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XIII Sínodo de los Obispos -- Héctor Alfonso Torres Rojas. Teólogo y sociólogo. Bogotá. Colombia

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A los obispos no se les dio a conocer la versión final de las “Propuestas”
La versión pública, leída ante el Papa, no fue el texto aprobado por los padres sinodales. Hubo censura de parte de los monseñores del Vaticano. Y gran decepción para los obispos.

Ayer domingo, con una pomposa misa en la Basílica de San Pedro, se cerraron las deliberaciones del XIII Sínodo de los Obispos (del 7 al 28 de octubre), institución creada como fruto de los vientos primaverales del Concilio Vaticano II, por Pablo VI.

Fue convocado bajo el título: “Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe”. Se congregaron 262 cardenales, arzobispos y obispos de los cuatro puntos cardinales de la Iglesia Católica, con voz y voto. 140 de los obispos asistían por primera vez a un Sínodo de los Obispos. Fueron invitadas autoridades de las iglesias hermanas, como el Arzobispo Primado de la Comunión Anglicana, Rowan Douglas Williams, arzobispo de Canterbury y el Patriarca de la Iglesia ortodoxa, Bartolomeo I, de Constantinopla. Entre obispos, invitados especiales, auditores, auditoras y expertos, participaron 400 personas.

El cardenal Donald William, Arzobispo de Washington (USA), en la rueda inicial de prensa, el 8 de octubre, puso el dedo en la llaga cuando afirmó que el laicismo «fue como un tsunami que arrolló al mundo occidental» minando sus estructuras, amenazando la visión cristiana e instituciones como la familia y el matrimonio…

«Un evento alentador en ese panorama –dijo su eminencia- es que hay una nueva generación de jóvenes que están buscando respuestas, y estas se encuentran en el mensaje de Cristo». Además «es necesario llegar a las personas que piensan que conocen el mensaje cristiano, si bien en realidad están subcatequizados. Lo veo en Estados Unidos, donde hay dos generaciones con este problema», dijo (Según ZENIT).

Ameritaría analizar el contenido del término “laicismo”, en boca y escritos de eclesiásticos, pero no es el momento.
Ya hizo y hace carrera una frase sobre la Nueva Evangelización que si no me equivoco, viene desde Juan Pablo II. Palabra más, palabra menos, dice: La Nueva Evangelización debe ser nueva en su contenido, en su forma, en su método, en su metodología…
Pero no se explicita en qué consisten los contenidos, las formas, las metodologías… Al contrario, a quienes se han atrevido y se atreven a re-formular, re-significar, des-dogmatizar…, de manera novedosa, arriesgada, llamativa, visionaria, inédita… se les cortan las alas con las afinadas armas de las viejas formas de inquisición.

Pienso que muchas católicas y muchos católicos, ante las constantes críticas sobre la centralización, el autoritarismo y los controles de los monseñores del Vaticano, hubiesen apreciado que el Papa hubiera declarado, eso sí de manera significativa, que las 58 “Propuestas” o conclusiones del Sínodo para la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe, serían vigentes, con plena autoridad, desde su proclamación, en el día final del Sínodo. Pero NO. Ya sabemos que “El papa reina pero no gobierna”.

Según el periódico católico francés “La Croix”, los obispos sinodales no conocieron la versión final de las “Propuestas”, y al escuchar su lectura, muchos se molestaron, sufrieron una decepción y “quedaron con hambre” (traducción textual), es decir, no se sintieron plenamente identificados con esa versión, que fue leída en presencia del Papa. Hubo, pues, censura.
Las “Propuestas” ya sufrieron un primer cambio y lo van a sufrir por segunda vez, al pasar otra vez por el filtro de los monseñores del Vaticano y sus congregaciones, antes de ser publicadas como una “Exhortación” del Papa, en unos meses, como ha pasado con todas las conclusiones de los sínodos de los obispos y de las conferencias episcopales continentales. En los conciliábulos vaticanos desaparecen el profetismo, la creatividad y las audacias que siempre han tenido estas asambleas colegiales.

El sacerdote Lombardi, jesuita, lo dejó muy claro: “En el pasado, indicó el portavoz vaticano, las proposiciones no eran publicadas, pues son un texto consultivo, “entretanto el Papa quiso que se publicaran aunque no como un documento oficial sino oficioso”.
De tal manera que en el futuro, si alguien se apoya en la versión de las “Propuestas” publicadas al final del Sínodo, se le va a decir exactamente eso, que es el documento oficioso y no el oficial, y que por lo tanto, no tiene vigencia el “oficioso”.

Esto aconteció en el caso particular de América Latina, con las conclusiones fruto de la Asamblea Continental de Obispos, en 2007, en la ciudad de Aparecida, Brasil. En el Vaticano se cambiaron contenidos y frases. Pero también en las conclusiones anteriores: “Puebla”, “Santo Domingo”. “Medellín” fue la excepción, bajo la euforia del Vaticano II. Pero fue a partir de “Medellín” (1968), que se organizó ese vasto plan para neutralizar y castrar no sólo los textos de “Medellín” sino el accionar de la Iglesia desde los Pobres, en que participaron el obispos López Trujillo y Darío Castrillón (Colombia), Jorge Mejía (Chile), Javier Lozano (México), Luciano Cabral Arcayú y Angelo Rossi (Brasil), Juan Luis Cipriani (Perú), Miguel Obando y Bravo (Nicaragua). Todos fueron premiados con el cardenalato y algunos con altos puestos en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

O como ha pasado con el espíritu y la letra del los textos del Concilio Vaticano II bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
La colegialidad episcopal, una de las ideas-fuerza del Concilio Vaticano II ha sino no sólo “recuperada” sino castrada. No tiene sal, no tiene sabor, no tiene impacto. “Si la sal se desvirtúa…”, decía un tal Jesús de Nazaret.
¿Para qué se convocan esas asambleas si después los monseñores del Vaticano acomodan, “a su imagen y semejanza”, las conclusiones? ¿Para qué esa pérdida de esfuerzo, de inteligencia, de tiempo y de malgasto de dinero? Un sínodo vale millones de pesos, millones de dólares, millones de euros, y en plena crisis de los sectores populares…

Hoy, en los espacios eclesiásticos y eclesiales, se habla mucho de misión, de ser misioneros, de ser testigos… Este lenguaje no es “noticia” para el conjunto de las y los creyentes que siguen dentro de las murallas de la religiosidad tradicional de ritos y rituales. Vaya usted a la mayor parte de las parroquias y analice en qué consiste la Nueva Evangelización, en los hechos…
Para el conjunto del clero, en el caso de Colombia, por ejemplo, la Nueva Evangelización y la Misión Continental pasan desapercibidas. En cientos de parroquias se impone la religiosidad tradicional, de ritos y rituales y misas para los difuntos, que son fuente de buenas finanzas.

Después de cinco años, cabría una evaluación minuciosa, casi parroquia por parroquia, de la propuesta de “Aparecida”: la “Misión Continental”.
En el discurso de clausura del Sínodo, las dos grandes novedades de Benedicto XVI fueron las siguientes, según el texto de ZENIT, la agencia de noticias pro Vaticano:
““El padre Federico Lombardi indicó que ésta mañana en el sínodo, Benedicto XVI hizo un pequeño discurso improvisado si bien muy significativo, en donde anunció dos decisiones sobre las cuales el portavoz anticipó: “pasar la competencia de los seminarios de la Congregación de la Educación Católica a la Congregación del Clero; y la competencia sobre la catequesis, de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo de la Nueva Evangelización”” (Edición del 27 de octubre de 2012).

Florence de Leyritz, quien cubrió el Sínodo para el periódico francés “Le Monde”, llama la atención sobre las dos líneas, es decir, sobre las dos lógicas que atraviesan a la Iglesia. Se sigue imponiendo la línea eclesiástica-autoritaria y no la lógica eclesial-comunitaria.

Escribe Florence: “Coexistieron dos líneas de pensamiento durante el Sínodo. Una, representada en las Propuestas, llama a una refundación de la fe, en forma de reconquista, sobre una triple base: la parroquia territorial, el sacerdote, el obispo y la modernización de los instrumentos (outils) de transmisión. La otra, que aparece en el “Mensaje”, llama a tomar en cuenta la metamorfosis de las cuestiones planteadas a la Iglesia, por el desplazamiento de las placas tectónicas de la sociedad (familia, trabajo, dinero, ecología, instituciones, transmisión, autoridad, etc.) y a “entrar en conversión” con ella, en la mira de una “conversión” con los nuevos esquemas”(Octubre 29) (1).

Bogotá, Lunes 29 de Octubre de 2012
El Sínodo de los Obispos envió un “Mensaje al Pueblo de Dios”.

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