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ADVIENTO. HOMBRE AHORCADO, MUJER EMBARAZADA. Xavier Pikaza

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Periodista Digital

Este blog empieza con unos soldados que quieren ahorcar a otro hombre (¡en el fondo un avión militar!) y acaba con una mujer embarazada (que lleva en su seno quizá hijo del mismo ahorcado). Éstos son los dos signos más poderosos del cambio de los tiempos. Junto a la bomba atómica (evocada en otro blog) y el terror de la manipulacion genética (de la que hablaremos mañana), aparece aquí la bomba de la muerte militar o terrorista: unos soldados se preparan parn ahorcar (¿fusilar?) a un posible padre y lo harán friamente, vestidos de uniformes militares, cumpliendo órdenes de muerte.

Pero ese hombre (¡el mismo Dios!) ha dejado una semilla en el Vientre de la Mujer final, que es el Adviento, como evoca Isaías (Is 7, 14). Aquí vemos a Dios, entre la muerte y la vida: el Dios que será ahorcado (¡crucificado, fusilado!) y el Dios que va a ncer. Estos son los temas que marcarán nuestros cinco días de preparación de la Inmaculada (del 4 al 8 de diciembre). Así celebraremos la fiesta de la Mujer que nace y será madre, en el comienzo del Adviento. Entre un signo y el otro (hombre ahorcado, mujer embarazada) hemos hemos colocado unas imágenes de miedo y guerra sin fin de Goya.

La bomba social

La humanidad se encuentra también bajo un riesgo de bomba social, que puede estallar si es que se desata la violencia universal, de todos contra todos. Esta bomba se relaciona con las anteriores: el estallido de la bomba atómica ha estado (y seguirá estando) vinculado a los problemas sociales y guerras de pueblos y culturas (como se vio en Hiroshima y Nagasaki); también la bomba genética está vinculada a un tipo de comprensión de la política social (como empezó a verse en el terror nazi). Pero la bomba social tiene su propia entidad, como indica de forma sorprendente el relato de la Torre de Babel (Gen 11), que podíamos haber evocado en nuestro estudio de la Biblia.

La violencia social ha existido siempre, como vimos al estudiar el asesinato primigenio (lucha de Caín-Abel) y como han ido mostrando muchas revoluciones e involuciones de la historia, con batallas sin fin y muertes de millones de personas. Pero hasta el momento actual esa violencia parecía limitada, propia de un área geográfico, de un grupo determinado. Ahora, en cambio, ha surgido la posibilidad de un estallido de dimensiones universales, que nos obligaría a reinterpretar el relato de la Torre de Babel.

Entonces, los hombres y mujeres pudieron superar el riesgo expandiéndose por el ancho mundo. Pero hoy ya no podemos salir de este mundo-torre que es el planeta tierra y sus alrededores inmediatos (al menos por ahora). Por eso, si surge una confusión con la de Babel podemos acabar matándonos todos

La propagando oficial de nuestros sistemas políticos occidentales, fundados en la violencia de algunos grupos dominantes, hablan del riesgo mundial del “terrorismo”, es decir, de un estallido de terror indiscriminado de ciertos individuos que parecen encontrarse fuera del sistema y que pueden suscitar la lucha de todos contra todos. Pues bien, conforme a todo lo anterior, debemos añadir que el terror en que vive gran parte de nuestro mundo no brota sólo de algunos grupos marginales o especialmente violentos, que se alzan contra el orden social establecido, sino que depende y deriva del mismo orden social del sistema, fundado sobre bases de injusticia. Así podemos decir que capitalismo y terrorismo mundial se alimentan mutuamente, creando un mundo donde el orden sólo se impone y mantiene por el miedo y contra-miedo, en espiral de violencia sin fin.

De esa manera, junto al terror atómico y el control genético, viene a elevarse el terror social que puede estallar y estalla cuando existen unas condiciones especialmente duras de injusticia o e falta de trasparencia entre los grupos humanos. Como hemos dicho, en otro tiempo solían darse sólo condiciones locales y particulares para el surgimiento de ese terror. Pero ahora pueden surgir y están surgiendo unas condiciones generales o universales, que son capaces de hacer que estalle un tipo de guerra social sobre el conjunto del planeta. Los privilegiados del sistema se defienden diciendo que el terror sólo se puede atajar con métodos de fuerza: más policías, más cárceles, mas seguridades exteriores. Pero de ese modo no se resuelve el problema, sino que se ensancha y profundiza. Si siguen por el camino del terror los hombres se acabaràn matando todos, unos a los otros, en guerra sin remedio, como indican las imágenes de Goya que hemos ido escalonando.

La promesa de la vida. Una mujer embarazada

Pero hay algo más grande que la guerra de los hombres: el signo del amor de Dios, que se expresa en una mujer embarazada, quizá la esposa o la amiga del hombre a quien mataban al princpiio, en una horca. La humanidad sólo puede surgir y mantenerse partiendo del impulso del amor que engendra, amor de Dios, amor de una mujer que está esperando a su hijo para amarle (amándole ya) y para decirle (diciéndole ya): Dios existe, Dios está con nosotros, Emmanuel.
Si la guerra de los hombres se extendiera y triunfara en el mundo no habría más que un mismo y único terror de muerte. No podría haber amor sobre la tierra, no podria nacer nada. Pero el profeta nos dice que en medio de la guerra, puede surgir y surge la flor de un amor más grande, amor que se expresa en una mujer embarazada…

El texto que veremos no dice quién ha sido el hombre de esta mujer. No tiene que decirlo, aunque podemos pensar que es el ahorcado. Ciertamente, en medio de la guerra ha existido unamor de hombre a quien matan otros hombres. Pero está ella, está la mujer que lleva la semilla del hombre asesinado, está el niño que va a nacer, el Dios con nosotros. Un amor intenso y permanente de mujer, que va a dar a luz, que va a cuidar al niño: Éste es el mensaje más profundo de la profecìa israelita, centrada en Isaías:

1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo.
2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento.
3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz,
4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón por ese par de cabos de tizones humeantes….
10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo:
11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto.»
12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.»
13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios?
14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal:He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Is 7, 1-14).

Los hombres están en guerra, con sus uniformes militares, matando a un hombre desarmado. Pero la Biblia ofrece otro signo de Dios: una mujer embarazada. Ni los soldados han ahorcado aún al hombre, ni la mujer ha dado a luz. Ambas escenas nos situan en el camino de la vida. ¿Podremos detener a los soldados de la horca? ¿Podremos lograr que padre quede y vaya a abrazar a la mujer y a recibir en los brazos de su corazón al hijo que nace?

No sabemos, eso depende de nosotros. De todas maneras, los hombres se pueden matar entre sí, en terror de muerte. Pero por encima de la muerte y sus terrores está el signo de Dios, la esperanza de futuro: esta mujer embarazada. Ella es el signo y promesa de un adviento siempre repetido y siempre nuevo, que los cristianos han personificado en María, la madre de Jesús, cuya fiesta Inmaculada celebraremos el próximo viernes, 8 de diciembre.

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