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ADELMUMIN AYA :UN PAPA QUE JUEGA AL AJEDREZ.Xavier Pikaza

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Religión Digital

Es el quinto día de mi itinerario de la libertad. Tenía otro plan, pero los acontecimientos del discurso papal de Ratisbona y las respuestas musulmanas y cristianas me lo están cambiando. Quiero paz y libertad de musulmanes con cristianos y de cristianos con musulmanes, paz de todos con todos. Y un buen signo en el camino de ella puede ser el paso de la guerra real a la guerra del ajedrez, un combate simbólico donde guerreros y reyes, reinas y castillos aparecen expresados en figuras de una lucha intelectual.

No queremos dar jaque a la «dama», sino liberar a la «dama», que todos puedan vivir en respeto y amor (distintos y hermanos) sobre el tablero de ajedrez del mundo. Queremos que el papa de Roma y el imán de la Meca (si lo hubiere) enfrenten sus visiones religiosas y sociales sobre un ajedrez de razones y respetos, para aprender unos de otros (todos de todos) y abrazarse al fin, en medio del tablero, porque al fin ha vencido la dama (que es la humanidad). El papa ha movido un ficha importante. Así lo entiende A. Aya.

Adelmumin Aya

No es uno cualquiera. Muchos le consideran el musulmán más instruido de España. Es andalusí, de origen cristiano, musulmán de fe y amor, autor de varios libros sobre «La metafísica de Al-Andalus» y, especialmente, sobre la figura de Muhammad/Mahoma, a quien interpreta desde los principios de la fenomenología de la religión. Se ha sentido impactado por las declaraciones de Benedicto XVI y ha respondido en este blog, hace dos días (17.09.06 @ 13:51), interpretando de manera aguda e inquietante las palabras del Papa como principio de una dura jugada de ajedrez cultural y social, más que como un simple ataque a Islam en sí mismo.

Estas son sus palabras:
«»Somos conscientes de que el objetivo del discurso papal no fue ofender al Islam, aunque lo hiciera, sino propugnar una resistencia a la des-helenización del Cristianismo. Pero esto, si cabe, nos preocupa aún más, porque la propuesta de fondo vuelve a resucitar viejos fantasmas de un pasado trágico reciente de Europa. Veamos: ¿Por qué Benedicto XVI teme una lectura semita del mensaje y de la figura de Jesús? ¿Por qué reivindica que los evangelios están escritos en griego, cuando sabe que Jesús no hablaba sino arameo? ¿No será que el Papa Benedicto XVI necesita que el mundo greco-latino salve al Cristianismo de sus orígenes semitas para ubicarlo en una cosmovisión indoeuropea –habría que decir “aria”- de la existencia? El mensaje de un Jesús judío que habla arameo se acercaría prodigiosamente al mensaje del Islam. Tal vez, Benedicto XVI trata de evitar que una semitización del Nuevo Testamento suponga de hecho una islamización del Cristianismo»».

No se podían decir las cosas con más fuerza. ¿Estamos ante una lucha de la civilizacion-indogermana (o mejor «grecogermana») contra otras formas de civilización? ¿Es justo entender el cristianismo como una religiòn «racional» de la Europa griega? En el fondo: ¿Qué es Europa, que es el cristianismo? ¿No se puede habalr de una razón musulmana o budista? ¿No seguiremos estando en medio de una lucha en que un occidente que se dice de origen cristiano quiere imponerse sobre el mundo, negando en el fondo sus mismos orígenes cristianos?

Jugar con la reina

A. Aya es un gran intelectual, pero, sobre todo, un amigo. Por eso, como a amigo y como a intelectual, le he pedido que desarrolle sus palabras y que nos ofrezca una reflexión más larga sobre el tema y así lo ha hceho, desarrollando el símbolo del ajedrez. Ésta es su visión de las intenciones del papa en su discurso de universidad.

La partida ha comenzado… Recordemos que los maestros del ajedrez llegaron a occidente a través del Islam:
«»La alianza de los neocons contra el Islam –usando un lenguaje ajedrecístico- acaba de sacar la reina. Peones del pp, caballos retorcidos del arabismo, alfiles implacables del sionismo, han preparado calculadamente la salida de la pieza clave, el Papa Benedicto XVI. En estas circunstancias concretas, la lección del Papa-teólogo en Ratisbona es tan casual como en su día lo fue la crisis de las caricaturas de Mahoma o el encargo editorial de unos versos satánicos que ubicaba en un burdel a las mujeres del Profeta.

Provocación tras provocación, el mundo islámico va encarnando al estereotipo de un guión escrito por el Orientalismo.
Sin embargo, el jaque de reina de Ratisbona no es sólo contra los musulmanes, que habremos de resignarnos desde ahora por decisión papal a adorar a “un Dios que no está ligado a la racionalidad, a la verdad y al bien”, a seguir a un profeta “que no ha venido a traer al mundo sino cosas malvadas e inhumanas” y a extendernos “por la espada”.

El jaque es también contra la razón científica que quiere desvincularse de lo religioso; el jaque es contra todo pensamiento que no tenga su base en el mundo griego (India, China…); el jaque es especialmente cruento contra la teología protestante por ser la iniciadora de un movimiento de des-helenización del Cristianismo, ya ven ustedes qué crimen, porque el mensaje de Jesús no se entiende sin el legado aristotélico, que por cierto llegó a Europa gracias al Islam. El Evangelio de Cristo sin la enriquecedora lectura griega pasa a ser “un simple mensaje”. ¿Qué fiabilidad tienen entonces para el Papa Benedicto todas aquellas iglesias cristianas cuyos textos no provienen del griego (la iglesia copta, la iglesia asiria…)?

La lección de Ratisbona nos ha partido a todos el corazón. Pero, más que a ningún otro colectivo, esta lección tan poco magistral de Benedicto XVI ha sido la gran decepción de los católicos. Una ecclesia necesitada de urgencia de volver a ubicar a Jesús en su propio universo cultural, el del pueblo semita. Una ecclesia ansiosa de recuperar por fin su lengua sagrada que no es el latín ni el griego, sedienta de escuchar esas precisas palabras que salieron de la boca de un Jesús que hablaba arameo. Benedicto XVI tendrá que resignarse a un Dios que nunca pudo decir de sí mismo “Yo soy el que soy” porque las lenguas semíticas no tienen verbo ser, y porque por aquel entonces nadie había leído a Parménides.

Ciertamente, la Iglesia de Roma antes o después tendrá que asumir el desafío de que el mensaje de Jesús en arameo pueda parecerse extraordinariamente al de Moisés en hebreo o al de Muhámmad en árabe»».

Una reflexión final: liberar la Dama

He querido que hablara A. Aya, amigo musulmán, que ha encajado el «golpe» del papa con esquemas de ajedrez, en términos duros,pero que quieren ser de juego cultural, en un camino en el que todos debemos aprender (el verdadero ajedrecista aprende siempre de su adversrio). Ciertamente, es un juego, como el de tantos viejos reyes musulamnes y cristianos que competían sobre el tablero, con razón de caballeros. Pero en el fondo del juego se enciende muchas veces la sangre y hay que saber calmarla y dirigirla para una «yihad» que sea lucha copartida por el bien, batalla espiritual por la cultura y dignidad, por el respeto y el amor de todos los hombres

No quiero entrar ahora en los argumentos de Aya, tiempo habrá en ese blog para ellos. No quiero apoyar sin más su forma de entender el juego del papa y de los peones pp (las cosas pueden tener otras lecturas y, seguramente las tienen; no minusvalores, Vicente, a los peones).

Somos amigos, pero tenemos visiones diferentes de Jesús y de Mahoma, que seguiremos exponiendo en un ajedrez de ideas y de amores (de respetos, de cariños), elaborando juntos caminos de concordia (incluso tenemos proyectado un diccionario de religiones, un ajedrez de caballeros: él musulmán, yo cristiano). Vicente: quizá el cristianismo no sea tampoco arameo sin más, ni el Islam árabe… ni el verdadero judaísmo sea puro hebreo; quizá haya mezclas, mestizajes caminos, lenguas muertas, lenguas vivas que han oprimido y matado a las muertes, quizá… (pero dejemos nuestro argumento para otros momentos). Busquemos sólo el juego de la vida: aquel ajedrez que esté al servicio de la dama.

Estamos en tiempo de juego. La jugada de ajedrez del papa en Ratisbona no ha terminado, estamos todos invitados para intervenir en ella, para escucharla y matizarla, para trasformarla, todos, cristianos y musulmanes, creyentes y no creyentes, porque «la dama» humanidad está cautiva de nuestras razones y violencias. Sólo al final se sabrá del todo cual ha sido el sentido de la jugada de Ratisbona.

Y en medio de todo eso hay un ideal: liberar a la dama. Esa era la tarea de los viejos redentores cristianos (trinitarios, mercedarios), de los alfaqueques musulmanes de diverso tipo (que también redimían damas). Tenían divisiones, se enfrentaban… Pero en el fondo les unía una misma pasión: liberar a la dama o, mejor dicho, a las damas: que no existiera ninguna dama cautiva; que todos, unos y otros, cristianos y musulmanes, pudieran vivir en libertad respuetuosa, siendo distintos, jugando sobre un tablero justo, un ajedrez de paz

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