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ANTE EL NOSECUÁNTOS NOSEQUÉ CUASIEVANGÉLICO DE NOSEDÓNDE. Juan Muela

Publicado en

Lupa Protestante

“Lo mismo de siempre por los mismos de siempre”. Esa fue la respuesta que obtuve tras preguntar a un hermano -a quien, por su experiencia y buen hacer tengo por sabio y avezado en las lides del planeta evangélico- sobre sus impresiones acerca del VI Congreso Evangélico Español (1997). O sea, un ejercicio más de despotismo “ilustrado” (¿?). Ya saben, aquello de “todo para el pueblo pero sin el pueblo” al que tan acostumbrados hemos estado siempre los sufridos cristianitos de a pie en manos de las jerarquías magisteriales de turno con que Dios nos castiga por nuestra mala cabeza.

Y hete aquí que, 10 años después y tras tantos aplazamientos y demoras, nos dicen que el VII Congreso Evangélico ya empieza a dar señales de estar en marcha. Se celebrará del 6 al 9 de diciembre en el Palau de Congressos de Barcelona. Así, pues, quedamos convocados, llamados y apercibidos con esa especie de berrido histérico que, desde el vídeo promocional, nos recuerda aquello de que “somos la ¡¡¡¡¡luuuus der mundooooo!!!!, oh yeah!”; aunque, como siempre, algunos luzcan (o sean llamados a lucirse) más que otros.

Bien, de entrada, se han marcado cuatro ejes de trabajo:

-”La España (¿la queeeé….?) que viene” (ya saben, esa que nunca ha estado tan necesitada de liderazgo sobre todo desde que se fue José Mari)

-”Las iglesias en el mundo actual” (apóstatas en su mayoría)

-“La espiritualidad que necesitamos” (y que supongo que nos van a decir cual es, ignorantes de nosotros)…y

-¿Cómo debe ser la iglesia del siglo XXI? (¿al gusto del consumidor o del cocinero?)

Buenos propósitos no faltan y no pueden ser más bienintencionados. Una vez eliminados circunloquios y eufemismos y aventada la paja del discurso oficial, se pueden destacar los siguientes:

-Autoprovocarnos una catarsis masiva de autoestima mediante chapuzón-inmersión de multitudes (¡qué a gustito, todos juntitos!).

-Testimoniar nuestra hambre atrasada de relevancia social lloriquendo el cuento de la lástima de la secular marginación y ninguneamiento público que sufrimos, dado que a nadie parecen importarle demasiado nuestras inofensivas e interesadas aportaciones a la defensa de la paz, el perdón, la reconciliación entre los hombres, y de los derechos humanos y demás derechos (nosotros que siempre hemos sido tan derechos, tan tiesos, tan legales, tan rígidos).

-Recordarnos que la Biblia –por supuesto, bien interpretada por el magisterio autorizado y autoritativo, faltaría más- es el fundamento de la fe y la ética cristiana y exhortarnos con la pragmática de que el que se mueve no sale en la foto (que hay mucho desmemoriado y librepensador suelto por ahí).

-Hacernos cruces de por qué no funciona nada de lo que emprendemos: ni la pastoral, ni nuestros vistosos cultos-show, ni nuestros métodos de proselitismo, adoctrinamiento y propaganda salvo, claro está, las catarsis colectivas de que ya hablamos antes, que eso si que nos va (y, sobre todo, porqué nadie ve lo evidentísimo que es que tenemos razón en todo).

-Reconcomernos con el hecho de que, ante la invasión inmigrantil, en nuestras iglesias y pasados los primeros momentos de euforia contable no tenemos ni idea de qué hacer con “ello” ni de cómo afrontarlo porque hemos perdido los papeles.

-Dejar bien sentado que vivimos en una sociedad de cultura pagana, impía, decadente y condenable –salvo en lo económico, claro, que eso es sagrado y no se toca- deslegitimando de paso todo intento de contemporización y diálogo con semejante engendro del Diablo.

Así que tras plantearnos lo de arriba, esta vez -nos dicen- todo será diferente, será mejor, será la pera. No se han escatimado esfuerzos y gestiones a fin de que sea lo más actual, interdenominacional, interautonómico, hiperabierto, megaparticipativo, superguay del Paraguay, chachi piruli y otros aderezos. ¿Será verdad…por fin?

Pues bien, visto lo visto (que no es mucho, todo hay que decirlo)…va a ser que no.

Puede que el evento sea distinto –no mucho- pero ni mejor ni de verdad. Y sí, sí…estarán los mismos de siempre (llorando algunas inevitables ausencias) y sus muy escogidos e incondicionales alevines, que para eso los escogen, para que repitan sus sanas e intemporales enseñanzas hasta el fin de los tiempos.

¿ESTO QUÉ ES LO QUÉ ES?

Para empezar, niego la mayor de que, la “cosa en sí”, sea un Congreso ya que todo se materializa en una mezcolanza irreconocible de plenarias, conferencias, seminarios, talleres, cultos, exordios, sermoncillos, exposiciones, participaciones musicales, y testimonios. ¿Saben ya nuestros próceres distinguir entre un seminario, un taller, una ponencia, una conferencia y una charla sin pretensiones? ¿y entre un Congreso, un Encuentro, un “Acto” y un Festival-Parque Temático? Qué poca afición al rigor y a los hábitos académicos serios y cómo se les ve a muchos el pelo de la dehesa del que no acaban de desprenderse pese al afán que tienen de fabricarse currículos rimbombantes.

Al día de hoy, y hasta dónde yo sé, el único Congreso peninsular digno de tal nombre ha sido el II Congreso Protestante de Catalunya (2001) que sí contaba con una ponencia marco de debate, con las garantías mínimas de pluralidad, con criterios transparentes en la elección de temas y ponentes así como de verdadera participación intereclesial de las que éste carece.

Y es que, si estamos ante un Congreso ¿dónde está la ponencia marco con su periodo abierto de proposiciones y enmiendas y por qué ha sido sustituida por unas magistrales y magisteriales “plenarias” de contenido hasta ahora ignoto? ¿dónde las comisiones de trabajo y participación intereclesiales? ¿dónde el espacio para el debate interno intercongresual? ¿dónde el comité de redacción de la ponencia final de conclusiones a redactar in situ y durante el transcurso del encuentro y no previamente como tienen por –mala- costumbre? (Haya piedad y no olviden que muchos aún tenemos pesadillas al evocar el plúmbeo y bochornoso chaparrón “conclusivo” de Don Monroy en el del 97).

De todos modos, concluyamos diciendo, para sosiego de interesados, que, teniendo en cuenta el retraso del desarrollo de la cosa, si esto fuera un congreso de verdad ya les habría pillado el toro…pero, que no cunda el pánico, dado como no es el caso, todo estará listo y a pedir de boca en las fechas señaladas. Bastaría ponerse a prepararlo en Noviembre y el resultado sería el mismo. ¿Qué? Que no?

¿EX-PAÑOL O QUÉ DE QUÉ?

Otrosí digo, que este “Congreso” ni siquiera sabemos muy bien de dónde es.

¿Es ibérico y debemos excluir a los canarios e incluir a los portugueses? ¿Es sudeuropeo, mediterráneo, latino…? ¿o es meramente de Barcelona y que vaya el que quiera doquiera que proceda y que disfrute, cual turista extranjero, del “pà amb tomaca”?

Para aclarar nuestras angustiosas dudas, desde la Presidencia congresual nos ha llegado esta peregrina, farragosa y, en última instancia, incomprensible, “explicación” -y cito literalmente el galimatías presidencial-: “No hemos apeado el segundo apellido ESPAÑOL de la denominación de nuestro VII congreso, pero no estamos utilizándolo en todas las comunicaciones. No puedo hacerle llegar todas las comunicaciones internas y externas, ni todo el material de promoción del congreso, en las que hemos usado indistintamente las denominaciones: VII CONGRESO, VII CONGRESO EVANGÉLICO, y VII CONGRESO EVANGÉLICO ESPAÑOL. Como digo, no se ha eliminado la denominación que nos identifica como Estado del que todos formamos parte, pero estamos intentando utilizar, en cada caso-momento-lugar-ocasión la denominación que más adecuada resulta”. Vale, ahora ya se entiende mucho mejor y nos quedamos más tranquilos.

Sin embargo sugiero que para no herir la fina y susceptible piel de los evangélicos con certificado de origen de nacionalidad histórica y rancio abolengo, el nombre de Festival Evangélico castellano-catalano & aragonés & valenciano & mallorquín-vasco & navarro-canario-astur-andaluz-murciano-gallego-extremeño. Lo siento, Ceuta y Melilla se quedan fuera por carecer de status definido y en cuanto a los riojanos…bueno, todo el mundo sabe que son vascos irredentos junto con la mitad norte de Burgos.

De cualquier modo, si este nombre pareciera demasiado largo podemos sustituirlo por el mucho más funcional de “Festival Evangélico Estatal” (una fórmula –eso de estatal- muy en auge en País Vasco y Cataluña) o “de Estatalonia”, nombre de cálidas resonancias balcánicas que -a nadie escapa- suena más a república imaginaria centroeuropea y menos a pandereta.

Por otro lado, si los anteriores seis congresos han sido “Evangélicos y Españoles” y este sólo es “evangélico” a secas, difícilmente puede ser el séptimo. En todo caso, dada su extraña naturaleza incógnita, sería el primero de su especie.

¿EVANGÉLICO, AEEVANGÉLICO O EVANGELICAL?

También se nos ha dicho que un amplio comité, en el que están debidamente representadas todas las principales familias denominacionales y las distintas sensibilidades evangélicas se encargará de todo. Así que tranquilos que todo está previsto, atado y bien atado.

Pero el caso es que lo que nos encontramos al acercarnos al listado de coordinadores de seminarios (el único cerrado a día de hoy, pues ni las plenarias ni los talleres están aún definidos y en la web oficial se nos despacha con un lacónico “próximamente”) es que brillan por su ausencia representantes de dos de las denominaciones más grandes, difundidas y representativas de este país, a saber, Asambleas de Dios y Filadelfia así como de una iglesia -minoritaria pero no tanto y de peso histórico innegable- como la IEE.

Veamos, si no, como se reparten las tajadillas el pasteleo vacilón: De los 18 seminarios existentes, la parte del león se la llevan las Asambleas de Hermanos con al menos 5 representantes, luego sigue una distribución en la que grupos muy pequeños y poco representativos se autoadjudican 8: Dos han sido encargados a la Iglesia Pentecostal Salem, otros dos a la IERE, uno a Asamblea Cristiana, otro a la Iglesia Cristiana Reformada y otros dos a una solitaria iglesia de difícil adscripción salvo como correa de transmisión de tráfico de influencias. Si a la FIEIDE se le dan dos más nos queda un exiguo resto de dos para todos los demás (dígito arriba o abajo).

¿Fascinante, verdad? Un extraño sentido de la proporción que, de ser norma habitual en lo que aún queda por desvelar, habla por sí solo. ¿O será que hay por medio –Dios no lo quiera- algún contubernio amiguetil orquestado por la todopoderosa AEE o, en otros casos por nepotismo dinástico familiar? En fin, dejémoslo de momento no sea que se nos echen encima los defensores de la denominación de origen de la identidad evangelical y se nos agüe la fiesta. Pues que de fiesta se trata, tengamos la fiesta en paz…y sigamos p´alante.

EL CONGRESO Y TÚ: RELACIÓN SI LA HUBIERE

Y a todas estas ¿qué se espera y demanda de todos nosotros, los demás, la masa, la plebe obediente, las ovejuelas del Señor? Pues, básicamente, ser buenos chicos y no molestar. O sea, no malmeter ni cuestionar al Comité de Sabios y dejar hacer a los que sí saben y colaborar, eso sí, mediante la oración y asistencia fiel, buena conducta y más buena aún disposición pues todo ha de hacerse con dócil asentimiento de fe acogiendo con pía reverencia cuanto desde arriba nos llueva.

¿Para qué calentarnos la cabeza profundizando en lo que es realmente relevante y problemático para nuestro pueblo? ¿Para qué debatir y hacernos mala sangre sacando a la luz los temas realmente preocupantes que están dividiendo, polarizando y fragmentando en astillas a los evangélicos de este país de nombre innombrable? Pues no, ni falta que hace. Resumen de lo previsible: pena, penita, pena…un grotesco y chabacano carnaval a la altura de nuestra pereza mental, nuestro espíritu chato y nuestro vulgar snobismo tradicional (ya saben, de snob = sine nobilitate)

Pero no todo ha de ser negativo. El que no se edifique y se enriquezca será porque no quiera. Sin duda, ésta será una singular oportunidad de disfrutar del Parque Temático Evangélico Local y darse la alegría de ver viejas caras conocidas y regodearse con el reencuentro de hermanos a los que hace años que no veía y echar con ellos unos cafetitos, unas charlas y unas risas. Ese sí, ven, puede ser un buen motivo para asistir. Tan bueno como otro cualquiera.

Pero a quienes quisieran asistir a un Congreso de verdad no puedo menos que recomendarles que se queden en casa. Y, por lo que a esta ventana respecta, la cierro como empecé, a ritmo de cancioncilla, con una versión ad hoc de aquel famoso y antiguo himno que, confío, nadie tome por sacrílega:

“Cuando allá se pase lista, cuando allá se pase lista, cuando allá se pase lista (¿se pasará lista en el Congreso?)…cierto estoy que por su Gracia…NO ESTARÉ”

Juan Fco. Muela

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