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DESAFÍOS DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE FRENTE A LA V CELAM.José Sánchez Sánchez(México)

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Proconcil

La grande herencia que nos ha dejado el Concilio Vaticano II ha sido la convicción de que la Iglesia ha de estar en diálogo con el mundo en el que vive y a los que ha sido enviada a anunciar el Evangelio. La lectura de los “Signos de los tiempos” es la clave para la evangelización en los condicionamientos sociales del mundo actual.

La Iglesia tiene que permanecer siempre fiel a sus inicios. Debe vivir una doble fidelidad, a su fundamento que es Cristo y a sus iniciadores que son los Apóstoles y a las situaciones de los tiempos en los que vive. Así la comunidad de los discípulos de Jesús tiene, según la afirmación de San Bernardo, dos ojos: uno para ver hacia atrás para permanecer siempre fiel a sus inicios y otro para ver hacia adelante y ser fiel a los tiempos en que vive. Es por esto, que no puede vivir sin tener en cuenta los condicionamientos concretos del mundo en el que vive.

Vivimos una época de cambios o mejor, un cambio de época; los retos que se presentan a su misión evangelizadora son nuevos. Urje el buscar soluciones nuevas a estos desafíos; sería un grave error querer responder a estos retos, con soluciones de otros tiempos. Esto desfasaría la Iglesia y le impediría el cumplimiento de su misión.

El Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y Santo Domingo han sido momentos importantes en esta búsqueda de fidelidad de la Iglesia. No han sido únicamente puntos de llegada, sino también puntos de partida. Pero el mundo ha proseguido su marcha y es necesario darse cuenta de cuáles son los desafíos que se le presentan hoy para buscar los caminos de solución con la creatividad que da la asistencia del Espíritu, que siempre renueva la Iglesia. La coyuntura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe le presenta a la Iglesia una oportunidad para que afine la mirada y los descubra.

Deseo señalar algunos de los desafíos más urgentes que se presentan hoy a la Iglesia, sin la pretensión de señalarlos todos. Hay más preguntas que respuestas, pero creo que el Espíritu de Cristo empuja a su Iglesia a través de estos interrogantes a avanzar en el tiempo y en el espacio.

DESAFIOS QUE PRESENTA EL MUNDO A LA IGLESIA.

1.- LA POBREZA CRECIENTE Y LOS GRANDES CONTRASTES.

Ya desde Medellín los Obispos veían en la pobreza una situación amenazante para la paz del continente. En Puebla se dieron cuenta que era un fenómeno creciente y que sus causas no eran coyunturales sino estructurales. Los llamados que hicieron a trabajar por erradicarla no han sido escuchados. La pobreza ha ido en aumento. Cada vez son más las personas que no tienen lo suficiente para poder vivir dignamente. La desnutrición, la falta de atención médica, el desempleo, son los flagelos de los pueblos latinoamericanos.

En el sistema neoliberal que se ha impuesto a nuestras naciones, el lucro es el motor de la economía. El mercado es la ley fundamental. Por tanto, el que no produce y no consume está fuera de atención de los poderosos, no cuenta, es excluido. Millones de pobres no existen para el sistema, no entran dentro de sus programas, por lo que la pobreza, se ha convertido en exclusión. Los Estados adelgazan cada vez más y reducen los gastos en programas sociales en beneficio de la población.

Pero además, las promesas no cumplidas de los gobiernos han causado en la población de los excluidos una actitud de desesperanza, ya no creen que puedan salir de su situación. Si antes el estudiar era el camino para la superación de la pobreza, ahora, tanto los padres, como los hijos están convencidos que ni estudiando pueden mejorar. Por lo que se buscan salidas desesperadas: narcotráfico, violencia, emigración…La pobreza, la exclusión se ha teñido de desesperanza y han legado a convertirse en “cinismo social”, es decir, en una actitud de no importar la situación social, sino únicamente la personal.

Junto a la exclusión de grandes masas está la concentración de la riqueza en pocas manos. Latinoamérica es el continente de los contrastes. Frente a colonias residenciales están las colonias de los pobres, que carecen de los servicios más indispensables. Frente a las mazas de pobres están los ricos que ocupan en las listas de los poderosos del mundo los primeros lugares en acumulación de riqueza

La opción por los pobres es un reto urgente que se presenta a la Iglesia hoy. Nobasta la asistencia social, es necesaria la promoción social y el trabajo de incidencia en las estructuras sociales. Al “tuve hambre y me diste de comer”… se debe añadir el “levántate y anda”. Es indispensable la acción para convertir las grandes muchedumbres hambrientas, de objetos de los programas gubernamentales neoliberales, en sujetos de su propia liberación, de su propio desarrollo.

La Iglesia no puede pasar de largo como el levita y el sacerdote de la parábola, es necesario que sea el buen samaritano que se baja de sus privilegios y se compadece del pobre que ha caído en manos de los que lo despojaron. La opción por lo pobres es ahora más urgente que antes.

2.- LA VIOLACION A LOS DERECHOS HUMANOS.

Nunca el mundo había tenido tanta conciencia de la dignidad de la persona humana, de sus derechos como hoy, pero al mismo tiempo, nunca se habían violado tan sistemáticamente los derechos humanos como hoy.

Los gobiernos se han convertido en violadores de las garantías individuales; ellos esparcen la convicción de que la democracia se vive depositando el voto en las urnas, para elegir a los representantes de la sociedad. Esto no basta, es necesaria una democracia real, en la que el pueblo siga teniendo, de hecho, la soberanía y pueda exigir a sus gobernantes el que busquen la solución a sus problemas urgentes.

Los derechos humanos son la expresión de la conciencia que hemos adquirido de la dignidad humana. Respetarlos es una exigencia de la democracia real. El depositar el voto únicamente, es elegir gobernantes que se convierten en reyesitos, en dictadores, que luego hacen lo que a sus interesen conviene y se olvidan de todas las promesas de bienestar para el pueblo sin que éste sea capaz de exigir su cumplimiento. Por tanto, la democracia formal sola es una contradicción en sí misma.

El trabajar por el respeto a los derechos humanos es una tarea impostergable para la Iglesia latinoamericana. Debe levantar la voz para defender a los que por su pobreza son débiles y no se pueden defender. No se trata ya de ser “la voz de los que no tienen voz”, sino de “trabajar para que los que no tienen voz, la recuperen y hablen”. Esto supone el renunciar a las alianzas con los poderosos, violadores de los derechos humanos. Esto trae repercusiones, porque como a Cristo la criticarán y harán campañas de desprestigio, incluso, tendrá que pasar por el martirio.

Pero además la Iglesia debe vivir en su interior lo que quiere que se viva en la sociedad, por tanto, tiene ella misma que vivir el respeto a los derechos humanos dentro de ella misma. Qué importante sería que hubiera organismos defensores de los derechos humanos dentro de la Iglesia. Cuántos abusos de autoridad se podrían evitar o corregir.

3.-LA AMENAZA DE UN DESASTRE ECOLÓGICO.

El peligro de un desastre ecológico es cada vez más cercano. El modelo de desarrollo que se ha venido implementando lleva consigo la destrucción de las dos fuentes de la riqueza: la naturaleza y la persona humana. Cada vez más se va tomando conciencia que nuestro futuro y sobre todo, el de las generaciones venideras, está ligado al cuidado que tengamos ahora de la naturaleza. Hay una relación profunda entre nuestra vida y la vida del planeta. Atentar contra él es atentar contra la vida humana.

No es posible seguir anteponiendo el interés de unos cuantos que quieren enriquecerse a costa de lo que sea, al bien de todos los demás y de la naturaleza. Es necesario caer en la cuenta de que cuidar la vida abarca cuidar la vida de los animales de las plantas, cuidar el agua, el aire, la atmósfera. Es necesario caer en la cuenta de que con nuestra tecnología de punta podemos acabar con la vida y con nuestro propio planeta.

El mandato de Dios de dominar la tierra, no significa destruirla, sino el de amorosamente trabajar en ella para poder vivir. Para que ella viva y nosotros también. La tierra es un organismo vivo que Dios ha puesto bajo nuestra responsabilidad. El cuida de los lirios del campo y de las aves del cielo, y nos ha mandado a nosotros que también los preservemos de la destrucción.

Esto supone también el pensar en el cambio de modelo de desarrollo. Un modelo en el que el lucro no sea el valor fundamental, sino la vida y el bien de toda la creación. Los cristianos deberíamos tener una conciencia ecológica a toda prueba. Ya que la tierra, el agua, el sol… son nuestros hermanos (San Francisco de Asis).

4.-LA REIVINDICACIÓN DE LA MUJER.

Las mujeres son más de la mitad de los habitantes del mundo. Ellas han ido tomando conciencia de su dignidad y están exigiendo cada vez más igualdad en el trato e igualdad de oportunidades. No puede estar excluida esta parte de la humanidad. Ellas empiezan a rechazar que se les considere siempre en relación a los hombres, como si fueran un apéndice de ellos.

Las que han ido tomando conciencia de su autonomía, afirman que son las Iglesias, sobre todo la Iglesia católica romana, las que han justificado con su reflexión teológica la dominación y la colonización de la mujer en este mundo patriarcal. Basta pensar en los comentarios sobre la creación de la mujer y del hombre y sobre el pecado iniciado por la mujer y su seducción al hombre (Gen 2-3).
En la iglesia católica, más de la mitad de los miembros son mujeres, pero el rol que les es asignado está subordinado a los hombres. El trabajo espiritual y de creación del sentido religioso está reservado a ellos, y el trabajo manual-material a las mujeres. Hay tendencias conservadoras que rechazan el pensamiento y la participación de las mujeres en las tareas de dirección. Esta misma tendencia se nota aún en las Comunidades Eclesiales de Base, en las que la participación de las mujeres en las bases es numerosa, pero en la medida que se pasa a niveles de mayor dirección, lo hombres que son menos numerosos son los que tienen los cargos de decisión.

A través de la fuerza de la vida las mujeres han abierto los ojos y han descubierto que su cuerpo es bello y bueno. Han iniciado a pensar por ellas mismas y han sido capaces de elaborar análisis desde su experiencia. Han hecho esfuerzos por descubrir su historia pasada y presente para convertirse en protagonistas y no en simples ayudantes de la historia masculina. Han buscado alternativas viables para vivir dignamente. Están en lucha por la descolonización de este mundo patriarcal.

Esta descolonización de las mujeres es un gran desafío para la Iglesia, que debe considerarlas en igual dignidad que el hombre. Jesús trataba dignamente tanto al hombre como a la mujer y abrió caminos de trato igualitario entre los hombres y las mujeres. La aceptación de las mujeres en los ministerios ordenados es la gran deuda que aún está pendiente.

Otro modo de ser mujer está desafiando a la Iglesia. Y como dice Ivone Gebara: Y no hay respuestas, fuera de nuestro universo, fuera de nuestros cuerpos, fuera de las vivencias reales de la comunidad humana, comunidad de mujeres y de hombres. Es a partir de esa simple y al mismo tiempo compleja constatación que se puede decir que necesitamos volver al humanismo.. que está atento a las preguntas reales, que busca respuestas reales y provisionales

5.- EL PLURALISMO RELIGIOSO.

En el mundo actual, la comunicación ha tenido un desarrollo muy significativo; ahora con facilidad se conoce en unos minutos lo que está sucediendo en alguna parte del planeta. Los medios de información masiva son un medio de conocimiento de los diversos pueblos, de sus culturas y de sus religiones. Hay la conciencia cada vez mayor de la pluriculturalidad y de la plurireligiosidad en la que vivimos. Además los estudios de la filosofía de las religiones ha llevado a la conciencia de que todas las religiones ofrecen una experiencia espiritual y, por lo tanto, urgen un diálogo de iguales entre ellas.

Poco a poco se está pasando de una actitud de cerrazón, de aislamiento que consiste en la certeza de que sólo mi religión es la verdadera, a una actitud de diálogo respetuoso, todas las religiones son caminos para poder llegar a Dios, para unirse a él, para conocer su voluntad y poder participar de sus dones.

Cuando hablamos de pluralismo religioso no únicamente nos referimos a las grandes religiones milenarias, sino también a las que no tienen tantos miembros, por tanto a las religiones indígenas y afroamericanas. Porque así como no hay culturas superiores a otras, así no hay religiones pequeñas y grandes. Por tanto, la relación de los miembros de ellas debe ser de respeto y de diálogo, para un conocimiento mutuo y un enriquecimiento mayor.

Todo esto está planteando un reto a la Iglesia católica, que durante tantos siglos ha vivido en un exclusivismo: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. El Concilio Vaticano II ha dado un gran paso, porque reconoció que hay salvación más allá de la Iglesia y del cristianismo ( UR 3, LG 8, AG 9 N Ae 2), pero afirma que esta salvación no se da sin una misteriosa relación con Cristo (LG 16 y 22). Hay necesidad de dar otro paso más para transitar de este paradigma cristológico inclusivista a otro de pluralismo religioso inclusivista.

Esto supone una renovación en la teología. Verdades que anteriormente se tenían como incuestionables hay que revisarlas y pensar de otra forma. Hay que pensar que las religiones no son búsquedas erradas sobre Dios de parte del hombre, sino caminos de salvación que el mismo Dios ha querido en su plan de salvación de todos los humanos. Hay que pensar en otras mediaciones de salvación que expliquen la voluntad de Dios de que todos los hombres se salven en la religión en la que han sido llamados por Dios. Esto es un presupuesto para un diálogo respetuoso entre las religiones.

Esto no significa que no se tenga la certeza y convicción de la propia religión. La convicción de que mi religión es camino seguro de salvación es un presupuesto necesario para el diálogo. No significa también que lo que hay que buscar es hacer de todas las religiones una sola, porque perdería la riqueza de la diversidad. Dios es uno sólo con diversos nombres, las religiones son diversos caminos que conducen al mismo Ser Supremo. Pero también supone una actitud de diálogo respetuoso, que lleva consigo el ver a los demás desde lo que ellos piensan de sí mismo y no desde lo que nosotros pensamos de ellos. La escucha atenta es el presupuesto de un diálogo fructífero y enriquecedor. Esto costará a la Iglesia el bajarse de la convicción de que es la verdadera religión y que no está al mismo nivel que las demás.

Estudios recientes indican que la supuesta unidad en el sustrato religioso de América Latina y el Caribe es más bien un supuesto falto que objetivo. Siempre ha habido una variedad en las opciones religiosas en este continente, pero lo más novedoso es que el número personas que pasan a la increencia es mucho mayor que el de las que pasan a otras opciones religiosas. Esto supone una nueva actitud de nosotros los católicos, una actitud de diálogo respetuoso y de búsqueda de colaboración para superar los problemas urgentes y ancestrales de nuestros pueblos.

El diálogo interreligioso es una empresa impostergable y una virtud de actitud de paz. Las religiones tienen un papel importante en la paz o en la guerra de los pueblos. Por eso H Küng afirma: No hay paz entre las naciones si no hay paz entre las religiones. No hay paz entre las religiones sin diálogo de las religiones. No hay diálogo ente las religiones sin un estudio teológico de sus fundamentos.

6.- LA DEMOCRACIA.

Uno de los logros más importantes de la modernidad es la democracia. El cambio de un régimen monárquico a un régimen de participación del pueblo. Ahora hasta la misma Iglesia reconoce las bondades de este sistema y lo recomienda. En muchas ocasiones ella misma ha sido la defensora y promotora de la democracia frente a regímenes totalitarios, aunque también en ocasiones, su actitud ha dejado qué desear porque no ha sido tan claramente distante de algunos de estos regímenes.

Pero el gran desafío que se le presenta es el de aceptar dentro de ella misma la participación de los laicos y laicas en la toma de decisiones y en los puestos de dirección. Durante siglos la Iglesia ha vivido un centralismo y clericalismo rampante, no permitiendo la participación de los seglares. Estos en las mejores circunstancias han venido siendo colaboradores subordinados de la jerarquía, pero no miembros corresponsables con los pastores en la misión evangelizadora de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II dio pasos gigantescos en la concepción de la Iglesia como Pueblo de Dios, insistiendo en la igualdad fundamental de todos los fieles al participar del sacerdocio bautismal y concibiendo el sacerdocio ministerial como un servicio al cumplimiento de la misión de toda la Iglesia. Actualmente se están dando pasos hacia posiciones anteriores al Concilio, volviendo a actitudes clericalistas que excluyen a los laicos y laicas de una participación corresponsable en la misión de la Iglesia.

Las estructuras eclesiales aún adolecen de un centralismo en la persona de los pastores. No hay una división de servicios fundamentales en ella. El legislador, el licurgo, el evangelizador, el pastor es el jerarca. Los organismos que existen tienen un carácter consultivo y no deliberativo. Hay ya muchas voces que están en desacuerdo con la metodología de los Sínodos de los Obispos, porque no son órganos de opinión en la Iglesia, sino de simple consulta, dejando al Papa lo que él quiera decidir y publicar. El único espacio de mayor participación que hay son los Sínodos diocesanos en donde se permite la participación de laicos y laicas, siempre dejando al Obispo la última palabra en las opiniones y en la promulgación de los documentos emanados de dichos Sínodos.

Hay que repensar en qué consista la naturaleza jerárquica de la Iglesia, si consiste en un centralismo cercano a la monarquía o en un orden en la participación y en el ejercicio de los ministerios en la Iglesia. En la primitiva Iglesia, la participación de la comunidad era importante en los asuntos fundamentales en su vida. Baste recordar las asambleas para elegir a Matías, a los 7 coordinadores del sector helenista de la comunidad jerosolimitana, las asambleas en las que se decidió que los paganos podrían ser bautizados sin abrazar el judaísmo ( Hech 1,1.12; 6,1-6; 15,1-35), etc. El movimiento de centralización se fue imponiendo cada vez más al de participación, pero por razones, más sociales y políticas, que teológicas y pastorales.

Se está dando una opinión cada vez más generalizada de que hace falta un nuevo concilio ecuménico, en el que haya una participación no únicamente de los Obispos, sino también de los Presbíteros, de los Religiosos y Religiosas, de los laicos y laicas, aprovechando todas las facilidades que prestan los modernos medios de comunicación electrónicos.

Vivir un modelo de Iglesia más Pueblo de Dios, es uno de los desafíos más urgentes en la presente situación de la Iglesia en el mundo actual.

7.- LA MASIFICACIÓN Y EL ANONIMATO DEL MUNDO URBANO.

Asistimos al mayor desarrollo de la urbanización y concentración metropolitana de la historia, con el consiguiente fenómeno del individualismo, que realza al individuo y reduce la comunidad a un conglomerado de seres individuales, hasta quitarle su carácter de unión, de totalidad, de unidad.

La relación entre los humanos se convierte en funcional, por tanto, las relaciones comunitarias de desdibujan dejando paso a las relaciones superficiales y al individualismo al mismo tiempo que a la masificación. Nunca los humanos habíamos estado tan cerca y comunicados y al mismo tiempo tan solos y tan incomunicados. Las relaciones se transforman de primarias en secundarias, ampliando el círculo de contactos individuales. Las personas viven en un aislamiento tal que llega al anonimato.

Frente al individualismo que asfixia a los seres humanos, frente a la masificación que se vive en las grandes urbes, la Iglesia debe vivir y promover los valores comunitarios. Hoy más que nunca, ella debe esforzarse por vivir la dimensión comunitaria de su ser. Debe hacer hincapié más en la vida de comunidad que de institución eclesiástica. La Comunión vuelve a ser el rostro que la Iglesia debe presentar al mundo.

Las Comunidades Eclesiales de Base son un factor importante de revitalización de la Iglesia en esta dimensión comunitaria porque descentralizan y articulan la Iglesia desde su dimensión más pequeña. Tratan de vivir relaciones estrechas de fraternidad y de solidaridad. Aunque en pequeño, viven los valores de una sociedad alternativa, en donde no haya exclusión.

El mundo va caminando cada vez más hacia la increencia y en esa situación la masificación en la Iglesia no será la mejor forma de vivir el proyecto de Jesús, sólo la vivencia de comunidades pequeñas, pobres, sin privilegios será la que mejor logre convencer del proyecto de fraternidad de Jesús.

CONCLUSION.

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe es un momento de examen de conciencia de la Iglesia de nuestro Continente para ponerse de frente al mundo y discernir los signos de los tiempos y en ellos la voz de Dios que nos salva en la Historia, desde la Historia. Ojalá que nuestros pastores sean sensibles a ellos y tengan el talante profético que tuvieron los que participaron en Medellín y Puebla.

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