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Carta amable al papa Francisco -- Pedro Mendoza

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Papa Francisco7Redes Cristianas:
El 2 abril 2015, dirigí esta “Carta amable al papa Francisco” (ver adjunto) a través de la Biblioteca Apostólica Vaticana (BAV), según me orientó la Nunciatura en Madrid. Tres meses después, al no obtener respuesta de la BAV, escribí a Nunciatura (30 junio 2015), según se ve abajo. Estamos en septiembre-2015 y, en vista de que no recibo ninguna reacción, me decido a publicar esa carta, que en principio no buscaba “publicidad” y pretendía ser “discreta”.
Actualmente, no participo en ningún grupo de Redes Cristianas ni en parroquias. Algunos me conocéis, pero no muchos. Haré 67 años en este mes. Los datos de mi identidad aparecen abajo en los correos y arriba en los adjuntos, que añado junto a la Carta al Papa, para “contextualizar” mi anterior trayectoria, pues esta carta no es una “ocurrencia súbita”.
Por mi parte, podéis publicar tanto la Carta como lo que queráis de los Adjuntos, sin pedirme conformidad. Nada es secreto. Los dos últimos libros –2010 y 2015— están publicados en www.bubok.es. Aunque enviaré a más sitios esta comunicación, Redes Cristianas es la primera “marca” en recibirla. He tomado las direcciones @ de vuestra web www.redescristianas.net
Un saludo cordial a todos. PEDRO MENDOZA GONZALO

Querido Papa Francisco:
Soy un español de 66 años. Me llamo Pedro Mendoza. No fundé Buenos Aires, pero fui sacerdote católico 13 años (1972-1985) y otros 13 de entrenamiento: entré en 1959 al internado (“seminario”), a mis 11 años. Previamente, tuve un bienio de “noviciado” como monaguillo. O sea, desde mis 9 años de edad hasta cerca de los 40, dediqué a la Iglesia Católica casi toda mi vida intelectual, profesional y afectiva.

Me salí de cura en 1985. Desde entonces, he ido poco a la iglesia, aunque, si yo viviera 200 años sin ir a misa, me sale todavía un promedio de “católico cumplidor”. En todo caso, mis valores vitales siguen siendo los evangélicos. En el adjunto 2010, van mis primeros 40 años de vida. No le cuento esto para que sufra, sino para que “se entretenga”. En mi intención, nada de lo que le cuento debe hacerle sufrir, sino al revés, “divertirle”. Confío en su humor argentino y creativo.

La Nunciatura en Madrid ha sido muy atenta conmigo y me ha sugerido una doble posibilidad: enviarle esta carta por valija diplomática o a través de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Como van también otros adjuntos, he optado por la segunda vía, aunque dejo copia de todo a la Nunciatura. Mi deseo es que algún día, sin urgencias, pueda acceder a este envío, usted mismo o su equipo cercano (ya leí que recibe unas 2.000 cartas diarias).

Aunque voy poco a la iglesia, la iglesia viene a mí, claro, en las noticias y en mis recuerdos. Los adjuntos son parte de mi vida, no hay nada “secreto”, están publicados. Los incluyo por sentido común, pues esta carta no es una ocurrencia súbita. Cada adjunto se nombra por el año de publicación. El más reciente —2015— es la versión digital de un libro que escribí hace 30 años. Fue en realidad mi tesina de licenciatura en Teología Pastoral, febrero-1986. Al final, yo hacía propuestas para un futuro Concilio Universal. Tengo hoy una doble finalidad: 1) Felicitarle por estos dos años de pontificado, y 2) Animarle a convocar un Concilio Universal.

FELICITARLE. Muchos ciudadanos agradecemos su estilo. Cada papa hace lo que puede, claro, y lo valoramos. Pero su enfoque actual era una demanda aplazada largo tiempo. Yo veo a la Iglesia Católica como “un gigante dormido”. No engañarse con los 1.200 millones de católicos (= bautizados) del Anuario Pontificio. Aunque fuéramos 20 veces menos (60 millones), pero con objetivos comunes, ya sería mucho. Este mundo necesita cambios estructurales, y no es suficiente el horizonte del calendario litúrgico.

CONVOQUE UN CONCILIO, PAPA FRANCISCO. Le vi en TV el 29 marzo 2015 (domingo de ramos), y tiene muy buen aspecto. Ojalá viva sano muchos años. Pero la experiencia histórica nos dice que una persona o un equipo —por muy capaces— no son suficientes para cambiar la historia del pueblo. Para eso, debe participar el pueblo mismo. El Vaticano II queda ya muy lejano, yo tenía 14 años y me acuerdo del día en que comenzó. Pero la población mundial actual menor de 60 años ni se acuerda. Sólo un nuevo Concilio puede actualizar tantas cosas pendientes. Una vez en marcha, el debate público y duradero está asegurado. Pero si esto no ocurre, muchos tememos que su significativo pontificado pueda pasar como una anécdota más en la larga historia vaticana.
Mis mejores deseos.

Un saludo cordialísimo. PEDRO MENDOZA, pmendoza2012@hotmail.es
www.pedromendoza.com

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PEDRO MENDOZA nació en CETINA (Zaragoza) en 1948. Ha trabajado en País Vasco (1969-1972), Aragón (1973-1976 y 1980-1984), Burundi (1976-1980), Madrid (1984-1995) y Comunidad Valenciana (desde octubre-1995). Sus estancias laborales en Francia (desde 1968), Reino Unido (1970, 1984), Bélgica (1971) e Italia (1978-79) le europeizaron antes de que España entrara en la UE. Otras estancias con finalidades varias: Alemania (1971, 1990, 1992), Bulgaria (1990), Luxemburgo (1988), Holanda (1971, 1989), Portugal (1994), Ruanda (1979), Suiza (1981, 1988) y Vaticano (1978-79). En Burundi, África central, entre otras cosas, impartió alfabetización de adultos en kirundi. Sus íntimas memorias de África le globalizaron para siempre.

Tiene un doctorado, dos licenciaturas y doble especialidad como profesor de instituto (IES): Filosofía y Psicopedagogía. También, otros seis libros publicados, ver www.pedromendoza.com. Su vida aquí es un pretexto, pero es “la que mejor conoce”, su punto de apoyo para participar en la historia común: Mi memoria histórica (1948-1988). Libro apasionante para lectores con sustancia y sin histerias, integrados o altermundistas; anarquistas, derechistas o izquierdistas; creyentes, ateos o agnósticos…

Todos y todas descubrirán aquí píldoras de vitalidad: cómo un españolito de posguerra, con origen rural y pobre, pasó de la credulidad al sentido crítico. Desde 1966, sus crisis íntimas están escritas a mano y con fecha. Un “misionero” por dentro. Mística y revolución van aquí de la mano.

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