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AQUÍ EL DINERO NO VALE NADA. Mabel Iglesias y J. L. Corretjé

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Un banco con un alto interés… ciudadano. Se trata de una iniciativa original basada en el trueque de habilidades y conocimientos, que fomenta la colaboración entre gente de diferentes generaciones y que permite afrontar de otra manera los contratiempos de la vida cotidiana. Tú me das un masaje y yo te paseo al perro. Él me enseña a cocinar un suculento cocido y yo le restauro la cómoda que heredó de su abuela. Y así hasta el infinito. A este intercambio desinteresado de favores, que habitualmente realizamos de un modo informal con vecinos, amigas y familiares, se le ha dado nombre y estructura de funcionamiento para que quien quiera pueda participar.

En España hay Bancos del Tiempo funcionando con éxito en lugares como Madrid, Barcelona, San Javier, Chipiona, Eibar, Sevilla o Pamplona, por poner algunos ejemplos. Llegada de Italia, la idea de relacionar a gente dispuesta a poner sus dones al servicio de los demás de forma gratuita se transforma en un hallazgo distinto y a la vez complementario al voluntariado, pero con un enorme potencial para destacar valores ‘revolucionarios’ en un mundo obsesionado por el vil metal. En realidad se trata de recuperar la tradición de nuestras abuelas, en los pueblos, donde lo normal, lo que todo el mundo hacía era ‘echarle un cable’ al vecino, cuando lo necesitara. Claro está, antes de que el tiempo se convirtiera en oro y de que tanta gente anduviera obsesionada con trabajar más y más, para ganar más y más dinero.

Amparo se levantó ayer con dolor de espalda, llamó al Banco del Tiempo de su ciudad, una localidad ubicada en el sureste de Madrid, y le dieron el teléfono de Juan Carlos, un vecino diplomado en Osteopatía. Concertaron una cita y por la tarde le atendió en su casa. Amparo no pagó un euro por la visita. A cambio, le entregó un cheque relleno con horas, en vez de ceros. Desde que en el pasado mes de octubre se puso en marcha en Rivas esta nueva forma de intercambiar conocimientos y habilidades, una iniciativa coordinada por la asociación Intertiempo, (un colectivo formado mayoritariamente por mujeres), la propuesta del Banco del Tiempo ha cautivado a 70 vecinos y vecinas y ‘tienta’ a otras muchas gentes que en algún momento se decidirán a apuntarse

Amparo, que se ofrece para acompañar a personas enfermas o a pequeños, espera, a su vez, la llamada de Rosa. Si alguna vez se pone enfermo su niño, ella acudirá a su casa hasta que llegue la abuela del pequeño. Así, la joven no tiene que faltar al trabajo y puede acudir a su hora y tranquila porque su niño está atendido. A su vez Rosa ofrece a las personas usuarias del Banco una práctica depilación a la cera, ayuda en las gestiones administrativas o quedarse con los niños de algún papá o mamá a los que les surja algún contratiempo.

Compartir aficiones

En esta iniciativa no siempre se requieren servicios concretos. Muchas de las demandas están enfocadas a compartir aficiones comunes, como el caso de Candela y Concha. Quedaron una tarde para pintar en casa de Concha, que lleva 25 años dándole al pincel. Candela y Concha, además de compartir ese espacio relajado que supone desarrollar su creatividad, diseñan un taller de pintura en grupo, como una actividad más dentro de las ofertas de intercambio.

No son las únicas: Juan Carlos, que es el osteópata al que nos referimos anteriormente, ya ha quedado con Fernando para ir a escalar. “El Banco del tiempo es un sistema formidable para poner en contacto personas que no se conocen, pero que tienen una misma afición y que en un momento de su vida la han abandonado y pueden retomarla si encuentran compañía”, explica Juan Carlos, que aparte de la osteopatía, escalada y deportes en general, también está dispuesto a echar una mano a sus vecinos y vecinas en todo tipo de reparaciones domésticas. Fernando estuvo escalando en un primer intercambio con Raúl, que le enseñó las técnicas básicas. A cambio, Fernando asesora y enseña informática. Raúl prefiere que le echen una mano en las chapucillas de casa.

Esta novedosa experiencia no sólo une a vecinos y vecinas desconocidos sino también a personas de distintas generaciones. Un joven que no sabe comprar pescado es asesorado por Lola, de 75 años, que lleva toda la vida comprando a diario, y a cambio carga con el peso de la compra de ambos. A Leonor, que tiene problemas en la espalda, un socio del Banco del Tiempo fue a su casa para bajarle las mantas del armario, cuando cambió el tiempo y las noches se volvieron frías, para que no corriera el riesgo dañarse la columna. Ella volverá a llamar a Carlos u otro vecino en junio, cuando retorne el calor, para devolver la ropa de abrigo al altillo y recuperar la de verano. A cambio, Leonor ofrece acompañar al teatro, al cine, a exposiciones y museos a aquellas personas que se lo pidan.

“Son los favores típicos que se han hecho siempre entre vecinos y amigos. Ahora, dado el ritmo de vida que llevamos, resulta más difícil encontrar quien te atienda en una necesidad puntual. De todos modos tiene que quedar claro que las aportaciones nunca supondrán la sustitución de un puesto de trabajo”, explica la presidenta de Intertiempo, Nieves Iglesias. Para muchas de las personas que acuden a inscribirse, tienen claro que no quitan ningún puesto laboral “porque a parte de ser para un momento dado, pues también puede beneficiar a los que no pueden gastar dinero en ese servicio”, explica Concha una de las promotoras de la idea. Para Montse, una psicóloga madre de tres pequeños que se ha inscrito en las últimas semanas, lo más importante es que queda claro que no todo se consigue con el dinero: “es un buen ejemplo de lo fácil que resulta ayudarnos entre todos”.

Risa por la cara

Las posibilidades que se plantean exceden, en numerosas muchas veces, el ámbito de encuentros entre dos personas. Entre los talleres grupales que han surgido en la ciudad que nos sirve de ejemplo destacan el de pintura, uno de danza del vientre y otro de risoterapia. Rafael es psicólogo. Su terapia no es convencional, está basada en la risa. En esta ocasión la experiencia reunió a una veintena de usuarias, mujeres en su mayoría, del Banco del Tiempo, que pudieron reírse hasta hartarse. Como Luisa Villegas, que era la primera vez que participaba en una actividad similar y que volverá a probar en cuanto tenga oportunidad. “Aunque que tengo mucho sentido del ridículo, aquí he conseguido desinhibirme porque me he contagiado del grupo. Ha sido una experiencia diferente”. Rafael nos comenta que la risa es una forma de vivir. A veces, cuando se desplaza en transporte público por la ciudad, se coloca su nariz de payaso para que la gente abandone su estado de aburrimiento y somnolencia. “Al final todos acabamos riendo y la gente se va con una actitud positiva”. Este psicólogo atípico cambia risas por conocimientos de informática o una charla en inglés. Seguro que va a encontrar a alguien que satisfaga sus peticiones.

Para Rafael, el Banco del Tiempo es una iniciativa que tiene su raíz en la solidaridad. “Poner a disposición de los que te rodean lo que sabes, compartir las habilidades, es una manera de conocer a gente y es, a la vez, un proyecto de paz”. Para Luisa “resulta una idea tan generosa que hay que ponerla en marcha y colaborar en lo que se pueda. Yo llego a casa a partir de la siete de la tarde, no dispongo de mucho tiempo. Gracias a esta iniciativa puedes recibir lo que saben hacer otras personas para hacer eso que siempre has querido hacer pero para lo que no tienes tiempo ni dinero”.

Por el momento en la experiencia de Rivas se han inscrito 70 personas, de las que el 75 por ciento son mujeres. Las edades oscilan entre los 18 años hasta los 75 años. Y las profesiones también son muy variadas. Las tareas que se proponen abarcar un amplio abanico de posibilidades y muchas veces rompen los roles de sexo. Una mujer está dispuesta a solventar chapuzas eléctricas, mientras que un vecino está preparado para hacer compañía a mayores o a personas que lo necesiten. Desde el Banco del tiempo se primará cualquier propuesta de cambio de rol. Y esto ocurre en buena parte de los Bancos del Tiempo que funcionan en otras ciudades españolas en las que iniciativas de la UE como ‘Equal’, financian la puesta en marcha de toda propuesta que anime a potenciar un reparto más equitativo de las tareas domésticas y de los roles sociales. Así, se dará prioridad a una socia que se ofrezca a arreglar una bicicleta, frente a un hombre que quiera hacerlo; o a un socio que sepa hacer un cocido, frente a una mujer que tenga esta habilidad culinaria entre sus propuestas.

Los medios de comunicación han mostrado un enorme interés por una idea que no es original (los grupos de trueque, en los que además de habilidades se intercambian objetos, funcionan en España desde finales de los ochenta) aunque choque de plano con la práctica social dominante. El programa ‘Crónicas’, de La 2, uno de los mejores ejemplos de que se pueden hacer reportajes apasionantes en TV sobre asuntos que no tengan nada que ver con el morbo, los famosos o lo meramente espectacular, dedicó su primer espacio de 2007 a este asunto. Los ejemplos elegidos fueron San Javier (Murcia), una de las experiencias más veteranas de España, y Rivas Vaciamadrid. En ambos casos, el Banco del Tiempo se transforma en una alternativa más humana y generosa de relacionarse con los demás.

De todo

La lista de servicios ofrecidos es interminable: desde responsabilizarse de los niños a la salida del colegio, cuidar a un enfermo en el hospital por la noche; sesiones de reflexología o de reiki; hacer la compra, elaborar pasteles. O distintos tipos de apoyo a la formación siempre que no sustituya a las clases particulares con las que se ganan la vida no pocas personas: desde hacer los deberes con los niños, ayudar alguien antes de un examen a que comprenda mejor la materia, o poder juntarse para conversar en inglés o español (en el caso de inmigrantes que no dominen todavía nuestra lengua).

Hasta el momento la oferta es superior a la demanda. “Es más fácil para todos los que vienen dar que recibir, nos dicen que no necesitan nada por ahora, lo cual nos indica la disponibilidad de las y los vecinos para el voluntariado, para la solidaridad”, indica una de las socias fundadoras de Intertiempo.

En estos meses escasos de trabajo, la acogida ha sorprendido a las integrantes de la secretaría. “Han venido muchas personas pero esperamos que sean muchos más los vecinos y vecinas que se unan al proyecto, porque cuantos más seamos, mayor será el éxito del banco”, explica Nieves. Una apreciación apoyada por la concejala de la Mujer de la localidad, que también forma parte del Banco del tiempo, junto con sus dos hijos. “Nos gusta y creemos en la buen vecindad y en la solidaridad”. Entre las propuestas de la edil destaca dar nociones básicas de bailes de salón: salsa, merengue, cha-cha-chá y bachata, y también para hacer pasteles. “No tengo mucho tiempo, pero creo que no es excusa, porque aquí precisamente es donde puedes encontrar el apoyo para necesidades a las que no llegas en el día a día”.

Un funcionamiento muy sencillo

Es el heredero del antiguo trueque o de la ayuda implícita que entre las vecinas y amigas ha existido toda la vida: ‘el hoy por ti y mañana por mí’. La unidad de intercambio y de es la hora, independientemente del servicio que se ofrezca o que se reciba. Todas las habilidades se cuantifican por el tiempo que se tarda en desarrollarlas.

Cada persona adscrita al Banco del Tiempo dispone de un talonario de tiempo con 25 cheques que utiliza en el momento que recibe un servicio de otro socio o socia. Todo empieza cuando la secretaría pone en contacto a las dos personas, una interesada en recibir un servicio y otra dispuesta a realizarlo. “Si por alguna razón una de ellas no puede por horario, porque ese día o semana le viene mal, no pasa nada. Aquí no hay compromiso, siempre partimos de la buena voluntad de quienes participan”. Este tema es uno de los que más dudas suscitan a las personas que van a inscribirse.

Una vez al mes hay que pasarse por la secretaría del banco para entregar los cheques recibidos, que son contabilizados en las cuentas de los usuarios. Desde aquí se avisará a las personas que se encuentren en una situación de desequilibrio de 10 horas, tanto si es porque no han dado mucho tiempo, como porque han recibido poco. Una persona que no haya utilizado su “tiempo ganado” podrá transferirlo a otro miembro del Banco del Tiempo de forma voluntaria.

Las experiencias de intercambios de trabajos y de servicios se desarrollan desde hace una década en Canadá, Nueva Zelanda, Australia y Reino Unido. Pero fue el sindicato de pensionistas de Parma, en Italia, el primero en fundar un Banco del tiempo.

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