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A Rouco lo que es de Dios -- Juan José Téllez

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Público

No he visto aún al cardenal Rouco y su capa de purpurina llenar las calles en protesta por el ataque a la familia que lleva a cabo la política económica del Partido Popular. Sorprende que el interés de la curia por cualquier nasciturus no corra parejo con su atención a los morituri te salutam del plan Prepara, a los que se les va a mangar finalmente el subsidio de los 400 en el caso de que sus viejos sean mileuristas y pico.

¿Cuánto tanto por ciento de pompa y alamares invierte la Santa Madre en los comedores de la crisis, o en Caritas, esa organización tan mal vista por una jerarquía eclesiástica que ve bien que sus cristianos de base le echen de comer a los pobres pero les resulta inoportuno que cuestionen además el sistema capitalista, la impunidad bancaria y el lujo asiático del Vaticano? Ahora los monseñores parecen más interesados en importar el modelo de las cristotecas brasileñas para atraer al redil a la juventud descarriada por la música luciferina de La Troya va al Convento, la fiesta blasfema de la disco ibicenca Amnesia, que fuerza a su obispo a tomar vacaciones en agosto para no ver en plena calle a supuestas monjas en auténticos tangas.

La familia bien, gracias. Pero forma parte del patrimonio inmaterial de la derecha, como si los de izquierda fuéramos huerfanitos. Pasa como con la patria, que pareciera propiedad exclusiva de los cuarteles como la bandera pertenece a los estancos. Ha calado tanto en el imaginario ibérico esa percepción del mundo que no resulta extraño que José María Ruiz Mateos justifique su tocata y fuga de los tribunales de justicia, apelando a Dios o a José María Escrivá de Balaguer que en paz descanse.

Si a Montesquieu no le ha ido ni chispa de bien en nuestro país, del agnosticismo ni hablamos. Esto no es un Estado aconfesional, sino un Estado con confesionarios. Desde que Alberto Ruiz Gallardón se cayó del caballo en el camino hacia La Moncloa, se habrá abonado a Radio María para disfrutar de los rosarios en prime time. Al padre Wert, le preocupa mucho nuestra educación: esto es, le inquieta que nos eduquen, así que a las rebajas de otoño-invierno en la enseñanza pública, pretende sumar la subvención a los colegios que segregan a los niños en las aulas, contradiciendo el espíritu de nuestra Constitución pero siguiendo al pie de la letra los designios del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo; el no va más de la pedagogía de ese Tea Party español, que en vez de tomar té a las cinco pretende que merendemos hostias por decreto.

En España, la Apostólica y Romana se siente cómoda como un imán leyendo la sharía o un rabino pegándose cabezazos contra el muro de las lamentaciones. Este es un país que le otorga a la multinacional más antigua del mundo un trato especialísimo en el IRPF, pero además promulga leyes a su dictado, no le cobra el IBI y le restaura su patrimonio sin tener que usar el dinero de sus cepillos, siempre y cuando a Kiko Argüello no le de por tunear la iglesia de la Almudena ni a cualquiera de sus feligreses se les ocurra customizar eccehomos decimonónicos en la parroquia de Borja.

Todo esto ocurre, aquí y ahora, como sucedió de antiguo en esta tierra de católicas majestades. Tanta es nuestra costumbre de cilicio y penitencia, de cerrado y sacristía, de ministros con biblias y biblias con ministros, que ya no le damos siquiera importancia a que el BOE suela llevar sotana y creemos que se trata de una simple tradición, un reflejo de nuestra idiosincrasia, como si todo lleváramos dentro a aquel taxista de Pedro Almodóvar con el frontal del coche lleno de vírgenes. La Cospedal de mantilla, Rajoy en el Rocío y el pueblo español camino de su propio via crucis.

No somos los únicos, cierto es, en la plusmarca mundial del anacronismo. Si aquí tenemos un juez que cree que tener medallas al valor en Afganistán es un atenuante contra los malos tratos, un candidato republicano acaba de hablar en Estados Unidos de la existencia de violaciones legítimas. Y en Rusia, han mejorado nuestra denuncia contra el prestigioso cocinero de mesías Javier Krahe: allí, el grupo punkie las Pussy Riot acaba de ser condenado a la tira de años de trena por meterse con Putin y con la Iglesia Ortodoxa, nunca mejor dicho.

Respeto todas las religiones, aunque las religiones no suelan respetarnos. Sin embargo, aceptar la teocracia sería rechazar la democracia plena. El ladrón del Códice Calixtino, probablemente en connivencia con el mayordomo del Papa, tuvieron que arrancar de todos los evangelios, aquella frase tan heterodoxa de “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Ese tal Jesucristo debía saber algo de la Revolución Francesa y quizá por eso lo condenaron a muerte. Aquí y ahora, a Rouco lo que es de Dios y al Estado que Dios le ampare.

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