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Declaración de las CEBs de Guayaquil -- Mónica Campos de De la Torre, Secretaria de la Coordinación de las CEBs de Guayaquil

Publicado en

Adital

CARTA ABIERTA
Guayaquil, jueves 28 de febrero de 2013.
Estimado Señor Cardenal
Monseñor Raúl VELA CHIRIBOGA
Quito, Ecuador.
«Yo te bendigo, Padre,
porque has ocultado estas cosas a los entendidos y
las ha revelado a los pequeños. Tal ha sido tu voluntad”
(Lucas 10,21).

Lo saludamos respetuosamente y rezamos por usted pensando en la gran responsabilidad que tiene frente a la elección de un nuevo papa, testigo fiel de Jesús, representante valiente de Pedro y servidor humilde de la humanidad.

Declaración de las CEBs de Guayaquil.

Nosotros, los miembros de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de Guayaquil, sorprendidos por los motivos de la renuncia del papa Benedicto XVI, preocupados por la perturbación de muchos cristianos y movidos por un amor sincero a la Iglesia, le comunicamos lo siguiente.

Las CEBs somos la Iglesia viva de Jesús.

Desde más de 40 años, gracias a nuestra pertenencia en las CEBs que nacieron aquí en el Ecuador por el Concilio Vaticano II, inspiradas por el Evangelio liberador de Jesús y conscientes con las necesidades del Pueblo de los pobres, somos una Iglesia viva, solidaria, orante y comprometida por el Reino. En las CEBs encontramos una dignidad personal, una capacidad de vivir la fraternidad, un espacio para transformar nuestras parroquias y un compromiso para vivir el compartir, la participación y la transformación de nuestras relaciones sociales.

Como CEBs nos sentimos unas células de Iglesia en las bases más pobres de la sociedad donde damos testimonio de Jesús, testimoniamos de su Buena Nueva y construimos su Reino. Gracias a las CEBs tomamos conciencia del pecado social y de las estructuras mortíferas del mal, transformándolas por nuestra participación en movimientos sociales y políticos. En las CEBs, conformamos la Iglesia de los pobres soñada por el papa Juan XXIII y confirmada por el papa Juan Pablo II, y vivimos en la realidad de hoy las exigencias de nuestro bautismo que nos hizo profetas, sacerdotes y reyes-pastores. Las CEBs nos han acercado a un Dios Padre y hermanado con la humanidad.

No podemos quedarnos indiferentes a los «signos de los tiempos”.

Nos damos cuenta que nuestra Iglesia está pasando por una gran crisis de credibilidad y de identidad. Reconocemos que nuestra jerarquía y el clero en general están muy alejados de la realidad de miseria de la mayoría de nuestro Pueblo. No comprendemos muchas actitudes autoritarias y corrompidas de los organismos de la Curia vaticana. Sentimos la necesidad de grandes cambios tanto en la forma de ejercer el papado como de estructurar las conferencias episcopales, las diócesis y las parroquias. El Evangelio del Reino no es anunciado con todo el profetismo y el compromiso que nos enseñó Jesús. El Concilio Vaticano II no es vivido en toda su amplitud ni en sus grandes intuiciones de hacernos todas y todos una «Iglesia servidora y pobre”. Los grandes documentos de las Conferencias episcopales latinoamericanas no son aplicados ni conocidos en sus valiosas propuestas de evangelización liberadora.

Como CEBs rezamos y pedimos por un papa más conforme al testimonio de Jesús y atento a las necesidades actuales.

Con sencillez, preocupación y esperanza, confiados en la luz y fuerza del Espíritu, hemos querido cumplir con la Palabra de Dios que nos urge: «Actúen siempre con sinceridad. Sean buenos y compasivos con sus hermanos. No opriman a la viuda ni al huérfano, al extranjero, ni al pobre; no anden pensando cómo hacer el mal a otro” (Zacarías 7,9-10). El mismos Derecho católico nos lo confirma: los fieles tenemos «el derecho, y a veces el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia » (212, 3).

Por estos motivos pensamos que fuera bueno para la Iglesia y la humanidad que el nuevo papa tenga algo o mucho de las siguientes características. Que sea:

1.Un papa muy humano, joven y esperanzador, que viva sencillamente y esté cercano a las vivencias de los hombres y mujeres de nuestros tiempos.

2.Un papa que se inspire en el Evangelio, las palabras y la práctica de Jesús: compasivo, ecuménico, abierto a las culturas y las religiones.

3.Un papa que fortalezca a las Conferencias episcopales continentales y nacionales, promueva a las Iglesias diocesanas y se empeñe a hacer que «toda la Iglesia sea la Iglesia de los pobres”.

4.Un papa capaz de transformar la organización vaticana y la institución eclesial para que la Iglesia toda sea un claro testimonio de la construcción del Reino de Dios.

5.Un papa que responda al clamor de la humanidad, «haciendo suya la causa de los pobres porque es la causa de Jesucristo”, que devuelva a la mujer su lugar en la Iglesia y los ministerios, que haga que la jerarquía y el clero actúen democráticamente y respetando los derechos humanos, que respete la libertad de expresión y de creatividad de la Iglesia de los pobres que somos las CEBs.

6.Un papa que se deje guiar por el Espíritu santo y los pobres, «porque de ellos es el Reino de Dios”.

Animados por las promesas de Jesús que sigue resucitado en medio de nosotros y confiados en el sentido de fe y valentía de todo el Pueblo de Dios, pedimos que Dios lo ilumine para poner en su boca las palabras que le inspire el Espíritu y en sus actos las actitudes necesarias para responder evangélicamente a los desafíos actuales.

Como CEBs seguiremos siendo la Iglesia de los Pobres por la que vino Jesús, transformadora de toda la iglesia y semilla liberadora del Reino de Dios en un mundo preñado de la vida y del amor de Dios.

Nuestra Señora de Guadalupe nos ampare y fortalezca para que siga brillando la luz de la fe, la fraternidad y la justicia.

Nos despedimos respetuosa y atentamente.

Por las CEBs de Guayaquil, Mónica Campos de De la Torre,

Secretaria de la Coordinación de las CEBs de Guayaquil, Ecuador.

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