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Confusiones sobre delito y pecado -- Juan Masiá Clavel, teólogo

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Religión Digital

Un reportaje atinado de J. G. Bedoya desarrolla hoy, en El País, la distinción entre delito y pecado -elemental en derecho, ética y teología moral-, con la que la ministra Bibiana Aído puso los puntos sobre las íes a pronunciamientos jurídicamente incorrectos de algunas instancias eclesiásticas sobre el tema.

En efecto, ni compete al legislador dictaminar sobre el pecado, ni a la iglesia llamar pecado al delito. Pero todavía hay que añadir una matización más para que sea cum laude el merecido sobresaliente de la ministra en la asignatura que algunos eclesiásticos no aprueban.

Es que ni siquiera se puede decir, sin más, que la iglesia determine (extrínseca, legalística y preceptivísticamente) lo que es pecado. Si algo es pecado, no lo será por la mera razón de que así lo haya dicho una instancia eclesiástica (Por ejemplo, no tiene por qué ser pecado de ninguna manera la contracepción, aunque lo diga incluso una tristemente célebre encíclica papal).

En vista de las confusiones abundantes sobre este tema, parece oportuno dedicar una serie de post a deshacer malentendidos sobre pecado y culpa, pena o castigo y perdón. Comencemos, de momento, por las reflexiones siguientes.

No es de recibo que algunas personas creyentes tengan una idea de pecado como delito, ni que algunas instancias “eclesiásticas” distorsionen la conciencia “eclesial” llamando pecado al delito o perturben la “conciencia cívica” intentando imponer a la sociedad una idea de delito como pecado.

Vendría bien recordar dos estilos de moral, como distinguía Bergson: cerrada y abierta, legalista o personalista. Quien dice ‘no me salto el semáforo [delito] para evitar la multa’ y quien dice ‘no me voy con la mujer del prójimo porque mi Dios lo prohíbe y me va a castigar’ están al mismo nivel de moral cerrada (tanto si son creyentes como si no lo son).

En cambio, tanto quien dice ‘observo las reglas de tráfico porque, aunque no me coja la policía, es para mí importante evitar accidentes, proteger otras vidas y la mía’ como quien dice ‘no violo a esa chica porque merece que la respete y me respete a mí mismo’ están a nivel de moral abierta.

Ambas personas están al nivel de la moral abierta, tanto si son creyentes, como si no lo son. Pero las dos personas anteriores, tanto la que solo tiene el criterio de la prohibición penal como la que solo tiene el criterio de la prohibición religiosa, están al mismo nivel de moral cerrada, prohibicionista, negativa y psicológicamente patológica.

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