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CRITERIOS PARA LA LECTURA DEL DOCUMENTO DE APARECIDA(II). Agenor Brighenti

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Adital

Aparecida8.jpg3. El «texto» del Documento de Aparecida
El «pre-texto» y el «con-texto» del texto nos llevan al Documento de Aparecida. A final de cuentas, lo que debe ser recibido es el evento de la V Conferencia, sin embargo lo que está para ser interpretado es el rico texto que la Asamblea produjo. Como nuestro propósito es ofrecer criterios de lectura, no cabe aquí propiamente presentar el contenido del texto. Además porque, como dijimos, no disponemos del texto oficial. Nos limitaremos entonces a llamar la atención hacia algunas características del texto a ser tomadas en cuenta en su lectura e interpretación con vistas a su recepción.

3.1. Un texto fruto de acuerdos, no siempre consensuados

Documentos como el de Aparecida, por ser fruto de una asamblea pluralista, de la convergencia de diversas tendencias y sensibilidades, inevitablemente son marcados por contradicciones. No obstante, las distintas proposiciones no siempre tienen el mismo peso. Hay afirmaciones hegemónicas que recorren todo el documento y hacen parte del espíritu del texto, y hay afirmaciones residuales, más periféricas, que entraron en el texto para que otras posiciones pudiesen también ser contempladas, pero que no expresan el espíritu del texto.

En líneas generales, el documento es bastante homogéneo, no presentando mayores dificultades al lector. Ahora que, con relación a algunas cuestiones, no hubo manera de escapar a acuerdos de la mayoría con una minoría que controlaba ciertas instancias de decisión, toda vez que no todo fue votado en plenario desde el inicio. Por ejemplo, para que las CEBs entrasen como «lugar de estructuración inicial de la Iglesia», el texto consigna también la relevancia de los movimientos; para que volviese el método ver-juzgar-actuar, se tuvo que aceptar que la parte del ver comenzara con una profesión de fe; para que la mujer fuese destacada como protagonista en la Iglesia y la sociedad, se tuvo asimismo que afirmar su papel en el hogar, como madre de familia; para que los religiosos fuesen reconocidos en su profetismo e inserción en los medios más pobres -«elemento decisivo para la misión» (27)-, se tuvo que reconocer la importancia de las «nuevas comunidades de vida», etc.

Sólo que esos contrapuntos son residuales y no reflejan el espíritu del texto, en la medida en que el propio Documento se encargó de puntualizarlos. Por ejemplo, sobre la importancia de los movimientos, el texto observa que «no siempre se integran en la pastoral parroquial y diocesana» (28). Con relación al discernimiento de la realidad, a la necesidad de partir del plan de Dios, los obispos afirman: «… nos sentimos interpelados a discernir los ‘signos de los tiempos’, a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino…» (29). Con relación a la mujer, «ama de casa», el texto expresa que

…innumerables mujeres, de toda condición social, no son valoradas en su dignidad, quedan con frecuencia solas y abandonadas, no se les reconoce suficientemente su abnegado sacrificio e incluso heroica generosidad en el cuidado y educación de los hijos ni en la transmisión de la fe en la familia, no se valora ni promueve adecuadamente su indispensable y peculiar participación en la construcción de una vida social más humana y en la edificación de la Iglesia… Es necesario en América Latina superar una mentalidad machista… (30)

Y continúa:

…urge escuchar el clamor muchas veces silenciado de las mujeres que son sometidas a muchas formas de exclusión y de violencia en todas sus formas y en todas las etapas de su vida… Urge que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios y estructuras que favorezcan una mayor inclusión (31).

Con relación a las «nuevas comunidades de vida», el Documento sostiene que:

El Espíritu Santo sigue suscitando nuevas formas de vida consagrada en la Iglesia, las cuales necesitan ser acogidas y acompañadas… con un discernimiento serio y ponderado sobre su sentido, necesidad y autenticidad (32).

En resumen, movimientos, familia y nuevas comunidades de vida no son los sujetos eclesiales hegemónicos del Documento de Aparecida, conforme se temía antes de la Asamblea. Al contrario, son las Iglesias Locales, organizadas en parroquias, las que necesitan ser renovadas en sus estructuras mediante su sectorización en áreas menores y, dentro de los sectores, dar un nuevo impulso a las CEBs, organizando en su seno «comunidades de familias» (33)

3.2. La recuperación del método inductivo de la Gaudium et spes

Una segunda característica del texto es su estructuración según el método ver-juzgar-actuar: «La vida de nuestros pueblos hoy» (Primera Parte); «La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros» (Segunda Parte); y «La vida de Jesucristo para nuestros pueblos» (Tercera Parte).

La recuperación del método inductivo de la Gaudium et spes fue uno de los puntos de tensión en la Asamblea, en la medida en que era una mayoría reivindicando y una minoría resistiendo. El Documento de Participación ignoró el método, ampliamente practicado por la Iglesia en América Latina y el Caribe, según la costumbre de partir de un discernimiento de la realidad del mundo y de la Iglesia, confrontarlo con las luces de una revelación contextualizada en el hoy y, desde ahí, extraer directrices y respuestas pastorales. Hubo una fuerte reacción de las Iglesias Locales frente a la toma de distancia de este método. Entonces, el texto de Síntesis de las Contribuciones Recibidas aparentó recobrar el método con su extraña proposición de «ver a la luz del proyecto del Padre», «juzgar a la luz de la fuente de vida, que es el Hijo» y de «actuar en el Espíritu, que nos empuja a ser discípulos misioneros». El procedimiento, no obstante, seguía siendo totalmente deductivo toda vez que la realidad no era escuchada en su autonomía y, en ningún momento, ella incidía sobre la revelación, permitiendo una actualización del mensaje en nuestro contexto actual.

En la Asamblea de Aparecida, después de haberse reafirmado la necesidad de rescatar el método, el Esquema General del Documento, en su primera versión elaborada por la Comisión de Redacción, era totalmente deductivo. El texto vaciado, antes de ser presentado al plenario, enfrentó fuertes reacciones y fue abortado por la presidencia del CELAM. La segunda redacción, hecha a prisa con base en una propuesta del presidente del CELAM que recogía las contribuciones de la Asamblea, retomó el método ver-juzgar-actuar. Ella fue votada y aprobada. En la secuencia, la primera y segunda redacciones del Documento Final mantenían esta estructura metodológica. Con todo, en la tercera redacción, el primer capítulo -una especie de profesión de fe- de la Segunda Parte, relativa al «juzgar», fue desplazado hacia la Primera Parte dedicada al ver, como un capítulo primero, antes de ver la realidad social y eclesial. Y no salió más de ahí. Ni siquiera el recurso de petición como prioridad, presentado por presidentes de conferencias episcopales conforme lo previsto por el Reglamento, consiguió que la reivindicación fuese puesta a votación. También se había invertido el orden del «ver», colocándose primero la realidad de la Iglesia y después la del mundo. Esto sí se logró invertirlo, retomando el orden original.

Es evidente que esto no compromete el método ver-juzgar-actuar, aun cuando sus adversarios puedan decir que se empieza viendo la realidad, sí, aunque como personas de fe. Es la permanencia de la anticuada cristiandad, del irrespeto a la autonomía de lo temporal y de las ciencias metodológicamente a-religiosas, del miedo al mundo y a lo diferente. En verdad, esta posición es fruto de la confusión entre examen de la realidad y diagnóstico de la realidad. Como en la medicina, los exámenes son las pruebas o los datos de laboratorio, de radiografías, de ultrasonidos, etc., basados en medios técnicos que, por más que no sean neutros, son independientes del médico; el diagnóstico, en cambio, sí depende del médico que confronta los datos de los exámenes realizados al paciente con los datos ideales de una persona sana, sacando sus conclusiones. El diagnóstico es resultado final y no punto de partida de un proceso de investigación sobre la realidad entendida con sus medios específicos, confrontada con un referencial ideal. Imaginémonos a un médico sacando conclusiones sin examinar al paciente o solicitando el examen después de haber hecho el diagnóstico. Hay quienes argumentan que ir a la realidad con las ciencias, es correr el riesgo de ideologizarla. Por eso, sostienen, se debe ir con la fe, la teología. Ahora bien, la realidad no es objeto directo de la fe y la teología, y vista de manera directa por ellas, va a ser igualmente ideologizada, espiritualizada. En teología, el conocimiento de la realidad sólo puede ser mediatizado por las ciencias que se ocupan de ella. Es evidente que así como existen teologías, de igual modo existen ciencias. La solución no consiste en renunciar a las ciencias, sino en establecer criterios analíticos para la escogencia de los instrumentales analíticos más adecuados para entender la realidad. Aquí sí entra la fe. Pero entra como un presupuesto para escoger un método adecuado y no sustituyendo a las ciencias en su autonomía.

3.3. Los grandes ejes o temas transversales del Documento de Aparecida

Además de tener presente las razones de la contradicciones del texto y su estructuración conforme el método ver-juzgar-actuar, ayuda mucho a la comprensión del Documento de Aparecida visualizar sus grandes ejes o temas transversales. Son ellos los que dan homogeneidad al texto, haciendo de él un todo, si no enteramente armónico, cuando menos lógico. Veamos los principales:

– Vida en abundancia en un mundo bueno, aunque globalizado y excluyente. El tema de la Vida, central en el mensaje evangélico, la «vida en abundancia» que Jesús vino a traer, en cuanto presencia del Reino de Dios en la historia, constituye el núcleo del tema y del texto del Documento de Aparecida. La vida es abordada en sentido amplio -la vida plena de Dios, «en el hombre todo y en todos los hombres», en el respeto y el cuidado de la biodiversidad del planeta-. La globalización actual amenaza la vida de las personas y de la naturaleza. En el Documento, la vida humana es defendida desde el inicio hasta la muerte natural. Junto a ella, se encuentra la defensa de la biodiversidad, expresión del amor de Dios en toda la obra de la Creación, que debe ser «cuidada» y «usada» antes que poseída, para la promoción de la vida de todos. Urge trabajar por un mundo incluyente de los excluidos y respetuoso de la naturaleza, la casa de todos.

– Discípulos misioneros de Jesucristo. El don de la vida en la obra de la Creación y, dentro de ella, el don de la vida de los seres humanos, hechos hijos e hijas de Dios en el Hijo, creados a su imagen y semejanza, es un regalo a ser compartido, a tornarse misión. Jesús, al mismo tiempo que nos hace discípulos suyos, nos envía a defender y promover la vida de todos, expresión del Reino de Dios. Se trata de un discipulado misionero. La vocación al discipulado es «con-vocación» a la misión.

– Discípulos misioneros en la Iglesia, sacramento del Reino. El discipulado misionero no es una tarea aventurera y voluntarista de personas dispersas, sino en el seno de una comunidad concreta, su Iglesia. La «vocación al discipulado misionero es ‘con-vocación’ a la comunión en su Iglesia» (34), dice el Documento de Aparecida. Por eso, el núcleo del mensaje del Documento es una Iglesia en estado permanente de misión, compuesta de discípulos que, en la alegría del llamado, se hacen defensores y promotores de la «vida en abundancia» que Jesús vino a traer por la inauguración del Reino de Dios.

– Una Iglesia, animada por el Espíritu, comunidad de pequeñas comunidades. La vivencia y experiencia de comunión en la Iglesia exige comunidades de tamaño humano, cuyo modelo son las CEBs. Para eso resulta inaplazable la renovación de las estructuras de la parroquia, por medio de su «sectorización en unidades menores» (35) y la constitución, dentro de los sectores, de «comunidades de familias» para fomentar la vida en comunidad y responder a sus problemas concretos (36).

– Discípulos misioneros en una Iglesia inserta en el mundo. La misión lleva al «corazón del mundo», pues «no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual» (DI, Benedicto XVI) (37). De ahí la tarea prioritaria de contribuir con «la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano… las necesidades urgentes… [nos llevan a colaborar] con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los órdenes nacionales e internacionales» (38).
– En un mundo predominantemente urbano. Hoy, el 80% de la población de América Latina y el Caribe vive en la ciudad. «Las grandes ciudades son laboratorios de la cultura contemporánea» (39), con un nuevo lenguaje que se extiende también al mundo rural (40). «El anuncio del Evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Esta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia» (41)

3.4. Las novedades del Documento de Aparecida

La grata sorpresa del Documento de Aparecida es que la Iglesia en América Latina y el Caribe no «pasó la página» hacia atrás. Ella reafirmó la opción por los pobres, las CEBs, el método ver-juzgar-actuar, las intuiciones fundamentales de la teología latinoamericana y caribeña, las transformaciones estructurales de la sociedad como integrante de la misión evangelizadora, el testimonio y la santidad de los mártires de las causas sociales, etc. Eso, por sí solo, en la difícil coyuntura actual, tanto de la Iglesia como de la sociedad, ya sería una gran novedad. Con todo, mayor sorpresa aún fue que el Documento haya «pasado páginas» hacia delante. Al menos cinco de ellas merecen mención:

– Una Iglesia en estado permanente de misión. El Documento de Aparecida no habla de discípulos «y» misioneros sino de «discípulos misioneros», porque el discipulado es seguimiento de Jesús en cuanto continuación de su obra. La misión «no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana» (42). «La comunión es misionera y la misión es para la comunión» (43). Por lo tanto, la misión no es campaña, es un estado del ser cristiano. Con esto, la propuesta de la «misión continental» perdió fuerza, en la medida en que, si ella aconteciera, únicamente será continental en cuanto fuese asumida y realizada en todas las Iglesias Locales. No hay Iglesia fuera de las Iglesias Locales (44) y, por ende, una misión por encima de ellas sería antieclesial.

– Una misión no exclusiva, en perspectiva mundial. La promoción de la «vida en abundancia» no es una misión exclusiva de la Iglesia, ella debe ser llevada a cabo en colaboración «con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los órdenes nacionales e internacionales» (45). Porque, por un lado, la Iglesia no tiene el monopolio de la caridad, la justicia y la paz y, por otro, éstas solamente serán posibles en la historia concreta, en la medida en que fuesen resultado de una acción concertada de todas las «personas de buena voluntad» en un nivel global.

– La pobreza como mundo de la insignificancia. Entre los rostros que sufren, el Documento de Aparecida nombra: las comunidades indígenas y afroamericanas, mujeres excluidas, jóvenes, desempleados, migrantes, niñas prostituidas, millones de personas y familias que pasan hambre, dependientes de las drogas, víctimas de la violencia, ancianos y presidiarios. Para el Documento, más que empobrecidos, «los excluidos no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’» (46). Es el pobre como insignificante, de los cuales el mercado prescinde. Como no consumen, sobran, perturban. La inclusión de los «desechables» implica pues un cambio estructural de la sociedad, en la medida en que, en sus estructuras actuales, ellos no caben.

– Los que se van para otros grupos cristianos, no es tanto que quieran salirse de la Iglesia, sino que están buscando sinceramente a Dios (47). Para el Documento los motivos no son doctrinales, sino vivenciales; no son dogmáticos, sino pastorales; no son teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia (48). Consecuentemente, la solución no consiste en la disputa del mercado, porque «la Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción… de la fuerza de su amor» (49). Y constata que, «donde se establece el diálogo diminuye el proselitismo» (50). Por eso, es preciso reforzar la Iglesia católica en cuatro ejes: una experiencia religiosa personal, la vivencia comunitaria, la formación bíblico-doctrinal y el compromiso misionero de toda la comunidad (51).

– El protagonismo de la mujer. El Documento de Santo Domingo había proclamado el «protagonismo de los laicos» en la evangelización. Aparecida proclama el protagonismo de la mujer. El Documento constata que «tradicionalmente, debemos reconocer que un porcentaje significativo de ellos [hombres] en América Latina y El Caribe, se han mantenido más bien al margen de la Iglesia» y que eso «cuestiona fuertemente el estilo de nuestra pastoral convencional» (52). Luego, cabe «favorecer en la vida de la Iglesia la activa participación de los varones» (53) pero, entre las acciones pastorales urge «impulsar la organización de la pastoral de manera que… promueva el más amplio protagonismo de las mujeres», garantizando «la efectiva presencia de la mujer en los ministerios que en la Iglesia son confiados a los laicos, así como también en las instancias de planificación y decisión» (54)

Concluyendo

Como se puede percibir, la V Conferencia es más que el Documento de Aparecida, texto que para ser leído y recibido en toda su riqueza, necesita ser puesto en estrecha relación con su «pre-texto» y su «con-texto». En estos se encuentra el espíritu del texto, sin el cual, el Documento se vuelve letra muerta.

Ciertamente, contamos con una fuente inspiradora y directrices audaces que serán el alma de la acción evangelizadora en el continente al menos durante los próximos diez años, cuando entonces, allá por el año 2018, en el cincuentenario de Medellín, conforme la Asamblea de Aparecida ya mostró su interés, podrá realizarse la VI Conferencia. Todo dependerá de la determinación en la recepción de Aparecida en la práctica, traduciendo las directrices emanadas en acción evangelizadora concreta.

Tenemos entre manos una rica fuente de reflexión que podrá engendrar acciones capaces de hacer realmente de la Iglesia, sacramento de la eternidad en la precariedad de nuestro tiempo presente. Es un texto que hace pensar, como las siguientes impactantes frases, una especie de Decálogo de Aparecida, que dejamos resonando en su mente, apreciado lector.

• «La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia» (DA, 171).
• «La Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción… de la fuerza de su amor» (DA, 174).
• «La comunión es misionera y la misión es para la comunión» (DA, 178).
• «Los laicos y laicas son personas de la Iglesia en el corazón del mundo, y personas del mundo en el corazón de la Iglesia» (DA, 225).
• «Mucha gente que pasa a otros grupos religiosos no está buscando salirse de nuestra Iglesia sino que está buscando sinceramente a Dios» (DA, 241).
• «Donde se establece el diálogo ecuménico diminuye el proselitismo» (DA, 249).
• «La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica» (Benedicto XVI, DA, 406).
• «La mentalidad machista ignora la novedad del cristianismo, que reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre» (Benedicto XVI, DA, 472).
• «La Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres» (DA, 409).
• «América Latina y el Caribe deben ser no sólo el continente de la esperanza sino que además deben abrir caminos hacia la civilización del amor» (DA, 556).

Notas:

(27) Cf. DA 232.
(28) Cf. 112.
(29) Cf. DA 33.
(30) Cf. DA 472.
(31) Cf. DA 473.
(32) Cf. DA 238.
(33) Cf. DA, 384.
(34) DA, 171.
(35) DA, 384.
(36) Ídem.
(37) DA, 163.
(38) DA, 398.
(39) DA, 528.
(40) DA, 529.
(41) DA, 499.
(42) DA, 159.
(43) DA, 177.
(44) Cf. DA, 180.
(45) DA, 398.
(46) DA, 65.
(47) Cf. DA, 241.
(48) Ídem.
(49) DA, 174.
(50) DA, 249.
(51) Cf. DA, 242.
(52) DA, 480.
(53) DA, 482.
(54) DA, 477.

Traducción: Guillermo Meléndez
El original portugués será publicado por la revista Convergencia, de la Conferencia de Religiosos de Brasil.

* Doctor en Ciencias Teológicas. Director del ITESC. Miembro del Comité Organizador del Foro, representando Amerindia

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