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Breve historia sobre sacerdotes mestizos, sacerdotes indígenas -- Olga Lucía Álvarez Benjumea, presbítera católica ( ARCWP)

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La Historia me fascina, porque ella con su información nos ayuda develar aquellas verdades que no se han querido contar. Del recuerdo aprendemos sobre el hoy y el futuro.
No es nada fácil lo que pretendo, por falta de información, según el titulo propuesto. Donde más se han referido al tema, de una manera seria y crítica, no en el sentido como sacerdocio indígena, aunque algo se puede percibir en el fondo, han sido los escritos de Fray Pedro Aguado, Fray Pedro Simón, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Antón Montesino, ya que de alguna manera han salido en defensa del indígena, llegando hasta nuestros días sus pronunciamientos y denuncias contra el Estado de poder, ambición económica y violencia tanto en la época de la Conquista, Colonia e Independencia.

Situación de sufrimiento reprimido, vigente aplicado a lo largo y ancho de América Latina,

He encontrado la historia poco conocida del primer sacerdote mestizo en Colombia, Gonzalo García Zorro, ordenado por el obispo Luis Zapata de Cárdenas (1574), hijo de capitán español (nombre desconocido) y de Margarita García Zorro, mujer de nobleza indígena.

Su ordenación trajo problemas al mundo religioso de la época, en especial al mismo ordenado, ya que se le ocurrió pedir beneficios a la Corona Española, lo que deja inquietudes. Esta actitud me hace recordar aquella frase del Márquez de San Jorge=Tadeo y Lozano, que solicitó títulos de nobleza española, cuando le llegaron, vio que debía pagar impuestos por ello, exclamó: “que hacemos, tan pobres y tan de buena familia?”

Ante esta ordenación, se suscitaron debates y comentarios entre el clero secular y religioso. Que, si el ordenado cumplía con los requisitos, de acuerdo al Catecismo Católico Tridentino que, si era hijo legítimo, que, si no tenía defectos físicos, que, si era racional, que, fueran dueño de sí mismo, no esclavo, decían unos y otros que, no había ido a España a estudiar, que, si era o no de la nobleza de pura sangre, española.

Los comentarios anteriores de carácter injustos y violentos-no violentos, muestran muy claramente una violencia racista no cruenta de momento, pero si una lucha violenta que siempre ha existido, contra todo lo que no se parezca a “gente de bien”, que piense, opine diferente, y ponga en peligro el sistema estatal de poder económico.

Estos breves preliminares, agolpan en mi cerebro mil preguntas, mil ideas, y recuerdos. Veo en todo ello, que mis hermanos indígenas fueron conquistados y mis hermanos afros fueron sometidos, con un mismo elemento bajo una misma estrategia. El indígena fue “conquistado” bajo la magia del espejo, el afro “sometido” bajo el espejo fiscal y controlador. Lo pondría en duda, tal vez quién sabe, porque cuando se te permite adentrar en su cultura, descubres lo que para el indígena es cuando te dice: “no me tomés asa foto, me robás el espíritu”. Es no al flash. Si entras y te hospedas en casa de una familia afro, descubres que no hay un solo espejo a la vista. Pregunto el por qué y me responden: “el espejo nos recuerda la esclavitud”. Lo que estoy comentando no es de ayer, es de hoy.

Según la sangre de mis ancestr@s, que corre por mis venas, me pregunto, de cara a la religión y la evangelización. ¿Ante los procedimientos anteriores, se ha evangelizado, violando culturas, quemando templos, prohibiendo sus cultos y ritos religiosos juzgándolos satanizándoles, denunciándoles como sospechosos de atentar contra el poder gobernante, torturando sacrificando vidas?

Tanto Vaticano II, como Celam Medellín 1968, han sentido estas mismas preocupaciones e inquietudes frente a la Evangelización y así lo ha quedado consignado en sus documentos.

Han sido casi 60 años que se hicieron sentir posibles cambios, con sugerencias abiertas, dispuestas a descubrir la Presencia Divina a través de “Los Signos de los tiempos”, descubriendo “Las Semillas del Verbo”.

Según la Conferencia Episcopal Colombiana, 14 sacerdotes indígenas de diferentes etnias, han sido ordenados en el país, en las últimas 4 décadas.

El primer sacerdote indígena colombiano ordenado (julio 10/1973) el Padre Álvaro Ulcué, Páez=Nasa, asesinado (1984). Hombre fiel a su cultura, sin perder su dignidad y autonomía, se enfrentó al poder económico en defensa de su pueblo: “Invito a los cristianos y a los demás compañeros indígenas para que levantemos nuestra voz de protesta y condenemos estos hechos como contrarios a la Ley de Dios” había dicho el 9 de noviembre 1984 víspera de su asesinato ante el atropello de la fuerza pública que quemó 150 viviendas de familias indígenas, destruyendo 300 hectáreas cultivadas.

Contamos con el testimonio del P. Luis Alberto Domicó primer sacerdote de la etnia Embera, ordenado (24 de nov/2000), fallecido (14 junio 2021). Luchador y emprendedor al servicio de su gente, a pesar de obstáculos y desavenencias ajenos a su etnia. Se dio el lujo de insertar en su primera celebración eucarística, el ritual de sanación jaibaná.

No ha de ser fácil para los sacerdotes indígenas, afros, “formados” en la cultura occidental, el despojarse del peso de la evangelización de la época de la Colonia poder económico y violento, cruel e infame. Es urgente descolonizar la evangelización e inculturar el Evangelio, sin arrasar con la identidad y cultura de los pueblos.

No en vano se escucha sus quejas de invasiones, desplazamientos y saqueos, terrorismo, muerte y violencia, por parte de la “gente de bien”. Ante estas arbitrariedades es triste ver cómo todavía la Iglesia institucional lanza tibios comunicados cuando no es que guarda excesivo silencio, tras el peso de la “herencia socio-cultural de occidente”, como si aún primara la sombra de las Bulas Alejandrinas, de Alejandro VI, protección para los “hombres de blanco”, dando rienda suelta al ninguneismo: “esos indios”, “esos negros”, manteniendo el racismo y la división de clases, “los de arriba”, “los de abajo”, argumento ideológico de los genocidios de ayer y de hoy.

Quienes preguntan, para qué y qué sentido tiene el sacerdocio indígena, el sacerdocio afro, el sacerdocio femenino –incluido-. Respondo: es para fomentar e impulsar la Evangelización, anunciando digna y honestamente el Evangelio, sin perder nuestra cultura, dignidad, tradiciones ancestrales. No es para sostener, apoyar o defender el sistema piramidal económico-genocida.

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar

Una buena noticia a los que sufren,

Para vendar los corazones desgarrados,

Para proclamar la liberación a los cautivos

y a los prisioneros la libertar,

para proclamar el año de gracia del Señor,

el del desquite de nuestro Dios;

para consolar a los afligidos…” Isaías 61:1-3

*Presbitera católica

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