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CEMENTERIO DE ELEFANTES DEL OPUS. Nacho Fernández

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Religión Digital

Cerca de la ciudad de Calafate (Argentina), camino del glaciar Perito
Moreno, existe un cerro, conocido como el de La Comisión o de Los Elefantes, que se encuentra dentro de una estancia llamada «Anita» y cercano a otra llamada «Alex». Pues bien, esos dos nombres con los que se conoce esa montaña le cuadran perfectamente a la sección de varones del Opus Dei.

La Comisión es el nombre con el que se conoce internamente la sede del gobierno del Opus Dei. En España se encuentra en la calle Diego de León número 14 de Madrid. Desde que el Papa Juan Pablo II autorizó que la institución se transformara en la única prelatura personal de la Iglesia Católica, a efectos exteriores, ésta dijo que aquel edificio era la Vicaría Regional.

Sin embargo, los hombres del Opus Dei la siguen denominando la
Comisión. Ese es el lugar donde reside monseñor Javier Echevarría, actual prelado, cada vez que viene a Madrid y donde sus incondicionales le aplauden y hasta se ofrecen para que les dé un beso, como sucedía con sus predecesores, San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás y monseñor Álvaro del Portillo y Díez de Sollano, respectivamente. Claro, los padres -la Obra dice que es una familia con lazos más fuertes que los de la sangre- dan besos a sus hijos. Sin embargo, estos padres opusianos no dan besos a sus hijas. Los padres de familia de sangre sí dan besos a sus hijas.

Pero independientemente de ese edificio, la Comisión es un conjunto de personas que dirigen el Opus Dei en España. Cada país tiene la suya. Aunque ahora se denomine Vicaría Regional a efectos de las relaciones con los obispos, la realidad es que muy pocos cargos tienen la condición de sacerdote: el vicario regional (también conocido como consiliario), el sacerdote secretario (se encarga de las relaciones con las mujeres de la Obra), el director espiritual y muy pocos sacerdotes cercanos a ellos.

Existen otros cargos -ellos dicen que son cargas-que son llevados por laicos: defensor, secretario, y vicesecretarios de San Miguel (numerarios y agregados, que son célibes), San Gabriel (labor con gente mayor, tanto de la Obra como no de la Obra) y San Rafael (labor con gente joven). Hasta el director de estudios eclesiásticos internos y el administrador son laicos.

Las personas que tienen esos cargos en la Comisión han sido seleccionadas especialmente, según se indica internamente, entre los más santos y vigilantes de la doctrina del fundador. Con algunos con los que tuve oportunidad de hablar cuando yo pertenecí a la prelatura, llegué a la conclusión que eran auténticos talibanes o fanáticos. No se me olvida la conversación que tuve con uno de ellos durante una tertulia a la vista de otras personas pertenecientes a la institución.

El fiel del Opus Dei que es designado para un cargo de gobierno en la
Comisión tiene que abandonar la actividad profesional más floreciente en beneficio de «todos sus hermanos». Es frecuente que esa dedicación se prolongue durante años y lo que supuestamente era vivir en medio del mundo se convierte en vivir en una burbuja, donde se dan instrucciones a diestro y siniestro, cada vez que llegan a un centro de la Obra, cuando no envían un escrito interno para que se cumpla. Y es que el Opus Dei abunda en papeles para todo. Por algo disponen de una guillotina para destruirlos en el sótano de Diego de León número 14.

Es frecuente que muchos de los cargos de la Comisión no lleguen a salir a la calle durante días y hasta semanas. No hay casi ningún contacto con el mundo. Solo existen conversaciones entre miembros de la institución y, siempre, con el ángulo de pertenecer los dos a la prelatura. Es verdaderamente cruel la vida de estos hombres. Se de algunos casos que otros miembros de la institución no se atreven a sacarlos a la calle a pasear, pues existe un miedo reverencial. ¿Nos imaginamos de alguien que todos los días viviera en su lugar de trabajo y ni el domingo saliera? ¿Y si sale es para hablar de lo que es objeto de su trabajo y lanzar doctrina a diestro y siniestro, sin saber por dónde va la vida? Una de las normas internas prevé el paseo semanal y la excursión mensual. Son muy pocos los que lo cumplen, tanto si ejercen cargos de gobierno como si son simples fieles laicos.

Cuando pertenecí al Opus Dei yo hablaba muchas veces del uso recto del
matrimonio a mis amigos. Internamente se nos decía que no se podía usar el preservativo en las relaciones sexuales. Más de uno de mis conocidos me invitó a vivir mejor la vida y enterarme de lo que pasaba. Esto es lo que les sucede a algunos directores de la Obra. ¿Cuántos son los supernumerarios de la prelatura que tienen familia numerosa? Cada vez son menos los padres de familia numerosa y eso que se repite mucho la doctrina de la Iglesia Católica.

El día del relevo en un cargo de la Comisión se puede producir un
verdadero drama. El Opus Dei separa a los suyos de las familias de sangre y de los amigos. Si han pasado treinta años sin estar en contacto con ellos, salvo las felicitaciones de Navidad, es muy difícil recuperar esos lazos. Más de una vez he conocido casos de hermanos que no van a las ceremonias religiosas de matrimonio de los suyos con pretextos que no tienen base. Como son pobres, si hacen un regalo es un libro del fundador o de algunos de sus sucesores. Con ello demuestran que sacan cosas de su burbuja y, al final,se convierte todo en la pescadilla que se muerde la cola. Siempre igual.

Internamente se recomienda a los directores de la Comisión o de otros
cargos de gobierno, como son las delegaciones, que lean libros de su
profesión y se mantengan al día. La realidad es que esto se cumple poco.
Algunos de los directores no aguantan este sistema. Por ejemplo, los administradores, salvo excepciones, son sustituidos al poco tiempo, al año.

Estuve casi 34 años dentro de la Obra y me consta que es así. Se lo impiden sus muchos trabajos. El Opus Dei es muy cruel con los suyos. Y no me refiero a las numerarias auxiliares y a las numerarias que duermen en tabla. Como contraste, los varones deben dormir en tabla una vez a la semana. Los agregados, si viven en sus casas, lo hacen sin almohada una vez a la semana.

El Cerro de la Comisión o de los Elefantes me ha recordado todo lo que acabo de describir. Los directores de la externamente denominada Vicaría Regional viven en un edificio importante para la historia del Opus Dei, aumentado de tamaño a finales de los años sesenta del siglo XX, pero que es eso: un cementerio de elefantes al que se llama la Comisión.

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