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EL PUEBLO VASCO, RUPTURA Y ESPERANZA DE PAZ. Goyo García

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Alandar

Un amigo mío, Elu, jubilado, acaba de escribir un cuento. Es la historia sin amor y sin sentido vivida por un par de zapatos (uno, el derecho, otro, el izquierdo) que se odian. Termina así: «Moraleja: Ni la derecha ni la izquierda es más una que otra. Somos los humanos los que queremos ser unos más que otros, y de esa manera vienen las discordias y los malos tratos». Sugiero que unos y otros nos apliquemos la moraleja cuando hablemos del pueblo vasco y su problema.

¿Cómo se siente hoy la sociedad vasca en Euskadi? Pregunta difícil. Yo no me atrevo a responderla, a interpretar los sentimientos del pueblo vasco hoy. Si lo hiciera me saldrían réplicas por todas partes. Nadie lo hace ni es capaz de hacerlo con propiedad. Es como explicar lo inexplicable. Porque el abanico de sensibilidades sociales y políticas es muy amplio. Y creo que esta es una sensación generalizada en Euskadi después del atentado de Barajas. La frustración ha echado abajo las esperanzas de paz que se creían definitivas tras el alto el fuego permanente de ETA del 24 de marzo pasado. El proceso de paz se anunciaba duro, largo y difícil, pero el pueblo creía en él. Y quería creer. Si bien era cierto que tenía sus recelos.

Si en adelante ha de existir o no el alto en fuego y en qué medida es algo que ha de ser fruto de una decisión unilateral de ETA, que no puede cargar en otras espaldas. Habrá de ser ETA quien diga qué es lo que con esas palabras quiere decir.

Sí podemos reseñar algunos aspectos parciales. Por ejemplo el relativo a unos valores éticos fundamentales, asumidos ampliamente por la sociedad vasca:
a) el rechazo al atentado de Barajas y
b) la solidaridad con las dos personas muertas: Carlos Alonso y Diego
Armando Estacio, emigrantes ecuatorianos;
c) el deseo sincero de que el Proceso de Paz hubiera seguido adelante;
d) la fe en el diálogo para resolver toda clase de problemas;
e) la repulsa a los medios de información que contaminan la realidad y la información, aunque ellos repitan con descaro que ellos son «sólo el mensajero».

También es común el sentimiento de que fuera del País vasco no se entiende y se tergiversa nuestra realidad. Cuando uno que vive en el País Vasco viaja al resto de España -o conecta con los medios informativos que le llegan de allí- se queda desconcertado por el modo de tratar los temas vascos que percibe. Callan y mienten sin ningún pudor según convenga a sus intereses partidistas o ideológicos. Le resulta tan desconcertante como cuando durante tantísimos años le estremecía cada atentado de ETA. Como es natural ante estos hechos hay distintas sensibilidades en la sociedad vasca. Pueden tener discrepancias, de matices o de fondo, sobre cuestiones internas de la problemática vasca. Pueden estar discutiendo sobre esos problemas. Pero es curioso observar cómo se ponen de acuerdo sin gran dificultad en que «los de fuera» no nos pueden ayudar a solucionarlos.

***

Por eso en estos momentos lo que más apetece es callar. ¿De qué valen las palabras? ¿Qué le vas a decir a uno que cree que el mejor diálogo son las armas? O ¿qué le vas a decir a quien dice que el único problema vasco es ETA y que la única solución es terminar con los etarras? ¿Qué les vas a decir a los que no quieren oír? José Lorenzo denunciaba en Vida Nueva (27.2.2007): ‘Por segunda vez en un menos de un mes -aunque muchos medios, confesionales o no, no se hayan enterado ni de la primera- el obispo de San Sebastián ha condenado con dureza el atentado de ETA del pasado 30 de diciembre, que «ha cuarteado la esperanza de una sociedad que anhela una paz justa y definitiva»‘ No se quiere escuchar. Y sin embargo eso es imprescindible para construir una nueva oportunidad para la paz. Alguien ha dicho aquí estos días que para ello ‘no hay temas establecidos ni guiones. Sólo la voluntad de escuchar’.

El pueblo vasco tiene muy claro que hay un problema vasco. Lo ve en cuanto sale a la calle con los ojos abiertos. Le basta hablar y escuchar a la gente. Y descubre también que la mayoría siente que los que no viven en nuestra sociedad vasca no la entienden. Unos porque no pueden. Otros porque no quieren. Eso parece oyendo a algunos políticos y a algunos medios informativos. Se colocan y se cierran tras las normas legales para negar situaciones que esas mismas normas han marginado. La complejidad del problema vasco necesita retoques legislativos que ayuden al diálogo y a la paz. Hay normas que sobran y normas que faltan. ¿Se puede hacer esa reforma? Está claro que lo difícil tal como están las cosas es querer. El problema que más siente la inmensa mayoría de la sociedad vasca es que está harta de la violencia de ETA, pero también de un centralismo exacerbado que no puede llegar dignamente a la compleja periferia, en particular a la del pueblo vasco.

Pero a pesar de los pesares creo que la sociedad vasca siente la esperanza. Y la quiere sentir. Unos párrafos de dos escritos aparecidos en la prensa vasca de este último mes nos ofrecen reflexiones y propuestas que siguen apostando por esa esperanza.

Que ETA pare para siempre

‘Nos reafirmamos en que las cuestiones más importantes acerca del final de ETA son: abandono de las armas incondicional de ETA, reconocimiento y reparación moral para las víctimas y que se arregle el problema de la gente presa y exiliada tras el fin de ETA.

Y de modo absolutamente separado del problema de ETA, es necesario que se aborden los conflictos inter-identitarios existentes en la sociedad vasca y de una parte de ésta (la ligada al nacionalismo vasco) con el resto de la sociedad española y con el Estado español. Lógicamente la vía de los atentados es el camino opuesto a la solución dialogada de todos estos asuntos’. (Iñaki Uribarri y Josetxu Riviere El correo 10 enero 2007)

Desorientación, ¿y ahora qué?

‘La existencia, a partir de ahora, de un proyecto pactado ha de exigir algo nuevo. Por otra parte el diálogo político es algo plural. Sin voluntad plural no existe acuerdo comúnmente aceptado. Cualquier forma de diálogo o negociación que haya de haber en el futuro habrá de ser algo nuevo que las partes han de aceptar sabiendo lo que realmente quieren. Lo cual sería una gran novedad respecto del pasado.

Decidir sobre lo nuevo que se pretenda hacer para la pacificación exige poner en claro qué es lo que se afirma cuando unos y otros dicen buscar y querer la paz para Euskadi y para España.

Hay quienes creen que suprimida ETA se alcanzará la paz por ser ella la única que la impide. Este planteamiento puede estar en la base del intento de hacer un único frente común de todos contra ETA.

Ello implicaría ignorar y rechazar el cuestionamiento anteriormente asumido, que distinguía entre el logro de la paz entendida como victoria sobre el terrorismo y el logro de la normalización jurídico-política del pueblo vasco, entendida como solución política del conflicto’.(Patxi Meabe. El Diario de Noticias de Álava. 1 febrero 2007).

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