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El Papa y América Latina: una relación distante

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CIUDAD DEL VATICANO (AFP) — El papa Benedicto XVI se mostró este año distante frente a los problemas de América Latina, que tiende a alejarse cada vez más de la jerarquía de la Iglesia católica.
Pese a haber recibido durante el 2008 a los obispos de doce países de América Latina y a haber pronunciado sentidas condenas de la violencia, el secuestro y el narcotráfico que padece la región, Benedicto XVI resultó más preocupado por el laicismo en Europa, la eutanasia, el aborto o la homosexualidad, temas fuertemente debatidos en los países más avanzados del mundo.

«Es verdad que el Papa este año ha puesto el acento en los problemas de Africa, donde ha aumentado la miseria, pero también en el número de católicos o en Europa, donde se viven fenómenos graves de discriminación», admitió monseñor Octavio Ruiz, vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina.

«Como no tiene la capacidad mediática de Juan Pablo II da la impresión de lejanía, pero no es así, sigue muy de cerca la realidad de América Latina», aseguró el religioso.
«Es un Papa europeocentrista, más preocupado por los problemas de Europa que por los de América Latina, donde reside el 42% de los católicos del mundo», comentó por su parte el ex cura italiano Luigi Sandri, miembro de la comunidad de base San Paolo.

«Necesitamos que toda acción y proyecto, grupo y movimiento, instituciones y estructuras de nuestra Iglesia revisen sus motivaciones y partan de nuevo según la inspiración bíblica», pidieron los obispos latinoamericanos que participaron en octubre pasado al Sínodo celebrado en el Vaticano.
Los prelados de Bolivia, México, Perú, Honduras, expresaron sus inquietudes sobre la necesidad de que la Iglesia se comprometa a fondo con los sectores de la sociedad que reclaman derechos individuales y colectivos, como los pobres y los indígenas.

La pobreza, la crisis económica, las sectas, la corrupción, figuran entre los males denunciados por los obispos, los cuales juegan en algunos países el papel de mediadores sociales.
Para cumplir ese papel activo, que involucre a la Iglesia con los fuertes cambios que vive la sociedad tanto en América Latina como en el resto del mundo, muchos religiosos y observadores cuentan con un mayor liderazgo del jefe de la iglesia católica.

«Los tres años del pontificado de Joseph Ratzinger han transmitido a la opinión pública mundial la imagen de una iglesia y un pontífice siempre apartado», sostiene el vaticanista del diario La Repubblica Marco Politi.

Esa lejanía resulta aún más notable cuando se le compara con su predecesor Juan Pablo II, quien mantuvo durante sus 25 años de pontificado una relación particular con los latinoamericanos tras iniciar en 1979 por México sus numerosos peregrinajes.
Según el historiador italiano Giovanni Miccoli, el pontificado de Benedicto XVI «es rico de declaraciones y pobre en hechos».

«La cuestión clave es que no se ha desarrollado la colegialidad, la pluralidad, dentro de la Iglesia. En los Sínodos no participan laicos ni mujeres y se escucha sólo al sector más conservador de la iglesia latinoamericana», sostiene Sandri.

Estadísticas aproximativas, pero serias, afirman que en los últimos diez años en América Latina y el Caribe la Iglesia ha perdido treinta y cinco millones de católicos (algunos hablan de cincuenta millones) sobre un total de unos 500 millones.

La intransigente defensa de algunos principios, «aleja los corazones de las personas», asegura Politi, quien sostiene que en México se venden medallas con el lema «Juan Pablo no sabes cuanto nos faltas».
«El pontificado de Ratzinger está paralizado» sostiene el vaticanista.
«El Papa que dice sólo no», lo calificó Politi tras enumerar las duras y reiteradas condenas del Vaticano a la eutanasia, la homosexualidad, el aborto y la bioética.

Para varios especialistas, la medida más importante adoptada por Benedicto XVI ha sido la de autorizar en el 2007 la misa en latín, un gesto poco apreciado en algunas comunidades latinoamericanas, que consideran clave un lenguaje moderno, directo y musical para comunicar la palabra de Dios.

La severidad del Papa alemán contrastó este año con el gesto tierno que reservó a la ex rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt, a la que recibió a inicios de septiembre en su residencia veraniega de Castelganldofo tras su espectacular e inesperada liberación en julio durante una operación del ejército colombiano.

«Creo que no es una infidencia decir que el Papa lleva el dolor de los que sufren, en especial de mis compañeros de prisión en Colombia, y que sus oraciones están dedicadas a pedir la paz en Colombia», afirmó la ex rehén.

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