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Comentarios al Evangelio del domingo 16 de Mayo -- José María Castillo, teólogo

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Somos Iglesia Andalucía

Jn 17, 20-26
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo Jesús dijo: “Padre santo: no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos”.

1. El deseo supremo de Jesús es que todos los creyentes en él “sean uno”. Y que sean uno, como el Padre está en Jesús y Jesús en el Padre: “yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado”. El deseo, por tanto, de Jesús es que se realice una unidad perfecta entre Dios, Jesús y todos los creyentes. O sea, Dios, Jesús y los creyentes fundidos en una sola realidad.

2. Pero, ¿es esto realmente posible? Desde la fe, la unidad perfecta del Padre y el Hijo se puede afirmar, puesto que experimentalmente no se puede comprobar. Pero si hablamos de la unidad de los creyentes, la experiencia comprobada nos enseña que tal unidad es un problema hasta ahora no resuelto. Porque la diversidad de culturas, tradiciones, religiones e intereses, no sólo no favorece la unidad, sino que lo que hace es fomentar divisiones y enfrentamientos.

3. ¿Es realmente posible la unidad de los seres humanos? Por medio de la religión, no. Porque de sobra sabemos que las religiones establecen diferencias, divisiones y enfrentamientos. El único camino viable es centrarnos todos en lo único en que todos coincidimos: “lo humano” en lo que todos coincidimos porque en eso todos somos iguales: nuestra condición corporal (cuidar la salud y la alimentación) y nuestras relaciones humanas, basadas en el respeto, la tolerancia y la ayuda solidaria. En eso coincidimos también con Dios, que en Jesús “se humanizó”. Todos nos unimos en la medida en que todos nos humanizamos.

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