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20 DE MAYO: ASCENSIÓN DEL SEÑOR

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Koinonía

Ascensión07.gifLecturas
Hch 1, 1-11: Lo vieron levantarse
Salmo responsorial 4: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Ef 1,17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo
Lc 24,46-53 : Mientras los bendecía fue llevado al cielo
Celebramos este domingo, la Ascensión del Señor. La escena de la Ascensión es única de Lucas. Aunque Mc 16,19 nos da un dato similar, no se tiene en cuenta como original de Marcos, porque los vv. 9-20 de ese capítulo, que cierran dicho evangelio, aunque son canónicos, no se consideran ni de la mano de Marcos ni siquiera de su misma época.

Varias reflexiones suscitan los once primeros versículos del capítulo 1 de los Hechos. En primer lugar, la insistencia de Lucas en las instrucciones que da Jesús a sus discípulos antes de su partida; instrucciones que abarcan tanto el período de su ministerio público como el período pospascual, que tanto Lucas como Mateo y Juan “certifican” con las noticias de las apariciones del Resucitado. Esas apariciones tienen como finalidad afirmar la continuidad de la presencia de Jesús en medio de la comunidad y, por otra parte, apremiar a la comunidad apostólica para que inicie la tarea de propagación del Evangelio “a toda criatura” (Mc 16,15).

Sólo la paciencia pedagógica de Jesús va logrando que poco a poco los discípulos entiendan que hay una tarea por realizar, y que esa tarea le corresponde ahora a la comunidad discipular. “¿Qué hacen mirando al cielo…”? (Hch 1,10-11). Jesús ha cumplido un ciclo de “formación” y de “acompañamiento” al grupo de discípulos; es lo que podríamos denominar el “tiempo de Jesús”; ahora, en la secuencia de la historia salvífica que Lucas narra a su comunidad, viene el “tiempo de la comunidad”, en el cual se podrá ciertamente seguir experimentando la presencia de Jesús, pero ya no físicamente vivo, sino a través de su espíritu.

Sin embargo, la comunidad no puede realizar “su tiempo” en una actitud de mera contemplación; tiene que emprender su camino, el mismo del Maestro. Es evidente que Jesús ya no estará presente en términos físicos, materiales. Con gran sentido pedagógico, Lucas ilustra esta “separación” con el relato de la Ascensión. Jesús ha llevado a término su parte en el plan de Dios, y vuelve al Padre; “asciende”. Los discípulos no pueden quedarse mirando al cielo, como esperando en forma pasiva o contemplativa a ver cuándo ellos también serán llevados al cielo. Ellos “ascenderán” también, pero sólo cuando hayan realizado la parte de la misión que el Señor les tiene señalada. Esa parte de la misión que deben realizar queda muy bien definida en el Evangelio: “ir por todo el mundo a anunciar la Buena Noticia” (Mc 16,15-16), con un solo objetivo: despertar la conciencia y la fe de los oyentes, quienes han de ser bautizados, es decir, incorporados a la familia de los hijos de Dios.

Si la Resurrección la leemos desde la aparición de los ángeles de la Ascensión que llaman la atención a los apóstoles por quedarse mirando alelados al cielo (Hch 1,10-11), entenderemos el deseo de Cristo resucitado de que su iglesia mire hacia la tierra, donde queda su gran misión: anunciar la redención a tantos seres humanos esclavizados en el cuerpo y en el espíritu, y arrebatar a los poderes tanta vida consumida por su ambición y tanta sangre derramada por su violencia. Hacia la tierra es donde hay que mirar, porque aquí es donde está la tarea de liberación. Esto es lo que nos dice el relato de los Hechos.

Y si leemos la Resurrección desde la carta a los Efesios (1,17-23), encontramos una gran palabra de aliento y la extraordinaria promesa que fortalece nuestra esperanza: Jesús está en la eterna compañía de su Padre y del Espíritu, pero lo está como hermano mayor de una gran familia que se le irá uniendo, o como cabeza de un gran cuerpo que ya comienza a sentirse resucitado, porque ya empieza a sentirse transformado con el deseo inmenso de parecerse a su Maestro, que entregó su vida por todos sus hermanos del mundo.

Con la Ascensión se cierra el ciclo de las apariciones del Resucitado. Si las juntamos todas y leemos su contenido simbólico, nos daremos cuenta de que nos narran las diversas experiencias de la Iglesia acerca del Resucitado. Pero la Ascensión tiene una particularidad: le da a la pequeña iglesia naciente la certeza de que desde su pequeñez puede conquistar al mundo, como lo hizo Jesús al morir, aunque impotente en la cruz. Sólo después de haber pasado por la cruz adquiere Jesús poder sobre todo “Principado, Potestad, Virtud y Dominación”. Oigámoslo bien: ¡sólo después de pasar por la cruz! Celebrar la Ascensión implica tener a la vista al Crucificado; implica saber que la gloria no es patrimonio de este mundo, sino del mundo que comienza con la Ascensión, el bello nombre de la gloria del Crucificado.

Completamos este comentario con un excelente texto de Leonardo BOFF, que recomendamos vivamente, tanto para quienes han de preparar una homilía, como para quienes quieran utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal; puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm

No hay capítulo de la serie «Un tal Jesús» que recoja este evangelio; puede utilizarse el capítulo 130. Guión y su comentario: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600130 Para escucharlo: http://www.untaljesus.net/audios/cap130b.mp3

Para la revisión de vida

– ¿Estoy asumiendo la misión propia de mi identidad como bautizado/a en Cristo Jesús? ¿En qué doy verdadero «testimonio» de Jesús y de su Causa, y en qué no lo doy aún?
– ¿Qué me falta para madurar más en la fe? ¿Conozco suficientemente el Proyecto de Jesús? ¿Busco vivir por su Causa con la fuerza de su Espíritu y su experiencia de Dios Padre-Madre?
– ¿Qué señales doy de interés por los demás y por su liberación de esclavitudes o angustias, de sufrimientos, marginación, opresión o depresión?

Para la reunión de grupo

– La ascensión del Señor, ¿fue un hecho histórico, físico, espiritual, teológico…?
– Cuál es el mensaje fundamental del «misterio» de la ascensión?
– La tierra es el único camino que tenemos para ir al cielo… Comentar esta famosa sentencia del famoso misionólogo P. Charles.
– [El «texto complementario», de Boff, que ofrecemos, se presta muy fácilmente a ser utilizado como una sesión de estudio bíblico que involucre a varios temas fundamentales de la comprensión de la Biblia, así como otros respecto a la cosmovisión -cielo, tierra, tiempo, eternidad…-.]
– Dice Lucas en Hch 1,3, que Jesús, después de resucitar, se dedicó con insistencia a hablar a sus discípulos acerca «del Reino de Dios»: ¿qué creemos que significaba eso para Jesús entonces, y para aquellos primeros discípulos; y qué significa para nosotros hoy? Compartamos nuestra opinión personal sobre ello.
– En Mc 16,15-18 aparece esta promesa de Jesús: quienes crean el anuncio del Evangelio y se bauticen, ejercerán «poderes mesiánicos» liberadores, para destruir lo que amenaza y mata la vida. El texto simboliza esos poderes en estas «señales»: «expulsarán demonios, hablarán lenguas, agarrarán serpientes y, aunque beban veneno no les hará daño; curarán enfermos». ¿Qué pueden significar hoy los «demonios», las «lenguas», las «serpientes», los «venenos» y también la «imposición de manos»? ¿Cuáles deben o pueden ser las «señales» que hemos de dar hoy?

Para la oración de los fieles

– Por las Iglesias, por el Papa, obispos, presbíteros, religiosas y religiosos y laicos y laicas, para que todos los bautizados en Jesucristo seamos fieles testigos suyos y de su Causa del Reino con la fuerza de su Espíritu: Oremos
– Por todos los miembros de las comunidades cristianas, para que busquemos la madurez en la fe y en la gracia, a la medida de Jesús crucificado y resucitado, constituido Cabeza de la Iglesia: Oremos
– Por los que viven y anuncian el Evangelio del Reino en las fronteras del dolor de los pueblos y de los sectores humanos más sufridos y excluidos de la vida, para que les apliquen el poder de Cristo, Mesías sufriente y resucitado, en signos de liberación e inclusión en la vida digna, justa y solidaria propia del Reino de Dios: Oremos
– Por los más sufridos, olvidados y excluidos en nuestro país y en todo el mundo, para que la fuerza del amor del Espíritu de Jesús nos lleve a vivir una solidaridad que les abra caminos de esperanza real: Oremos
– Por nuestro pueblo, para que todo él supere las injustas desigualdades y los odios, y crezcamos en paz verdadera, en puestos de trabajo y en vida justa y solidaria según el Proyecto del Dios de Jesús: Oremos
– Por todas las personas que participamos en esta celebración, para que la ascensión del Señor sea nuestra victoria y todos vivamos la experiencia del poder transformante de Cristo resucitado: Oremos
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Oración comunitaria

Dios Padre nuestro, al celebrar con gozosa esperanza la exaltación de tu amado Hijo Jesús, que fue crucificado por ser fiel a tu voluntad de vida digna para todos y todas, te pedimos que, con la fuerza del amor del Espíritu, le sigamos al servicio de tu Reino de justicia, de amor y de paz. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro.

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