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CRITERIOS PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA(I). Agenor Brighenti

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Aparecida7.jpgEn el momento de la elaboración de estas reflexiones no contamos aún con la publicación oficial del Documento de Aparecida, el cual, una vez terminada la V Conferencia, fue enviado a Roma para la aprobación del Papa. Disponemos apenas del texto producido por la Asamblea, que aunque ciertamente no sufrirá alteraciones, no obstante no nos autoriza para hacer análisis de su contenido. Lo que nos proponemos aquí, entonces, es contribuir a la preparación de los lectores para una buena interpretación y «recepción» (1) del Documento.
Una adecuada lectura y recepción del texto que está por llegar supone, entre otras cosas, determinados criterios de interpretación que nos vienen de las ciencias hermenéuticas. La hermenéutica es la condición del ser humano.

La razón es interpretativa, situándose en la dialéctica entre la comprensión afinada por la explicación y la explicación afinada por la interpretación. Sin embargo, aun cuando la razón sea inevitablemente interpretativa, marcada por la subjetividad, no por eso estamos autorizados a pasar sobre la objetividad del texto, desvinculándolo de su contexto y de sus autores. Si eso fuese poco, también es necesario tener en cuenta que el evento de la V Conferencia es mucho más amplio y complejo que el documento por ella producido. El texto, que es un buen texto, es mucho menor que la Conferencia, inclusive de lo que fue la propia Asamblea en Aparecida, pues acá quedó mucho de sus participantes, por razones que veremos a continuación (2). Siendo así, la puerta de entrada al Documento de Aparecida es el propio texto, si bien su interpretación y comprensión exige situarlo en el amplio contexto de la preparación y realización de la V Conferencia, en cuyo seno él fue producido.

Para simplificar la cuestión, huyendo de las sinuosidades de un abordaje académico, lo que presentaremos en seguida son solamente algunos criterios contextualizados a ser tenidos en cuenta en la lectura del Documento de Aparecida. Ellos aparecerán agrupados en torno a los tres polos que componen la tarea de interpretación de cualquier texto -el «pre-texto» (la coyuntura del texto), el «con-texto» (los autores o coautores del texto) y el texto (el documento en sí)-. Con todo, como señalamos, no nos quedaremos en el nivel de los principios teóricos, sino que trataremos de aterrizarlos en el evento de la V Conferencia, en su «antes», «durante» y «después». Para fundamentar y justificar los criterios que enumeraremos, haremos algunas citas del Documento en notas al pie de página, en la versión de la Asamblea en Aparecida.

1. El «pre-texto» del Documento de Aparecida

La cabeza piensa donde están los pies; por lo menos cuando se piensa de manera inductiva, buscando hacer que el pensar tenga un impacto sobre la realidad en que se está. Fue lo que aconteció en torno a la elaboración del Documento de Aparecida. La coyuntura del texto, además de hacerlo posible, traza el camino que el lector requiere recorrer para interpretarlo de modo adecuado (3).

En la lectura del Documento de Aparecida, con relación al «pre-texto» del texto, es preciso tener presente dos momentos distintos. El primero, el «antes» del texto, que consistió en todo el proceso de preparación: la definición del tema y del lugar de realización de la Va. Conferencia, las innumerables reuniones preparatorias, la elaboración de textos acerca del tema en cuestión, los estudios y las contribuciones de las comunidades eclesiales y otros sujetos, etc. El segundo momento, es el «durante» del texto del Documento de Aparecida, que estuvo compuesto: del evento de la asamblea con sus celebraciones y debates, el ejercicio de la colegialidad y la fraternidad episcopales, de los actos tenidos en torno a la basílica y de los procedimientos en la elaboración de un texto. El «antes» y el «durante» conforman el contexto histórico y vivencial del texto, que sin la debida explicitación y conocimiento, hacen imposible la tarea hermenéutica.

1.1. El proceso de preparación

Para la lectura del Documento de Aparecida, se debe comenzar por la toma de conciencia del proceso de preparación de la V Conferencia, que influyó en la elaboración del texto final. Los varios elementos ya aludidos, pertenecen al momento del «antes» del texto. No los abordaremos todos. Limitémonos al más significativo, a saber, las contribuciones de las comunidades eclesiales y de otros organismos e instituciones de Iglesia en el continente, como respuesta al Documento de Participación. En Brasil, y en general en otros países, esas contribuciones fueron recogidas, primero por las Iglesias Locales, en un segundo momento se las agrupó en las regionales de la Conferencia Nacional de Obispos (CNBB) y, finalmente, fueron compiladas por la CNBB y enviadas al Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). En el período de preparación, en dirección casi opuesta al espíritu de estas contribuciones, estuvieron el Documento de Participación y el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas, elaborados por el CELAM. El primero, como atestiguan las contribuciones provenientes de las comunidades eclesiales y otros organismos de Iglesia, prácticamente no fue recibido por la Iglesia en el continente y, el segundo, en gran medida no recogió las contribuciones de las Iglesias Locales, como era su función. Las contribuciones del Brasil, por ejemplo, están casi ausentes en tal Síntesis.

No obstante, en su gran mayoría, los delegados a la V Conferencia en Aparecida se comportaron verdaderamente como delegados de sus comunidades y llegaron a la Asamblea cargados de las «alegrías y las esperanzas, de las tristezas y de las angustias» (GS 1) expresadas por su pueblo (4). El texto de la CNBB con las «Contribuciones de la Iglesia en el Brasil», por ejemplo, influyó una serie de textos previos a la Conferencia, y también circuló entre los actores de la Asamblea, causando quizá más impacto en los delegados de otros países que sobre los obispos delegados brasileños (5). Además, el subsidio producido por la CNBB en su Asamblea General realizada durante la semana que antecedió a la V Conferencia, igualmente formó parte de los textos que circularon, elaborados sobre todo por teólogos asesores externos, en torno a Amerindia (6). La CNBB goza de gran prestigio en el continente, aun cuando sea mal comprendida e incluso temida por ciertas instancias de la Iglesia.

1.2. Insertos en un momento de crisis

Un segundo criterio a ser tenido en cuenta en relación al «pre-texto» del texto del Documento de Aparecida es el momento actual de crisis. Se temía un documento final lleno de «certezas», en un mundo incierto y en crisis de identidad personal, colectiva e institucional. Pero, no. La V Conferencia puso en evidencia las «grandes transformaciones» por las cuales pasamos (7), denunció a los que adoptan posiciones eclesiológicas y doctrinales anteriores al Vaticano II (8) e invitó a los cristianos a asumir la cultura actual, pese a estar marcada por contradicciones y ambigüedades (9). Pues, con el pretexto de que el mundo cambió, ciertos sectores de la Asamblea abogaban por la necesidad de «pasar de página». Sólo que pasando la página «hacia atrás», acogiendo posiciones preconciliares. La Conferencia de Aparecida, en cambio, pasó la página «hacia delante», no tantas y ciertamente no todas las páginas necesarias, pero sí las suficientes para situarnos, como Iglesia, en el mundo de hoy y encaminarnos juntos con toda la humanidad (10).

Todos sabemos que el Concilio Vaticano II pasa por una crisis de recepción y que eso se debe principalmente a la dificultad de muchos de dejar atrás la cristiandad y entrar en la era de la modernidad, con su autonomía de lo temporal y de las ciencias, en un mundo pluralista y diversificado. No obstante, la Conferencia de Aparecida sepultó la cristiandad, como ya lo había hecho el Concilio, acallando las voces que hacen eco de un pasado sin retorno. Lanzarse al riesgo de la convivencia con el diferente y la emancipación de la tutela de la Iglesia, es la única garantía de futuro.

1.3. La reafirmación de la tradición latinoamericana y caribeña

Un tercer elemento a tener presente en la lectura del Documento de Aparecida es que, contra todo diagnóstico, fundado en particular en la posición abrazada por el Documento de Participación y el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas, la Conferencia de Aparecida reafirmó y reasumió la tradición latinoamericana y caribeña. El texto final reafirmó y radicalizó la opción preferencial por los pobres (11); con Medellín, reasumió las comunidades eclesiales de base (CEBs) como «célula inicial de la estructura eclesial» (12); retomó el método inductivo de lectura de la Palabra revelada y de compromiso pastoral en sintonía con los desafíos de la realidad, el método ver-juzgar-actuar de la Acción Católica (13); y reafirmó la necesidad de un cambio, simultáneo, de la persona y las estructuras de la sociedad, como condición para una sociedad justa (14). Un posicionamiento impensable en la coyuntura eclesial actual, donde parecía tomar fuerza la tendencia eurocentrista, fuertemente preconciliar.

A diferencia de Santo Domingo, los representantes de esta tendencia presentes en la Asamblea llegaron a Aparecida golpeados por la crítica situación de la Iglesia en Europa, la que prácticamente agoniza (15). Europa es un estado sin nación, sin alma, inmersa en el consumismo y empeñada en ex-culturar las últimas raíces cristianas (16). Y como en aquel continente le faltan a la Iglesia condiciones para un testimonio profético, ella se encuentra postrada, sin interlocutores. En América Latina y el Caribe, en cambio, a pesar de estar inmersa también en un contexto de crisis y con sangría de seguidores hacia otros grupos religiosos, abarca todavía casi el 80% de la población y cuenta con una inmensa red capilar de pequeñas comunidades vivas, de organizaciones que hacen de los pobres, sujetos de una sociedad justa y solidaria. Esto hace aún de la Iglesia entre nosotros, la institución de mayor credibilidad e influencia en la sociedad. En esta perspectiva, contrariamente al Documento de Participación y al texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas, el Documento de Aparecida acogió la herencia de los mártires de las causas sociales, denominándolos «nuestros santos, aún no canonizados» (17).

1.4. Un posicionamiento crítico frente a la globalización, pero sin ir a las causas

Hay un cuarto elemento del «pre-texto» del texto del Documento de Aparecida a ser tenido en cuenta. Aunque reconociendo valores en el actual proceso de mundialización, justamente con Benedicto XVI, la Conferencia de Aparecida adoptó un posicionamiento crítico en relación a la actual globalización económica por la hegemonía del mercado (18) en el seno del sistema neoliberal. La globalización abre nuevas posibilidades para algunos, aun así cierra puertas a la gran mayoría de la población (19). Ella es responsable por los nuevos rostros de la pobreza (20), los cuales, más que empobrecidos, son olvidados, desechables, de los cuales el mercado prescinde (21).

Sin embargo, a pesar de este profético posicionamiento crítico, no hubo condiciones para ir a las raíces de la exclusión y ligarla con el sistema liberal-capitalista actual, por más que muchas Comisiones y las Subcomisiones Temáticas insistieron en esto (22). En verdad, se trata de una postura acorde con la posición de la Doctrina Social de la Iglesia, que desde el primer momento, acertadamente condenó el sistema colectivista marxista, pero nunca condenó el sistema liberal-capitalista. En el fondo, se piensa que el sistema es reformable, saneable, cuando urge deslegitimarlo pues profesa de manera intrínseca, como plantea Puebla, un ateísmo práctico. En el fondo, se piensa que el mercado y la democracia son creaciones del capitalismo, cuando, en realidad nacieron antes de él, y además fueron desvirtuados por él. La Iglesia, infelizmente, todavía no despertó a las severas consecuencias del sistema capitalista-liberal, sobre todo en el ámbito cultural, como es el franco proceso de exacerbación del individualismo, la mercantilización de las relaciones humanas y la fragmentación del tejido social. En la medida en que impide una real experiencia comunitaria, a largo plazo el sistema liberal capitalista acabará invisibilizando el cristianismo. En cierta medida eso ya está aconteciendo en Europa, donde la Iglesia ya renunció a buscar ser comunidad, resignándose a mantener la fe en el corazón de las personas. Ahora que, sin comunidad no hay Iglesia, y más aún, no hay fe cristiana.

1.5. Una buena lectura de la realidad eclesial, pero sin autocrítica histórica

Con relación a la realidad eclesial, el Documento de Aparecida hace un buen análisis de la situación actual de la Iglesia, identificando con claridad y profetismo los retos para la evangelización en el continente. Presenta un listado de luces y sombras, restringidas, no obstante, al momento presente. No hubo forma de hacer entrar en el texto final una autocrítica sobre la trayectoria histórica de la Iglesia en el continente. Al respecto, el Documento de Participación se limitó a identificar las luces. El texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas ni eso siquiera, ya que simplemente ignoró el pasado. Y, Aparecida también. Si bien fueron elaboradas varias enmiendas al texto, la Comisión de Redacción no las acogió, no se sabe si por criterio propio o de otras instancias (23). Con relación a la Asamblea de Aparecida, aunque de modo indirecto, quizá el Papa tuvo que ver con eso debido a su postura en el Discurso Inaugural. Benedicto XVI afirmó que

…el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña.

Ante la fuerte reacción, especialmente de los indígenas y negros, el Papa, desde Roma, reconoció que

…el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de la evangelización del continente latinoamericano… los sufrimientos y las injusticias que los colonizadores infligieron a la población indígena, frecuentemente pisoteada en sus derechos fundamentales… condenados, ya entonces, por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria.

O sea, hubo sombras, pero provenientes de los colonizadores y que la Iglesia condenó. Fue entonces muy difícil abordar la cuestión en el Documento. Es de lamentar que se haya desaprovechado esta oportunidad histórica para sanar la deuda de la Iglesia con los indígenas y los negros del continente. Ya hubo pedidos de perdón, no obstante han sido muy tímidos. El más explícito, aunque tardío, ha sido el hecho por la CNBB en Porto Seguro, con ocasión de la celebración de los quinientos años de evangelización en el Brasil.

2. El «con-texto» del Documento de Aparecida

Para una adecuada lectura de un texto, más allá del «pre-texto», es necesario tener en cuenta asimismo su «con-texto», esto es, sus autores y coautores, quienes están estrechamente unidos al texto. En efecto, se comprende mejor un texto cuando se conoce quiénes fueron sus autores y se sabe con quiénes interactuaron y cómo trabajaron. Y, más aún. En la medida en que quien lee un texto lo relee, crea nuevos sentidos, los «receptores» de un texto también son «con-texto» del texto. Por razones de espacio, aquí nos limitamos a los autores más directos, dejando de lado a los lectores en cuanto receptores.

2.1. El voto de los obispos, enriquecido por la voz de los invitados

Para entender el texto del Documento de Aparecida, un primer criterio relativo al «con-texto» del texto es que se trata de un documento del Magisterio de los obispos latinoamericanos y caribeños, asumido y aprobado por ellos, quienes eran los únicos con poder de voto, pero que en sentido estricto no fue redactado nada más por ellos. Aparentemente, las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe son asambleas sólo de obispos y, por consiguiente, ellos serían los únicos autores de los documentos por ellas producidos. No es así.

En el caso de la Asamblea de Aparecida, más de la mitad de sus integrantes fueron no-obispos (24), quienes no tenían voto, si bien tenían voz, que hablaron mucho y fueron oídos. Tan es así que algunos obispos, celosos de su territorio, se quejaron de que en las Comisiones Temáticas había más no-obispos que obispos. Muchos otros, por el contrario, se alegraron de esta presencia y supieron establecer un proceso interactivo entre todos.

Junto a esos autores obispos y no-obispos presentes en la Asamblea de Aparecida, en el «con-texto» del Documento tampoco se puede olvidar los millares de personas que participaron del proceso de preparación, enviando sugerencias o preparando textos de reflexión. A través de sus delegados, aunque indirectamente, fueron voces que también se hicieron oír en el seno de la Asamblea. Por eso, es verdad que el Documento de Aparecida es un texto del Magisterio de los obispos, ya que fueron ellos quienes lo aprobaron, sin embargo no fueron sólo ellos quienes lo produjeron y, por tanto, no son sus únicos autores. Lo mismo se puede decir, por ejemplo, del Concilio Vaticano II, impensable sin las intuiciones de los movimientos que lo prepararon y los teólogos que lo procesaron. Luego, no es forzado afirmar que el Documento de Aparecida es un texto de la Iglesia en América Latina y el Caribe, acogido y aprobado por los obispos, pero elaborado por una asamblea no compuesta solamente de obispos, en interacción además con una multitud de personas que participaron del proceso de la preparación de la V Conferencia. Es en este contexto que debe ser leído el texto.

2.2. Una Asamblea en interacción con actores externos

Para entender el texto se requiere asimismo tener presente en relación al «con-texto», que la Conferencia de Aparecida fue la primera asamblea realizada con la presencia de teléfono celular e Internet. Luego, por más que se aislara el recinto de la Asamblea del acceso de personas extrañas, desde afuera se podía acompañar casi simultáneamente lo que acontecía dentro de ella. Bastaba con que alguien dejase un teléfono o un notebook conectado a Internet. Además, fue la primera asamblea realizada en un local público, el Santuario de Aparecida, donde diariamente acuden miles de personas y más de sesenta mil cualquier fin de semana. De este modo, los obispos y demás delegados de la Conferencia estuvieron en contacto directo con los romeros, practicantes de la religiosidad popular.

Por otra parte, el alojamiento de los participantes de la Asamblea en hoteles cercanos a la basílica, permitió el contacto con actores externos, entre ellos, teólogos asesores de conferencias episcopales nacionales y un significativo grupo de teólogos y personas de otros campos de las ciencias reunidos por Amerindia. Con estos actores, también por primera vez, a diferencia de las conferencias de Puebla y Santo Domingo, los teólogos presentes del lado de fuera de la Asamblea no trabajaron de forma clandestina, al contrario, tuvieron la anuencia de la presidencia del CELAM. Juntamente con los teólogos llevados por las conferencias nacionales, Amerindia organizó varios encuentros de teólogos con obispos, sacerdotes, religiosos y laicos participantes, por separado y en conjunto, para trazar estrategias, debatir ciertas cuestiones y lograr determinados acuerdos. Fueron innumerables los textos redactados por estos teólogos vinculados a Amerindia y otros asesores, así como fueron a centenares las enmiendas elaboradas para mejorar el texto, en gran medida acogidas por la Asamblea a través de la proposición de sus miembros (25).

En el «con-texto» del texto tampoco se puede dejar de mencionar la fuerza simbólica del Foro de Participación de la V Conferencia, organizado por organismos de pastoral de la Iglesia en el Brasil. Fueron tres iniciativas significativas: el Seminario Latinoamericano de Teología, celebrado en Pindamonhangaba, bajo la coordinación del Consejo Nacional de los Laicos (con la participación de personas de todo el Brasil y de 16 países latinoamericanos y caribeños y de Europa, fue transmitido por Internet con asistencia en 27 salas en el país); la Romería de las CEBs, de la Pastoral Obrera y de la Pastoral de la Juventud, desde Roseiras hasta la basílica de Aparecida (de la medianoche a las ocho de la mañana, con la participación de más de cinco mil personas); y la Tienda de los Mártires, montada en las márgenes del río Paraíba, con celebraciones, oficio de las comunidades, reflexiones y misa diariamente, durante las tres semanas de la Asamblea (la comunidad local se hizo presente y varios obispos presidieron la eucaristía, como el vicepresidente de la CNBB, Don Luis Vieira; el último día hubo la grata sorpresa de la presencia del Padre Zezinho) (26).

2.3. La autoafirmación de una conferencia latinoamericana y caribeña

Con el advenimiento de los sínodos continentales, parecía que las conferencias generales de obispos de América Latina y el Caribe serían parte de un pasado glorioso. Aun así, para celebrar los cincuenta años de la primera Conferencia de Río de Janeiro ella volvió, aunque con dos años de retraso. Sólo que, al contrario de las anteriores, ella se celebraría en Roma. El CELAM, entonces, con el apoyo de casi todos los cardenales que actúan en el continente, insistió en que se realizase en nuestro suelo. Y así ocurrió. Vino en seguida la etapa de preparación, con poco sello latinoamericano y caribeño, con algunas posturas preconciliares, en especial en la eclesiología, la cristología y la misionología. La participación de las comunidades y otros organismos eclesiales hizo oír su desaprobación y la afirmación de la perspectiva conciliar y de la tradición latinoamericana y caribeña. Vinieron entonces los filtros y cercenamientos de la voluntad de la mayoría, conforme lo comprueba el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas, al que no se quiso denominar «documento», y mucho menos «documento de trabajo». Hubo igualmente filtros en la designación de los «invitados» de los diversos países, sobre todo en relación a los teólogos. De igual modo, cabe registrar que para la Asamblea en Aparecida, vinieron 17 miembros de la curia romana.

No obstante, para sorpresa de los sectores más abiertos y mucho más para los conservadores, la Asamblea se hizo oír, marcó la pauta y reivindicó sus esperanzas y sueños. Se esperaba, por consiguiente, un encendido debate. Sin embargo, no lo hubo, debido principalmente al tono conciliador de la presidencia del CELAM. Y es que son otros tiempos, donde se evita la confrontación. Antes se calculan las fuerzas y se cede, sea para no salir perdedor, sea, lo que sería más honesto, para preservar la unidad. Y así todos terminan ganando, porque entonces es posible avanzar.

2.4. Las puertas abiertas por Benedicto XVI en su Discurso Inaugural

Un factor importante para la afirmación de la Asamblea en la perspectiva de la tradición latinoamericana y caribeña, fue el Discurso Inaugural de Benedicto XVI. Sorpresivamente, el Papa no ayudó a los sectores conservadores, más bien abrió puertas a los sectores más comprometidos con las causas de los pobres. Benedicto XVI comenzó hablando de la fe cristiana que viene «animando la vida y la cultura de nuestros pueblos» hace más de 500 años. Hoy, dijo, la Iglesia en América Latina y el Caribe enfrenta «serios desafíos» como una globalización sin equidad y «un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad» y de la propia «pertenencia a la Iglesia católica». Eso pone «en juego su desarrollo armónico y la identidad católica». Estamos ante una «encrucijada», expresó el Papa, que nos remite a Jesucristo, de cuya fuente «podrán surgir nuevos caminos y proyectos pastorales creativos». Es Él quien nos da vida plena, que no es intimismo y fuga del mundo, al contrario, como discípulos y misioneros nos impulsa a «promover una cultura de la vida». Esta tarea implica «un programa general», respaldado por un «consenso moral de la sociedad», según la recta ratio y no las ideologías, pues «las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad». El trabajo político «no es competencia inmediata de la Iglesia», que debe respetar «una sana laicidad», porque, de lo contrario, perdería la independencia en su «vocación fundamental de orientar las conciencias, ofrecer una opción de vida más allá de lo político» y de ser «abogada de la justicia y de la verdad».

Para el Papa, otros campos prioritarios de la acción son la familia, los presbíteros, los religiosos(as) y consagrados(as), los laicos y los jóvenes y la pastoral vocacional. El texto concluye con una bella oración, inspirada en la experiencia de fe de los discípulos de Emaús, invitando a Jesús a quedarse con nosotros, en especial,

…con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad.

Notas:

(1) La recepción como realidad eclesiológica es un concepto de Y. Congar, entendida como «el acto por el cual el pueblo cristiano… reconoce su bien y reconoce que una decisión es para él una contribución de vida», cf. «La réception comme réalité ecclésiologique», en RSPT 56 (1972), pp. 369-403, aquí, p. 370.
(2) A los filtros y controles habidos en relación a la Asamblea, se suma la dificultad de redactar un documento en tres semanas, entre casi trescientos participantes de tendencias y sensibilidades distintas, a partir de cero. De igual modo, hace parte del control al que nos referimos el hecho de que ninguna de las cinco conferencias haya sido autorizada a trabajar con base en un «Documento de Trabajo», con excepción de la Conferencia de Medellín, lo que explica también su magnífico texto. No es que los obispos sean incapaces de elaborar un buen documento, sino que no hay tiempo para hacer un texto mejor. El buen documento de Aparecida es más un milagro que el fruto de buenas condiciones de trabajo. La justificación que se da es que, como se trata de una asamblea de obispos, en el caso de partir de un documento de trabajo, el documento final no sería de sus autores, sino de todo el Pueblo de Dios y, en la conferencia, trabajan los obispos, lo que no es verdad. Por ejemplo, más de la mitad de los participantes de la Va. Conferencia no eran obispos, quienes no tenía voto, es cierto, sin embargo tuvieron voz y fueron parte integrante y decisiva del documento final. La Conferencia de Medellín, por el contrario, tuvo un documento de trabajo que sirvió de punto de partida. No obstante, se dice que ahí no se promulgó un documento de los obispos, sino de los teólogos. ¿Qué hay de malo si los teólogos proponen reflexiones proféticas e inspiradoras a los obispos? Quizá, como consecuencia de eso, los teólogos, en Aparecida, estuvieron más presentes y actuantes fuera que dentro de la Asamblea.
(3) En este primer apartado no haremos un abordaje del contexto propiamente dicho de la Conferencia de Aparecida. No tenemos espacio aquí, ni es el objetivo que nos proponemos. Aprovechando el privilegio de haber participado del evento como perito de la CNBB y, asimismo, consciente del deber de compartir lo vivido para que los lectores puedan leer mejor el texto, eso será objeto de otro artículo ya en elaboración.
(4) Esto se sintió, especialmente, cuando la Asamblea comenzó escuchando a los 22 presidentes de las conferencias episcopales del continente y a los representantes de los diversos sectores de delegados e invitados presentes. Ese momento permitió «medir el pulso de la Asamblea» y entonces se constató que era menos conservadora de lo que se esperaba. Y que, por tanto, dado el espíritu de la conducta de quienes coordinaron la etapa de preparación de la Conferencia a nivel continental, habría debate o cuando menos tensiones en la Asamblea.
(5) El grupo de obispos delegados del Brasil era bastante heterogéneo, limitación que sumada a la falta de figuras catalizadoras, no permitió una actuación más concertada y consensuada.
(6) «Amerindia» es una red de católicos, compuesta por teólogos, agentes de pastoral y líderes laicos presente con grupos en todos los países del continente, organizada por regiones y a nivel continental, y que se propone mantener viva la tradición latinoamericana y caribeña presente, entre otros espacios, en la teología de la liberación, en las CEBs y en la memoria de los mártires de las causas sociales.
(7) «Los pueblos de América Latina y de El Caribe viven hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente sus vidas…» (DA, 33), con «consecuencias para todos los ámbitos de la vida social, impactando la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte, las artes y también, naturalmente, la religión» (DA, 35).
(8) «Lamentamos cierto clericalismo, algunos intentos de volver a una eclesiología y espiritualidad anteriores al Concilio Vaticano II…» (DA, 109).
(9) «Muchos católicos se encuentran desorientados frente a este cambio cultural… Sin embargo, el anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Ésta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, como un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos» (DA, 499).
(10) «Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano» (DA, 398).
(11) «Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores. Que sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales» (DA, 410).
(12) «Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y santificadora de las CEBs, en el seguimiento misionero de Jesús» (DA, 194). «Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2,42-47). Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización» (DA, 193).
(13) «…nos sentimos interpelados a discernir los «signos de los tiempos», a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino» (DA, 33).
(14) «Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana» (DA, 161). La promoción de la vida plena en Cristo, «nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano… Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos» (DA, 398).
(15) En países católicos como Bélgica y Francia, la frecuencia dominical en los templos se reduce a unas decenas de personas viejas y el 80% de los sacerdotes tienen más de 65 años. En las diócesis, decenas de parroquias no tienen sacerdote.
(16) La primera secularización de la modernidad implicó una desconfesionalización de los valores cristianos, asumidos por la sociedad emancipada como auténticos valores humanos. Hoy, hay una segunda secularización, más radical, pues implica hacer desaparecer de la cultura europea las últimas raíces del cristianismo, presente en determinados valores humanos.
(17) «Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas y de quienes aún sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo» (DA, 98).
(18) «En la globalización la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas… [transformándola] en un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples» (DA, 61).
(19) «…el Papa también señala que la globalización ‘comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo’» (DA, 60).
(20) En el número 65, el Documento de Aparecida nombra: las comunidades indígenas y afroamericanas, mujeres excluidas, jóvenes, desempleados, migrantes, niñas prostituidas, millones de personas y familias que pasan hambre, dependientes de drogas, víctimas de la violencia, ancianos y presidiarios.
(21) «Los excluidos no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’» (DA, 65).
(22) El influyente Don Demétrio Valentine, quien prácticamente coordinó la redacción del análisis de la realidad social en la Comisión Temática, vio sus reiteradas inclusiones de esta cláusula eliminadas de manera sistemática.
(23) Tal vez no proveniente de la presidencia del CELAM, que aunque más conservadora que la Asamblea, era mucho más abierta que la Comisión de Redacción, aun cuando ésta incluía a algunas personas en sintonía con la tradición latinoamericana y caribeña.
(24) Los 268 participantes de la Asamblea se hicieron presentes en las categorías de miembros, invitados, observadores y peritos. Únicamente los miembros -los cardenales (entre ellos, doce latinoamericanos y caribeños), arzobispos y obispos- tuvieron derecho a voz y voto, en un total de 123 votantes; los demás, sólo tuvieron voz. Los invitados eran obispos, presbíteros, diáconos permanentes, religiosos y religiosas, así como laicos representantes de movimientos y otros organismos. Los observadores eran representantes de otras Iglesias o denominaciones religiosas. Los peritos, en número de 15, eran teólogos que colaboraron en la reflexión y elaboración del Documento. Cabe registrar la presencia: de miembros de la Curia Romana (en número de 17), entre ellos cinco cardenales latinoamericanos (cuatro se hicieron presentes); dos presidentes, obispos e invitados de las conferencias episcopales de Canadá, los Estados Unidos, España, Portugal, África, Europa y Asia (en número de 12); de superiores religiosos mayores (5); de la Conferencia de Religiosos de América Latina y el Caribe – CLAR (3); de movimientos eclesiales (Neocatecumenal, Shalom, Comunión y Liberación, Schoenstatt, Sodalicio) y de organismos de ayuda (6).
(25) Entre los miembros de Amerindia, coordinados por Pablo Bonavía, merece destacarse el excelente e incansable trabajo realizado por el teólogo chileno P. Sergio Torres, el gran responsable del puente establecido entre la entidad y el CELAM. Él sobresalió, igualmente, por su poder de convocatoria de participantes de la Asamblea, a quienes conoció en gran medida por medio de sus viajes de contacto por el continente efectuados en los meses anteriores a la Asamblea de Aparecida. Tampoco se puede dejar de registrar la valiosa contribución entre los 28 presentes, de teólogos como Ronaldo Muñoz, Pablo Richard, Gregorio Iriarte, Paulo Suess, José Oscar Beozzo, Benedito Ferraro, Vera Bombonato, etc., y de otros, contribuyendo desde sus países, como Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, J. B. Libânio… Es curioso, pero ¿qué institución se daría el lujo de dejar fuera de un evento tan importante como la Asamblea de Aparecida a sus mejores pensadores?
(26) Fue muy difícil la realización de estas tres iniciativas, lo que llegó a involucrar al CELAM, la Curia Romana, la CNBB y la arquidiócesis de Aparecida. Ellas se debieron en mucho a la persistencia de José Oscar Beozzo y Benedito Ferraro, entre otros. Se hablaba de eventos paralelos o de presión sobre la Asamblea. En realidad, fueron iniciativas de acompañamiento penetradas de mística y profetismo. En todo caso, sea por la fuerza de la oración, sea por la fuerza simbólica de los eventos, el hecho es que tres temas relacionados con estas iniciativas, casi tabúes antes de la Asamblea, terminaron muy presentes en el Documento de Aparecida: las CEBs, las intuiciones de la teología latinoamericana y caribeña y el reconocimiento de los mártires de las causas sociales, «nuestros santos todavía no canonizados». Valió la pena el sacrificio y el riesgo.

Traducción: Guillermo Meléndez
El original portugués será publicado por la revista Convergencia, de la Conferencia de Religiosos de Brasil.

* Doctor en Ciencias Teológicas. Director del ITESC. Miembro del Comité Organizador del Foro, representando Amerindia

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