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Comentarios al Evangelio del domingo 13 de Junio -- José María Castillo, teólogo

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Somos Iglesia Andalucía

Lc 7, 36 – 8, 3
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó en la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”. Jesús tomó la palabra y le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. Él respondió: “Dímelo, maestro”. Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?” Simón contestó: “Supongo que aquél a quien le perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado rectamente”.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies: ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejarme de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “Quién es éste, que hasta perdona pecados”. Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

1. El relato es extraño y provocativo. Esto no suele suceder: en un banquete, en una casa de “buena familia”, una prostituta conocida entra de pronto, se echa a los pies de uno de los invitados y allí llora, lo besa, lo perfuma, se suelta el pelo y le seca los pies con su cabello. El malestar y el escándalo estaban servidos. Por tanto, tres personajes destacados: el fariseo observante, la mujer pecadora, Jesús el profeta.

2. Todo sucede de forma que, al final: 1) el observante religioso queda como el ejemplo del que “poco ama”; 2) la prostituta, es el modelo del que “mucho ama”; 3) Jesús resulta sospechoso para unos o escandaloso para otros.

3. El perdón de los pecados no se relaciona ni con el poder de Jesús, ni con la confesión de la mujer, sino con el amor que hay en ella. A quien mucho se le perdona, es que en esa persona hay mucho amor. Pero lo más notable es que Jesús percibe el amor de la mujer, no en lo espiritual, sino en lo material, lo sensible: tacto, besos, lágrimas, perfume, cabello femenino. Los criterios de Jesús sobre el perdón de los pecados y la relación humana era muy distintos de los criterio que establecen y exigen las religiones. La humanidad de Jesús es sorprendente.

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