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El Cristo verde -- Roberto Torres Collazo

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Adital

Tradicionalmente las enseñanzas y predicaciones cristianas Occidentales a diferencia de las enseñanzas y predicaciones cristianas Orientales, por siglos han tendido por lo general a destacar la muerte de Jesús en torno a la liberación de nuestros pecados individuales y se ha restado importancia a la muerte del Nazareno que también afectó positivamente la naturaleza y el Universo como una forma de armonizar e equilibrar toda la Creación. En la Biblia encontramos abundantemente pasajes que nos ofrecen una visión religiosa de la naturaleza, que la ciencia y el análisis no deben menos valorizar.

Veamos unas muestras particularmente de los Evangelios donde nos presentan positivamente, con salvas excepciones negativas, al Mesías valorizando, practicando la comunión con el mundo no humano, con los animales, las plantas; incluso con elementos físicos materiales como el viento y las olas, el medio ambiente.

En Marcos 5,35-41 nos dice la Palabra de Dios: «Ese día, al atardecer, les dice: ‘Pasemos a la otra orilla’. Despiden a la gente y le llevan en la barca e iban otras barcas con él. En esto, se levanta una fuerte tormenta y las olas irrumpían en la barca. Él estaba durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro ¿No te importa que perezcamos?’. Él, habiéndose despertado, increpó al viento y le dijo: ‘¡Calla, enmudece!’. El viento se calmó, y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué están con tanto miedo? ¿No tienen fe?’. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ‘¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?’».

Observamos el poder de Jesús sobre la naturaleza que Dios no manipula y nos sugiere que Dios es el dueño de la Creación que nadie, ningún gobierno o multinacional tienen derecho a abusar de ella, por esto debemos evitar la extinción de especies, el derretimiento de los glaciares, la destrucción masiva de los campos forestales y el daño que le hacemos a la capa de ozono.

La técnica preferida del Maestro era enseñar por medio de las parábolas o cuentos, donde abundan las imágenes de la naturaleza como la semilla de mostaza, los granos de arena, los peces, los viñedos, los trigales, que no son utilizados como meras comparaciones, sino que muestran la afinidad de Jesús con la naturaleza. También reflejan que Jesús era un agudo observador del medio ambiente como en caso de las aves y flores del campo.

Otra muestra de la alta apreciación y estima de Cristo por la naturaleza la podemos encontrar en Mateo 6, 26-30: «Miren las aves del cielo, que no siembran ni cosechan ni recogen en graneros y su Padre celestial las alimenta. ¿No valen mas ustedes mucho mas que ellas?… Aprendan de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pero yo les digo que ni Salomón, en toda su Gloria, se pudo vestir como ellos. Pues si a la hierba del campo. Que hoy es y mañana va a ser echada al horno. Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con ustedes, personas de poca fe». Frecuentemente nos inclinamos a interpretar este texto como que la vida humana es más importante que la naturaleza. Es cierto, pero también a nuestro juicio nos comunica la belleza y esplendor sagrado de la Creación. Por la cual el Creador se manifiesta, nos habla, hace y recrea la vida en una permanente evolución hacia el porvenir de la historia universal.

Como sabemos a Cristo en los Evangelios se le representa como el manso cordero, que nació en medio de animales, los evangelistas nos dicen que en el momento de su muerte se eclipsa la luz del sol, acudía constantemente a Orar solo o acompañado a los huertos que dicho sea de paso donde fue arrestado en uno de ellos y en uno de esos huertos tuvo también lugar su resurrección. Todo lo expuesto aquí sobre la naturaleza no quiere decir que seamos panteístas, o sea, que Dios habita en la naturaleza. Reconocemos que Dios tiene su identidad propia e independiente que sobrepasa el mundo, lo que aquí queremos destacar es que esa Energía universal que llamamos Dios se manifiesta positivamente y afecta también lo no humano como la naturaleza como nos muestra Cristo.

Y apuntar que las enseñanzas y prédicas cristianas del Siglo 21 y años posteriores no se pueden limitar a la liberación de Jesús de nuestros pecados individuales, sino además subrayar su impacto de comunión y alianza con la naturaleza y todo el universo. Todo esto implica que le debemos a la naturaleza, respeto, admiración, cuidados y ¡¿por qué no?! devoción; como nos han enseñado los grandes místicos y maestros espirituales como Cristo, san Francisco, Buda, Krishna, Gandhi y nuestros ancestros entre tantos otros.

* Roberto Torres Collazo es activista de Latinas Y Latinos Por El Cambio Social, Boston

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