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Apuntes de la III Guerra Mundial: La ‘Zona de Exclusión Aérea’ nos lleva a la guerra -- Ernesto Viento

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Cada vez más analistas están elevando la voz para decir que las tensiones generadas por el conflicto sirio suponen la peor crisis diplomática entre Estados Unidos y Rusia desde la Crisis de los misiles del año 1961. No olvidemos que en aquella ocasión, el mundo estuvo realmente cerca de una conflagración nuclear.

Cualquier chispa puede encender una explosión cuyas consecuencias llegarán a todas las esquinas del planeta. Las espadas están en alto, y es necesario que todas las partes mantengan la serenidad en estos momentos.

Sin embargo, desde Estados Unidos muchas voces están pidiendo una intervención en Siria, en forma de Zona de Exclusión Aérea (No-fly-zone en inglés). Bajo la excusa de proteger a la población civil de los bombardeos, lo que se está proponiendo es sencillamente una invasión ilegal de un país; un país protegido por Rusia, que no dudará en responder a la agresión. Esta intervención nos lleva directamente a una guerra con Rusia, tal como reconocen abiertamente los generales del Pentágono.

Es necesario aclarar lo que se esconde bajo ese concepto aparentemente inofensivo llamado ‘Zona de Exclusión Aérea’.

Rusia y Siria son actualmente las dueñas del espacio aéreo sirio. Las normas internacionales dictan que todos los países son soberanos respecto a sus cielos, y que por tanto ninguna aeronave puede entrar en su territorio sin permiso; mucho menos un avión militar. Esto último es considerado prácticamente un acto de guerra. No hay más que recordar cómo Turquía abatió hace unos meses un avión ruso por haber penetrado durante unos segundos en su territorio, y las instituciones internacionales se pusieron del lado de Turquía (pese a lo confuso del accidente) amparadas bajo la legislación internacional.

Rusia, por su parte, ha sido invitada por el gobierno sirio a colaborar conjuntamente en la guerra contra el yihadismo radical, y por tanto, ambos países comparten el control del espacio aéreo de Siria sin ninguna contradicción con las leyes internacionales.

El control del espacio aéreo en situación de guerra supone una ventaja tan formidable que, normalmente, el dueño del espacio aéreo se convierte, a medio o largo plazo, en vencedor de la contienda. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en Siria. El gobierno sirio tenía la batalla prácticamente perdida contra el yihadismo radical hace aproximadamente un año. A partir de noviembre de 2015, el ejército ruso se hace dueño del espacio aéreo de Siria y, sin necesidad de mandar tropas, la participación rusa ha dado la vuelta a la situación, y actualmente son el ISIS y Al Qaeda (Al Nusra) quienes se baten en retirada.

La superioridad aérea, sin envío de tropas, permite inmiscuirse en un conflicto sin mancharse demasiado. Las bajas son pocas, y la posibilidad de quedarse ‘atascado’ en el conflicto (como le ocurrió a EEUU en Vietnam) son escasas. Es una forma ‘aséptica’ de cambiar los equilibrios en una guerra.

Es por ello que Estados Unidos ha desarrollado en las últimas décadas, especialmente en las guerras de Bosnia, Irak y Libia, la polémica idea de la ‘no-fly-zone’, la zona de exclusión aérea, por la que un país extranjero (obviamente EEUU o la Otan) toma la decisión de controlar el espacio aéreo de un país en guerra civil.

Se trata de una acción evidentemente ilegal, así que estas acciones se han hecho siempre (o casi siempre) bajo el amparo de la ONU, y bajo una gran campaña mediática dirigida a explicar las bondades de esta acción militar.

En el caso de Libia, la ONU autorizó a Estados Unidos y Francia a crear una ‘no-fly-zone’ sobre el territorio libio, con la supuesta intención de evitar los bombardeos de Gadaffi a su propio pueblo. Tanto China como Rusia apoyaron a regañadientes esta autorización. Sin embargo, tras recibir la autorización, estos países no se conformaron con tomar el control aéreo, sino que se dedicaron a bombardear sistemáticamente todos los recursos militares del gobierno libio. A partir de ese momento, los ‘rebeldes’ libios (es decir, los yihadistas radicales) tardaron pocas semanas en vencer a Gadaffi y hacerse con el país. Hoy podemos observar los resultados de esa decisión, con Libia convertida en una de las bases principales del terrorismo yihadista internacional.

Rusia se sintió traicionada con este desenlace, ya que la autorización de la ONU no implicaba una intervención militar como la que se desarrolló.

El siguiente capítulo fue Siria. En septiembre de 2013, Estados Unidos dio a conocer al mundo que tenía la inteción de imponer una ‘no-fly-zone’ sobre Siria. La respuesta rusa esta vez fue inmediata: si Estados Unidos entra en Siria, nosotros también lo haremos. Rusia dispone de una base militar en Siria, y estaba dispuesta a defender el país a cualquier precio.

Una entrada de Estados Unidos en Siria hubiese significado un confrontamiento directo con Rusia, es decir, el comienzo de la III Guerra Mundial. Afortunadamente, Estados Unidos deshizo alguno de sus pasos, utilizando diversas excusas diplomáticas que Rusia y Siria se encargaron de facilitarle.

Cuando Rusia, hace ahora un año, toma el control de los cielos de Siria, su objetivo principal es sencillamente adelantarse a que otros países pudieran hacerlo. Rusia ha desplegado en Siria su armamento antiaéreo y antimisiles, precisamente para ‘blindar’ a Siria de ataques o invasiones aéreas desde el exterior. Y ha afirmado en repetidas ocasiones que el destino de ambas naciones está unido: un ataque a Siria es un ataque a Rusia.

Hay diversas formas en que Estados Unidos podría intentar obtener un control aéreo de ciertas zonas de Siria. Todas ellas suponen una escalada de tensiones, en la que tarde o temprano habrá un combate directo entre fuerzas rusas y norteamericanas.

Debemos rechazar cualquier propuesta para una Zona de Exclusión Aérea en Siria, por dos razones:
– Es una invasión ilegal
– Nos lleva directos a la guerra mundial

Asimismo, debemos denunciar también a los agentes mediáticos que apoyan esta Zona de Exclusion Aérea. Prácticamente toda la prensa occidental, y organizaciones internacionales como Avaaz (cuyo apoyo a la guerra es vergonzoso).

El Papa Francisco y la Iglesia católica jugaron un papel importante en detener la guerra en el año 2013; la situación actual requiere de nuevo trabajar con energía por la paz.

Para saber más:
(Zona de Exclusión Aérea)

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