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Vía Crucis del Padre Nicolás -- Juan Masiá, teólogo

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Atrio

Adolfo Nicolás2.jpgPrimera estación: prendimiento en Roma
Queridos amigos de Atrio: siento que esta semblanza sea demasiado larga, pero me parece que la ocasión lo pide. En comunión de esperanza. Juan.
Vaticiné dos cosas: que el P.Nicolás saldría elegido y que renunciaría. Tenía fundamentos sólidos para ambos vaticinios, pero no he acertado en el segundo. Lo primero estaba cantado desde hacía años y no es ninguna sorpresa para muchos jesuitas. Lo segundo me parecía muy probable, pues él sabe bien lo que le espera en Roma. Con la noticia de la elección me llegó una nube de correos pidiéndome que diese información sobre él.

He aguardado un día entero callado, no quería perjudicarle con entusiasmos laudatorios que atizasen el fuego de quienes aguardan escopeta montada en mano para disparar contra la esperanza desde el torreón de los fanáticos. Pero esta noche (en Japón ya es medianoche) , por fin me decido, después de hacer un Vía crucis en el oratorio de nuestra residencia. Y de ahí ha salido el título de esta presentación.

¿Un Vía Crucis, tú, el hermeneuta, el neo-paradigmático, el “dinosaurio progre”? Pues claro. No hay contradicción ni incompatibilidad. Quien esté familiarizado con el Zen sabrá que las paradojas sólo son tales cuando se las discute, no cuando se las vive. De pequeño, yo hacía el Vía Crucis con mi abuela en la Catedral de Murcia. A los quince años lo hacía de mañanita en Cuaresma por las calles de la ciudad. En los Ejercicios lo hacíamos con el texto lapidario del P. Llanos, aquella frase inolvidable: “Esperaron las mujeres, esperaron, y yo esperaré, esperaré la alborada del gran día…”

Ayer, Prendimiento en Roma, primera estación de un Vía crucis para el P. Nicolás. El P. Arrupe hace ya tiempo que pasó a la décimo quinta estación, en la “vida verdadera”, que diría san Ignacio. El profeta cuando gana, pierde. Cuando lo crucifican es cuando gana. Pero eso sólo se comprende después (ni siquiera el mismo Jesús tendría conciencia de que, por ser quien era, tras la cruz venía la vida que no muere, lo que tenía era fe y esperanza en medio del “Por qué me has abandonado”. Pero esta frase va entre paréntesis, porque no cuadra con la teología de Ratzinger).

En este momento la frase apropiada para el P.Nicolás no es enhorabuena, porque no se trata de ningún premio. Ni “mucho ánimo” , porque no se trata de luchar contra nadie. Simplemente, “oramos contigo”, ahora es sólo el prendimiento, luego viene Caifás y las caídas y todo lo demás. Pero cuando se nublen los ojos con sudor, lágrimas o sangre, se entreverá a las Marías de pie, Stabat Mater, stabant mulieres… Eia Mater, fons amoris, me sentire vim doloris, fac ut tecum lugeam…

Punto y aparte. Catharsis. Déjenme que les cuente una anécdota de la madre de Adolfo Nicolás. Sonó el teléfono en su casa, la voz dijo: “Le habla el cardenal Tarancón”.. Y contestó doña Modesta, castellana castiza con buen humor: “Al habla la princesa de Asturias”. Responden desde el otro lado: “No, señora, que no es broma, que soy yo, Vicente Tarancón, que vengo de Manila de estar con Adolfo, le traigo un regalo de su parte.” Doña Modesta se pone nerviosa y tartamudea: “Ah, perdón señor… digo, perdón, reverencia, quiero decir, bueno, no sé si es usted reverencia o excelencia, lo que sea,…” “Tranquila, señora, su hijo me llama don Vicente y eso basta. Lo importante es que ha dado usted a la iglesia un hijo que es todo lo que necesitamos hoy. Vengo encantado de estar con él en Filipinas…” Me lo contó doña Modesta mientras me daba a probar una deliciosa leche frita, protestando porque hacía tiempo que su hijo no venía por España. El P. Nicolás ha heredado el buen humor de su madre; en las convivencias sus chistes y su imitación de Chaplin nos han hecho disfrutar a menudo.

La noticia de la elección del P. Nicolás, que hace años se preveía ya como futuro general, ha sido de una gran alegría para la Compañía y no ha sorprendido a quienes la esperaban y deseaban hacia tiempo. Ya cuando el P. Arrupe quiso adelantarse a cesar por edad, antes del golpe de su enfermedad, se hablaba del P. Nicolás como posible sucesor: abierto, pero equilibrado; profético, pero obediente; audaz, pero con discernimiento. (Gracias a Dios no es “imprudente” como somos algunos…) Alguien dijo: “Será el siguiente Superior General, si hay un nuevo Papa”. Pero, a medida que se alargaba la vida de Juan Pablo II, muchos pensaban: “al P. Nicolás se la ha pasado la hora”. “Dios, qué buen vasallo, si oviese buen señor”, decía el Cantar de Mío Cid. Cuando regresó de Roma, recién publicado su libro Teología del progreso (en editorial Sígueme, hoy quizás ya agotado), nos dió clase de escatología, centrado como su famoso maestro Alfaro, en el tema de la esperanza. Es un punto en el que estoy seguro que la sintonía con Benedicto XVI será completa.

Totalmente en la línea de Pedro Arrupe y del Concilio Vaticano II.Fue secretario en la Congregación General anterior a ésta. Es muy apreciado por jesuitas de diversos países. Habla catalán, inglés, francés, italiano, japonés y alemán. En estos tiempos de involución, tanto en el ambiente nacionalcatolicista de algunas áreas del estado español, como en la cúpula vaticana, la elección de una persona como él para dirigir la Compañía es motivo de mucho agradecimiento.

Su espíritu ignaciano es bien conocido. Ya siendo estudiante hizo una investigación exhaustiva en las Cartas de san Ignacio sobre el tema de la obediencia y el discernimiento. Antes de marchar enviado a Japón, vino al noviciado de Aranjuez a despedirse y nos habló, dándonos unos puntos de meditación. Recuerdo que fue sobre el texto “Si el grano de trigo no muere, no da fruto”. Quienes le conocen de cerca saben las diversas muertes por las que ha sabido pasar con paz, elegancia y fe. Conoce muy bien toda Asia y Asia le conoce a él. Desde que en los años setenta dirigía el Instituto de Pastoral, daba Ejercicios a los obispos de diversas conferencias episcopales y asesoraba a religiosas y religiosos en diversos.cursos y sesiones de estudio. Sus clases de teología no ignoraban la filosofía, muy familiarizado con la de P. Ricoeur, nos abría los ojos a la hermenéutica, a los símbolos, a la lectura en amplitud y profundidad de la Biblia.

El P. Nicolás ha sido Superior Provincial de los jesuitas de Japón. Ha pesto énfasis en la prioridad de la inculturación, la opción por los pobres, el encuentro interreligioso, la protección de la vida y del ambiente, la inseparabilidfad de la fe y la promoción de la justicia… Con capacidad de acogida para personas muy diferentes. Y con capacidad para decir que no a alguien cuando había que decirlo aunque fuera amigo cercano. Ha escrito, en español y en japonés, un libro sobre la vida religiosa y los tres votos. Mientras era Provincial, vivía en una modestísima casita en un barrio de inserción con una pequeña comunidad; desde allí cogía el tren cada mañana, en las horas punta de Tokyo, para llegar una hora después a la Casa Provincial. No fue Rector de la gregoriana, a pesar de que el P. Kolvenbach lo quería para el puesto, porque lo vetaron varios cardenales del ala conservadora. Es un hombre que piensa, y piensa muy bien, convencido de que en la iglesia no está prohibido pensar. Pero no sólo piensa; ora y dialoga. Su elección ha sido sin duda un paso muy meditado y pensado ante Dios por los electores, que fueron discretos como para no hacer propaganda de él antes. Se dice que quien entra Papa en un Conclave sale cardenal (como ha ocurrido con algunas candidaturas promovidas en internet por personas ajenas a la Compañía, pero interesadas en que ésta dé marcha atrás).

Ya en la Congregacion anterior (la 34, de la que fue secretario) el P. Nicolás era el candidato obvio, el P. Kolvenbach quería dimitir entonces, pero mientras viviera Juan Pablo II no le dejaba que dimitiera (el Vaticano no toleró nunca que Arrupe quisiera dimitir). Nada más elegido papa BenedictoXVI, el P. Kolvenbach fue a verle y le permitió que a los 80 dimitiera. Nos lo comunicó privadamente a los jesuitas ya entonces. Al no querer la Santa Sede que el General deje de ser vitalicio, la Compañía elige a uno de 71 años, con lo cual, de hecho, no lo será más que por unos 12 aproximadamente.

El P. Nicolás era actualmente responsable de coordinar a los Superiores Provinciales de Asia Oriental y Oceanía. Mi conjetura es que personas o circunstancias con mucho peso han debido quizás insitir para que acepte, pero no lo sé. Lo que sí preveo es que esta es la primera estación de un Vía Crucis. Por eso, doy la enhorabuena a la iglesia del Vaticano II, a la Compañía, a las futuras vocaciones (que estoy seguro van a aumentar en tiempos de esperanza), pero a él no le doy la enhorabuena, aunque tampoco el pésame. Prefiero como regalo para este día recordarle las tres palabras que dijo el P. Arrupe cuando lo eligieron. Fueron tres textos del Nuevo Testamento, que el P. Arrupe vivía muy hondamente desde su espiritualidad. Eran los tres textos siguioentes.

1: Sin Mí nada podéis hacer (Jn 15,5).
2. Para todo me siento con fuerzas, gracias al que me robustece (Phil 4, 13) .
3. Yo le mostraré cuanto tiene que padecer por mi causa (Hechos 9, 16).

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