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¿2014, año de la recuperación? Compartir los bienes, una exigencia ética y cristiana de justicia -- José María García Mauriño

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Enero 2014.
El ministro de economía habla del año 2014 como del año de la “recuperación”. Lo primero es preguntarse qué es lo que hay que recuperar, quienes son los que se van a beneficiar de esa supuesta recuperación. ¿Se va a recuperar el trabajo para los millones de parados que hay en el país? ¿Nos creemos de verdad que este año 2014 vamos a empezar a “crecer” y crear empleo? ¿Se van a recuperar los derechos sociales y laborales que nos han quitado? ¿Se va a recuperar la calidad de vida que nos han recortado mes tras mes con los llamados “ajustes”? ¿De qué recuperación se trata? Anuncia el gobierno que vamos a salir de la crisis.

Una cosa es salir de la crisis y otra muy distinta el cómo vamos a salir de ella. ¿Acaso como quien sale de un naufragio con las ropas hechas jirones?
Son muchos los interrogantes y apenas tenemos respuestas válidas.

Al menos, nos planteamos unos principios básicos para poder mantener un horizonte de esperanza. Para recuperar la esperanza hay que recuperar la ilusión porque todos los seres humanos puedan tener los bienes imprescindibles para vivir. ¿Acaso todos los españoles vamos a tener los bienes básicos suficientes para vivir en este año 2014? Esperar no es estar a la espera, de forma pasiva, Tampoco me refiero a si tenemos razones para esperar. No necesitamos razones para esperar. Necesitamos esperar con razones y sin razones, como respiramos, como vivimos. Vivir significa sobre todo con-vivir, com-partir Es todo lo contrario al sistema capitalista que se basa en la acumulación de poder económico, política, militar y cultural en muy pocas manos. y que le lleva a la dominación total del mundo y que produce pobreza, hambre y miseria en más de los ¾ partes de la humanidad, por medio de un mercado multinacional como instrumento de concentración de la riqueza.

1.-El destino universal de los bienes:

Existe un principio ético fundamental que dice así: Todos los bienes que hay en la Tierra son para todos los hombres y mujeres del mundo para que a nadie le falte lo necesario para vivir. Este es un axioma indiscutible, basado en la misma naturaleza de las cosas. Hoy, el problema está no tanto en los bienes creados, naturales, esa riqueza fabulosa de la naturaleza, sino en los bienes producidos. Los avances técnicos producen cada vez más y mejores medios para una calidad de vida: el producto es el resultado de una actividad económica: ¿llega para todos?

Partimos de algo elemental; todo ser humano, tiene un conjunto de necesidades propias de la naturaleza humana y que tiene que satisfacer para poder vivir. Cubrir estas necesidades es cuestión de vida o muerte. Si no se satisfacen la gente se muere. La economía, entendida como producción y distribución de bienes, tiene como motor cubrir las necesidades humanas básicas. Estas necesidades son: Trabajo, Alimentación, Vivienda, Sanidad, Educación.
Bienes naturales abundantes para todos son el aire, el agua, la tierra.
Bienes producidos: los servicios (sanidad, educación, transportes,)
Solamente el trabajo hace producir la tierra para alimentarnos todos, lo mismo que los servicios son producto del trabajo.
El mundo es lo suficientemente grande como para satisfacer las necesidades de todos.

2.-El fin de la economía: producir bienes y servicios para satisfacer necesidades humanas:
Hablamos de la economía productiva, no de la economía especulativa. El dinero, el capital es un medio, no un fin. Según la Mentalidad capitalista. lo que interesa a la mayoría de la gente es el beneficio, aun a costa de sacrificar el fin propio de la economía, es decir, cubrir necesidades básicas.. Según el diputado y sociólogo suizo Jean Ziegler: «En la esencia misma del capitalismo está el beneficio máximo, la ausencia de transparencia y la falta de control público». Nos preguntamos, ¿Tienen derecho los banqueros, los empresarios, el capital, a repartirse los beneficios que quieran? ¿Son propietarios absolutos de todos esos bienes económicos? Denunciar este estado de cosas equivale a subvertir el orden establecido. Lo que está establecido es procurarse grandes ganancias en poco tiempo, la acumulación rápida de dinero. ¿Se puede admitir esto desde el punto de vista ético?

Sentido ético: La primera consideración sería ésta: resulta fuera de toda ética lograr que el dinero se aumente por sí mismo, sin la mediación del trabajo ni de la producción de bienes y servicios. En segundo lugar, Aristóteles, siglo IV a.C. en su «Política» dice que cuando la ganancia procede del propio dinero en forma de interés lo está utilizando de forma ‘antinatural’, porque el «dinero por sí mismo no puede producir dinero» (el perro puede ‘producir’ un perrito, un avión no puede producir otro avión, un billete de 100 € no produce otro del mismo valor). La naturaleza de los bienes, como veremos, tiene una finalidad intrínseca y si se procede al margen de ella, se va contra la misma naturaleza de las cosas. Lo que planteamos es una exigencia ética de planificación democrática de la economía. Es lo más “natural” en una sociedad que se rige por los Derechos humanos.

3.- Los problemas que plantea la economía:

El problema de fondo es cómo llegar a la satisfacción de necesidades básicas de los Seres Humanos (SH): La economía es la ciencia que estudia la utilización de los recursos limitados existentes para su conversión en bienes y servicios, para que puedan ser distribuidos y consumidos por todos los hombres y mujeres que componen la humanidad. Esto origina varios problemas:

A) El hambre en el mundo Es un problema de primera magnitud: Todos somos conscientes de que el hambre es uno de los más trágicos problemas que tenemos. Pero es menester recordar que no se debe precisamen¬te a la falta de alimentos. La producción de alimentos ha crecido en los últimos años mucho más que la población, a pesar de que cada año nacen 90 millones de niños, mueren 13 millones al año, 25 niños cada minuto . Y la tierra produce alimentos para toda la humanidad. Hoy día, año 2014, somos 7.000 millones de seres humanos (SH) y hay comida para alimentar a más de 12.000 millones de SH . Es el dato que aporta Jean Ziegler, relator de la alimentación en la ONU. Lo difícil es cómo gestionar esta riqueza que ya existe.

B) El reparto de los bienes: Los bienes que produce la Tierra no son escasos .La economía capitalista ha colonizado lo abundante, transformándolo en escaso y haciéndolo “económico”, lo vuelve visible por medio de la mercantilización y la privatización Se mercantiliza y se privatiza la salud de los ciudadanos, lo mismo que se mercantiliza y se va privatizando la educación. Lo que constituye el problema es el reparto. La Tierra es lo suficientemente productiva para alimentar, vestir, dar vivienda, salud, y bienestar a todos los que la habitamos ¿Por qué de hecho no llegan esos bienes para todos? ¿Por qué para algunas minorías sí les llega y les sobra, y para la gran mayoría apenas les llega lo suficiente? Si no los hay, habrá que producirlos (bienes de consumo y bienes de producción), Una forma de reparto de bienes sería cambiar el art. 135 de la Constitución de tal forma que establezca prioridad constitucional a la defensa de las necesidades básicas del ser humano, es decir los derechos sociales, sindicales y laborales, sobre el pago de la deuda externa, como está ahora redactado.

C) El sistema capitalista es incapaz de repartir: ¿Existe algún sistema económico que sea capaz de producir, comercializar, distribuir y repartir con justicia los bienes y servicios necesarios para vivir todos los habitantes de la Tierra? El problema no es tanto la producción, cuanto su distribución. Es el problema clave del capitalismo. Esta tiene unas estructuras que generan todo tipo de violencia, de pobreza y de miseria en el mundo. Violación constante de Derechos Humanos, destrozo de países enteros y de la misma naturaleza. Son unas estructuras tan rígidas, tan bien trabadas, que apenas dan margen de maniobra a los Gobiernos que intentan gestionar equitativamente los bienes de modo que lleguen a toda la ciudadanía. Es casi imposible hacer esta gestión en un mundo gobernado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio. el Banco central europeo, las multinacionales, etc. Son los amos del mundo, y forman un entramado muy fuerte de tipo financiero, económico, político, militar, mediático, cultural, de muy difícil acceso.

Unos se mueren de hambre: con sólo el 15 % de la producción de bienes y servicios no pueden vivir cerca del 90 % de la humanidad. 85 multimillonarios del mundo acumulan tantos bienes como una tercera parte de la Humanidad, concretamente 3.570 millones de personas con menos ingresos (enero 2014). El problema no es ‘agrandar’ la tarta, no es aumentar la riqueza, el problema no es hacer CRECER la economía, como dice Rajoy, Dicen: no es pobreza ,lo que hay que repartir, sino riqueza: cuanta más riqueza haya mejor para todos! Eso es falso, porque el sistema piensa más en acumular en pocas manos que en repartir los bienes para todos. El Gobierno actual es más bien gestor del capitalismo que rige en Bruselas que gestor del bien común de los españoles.
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Sería de desear que este año 2014 el Gobierno recuperara de verdad una serie de cosas, como por ejemplo, que elaborara propuestas concretas para garantizar que la Constitución pueda fijar una prioridad absoluta del gasto público en pensiones, desempleo y servicios públicos más allá de la deuda pública, que instaurara la figura de la renta básica para quienes no tengan otra prestación, que defendiera las políticas de igualdad como garantía de una sociedad justa y solidaria, que pusiera en marcha una reforma fiscal progresiva. o instaurara un sistema de banca pública, que garantizara el derecho social a la vivienda, el control ciudadano y popular sobre el gasto y la gestión pública, y que activara políticas de justicia social para quienes están sufriendo directamente las consecuencias de la crisis

Lo que intentamos hacer es reflexionar acerca de los fines y de los medios. Vemos que, todo SH, toda persona, es el fin último de todas las actividades económicas. Todo lo demás son puros medios, instrumentos, que han de servir para que todas las personas vivan, para lograr una vida digna en la tierra a todos los Seres Humanos.

4.-Una exigencia ética: compartir los bienes es de justicia
La exigencia ética proviene de la misma naturaleza humana, de la dignidad y de la igualdad de todas las personas, Todos percibimos una injusta y desigual distribución de bienes. No tratamos de lo que existe de hecho en esta sociedad, de los códigos morales que impone la sociedad capitalista, del (des)orden existente, sino de lo que debe ser esta sociedad que es lo propio de la ética. Los valores que dan sentido a la vida de toda persona que se precie de ser tal. Se trata de pensar un modelo de sociedad basada en unos determinados valores que hagan posible la convivencia pacífica de todos los seres humanos.

¿Qué significa compartir y qué es lo que hay que compartir, y por qué compartir es una exigencia ética? Compartir siempre es una obra de justicia.

A) Es de justicia social:
a) Todos sabemos que la economía no es completa¬mente autónoma: sus leyes no son puramente técnicas ni funcionan de forma completamente mecánica. No puede haber una actividad económica éticamente neutral, precisamente porque trata de problemas humanos, de cubrir necesidades humanas, no puramente biológicas. No es lo mismo dar de comer a un perro, que dar de comer a un niño. La economía, es decir, el producir y compartir los bienes, no es cuestión de economistas, de ‘expertos’, es un tema que nos concierne a toda la sociedad. Comercializar ¬los bienes, distribuirlos, repartirlos, para que lleguen a cubrir esas necesidades básicas de todo ser humano, es una exigencia ética de justicia. Si no se satisfacen esas necesidades la gente se muere de hambre, de miseria, sin un mínimo de calidad de vida humana; pero, no será por la escasez, sino por un mal reparto, o porque no hay reparto, sino acumulación: a una minoría que les sobra y a una inmensa mayoría que les falta lo necesario para vivir. Toda persona tiene que tener un mínimo de bienes, tiene que poseer cosas, ser propietarios de un mínimo de bienes para vivir con una cierta dignidad. Por otra parte, el encontrar trabajo no es salir de la pobreza, el problema es mucho más profundo.

b) Compartir es respetar el destino social y universal de todos los bienes. Los bienes tienen un destino intrínseco: servir a las necesidades básicas de todos. No se puede hacer con ellos lo que a cada uno le de la gana a cada uno. (si los bosques tienen múltiples funciones biológicas, no se les puede utilizar sólo en beneficio de las industrias madereras). La falta de respeto a las cosas, el uso egoísta y caprichoso de los bienes, de las cosas, es tener una mentalidad capitalista. La acumulación se basa en el poder y en la ambición de adquirir bienes y en el abuso que se hace de ese poder. Está basada en el derecho romano acerca de la propiedad privada que la define así: “el derecho de usar y abusar de los bienes propios”: «ius utendi et abutendi». No se puede abusar éticamente de las cosas.

La propiedad privada es sagrada para el capitalismo, algo que no se puede tocar, y las condiciones del goce individual de las cosas es su máxima expresión. Pero, por otra parte es obvio que nadie se puede apropiar de algo que es un bien superior como es el valor de la Vida, de la naturaleza:,porque cualquier tipo de apropiación produce la muerte. El capitalismo es un sistema de muerte no de vida. Produce esta sociedad del despilfarro. Una alternativa ética puede ser eso de: re-utilizar, re-cambiar, re-ciclar. Todo lo contrario a ese planteamiento del consumismo de “usar y tirar”.

c) El poseer las cosas con mentalidad individualista, es lo propio del neoliberalismo Las cosas, las mercancías, los bienes que usamos, tienen una función social, que sirvan para todos, es decir, que excluye el sentido egoísta con que a veces las usamos. Se trata de usar, de poner los bienes básicos al servicio de la mayoría, no de acumular ni de disfrutar uno solo. La casa es para vivir, el tener casa en la sierra, casa en la playa, casa en la ciudad es acumular casa sobre casa, es la inversión clásica de los que tienen dinero, sin pensar en repartir con los que no tienen vivienda. Una cosa es el valor de uso y otra el valor de cambio. Por ejemplo, el uso que hacemos de los bienes de la Tierra: es un bien que es de todos y para todos, no para provecho de unos pocos.

Mientras un solo hombre o mujer muera de hambre en el mundo, o se angustie ante la amenaza de una muerte cercana, mientras persista la incertidumbre del parado, que no tiene trabajo, no nos podemos callar. Mientras la realización de los derechos humanos esté tan lejos de la proclamación de su concepto, resulta éticamente imposible no solamente no dejar de pensar o de debatir estos temas, pero ni siquiera de estar callado.

B) Es de justicia exigible y aplicable a cada persona:
Es de estricta justicia darle a cada uno lo suyo, lo que le pertenece por el mero hecho de ser persona. Lo más suyo de cada uno es su vida, sus derechos y libertades, (art. 3 de los Derechos Humanos) y para vivir necesita satisfacer una serie de necesidades. Es de justicia que toda persona tenga acceso a esos bienes, que sea propietaria de esos bienes, sin los cuales ya no puede vivir como persona, ya no puede gozar del elemental derecho a la libertad.

Los bienes están hechos para que toda persona se sirva de ellos y los consuma y pueda vivir con dignidad. Las cosas, las mercancías tienen un precio, las personas no tienen precio, tienen dignidad, decía Kant. Las personas no son una mercancía más dentro del libre mercado. ¿Mercado laboral?

Para ser reconocido como persona, para poseer un mínimo de dignidad y autonomía, para llegar a una mínima satisfacción de necesidades elementales y poder decir que es una persona, se necesita estar en posesión de un mínimo de bienes. Esta es una ética mínima.

Algunas preguntas nos pueden hacen reflexionar para situar nuestra ética: ¿por qué no le llegan a la mayoría de la gente esos bienes necesarios para vivir? ¿por qué se le niegan de hecho? ¿qué es lo que falla aquí? ¿la distribución hay que hacerla sólo a nivel nacional? ¿habría que hacerla a nivel internacio¬nal? ¿quienes hacen la planificación económica? ¿acaso el sistema capitalista tiene a los seres humanos como el primer valor a tener en consideración? Son interrogantes que inquietan la conciencia. Es posible que no se alcance ese nivel de ética mínima: fuera de ella es muerte, indignidad, miseria, el SH como basura.

5.-Exigencias cristianas: compartir es esencial en el Evangelio

En un planteamiento laico, ajeno a cualquier creencia, estimamos que lo difícil es no sentir como necesarias una serie de cosas que nos ha impuesto la sociedad del consumo. Y parece como que no podemos prescindir de ellas. Estamos en una sociedad propia de un país desarrollado, muy lejos de las necesidades tremendas del Tercer Mundo. No pertenecemos a la mayoría de la humanidad, sino a una minoría de privilegiados. Diariamente comemos varias veces al día. Más de 100.000 personas mueren de hambre todos los días. ¿Quien nos librará de la sociedad del consumo? Todos buscamos la felicidad, ¿consiste en tener todo lo que se desea? Lo que deseamos en el fondo es la felicidad. ¿Es la felicidad poseer la suma de objetos? ¿puede identificarse la felicidad con el consumismo, con todas las necesidades superfluas satisfechas? ¿Se puede decir que a más consumismo mayor felicidad?

Las exigencias cristianas no son un sustitutivo de las exigencias éticas de justicia. En todo caso siempre serán un plus. El ‘plus’ de nuestra fe.; ética y fe no pueden separarse en un creyente. La fe nos urge a mirar y exigir los bienes para todos por justicia evangélica, especialmente por los últimos, “Los últimos serán los primeros en el Reino”.

3.1. Fundamento bíblico: No podéis servir a Dios y al dinero
El que comparte sus bienes con los pobres, entrará en el Reino: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fuí forastero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme…» (Mt. 25 34-36).

3.2. Lo que dice el Concilio Vaticano II: (1965)»Gaudium et Spes»
– El destino universal de los bienes:
«Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuen¬cia, los bienes creados deben de llegar a todos en forma equitativa, bajo la éjida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de lo pueblos, jamás debe perderse de vista esta destino universal de los bienes». (GS.69).

– La propiedad no es exclusivamente individual:
«Por tanto, el hombre, al usar esos bienes, no debe tener las cosas exteriores que legítima¬mente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás (…) Este es el sentir de los Padres y Doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos». (ib.).

– Las diferencias en el uso de bienes necesarios:
«Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo estric¬tamente necesario, algunos, aún en los países menos desarrollados, viven en la opulencia o malgastan sin consideración. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana» (GS.63).

. Catecismo Católico (1992):
(núm.2446) «No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos». Es preciso «satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia» (S. Juan Crisóstomo): Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia (S. Gregorio Magno, past. 3,21).

3.3. El pecado de omisión: la falta de compromiso ético y político
En el juicio final la reprobación no cae sobre aquellos que roban, matan y hacen daño, sino algo más simple y cotidiano: los que NO se preocupan del hambriento, del sediento, del inmigrante, del enfermo. Los que NO se ocupan y hacen suya la causa de los pobres, débiles y excluidos. Entre gente de buena conciencia se dice que son buenos porque no roban ni matan y van a Misa los Domingos. Pero es que el problema ético que plantean los pobres no acaba donde acaban los robos, los asesinatos y los atropellos descarados. No es el mal que se hizo, sino el bien que se dejó de hacer a aquellos que más lo necesitaban. No se trata sólo de ayudas asistenciales, sino de compromiso ético y político con los pobres. No sólo con el hambre, los sin techo, los inmigrantes y enfermos del sida, sino con las causas profundas que producen estas desgracias. Los verdaderos Vicarios de Cristo son los pobres en primer lugar, después es posible que lo sea el Papa. «Si doy de comer a un pobre, me llaman un santo. Si pregunto por las causas que producen el hambre en el mundo, me llaman comunista» (Mons. Helder Cámara).

3.4. Un texto de Erasmo (siglo XVI, 1503): «Manual del caballero cristiano». p.204.
«Mi fortuna me viene de herencia. Soy dueño de ella por derecho no por fraude. ¿Por qué no puedo usar de ella a mi antojo? ¿Por qué he de dar a aquellos a quienes nada debo? Lo malgasto, lo pierdo. Mío es lo que perece, a nadie le importa. Un miembro tuyo se muere de hambre ¿y tú te hartas de perdices? Tu hermano desnudo tirita de frío, mientras la polilla roe tus vestidos superfluos. En una noche te juegas mil ducados, mientras una pobre muchacha se prostituye por pura necesidad y pierde su alma. «¿Y a mí qué?, dices tú. De lo mío hago lo que quiero». Y después de esto ¿te atreves a llamarte cristiano, no siendo ni siquiera hombre?».

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