a Dios.

Durante siglos se consideró que la única fuente de conocimiento era la Biblia, como palabra de Dios dic-tada literalmente a los humanos. El conflicto de Galileo se sitúa exactamente en este punto, cuando él rei-vindica un sistema autónomo de conocimiento independiente del libro sagrado.

Todavía Pío XII acepta a regañadientes la teoría del evolucionismo, pero dejando claro que todos los se-res humanos tienen que proceder de la misma y única pareja primordial… Porque si no, ¿dónde queda el pecado original? “Los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que, después de Adán, hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por generación natural. O bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original: que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán indivi-dual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres de generación en generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio.” (Pío XII: Encíclica Humani Generis, 30.- Año 1950).

b.- Que proclama una ética válida para todos. La sociedad laica necesita configurar una ética que sea váli-da para todas las personas que forman parte de esa sociedad. Esa visión ética es, además, necesaria, para estructurar la propia sociedad sobre unos parámetros comunes que hagan posible la convivencia. Por eso, no debe imponer a todos los miembros la perspectiva moral de una determinada religión o confesión reli-giosa.

c.- Que no necesita una moral dictada por creencias o dogmatismos religiosos. La moral es un campo que sigue pareciendo competencia exclusiva de la religión. La moral, explícita o solapadamente, es aspira-ción de todas las religiones para controlar la vida pública desde su específica visión del mundo. Así se entiende, por ejemplo, el conflicto con la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Lo que es una clara apuesta en favor de la autonomía ética por parte de la sociedad laica, se interpreta desde los sec-tores eclesiásticos más conservadores como una intromisión intolerable en un ámbito de su exclusiva competencia.

d.- Que debe organizarse también sin estar condicionada por ningún credo religioso. Los distintos secto-res de una sociedad laica, secular (el tejido social, político, productivo, cultural, científico…) se deben organizar al margen de ese ámbito. El concepto de Dios impuesto no es necesario, es más, con frecuen-cia ha sido un obstáculo, para el buen funcionamiento de una sociedad laica. La propia sociedad tiene mecanismos suficientes para avanzar, organizarse, mejorarse, corregir errores… sin necesidad de apelar a motivaciones religiosas.

e.- Sin interferencias con las religiones. No debe de haber conflicto de competencias o luchas por el po-der: control de la ciencia, como en otros tiempos, control de la ética o de la moral, derechos y libertades, poder social, etc. Debe ser fruto de un amplio consenso en la sociedad y ratificado en el parlamento. Con el correr de los tiempos se irán haciendo a la misma las adaptaciones y modificaciones que exijan las cir-cunstancias. Lo que es del Cesar es del Cesar. El papel de la religión se debe realizar desde el servicio. Lo que tendría que haber hecho, por su mismo origen en Jesús de Nazaret, va a tener que hacerlo por imposición de la misma realidad histórica.

f.- Con una oferta de mínimos. La función del Estado en la sociedad moderna es una oferta de mínimos: el establecimiento de normas para garantizar derechos y deberes. Se trata de una actuación más bien ex-terna a la persona. Y contando siempre con la fuerza coercitiva para asegurar el cumplimiento de las le-yes. En cambio, la religión plantea una oferta de máximos. Es una llamada al interior de las personas para sa-car lo mejor de cada uno, aunque, por desgracia, negando teórica y prácticamente, todo derecho y todo atisbo de democracia entre sus miembros.

4.- VIVIR LA FE RELIGIOSA EN UNA SOCIEDAD LAICA

a.- Superar la religiosidad infantil. No es posible mantener una fe infantilizada en una sociedad laica. La fe infantilizada está basada en la sumisión y en la obediencia. Es una postura acrítica que todo lo recibe de arriba. Su gran soporte es la organización jerárquica como institución divina. Esta modalidad de fe re-ligiosa sólo puede mantenerse en sociedades homogéneas, pre-técnicas o en guetos dentro de las socieda-des adultas.

b.- Pasar de una mentalidad estática a una mentalidad dinámica. Son dos maneras de pensar y de situarse ante el mundo. Dos culturas, dos esquemas mentales, dos paradigmas de la realidad (Copérnico y Eins-tein).Durante siglos y milenios la humanidad ha mantenido un paradigma estático: las cosas son como son, siempre han sido así y siempre van a ser así. Es una característica fundamental de las sociedades agrarias. En este contexto cultural se fraguan todas las religiones. Y, como no puede ser de otro modo, adquieren las características culturales de las sociedades a las que pertenecen: las verdades religiosas son absolutas e inmutables, válidas para todas las personas, todos los tiempos y todas las culturas. Para un mayor fortale-cimiento de este paradigma permanente y estático, se afirma que estas verdades son inspiradas directa-mente por Dios.

Esta mentalidad estática produce una gran seguridad. Al contrario, cualquier asomo de cambio o de cues-tionamiento produce inquietud e inseguridad. Y provoca miedo, rechazo y hasta agresividad ante lo dife-rente: racismo, xenofobia y todas las formas de fanatismo. Resulta sorprendente el rechazo sistemático que, con esta mentalidad, la iglesia católica oficial fue te-niendo a todos los avances de la historia:

· El caso de Galileo. · Los avances de la revolución francesa. · Su feroz negativa a la igualdad de todos los seres humanos. · Su resistencia a admitir la teoría de la evolución. · Su prohibición inicial a que se aplicaran los métodos científicos para el estudio de la Biblia… · El bloqueo absoluto ante las definiciones dogmáticas. Son intocables. · La concepción de la sexualidad, el celibato y la virginidad. · No firmar, ni aplicar dentro de ella los Derechos Humanos. En la Iglesia no hay derechos, solo hay sumisión, obediencia. La educación religiosa se centra en creencias. A quienes profesan una religión se les llama “creyentes”. Se trata de verdades absolutas e inmutables que seguimos repitiendo en el credo, las mismas oraciones, los mismos gestos litúrgicos… Y que nadie se desmadre. c.- Esta religión, agraria e infantil, está marcadas por dos características:

· La necesidad. La naturaleza es hostil, imprevisible. Nos sentimos impotentes frente a ella. Por tan-to, buscamos desesperadamente un amparo, una protección fuera de nosotros, en un Ser Todopo-deroso. De ahí la frecuencia de las peticiones en la liturgia. Por añadidura, pensamos que Dios lo puede arreglar todo: la enfermedad, las oposiciones… hasta la lotería. Así hemos ido configurando una religión pedigüeña, interesada, empequeñecida.

· Y la culpabilidad. Las catástrofes naturales son consideradas castigo de Dios. . Porque si Dios es bueno y manda estas cosas, está claro que la culpa es nuestra. Por eso, necesitamos pedir perdón una y otra vez, con la incertidumbre y la angustia de no saber si Dios nos ha perdonado. El resul-tado fue una dimensión religiosa aterrada, angustiada, culpabilizada.

Todas las agresiones a los derechos humanos de los otros, todo lo que consideramos como injusti-cia, como un mal para mí o para otros, las religiones lo consideran un como pecado y, conse-cuentemente, como una ofensa hecha al mismo Dios. Ello crea sentimientos de culpabilidad , una necesidad de pedir perdón a la deidad por nosotros ofendida, a ponernos en manos de personas en nombre de esa deidad, que pueden perdonarnos y con ello liberarnos de su ira y unos tremen-dos castigos que pueden llegar a ser eternos.

Por todo ello: Habrá que abandonar la manera de vivir la religión, propia de las sociedades pre-industriales, ligada indisolublemente a narraciones mitológicas, formaciones simbólicas y rituales que fundamentaban creencias que fijaban el pensar, el sentir, los modos de vivir y organizarse. Las creencias someten, fijan y bloquean el cambio y se proclaman como exclusivas.” (Corbí, Religión viable… pág. 15)

En las nuevas sociedades industriales, estas religiones resultan inviables para la mayoría de la población. Una prueba de ello es el desinterés por la religión es casi completo en las generaciones más jóvenes. Para ellos la religión no es ni problema. Sencillamente pasan de ella como de algo que pertenece a un pasado que hay que superar. Sin embargo, el interés por la espiritualidad no ha decaído con la decadencia de las religiones, sino que ha crecido notablemente.” (Corbí, Éxodo)

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