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33 Congreso de Teología. La situación económica en el mundo: problemas y desafíos globales (síntesis) -- Juan Torres López, catedrático de economía aplicada

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La situación económica del planeta es cada día más dramática y paradójica. Como ha puesto de relieve el último Informe sobre el desarrollo humano, sabemos qué hay que hacer para resolver los principales problemas que crean atraso, pobreza y sufrimiento en millones de personas y en pueblos enteros. Sabemos qué políticas conviene aplicar para que las economías creen riqueza de modo sostenible, ingresos suficientes y empleo. E incluso la humanidad dispone de recursos suficientes para ponerlas en marcha. Sin embargo, todavía docenas de países viven en el atraso, miles de personas mueren cada día de hambre o falta de agua limpia y la economía mundial tropieza constantemente en crisis y perturbaciones que quizá pronto lleguen a ser dramáticamente terminales.

Hay algunas áreas problemáticas en donde sería prioritario avanzar y aplicar remedios y en donde, por el contrario, se va mucho más atrás a la hora de tomar decisiones globales.

La primera de ellas es la financiera. Sabemos con total evidencia que la desregulación actual y los principios que gobiernan hoy día el uso del dinero en el mundo están directamente asociados con las graves crisis que sufrimos y con las carencias fatales que tiene la actividad económica en todo el globo. Aquí, quizá en mayor medida que en otro ámbito, se hacen necesarias reformas de gran calado que conviertan al dinero y las finanzas en servidores de la vida humana y no en un fin en sí mismo. Básicamente, en la línea de poner límites al poder monetario privado que nace de la capacidad de crear dinero por la banca, del establecimiento de un sistema financiero internacional equilibrado y sobre bases reales y no de poder imperial y descentralizando, y en todo caso, democratizando al máximo el sector financiero para que pueda resolver los problemas reales y no servir solo de alimento a la especulación financiera que ha convertido a la economía mundial en un gran casino inhumano y cruel.

El segundo ámbito especialmente problemático es el del comercio internacional, posiblemente la expresión paradigmática del daño que provoca tratar igual a los desiguales y someter las relaciones económicas y comerciales a principios de actuación que solo han de cumplir los más débiles y no los poderosos. Acabar con el falso liberalismo dominante y avanzar hacia una nueva regulación global protectora de los seres humanos y de la naturaleza en el marco de organizaciones realmente democráticas es otro de los retos prioritarios y fundamentales.

En tercer lugar, resulta imprescindible también disponer de instituciones de gobierno mundial que, por un lado, garanticen la defensa de todos los intereses plurales en juego y que, por otro, dispongan de los instrumentos de actuación (fiscales, normativos, financieros, punitivos,…) necesarios para poner en marcha un sistema de asignación de recursos y de creación de incentivos y desincentivos potente a escala mundial.

En cuarto lugar, es preciso reflexionar y tomar medidas para frenar la deriva asimétrica, injusta e inhumana de la globalización neoliberal en la que nos encontramos. La experiencia muestra que es imprescindible crear contrapesos, elementos y focos de contrapoder efectivo y evitar que la única fuerza de gravedad dominante sea el afán de lucro y la rentabilización de los capitales.

Naturalmente, es preciso avanzar también en otros terrenos paralelos, en relación con el trabajo, con la forma de producir, con el modo de consumir y de relacionarnos con la naturaleza, o en la consideración de las actividades no monetarias como también auténticamente económicas… todas las cuales son tratadas habitualmente por docenas de investigadores, organizaciones sociales u organismos internacionales, que han realizado propuestas alternativas bien documentadas y rigurosas.

Pero el problema fundamental para poner en marcha las soluciones y reformas económicas que sabemos que son imprescindibles es que para ello es necesaria una convicción previa, la existencia de un imperativo moral en la sociedad y en la gran mayoría de los seres humanos que las conviertan en una exigencia insoslayable. Mientras nuestras sociedades sigan siendo ajenas al daño que provoca el actual orden económico y asuman como banal el mal que origina será imposible avanzar, como ya se ha avanzado, afortunadamente, en los casos contrarios en los que ha habido empoderamiento, inteligencia colectiva y voluntad efectiva de cambio y transformación social.

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