…Y la Verdad os hará libre -- Salvador Santos

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

1.- Plano desde el que leer esta conocida frase de Juan
La afirmación que da nombre a este artículo ha sido entresacada (Jn 8,32), como se sabe, de una escena del cuarto evangelio (Jn 8,31-59), libro escrito, a mi juicio, unos sesenta años después de andar circulando entre comunidades el manuscrito del pionero Marcos.

La distancia entre uno y otro texto se percibe a la primera, nada más contemplar sus grandes diferencias.
El relato de Marcos, muy cercano a los hechos, fue planteado como pedagogía de un Proyecto y una praxis de Jesús el Galileo. El evangelio de Juan, alejado de aquellos acontecimientos, se planteó como reflexión respecto a dicho Proyecto.

Mientras Marcos permite cierta aproximación a la actividad y las palabras de Jesús, en Juan, sin embargo, los sucesos, diálogos, sentencias, discursos que llenan sus páginas, aunque atribuidos al Galileo, nacieron de la creatividad del colectivo donde se gestó el documento. Estamos obligados a leer desde ese plano la cabecera de nuestro artículo, una afirmación mil veces repetida con ánimo aleccionador, pero desde infundadas seguridades.

2.- Simplicidad de la frase

De ella destaca su simplicidad. Está construida sobre solo dos elementos:
· un sustantivo como sujeto: verdad y
· un verbo activo en futuro: liberará.
A primera vista, la asociación verdad-liberación desconcierta. Sin embargo, una lectura pausada y analítica da cuenta de la estrecha vinculación entre ambos conceptos.

3.- Verdad como Realidad

‘Verdad’ (???????; leído: alétheia) alude a realidad. No sugiere doctrina, sino universo concreto, base de operaciones susceptibles de ser comprobadas, evaluadas y sometidas a crítica. El sustantivo aparece con artículo: “la verdad”. Se apunta, pues, a una realidad singular caracterizada por su carencia de engaño.

El verbo ????????? (‘liberar) en futuro: “liberará” o “hará libres” marca dos direcciones con opuesta orientación:
1ª La que atribuye a tal realidad (“la verdad”) sobrada energía para propiciar la emancipación de cautivos.
2ª La que deja entrever otra realidad contraria a la anterior; en este caso, despótica y fraudulenta.

La oposición entre ambas realidades no sorprende en Juan. Más bien se ajusta a una de las líneas maestras del esquema reflexivo vertido en este evangelio, la contraposición entre los ejes:
a. luz – verdad – vida
b. tiniebla – mentira – muerte,
dos coordenadas que, lejos de representar mundos imaginarios, describen realidades sociales concretas.

4.- Destinatarios de una frase subordinada a otras

El pronombre personal plural “os” o “a vosotros” incluido en nuestra frase (“…y la verdad OS hará libres”) señala hacia determinados destinatarios. Porque la afirmación no está lanzada al aire, se dirige a un grupo de personas con un distintivo común. Los reconoceremos más adelante al leer la declaración de la que nuestro título depende.

La conjunción inicial remarcada en negrita y precedida de puntos suspensivos (…Y) sugiere dicha lectura. También indica que no se trata de una afirmación aislada; considerarla de ese modo conlleva la renuncia a bucear en la hondura de su significado. La conjunción tiene aquí carácter ilativo, es decir, introduce una deducción nacida de un razonamiento planteado previamente.

Equivale a: ‘entonces’, ‘en ese caso’. Recogemos el texto inmediatamente anterior:
“…conoceréis la verdad y (en ese caso) la verdad os hará libres”.

5.- Conocimiento integral de la verdad

Observamos que se repite el sustantivo (“verdad”), igualmente articulado (“la”). Aquí no actúa como sujeto, interviene como objeto de la acción del verbo ‘conocer’. La idea inicial adquiere mayor amplitud.

La liberación se consigue a través del conocimiento de la verdad. Ahora bien, según el sentido del verbo griego ???????? (leído: gignósko: ‘conocer’) en Juan, el conocimiento no se limita a un mero ejercicio intelectual; entraña una actividad en la que intervienen todos los sentidos, la persona en su totalidad. Conocer la verdad implica sumergirse en su escenario vital y gozar de una profunda experiencia.

La verdad, al igual que la libertad, se conoce cuando se siente en propia carne. La puerta de la libertad se abre desde la vivencia de esa realidad impermeable al engaño.

6.- Los destinatarios y la lealtad

Los sujetos de la acción en plural del verbo (“conoceréis”) los encontramos en el v. 31. Son los destinatarios del mensaje:
“Dijo entonces Jesús a los judíos que le habían dado crédito”.
Se trata de un colectivo de personas incondicionales de una estructura político-religiosa que han apostado por dar crédito a Jesús.

La actitud y el discurso del Galileo habían causado efecto en ellos:
“Mientras hablaba así muchos le dieron su adhesión” (v.30).
Pero ese movimiento resulta insuficiente. El encandilamiento y el fervor quedan cortos. La auténtica adhesión a la propuesta del Galileo (fe) exige andadura y lealtad.

Transcribimos al completo las palabras que Jesús les dirige:
“Si os mantenéis en mi proyecto, seréis de verdad mis discípulos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (vv.31-32). 8
Un condicional (“Si…”) afecta a toda la declaración. En ella despunta el Proyecto (?????; leído: lógos; ‘proyecto’).

Mantenerse en el Proyecto significa haber optado por él renunciando con firmeza a dar un paso atrás. Su realidad social e histórica demanda una praxis leal. Sin lealtad se malogra la andadura. La inmovilidad confirma la deslealtad.

Las tres afirmaciones posteriores:
“Seréis de verdad mis discípulos”
“Conoceréis la verdad”
“La verdad os hará libres”
dependen exclusivamente de que se cumpla esa condición inicial (“Si os mantenéis en mi proyecto (?????”); es decir, una lealtad sin fisuras al Proyecto.

7.- Lealtad: compromiso y praxis

Ser discípulo no se reduce a entusiasmarse con el Galileo o sobrecogerse ante su figura. El autor del evangelio distingue bien entre idea y compromiso, entre fascinación y praxis. El texto utiliza un adjetivo (??????; leído: alethés; ‘verdadero’; traducido “de verdad”) emparentado con el sustantivo verdad (???????; alétheia) para evitar equívocos respecto a la genuina condición de discípulo. Discípulo no es quien reitera serlo y/o se afana por parecerlo, sino quien se mantiene fiel con su vida al Proyecto social puesto en marcha por el Galileo.

8.- La cuestión para el Sistema

A medida que van aclarándose los conceptos asoman algunos interrogantes. Destaca uno:
¿Qué es la verdad?
La pregunta recuerda a la de Pilato en su más que improbable conversación con el Galileo. Ahora bien, en ese contexto el término ‘verdad’ se escribe ¡sin artículo! La traducción literal es: “¿Qué es verdad?” (Jn 18,38). La excelente traducción de Juan Mateos recoge con precisión su sentido: ¿Qué es eso de ‘verdad’?

En contra de su formato, dista de ser una pregunta. Es un desplante preñado de altivez, una manifestación arrogante que no espera respuesta porque niega que la haya. No plantea una duda, lanza una bravata en forma interrogativa. Por eso la suelta saliendo. La lectura del texto lo confirma: “Dicho esto, salió de nuevo a donde estaban las autoridades judías”.

La conversación ha sido enmarcada en un entorno significativo: la fortaleza Antonia, residencia del gobernador romano en sus visitas a la capital. Según el historiador Flavio Josefo, un formidable edificio con cuatro enormes torres situado junto a una de las esquinas de la muralla del Templo, un lugar representativo del control del imperio dominante sobre la nación subyugada por él.

El texto menciona con intención el emplazamiento:
“Entró de nuevo Pilato en la residencia” (v.33).
En este espacio exclusivo del Poder no se habla de religión. El gobernador interroga examinando hechos y realidades en defensa de la posición privilegiada del imperio. Intenta evitar cualquier atisbo de subversión; recela de las arrancadas violentas del nacionalismo. Lleva la iniciativa y va al grano.

Dirige las preguntas al Galileo buscando informarse respecto a su actividad y pretensiones políticas:
1. “¿Tú eres el rey de los judíos?” (Jn 18,33) “¿Tú eres rey?” (v.37)
2. “¿Qué has hecho?” (v. 35)

9.- El Galileo-Jesús responde desde otro sistema

El Galileo responde, aunque sin desvelar su estrategia. Admite poseer la máxima condición humana (????????: “realeza”; leído basileía), una categoría inconcebible para el orden establecido:
“La realeza mía no pertenece al orden este. Si mi realeza perteneciera al orden este, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías” (v. 36).

En el epicentro del poder, el Galileo se declara al margen del sistema. Nada tiene que ver con él. Su mundo es otro. Más que posible, ese otro mundo es una realidad. La sociedad alternativa sale a relucir.

La descubre a continuación al responder sobre su actividad:
“Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar TESTIMONIO EN FAVOR DE LA VERDAD” (v. 37).

10.- Dos sistemas confrontados

El cuarto evangelio entiende que el quehacer de Jesús se centró en certificar la existencia de otra realidad opuesta a la estructura basada en el poder y la violencia. Las dos realidades quedan a la vista. Se contraponen. Una se identifica con el régimen que ha promovido y consolidado la injusticia como cultura humana global. Otra, denominada por el cuarto evangelio: la verdad, demuestra con su presencia ser solución definitiva, liberadora de la gran mentira que tiene al mundo maniatado.

Para el evangelio de Juan la verdad es el Proyecto (lógos) del Galileo, una realidad social que permite ser libres. El orden injusto disemina engaño; el engaño envuelve en tiniebla y genera muerte. La propuesta del Galileo da acceso a la vida, máxima aspiración del ser humano: la luz que anhela.

El representante del imperio dominante no observará peligro en el Galileo. Demostraba así su incapacidad para comprender la tarea de aquel hombre. La verdad le suena a nada. Ni siquiera imagina su existencia. No la ve posible. De ahí su desplante: “Qué es eso de verdad” (Jn 18,38).

A pesar de hallarlo inocente, el romano decidió su ejecución. La maldad del sistema quedó en evidencia. La muerte del Galileo demostró la mentira del orden injusto; también, su fracaso. Contra todo pronóstico, alrededor del año cien, el Proyecto se mantenía vivo. El grupo que dio origen al cuarto evangelio prosiguió el cometido del Galileo: certificó la verdad que hacía libres. Viene a la memoria la parábola del Fuerte (Mc 3,26). No parecen tan distantes Marcos y Juan.

Tal vez este foco aporte algo de claridad a aquellas palabras del prólogo del cuarto evangelio:
“Él (Proyecto: lógos) contenía vida
y la vida era la luz de la humanidad.
Esa luz brilla en la tiniebla
y la tiniebla no la ha apagado” (Jn 1, 4-5).

La comunidad autora del cuarto evangelio, reflexionando sobre el Proyecto de Jesús, puso de manifiesto su propia experiencia y la libertad de que disfrutaban al vivir ya como sociedad alternativa. La expresó con la frase: “…y la verdad os hará libres”, algo ni siquiera imaginable por el orden injusto: “¿Qué es eso de verdad?” .