InicioRevista de prensaespiritualidad21 DE FEBRERO: MIÉRCOLES DE CENIZA

21 DE FEBRERO: MIÉRCOLES DE CENIZA

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Koinonía

Lecturas: Jl 2,12-18: Rasguen sus corazones y no las vestiduras
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado.
2Co 5,20-6,2: Reconcíliense con Dios; ahora es tiempo favorable
Mt 6,1-6.16-18: Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Análisis

Mateo, que presenta a sus lectores judeocristianos una Buena Noticia, se preocupa en evitar que caigan en la hipocresía que caracteriza a otros sectores del judaísmo. La palabra reaparece -también en el Sermón del Monte- en 7,5 donde se cuestiona al que mira la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el suyo, pero sigue sin decirnos a quienes se refiere con ese epíteto. Pero más adelante, ya en 15,7 se dirige claramente a escribas y fariseos, son un pueblo -como lo dice la misma Escritura en Is 29,13- que honra a Dios con los labios pero su corazón está lejos, rinden un culto vano porque enseñan doctrinas de hombres y no de Dios. Es importante en Mateo que algo sea confirmado con la autoridad de la Escritura, especialmente por los destinatarios de su Evangelio. Estos hipócritas hablan mucho de Dios, pero no siguen sus caminos. La hipocresía los lleva también a estar cerca de la idolatría que acepta imágenes e inscripciones idolátricas en la moneda del Cesar (22,18) con la que pretenden, junto a los herodianos, atrapar a Jesús. Finalmente, en un grave discurso en el cap. 23 repite insistentemente “Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas…” (vv. 13.15.23.25.27.29), y se caracteriza, su hipocresía, en que cierran a los hombres el Reino al que no entran ni dejan entrar, que se ocupan de los más pequeños detalles y descuidan lo fundamental como es la justicia, la misericordia y la fe, o dicho metafóricamente “cuelan un mosquito y se tragan un camello”, se preocupan de lo exterior desatendiendo lo fundamental, por eso son “sepulcros blanqueados”, asesinos de profetas… Finalmente, como el mayordomo que en vez de alimentar a los siervos se dedica a golpearlos y come su comida, serán destinados al lugar del llanto y temor (24,51). Los hipócritas no están interesados en Dios sino en los aplausos, y por eso sus característicos actos de piedad no los conducen a Dios sino a ser “bien mirados” por los hombres.

La limosna es, entre los judíos, algo muy distinto a como la entendemos hoy. Para comenzar señalemos que el término es casi exclusivamente judío ya que no se encuentra en el griego clásico, pero es a su vez propio del judaísmo tardío (Sir, Tob). Un pueblo de hermanos no puede permitir que haya pobres entre ellos (Dt 15,4), y todas las leyes de solidaridad así lo indican. Sin embargo, en muchas oportunidades el pueblo no puede aplicar esas leyes por estar sometidos a leyes extrañas (bajo el dominio persa, griego o romano, por ejemplo); entonces cada judío debe comportarse como hermano de los demás, y compartir sus bienes con los necesitados. Eso es la limosna. La motivación es siempre una: no debe haber pobres porque la pobreza es mala, y el amor a los pobres debe ser prioritario. Hacer limosna, entonces, es un acto de justicia (en la Biblia griega eleêmosyne traduce con frecuencia el hebreo sedaqah, justicia). La práctica de la justicia no puede ser un show teatral. La limosna no puede ser hecha para que todos vean cuan justos somos, sino que debe nacer de una verdadera fraternidad porque hay un Padre en el cielo.

La oración es dirigirse personalmente a Dios. Y los judíos saben hasta el cansancio que Dios no mira las manos levantadas (Is 1,15; Jer 14,12; Mi 3,4) sino la práctica de la justicia. Por más que esa oración sea expresada delante de todos, “el Padre que ve en lo secreto” sabe con qué actitud interior se levantan esas manos. Unas manos hipócritas no se encuentran con Dios, simplemente son “vistas por los hombres” que no saben ver el corazón.

El ayuno no es, en general, una manifestación propiamente cristiana sino más bien judía. Los discípulos de Jesús no ayunan como lo hacen los fariseos (9,14), y su maestro es caracterizado más bien por los banquetes que por los ayunos, hasta el extremo de ser acusado de “comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores” (se entiende “amigo” porque “come con ellos”, 11,19). Es interesante lo que afirma un gran estudioso español al respecto: “El ayuno expresa el distanciamiento con respecto a la sociedad. Es ésta una característica muy acentuada del grupo del Bautista, que se ha separado incluso físicamente yéndose al desierto, y de los fariseos, cuyo mismo nombre significa etimológicamente “separados”. Jesús y la comunidad cristiana tienen un comportamiento muy diferente (Lc 5,33-39). Jesús no convoca a la gente al desierto; por el contrario, va él a buscarla por todos los pueblos y aldeas de Galilea. Jesús no funda una secta separada, sino que se dirige a todo el pueblo de Israel, y no se expresa en ayunos, sino en comidas con toda clase de personas” (R. Aguirre, La mesa compartida, Santander 1994, págs. 62-63). En este caso, como decimos, la imagen es más judía que cristiana, y -sin embargo- se preocupa claramente de distanciarse del modo fariseo de ayunar, es algo no para ser visto, sino para encontrarse personalmente con Dios en lo secreto.

El esquema del relato es evidente ya que el paralelismo de los tres actos de piedad y su correspondiente contraposición entre lo que es hecho por los hipócritas y el tú “cuando hagas…” salta a la vista. Aunque manifestemos nuestra fidelidad a Dios y los hermanos (“justicia”, v.1) del mismo modo que lo hacen los judíos, los verdaderos judíos -los no hipócritas- debemos hacerlo de este modo. Como es evidente mirando el esquema, el texto del “Padrenuestro” es agregado posteriormente al relato, y precisamente por eso es omitido en el texto de hoy que pone su acento, al comenzar la Cuaresma en los “actos de piedad”. Mateo, que pretende mostrar que los cristianos son los “verdaderos judíos” no duda en poner el acento en las obras, en la fidelidad a la Ley, pero no desde un cumplimiento fariseo, sino desde un acto que nace desde el corazón, desde el interior, y pretende reflejar un verdadero encuentro con Dios y los hermanos. No otra cosa es el Reino de lo que con tanta insistencia habla Mateo.

Comentario

Para los judíos, los actos de piedad eran modos concretos de manifestar un encuentro con Dios. Se supone que ese encuentro se produce. En tiempos de Jesús, y ya desde un poco antes, las manifestaciones clásicas eran la limosna, la oración y el ayuno. Pero la insistencia en practicarlas llevó a procurar que todos vean que cumplimos, eso nos dará imágenes de fidelidad a los ojos de todos, nos hará creíbles. Esto llevó a vaciar los actos de piedad, importaba más la cáscara que el contenido. La limosna era un gesto de solidaridad que mostraba una profunda preocupación por el pobre. La oración era un encuentro sincero con Dios para pedirle, alabarlo o manifestarle nuestro dolor. El ayuno era un signo concreto de fidelidad que buscaba solidarizarse con el prójimo necesitado haciéndolo partícipe de nuestras privaciones. Todas estar prácticas judías tenían un sentido: la justicia, es decir la fidelidad en el encuentro don Dios y con los miembros del pueblo como hermanos. Pero al vaciarlas de contenido ni Dios ni el hermano eran importantes, “yo” era el centro, los aplausos son importantes.

Las comunidades cristianas que venían del mundo judío siguieron con la costumbre de la oración, la limosna y el ayuno, pero Mateo quiere alertarlos sobre cualquier hipocresía en la cual los signos de la piedad y la justicia son en realidad injustos e impíos. Para que verdaderamente haya un encuentro con Dios y el hermano esos signos, o cualquier otro, deben nacer de una encuentro profunda con Dios como Padre y los otros como hermanos. De eso se trata el Reino de Dios. Y todas nuestras actitudes, especialmente los signos con los que en la Cuaresma que comienza pretendemos expresar nuestra fidelidad a Dios como Pueblo, serán verdaderos signos de un verdadero encuentro, sólo en la medida que vayan acompañados de obras de justicia.

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