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Camino de Santiago: una experiencia de familia y libertad -- Javier Sánchez

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Si tuviéramos que resumir lo que ha significado la experiencia del Camino de Santiago de este año quizás las palabras que lo definirían serían estas: libertad y familia, libertad porque todos nos hemos encontrado en un clima de poder vivir nuestra vida desde lo que somos, con nuestras peculiaridades y diferencias de manera libre, sin nadie que nos dijera qué teníamos que hacer; de familia, porque no hemos estado solos, porque todos nos hemos sentido parte de un grupo, de una familia muy especial, porque todos hemos sentido que en el fondo los seres humanos somos todos iguales y todos nos necesitamos. Después de siete días juntos hemos experimentado lo que significa la alegría de la fraternidad, mirar al otro como hermano, caminar juntos con sus dificultades, amenazas e ilusiones y sentirnos queridos y aceptados por lo otro, y por supuesto, sentir que también Dios compañero de camino, caminaba siempre a nuestro lado y nos daba la fuerza de su aliento. Como siempre detrás de esta experiencia hay mucho esfuerzo, hay mucho trabajo, pero hay sobre todo mucha ilusión, mucha utopía y mucha esperanza.

Este año comenzamos a planear nuestro camino de Santiago desde el mes de Enero, dado que el año pasado no nos dejaron hacerlo a última hora desde Instituciones penitenciarias, con el argumento de que si lo hacíamos “dañábamos la imagen política del gobierno, dado que si los presos iban de vacaciones y el resto de la gente no podía ir por falta de dinero, la opinión pública no lo iba a entender”, y una semana antes de llevarlo a cabo, con dinero invertido y con mucha ilusión por parte de todos, todo se nos fue al traste. Por eso, este año, decidimos plantearlo muy pronto, y directamente a instituciones penitenciarias con el fin de conseguir el permiso pertinente y luego ya pasarlo a Navalcarnero. Después de varias reuniones, al final en torno al mes de marzo nos dieron vía libre para plantearlo y comenzamos con todos los preparativos. Primero la selección de internos, bien a petición de ellos mismos o bien a propuesta nuestra, después el paso por la junta de tratamiento del centro penitenciario, a continuación la propuesta a instituciones, y tras la aprobación, la sanción definitiva por parte del juez, ya que al ser un permiso de más de una semana es necesaria también su aprobación; por fin, después de todos los trámites tuvimos todos los permisos concedidos, algunos de ellos vinieron apenas cinco días antes de podernos marchar. Pero con todo y con eso, después de todo lo vivido en estos siete días la experiencia es gratificante, tanto para las personas que hemos ido desde la parroquia como para los chavales que han salido de Navalcarnero.

Comenzamos el día 6 de Julio cuando salimos unos en la furgoneta al mediodía, y otros por la tarde noche cuando salíamos en tren. Pero unos y otros nos sentíamos ya desde el comienzo grupo; por la noche los de la furgoneta llegaron a Tui, donde durmieron, y por la mañana se reunieron allí con el resto que habían viajado de noche, y rápidamente comenzaron la experiencia de andar en común. El camino es como la vida misma, hay tiempo para todo, y es como si tuviéramos que vivir una vida pero en siete días. En el camino hay mucho que compartir y mucho por supuesto que degustar y que saborear.

Quizás lo más importante de estos siete días haya sido justamente eso, que hemos hecho la experiencia de partir de nuestra vida como de algo importante que merecía la pena compartir. En este camino, el tercero ya de los realizábamos con esta experiencia concreta, hemos sido conscientes de que en la vida caminamos, y de que nos vamos encontrando con muchas cosas, con muchas personas, con muchas situaciones diferentes, pero sobre todo hemos sido conscientes de que la vida es un camino especial que es importante recorrer juntos y en el que todos podemos aportar. El grupo de este año, como el de otros, era un grupo variado, de diferentes edades, inquietudes y recorridos, pero cuando nos hemos puesto a caminar todo eso ha quedado en un segundo plano, todos hemos aprendido de todos, y todos hemos hecho posible la gran aventura de la vida en común. Desde el comienzo nos hemos sentido familia, que ha sido una palabra muy repetida a lo largo de estos siete días. Familia con problemas, familias con ilusiones, familia con proyectos, pero familia unida por el mismo fin: querer caminar juntos y sentir que todos somos importantes.

En cada una de las etapas salíamos todos juntos, y luego evidentemente cada uno iba siguiendo su propio ritmo, nadie se encontraba solo, porque siempre encontraba a alguien que seguía su propio ritmo y camino; unas veces esperaba yo y otras veces me esperaban, unas veces cedía yo y otras veces cedían otros, porque todos hacemos cosas positivas y cosas negativas.

Algunas veces nos hemos perdido, no hemos encontrado el sendero adecuado, quizás estaba mal indicado o nos hemos fiado de la primera flecha que hemos encontrado; y alguien, nos ha devuelto al camino verdadero, quizás hemos tenido que perdernos para poder encontrar lo adecuado. Y esto lo hemos comprobado también caminando en nuestra propia vida, también a veces nos hemos dejado llevar “por flechas falsas” que nos han guiado mal, pero cuando hemos encontrado las auténticas nos hemos encontrado muy agusto, muy felices. En la vida esto nos sucede muy a menudo, y de hecho cuando cada tarde nos reuníamos para valorar el dia también hemos dicho esto: ojo de quien nos fiamos, ojo de quién nos dejamos guiar. Perderse es parte de la vida, como es parte del camino, pero dejarse guiar es también parte de esa misma vida y de ese mismo camino. Nadie somos infalibles, hemos comprobado, todos somos débiles, todos nos necesitamos, y todos somos igualmente llamados a la felicidad. Todos podemos equivocarnos y a la vez todos necesitamos de oportunidades que nos hagan rectificar y encontrar el camino verdadero. Y tanto en el caer como en el rectificar todos dependemos de todos.

En el camino no ha habido presos que tenían que rectificar, ni gente en libertad que ya lo sabia todo, los papeles se han ido mezclando, como en la vida misma. Han sonado muchas veces en nuestro corazón las palabras del Evangelio ante aquella mujer adultera “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”; nos hemos sentido perdonados, aceptados, queridos por el resto del grupo. Hemos sentido que nadie nos ha juzgado por lo que habíamos hecho, unas veces llegaban unos los últimos y otras veces llegaban otros, unas veces yo necesitaba curar una ampolla y otras veces la curaba yo; esa es nuestra vida, llena de heridas, llena de ampollas, y llena también de personas que nos vamos encontrando que las van curando día a día

También ha habido momentos de espera, porque alguien llegaba antes al sitio y tenia que esperar, esa espera que también es muy importante en nuestras vidas, pero lo importante es llegar, lo importante es estar convencido de que podemos llegar a la meta, y de que alguien siempre nos espera, que no estamos solos. Hemos descubierto que cuando llegábamos al sitio y el resto del grupo nos estaba esperando todo eran abrazos por nuestra llegada, habíamos llegado que era lo importante y nadie nos recriminaba nada. Ojala que en la vida aprendamos todos a esperar, a pensar que a veces la vida tiene su propio ritmo,y nosotros con nuestras peculiaridades somos parte de ese ritmo y de esa vida. Y ojala que aprendamos que Dios también nos espera, que Dios como Padre-madre cada día va esperando que podamos ser felices que es a lo que El nos llama.

Días para compartir, días para reir y momentos para llorar, momentos para recordar lo que habíamos vivido pero momentos especialmente de sentirnos escuchados, valorados y queridos. En esos momentos de no poder, encontrar que alguien nos ha echado una mano y nos ha dicho adelante, yo estoy contigo, “yo tampoco te condeno, vete y en adelante no peques más”; seguro que esas palabras de aliento todos las hemos sentido en estos siete de días de camino.

Cada uno ha cumplido un papel muy importante en el camino, como también lo cumplimos en nuestra vida, un papel que era insustituible, un papel que era el nuestro y el resto del grupo contaba con que asi lo hiciéramos; la comida preparada por dos personas que se han esmerado en ello, la furgoneta llevada por otra persona que se encargaba de salir a nuestro encuentro, la persona que curaba heridas y preguntaba en cada momento de qué te tenía que curar, los que caminaban a tu lado y te hacían más llevadero ese camino, los que iban fregando los cacharros de cada día, o simplemente los que en cada momento nos brindaban la posibilidad de NO ENCONTRARNOS SOLOS, de sentir que la familia iba caminando. En ocasiones hemos hablado, en otras hemos callado, algunas veces hemos reído, otras quizás hemos llorado, pero nos hemos sentido personas, y nos hemos sentido hijos e hijas de Dios.

Ha habido también muchas correcciones desde el cariño, ese que tanto a veces nos cuesta a todos recibir, nos cuesta aceptar que nos hemos equivocado, pero muchos nos han dicho por ahí vas mal, y asi no puedes continuar, y lo hemos escuchado, lo hemos valorado y lo hemos aceptado, porque hemos ido viendo que no había juicio en lo que se nos decía, sino que había un derroche de amor y de fraternidad. Algunos han llegado a decir que el “camino ha sacado lo mejor de mí, ha sacado la persona que hacía mucho tiempo estaba olvidada”, y de eso hemos sido todos responsables porque todos hemos hecho que esa convivencia sea la adecuada.

Muy importante en todo este camino ha sido la experiencia de “la risa” que nos ha acompañado en todo momento, hemos reído y nos hemos hecho reír, hemos sido capaces de hacer de la risa un elemento especial de conocimiento; muchos días al irnos a dormir, las palabras eran “ no puedo más, me duele hasta el estómago de reírme”, pero no era una risa fácil era en el fondo compartir todo lo que había sido nuestra vida desde hacer que el otro también pudiera pasar un rato divertido. Y muchos también hemos dicho aquello de por qué a veces se lo hacemos pasar mal a los demás, “con lo bonito que es poder reir”.

También hemos sentido que en ese camino que hacemos en grupo hay muchas más personas que se pueden ir uniendo y que a veces no contamos con ellas; nos hemos sentido por las personas que nos han dado las ciruelas para seguir caminando, o las que nos han dado agua para beber, o con las que hemos compartido parte de nuestra caminata. En la vida empezamos con un grupo pero tenemos que estar también abiertos a compartir esa vida, ese camino con muchos mas que se pueden ir incorporando. Es el camino de la vida el que juntos hemos hecho.

Hemos experimentado también la cantidad de cosas que nos sobran en nuestra vida, y de las que a veces nos sentimos especialmente esclavos y dependemos de ellas; hemos aprendido a caminar con lo justo, con lo imprescindible; a unos nos sobra nuestra comodidad, a otros nos sobra la droga o el alcohol, a otros nos sobra nuestro mal genio o el pensar que tenemos que ser siempre los primeros… pero a todos nos sobra algo y todos somos esclavos de algo, y hemos visto que podemos caminar sin esas cosas que nos impiden ser felices, si durante siete días hemos camino sin droga y sin alcohol o haciendo reir a los demás o preocupándonos un poquito más de los otros, y eso nos ha hecho felices, es que podemos hacerlo siempre, estamos llamados a liberarnos y a tirar de la mochila lo que nos impide ser felices y hacer que otros también lo sean.

Y por fin, al sexto día, cansados eso sí llegamos a nuestra meta, a Santiago, que seguro nos estaba esperando; llegamos juntos, con nuestras ampollas y dificultades, con nuestras heridas y fracasos, pero sobre todo con nuestra ilusión, con la ilusión de que cuando nos empeñamos en algo podemos llegar a conseguirlo, con la ilusión de que el esfuerzo al final merece la pena; el camino de Santiago no es fácil, porque no estamos entrenados a caminar, la vida tampoco es fácil pero en ese caminar diario de la vida vamos aprendiendo juntos. Nos esperaba el santo, y asi le hemos abrazado, y seguro que en cada abrazo que le hemos dado hemos puesto también todos nuestros mejores deseos, nuestras mejores propuestas, nuestras mejores ganas de continuar. En la Eucaristía del peregrino hemos dado gracias al Dios de la vida que nos ha permitido un año más vivir semejante experiencia y cuando nos ha sobrevolado el botafumeiro la emoción nos ha embargado porque experimentábamos un olor especial de vida, de esperanza, experimentábamos que el camino nos había abierto a otras perspectivas que no conocíamos, que nos habría abierto al hermano más cercano y por supuesto a Dios. Y quizás hemos escuchado las palabras de Jesus a sus discípulos “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, esas palabras que hemos sentido en todo nuestro camino, cada vez que alguien se acercaba a caminar a nuestro lado.

Tercer camino de Santiago, tercera experiencia, diferente a todas las anteriores, especial como cada instante de nuestra vida; ojalá que nunca olvidemos que nadie somos más importantes que otros, que todos nos necesitamos, que todos dependemos de todos, que todos tenemos que ser curados de heridas y de ampollas y que todos estamos también llamados a curar y a liberar. Que nos dejemos guiar en nuestra vida por aquellas flechas que realmente nos conducen a la felicidad, que podamos rectificar porque tenemos derecho a rectificar y que experimentemos que esa familia la hacemos entre todos. Siento que al final de estos días, Dios nuestro Padre-Madre nos sonríe de modo especial, y nos vuelve a decir que cuenta con todos, nos vuelve a decir que merece la pena seguir, que nada está perdido; que cuando volvamos a nuestra vida cotidiana ( por desgracia, algunos de nuevo a la cárcel), llevemos siempre nuestra experiencia del camino de estos días, que no nos paremos, que no miremos atrás, que miremos siempre adelante y sobre todo que miremos también a los otros, que descubramos que Dios cuenta con nosotros para ser soporte y ayuda para los demás, que estemos preocupados que aquellos caminantes más doloridos con los que nos encontramos en nuestra vida.

Gracias Señor por esta experiencia de vida, gracias por sentir que sigues confiando en mí, gracias porque sentimos que no nos dejas que tu vas caminando siempre a nuestro lado en el camino fundamental de nuestra vida; gracias por dejarme abrazar por Ti en tantos abrazos y recuerdos bonitos de estos días, gracias por experimentar tu amor en tantos amores que hemos compartido estos días; gracias por el don de la amistad, de la fraternidad, gracias por permitirme asumir mis propios fracasos y equivocaciones y poder rectificar, gracias por sentirme dolorido, lleno de heridas y necesitar que alguien me cure y alivie mi dolor; gracias por tantas personas que pones a mi lado en el camino de la vida y con las que voy caminando, sufriendo, riendo y haciendo proyectos; gracias por experimentar que cuando dos o mas estamos reunidos en tu nombre estas tu en medio de nosotros; gracias por hacerme ver que cuentas conmigo y que cuentas especialmente para hacer un mundo más humano, más fraterno, más solidario y por eso más evangélico. Y sobre todo, gracias por hacerme sentir persona, hacerme sentir que soy muy importante y que todo se puede cambiar en la vida.

Y de nuevo las palabras del Evangelio “no te olvides que lo imposible para los hombres es posible para Dios”, que el Dios de la vida que en estos días hemos descubierto nos ayude a pensar que todo es posible, con nuestro esfuerzo, con nuestro compromiso, con el apoyo de los demás y… con el apoyo incondicional de un Dios Padre-Madre que cada día camina a nuestro lado.

Fuenlabrada-Navalcarnero, 6 al 13 de Julio de 2014

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CARTA DE ALEX A LA GENTE DEL CAMINO DE SANTIAGO

¿Qué tal familia? Iba a escribir una carta para cada uno, pero mejor voy a escribir esta carta para todos, no os podéis imaginar lo que me habéis ayudado, ese cariño y ese amor que me habéis brindado hace muchos, muchos años, que no sentía, y como decían en la misa, este camino me ha servido para arrancarme todas las malas hierbas de mi corazón, para darme cuenta que con sólo el cariño de vosotros he sido el más feliz del mundo y no necesito en esta vida más, ni drogas, ni alcohol, ni ese material que es como el diablo disfrazado en él. En esta corta semana mi propósito es no caer nunca más y me habéis dado toda esa fuerza y mucha más para ser la persona que debería haber sido hace mucho tiempo y os estoy infinitamente agradecido.

El grupo que hemos sido de 17 personas con esa compenetración en la que nos hemos ayudado los unos a los otros, ha sido muy bonito yla verdad nunca me imaginé que lo pasaría tan bien, que me encontrara conmigo mismo y ese bienestar que por fin tengo dentro de mí, y todo gracias a vosotros. Sin vosotros hubiera seguido con ese odio, rabia y tristeza que me invadía, me gustaría ayudar a las personas sin pedir nada a cambio, nos veremos mucho ya que estaré siempre en contacto con vosotros. Muchas gracias por haberme cambiado la vida, gracias de mi más profundo corazón. Alex

Alejandro es un muchacho de 25 años, que lleva cinco años preso, le han dado la libertad condicional justo en los días del Camino, ha estado con nosotros en el Camino de Santiago del 6 al 13 de julio, con gente de la parroquia Sagrada Familia y con cinco internos más del centro penitenciario de Navalcarnero.

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