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Uruguay: separación Iglesia-Estado

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Uruguay comenzó efectivamente su vida independiente el 18 de julio 1830 cuando se juró la Constitución. Su artículo 5 establecía: «La Religión del EstaLA IGLESIA Y EL PROCESO DE SECuLARIZACIÓN EN EL uRuGuAY… 285 Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X 3 El establecimiento de reducciones indígenas administradas por franciscanos fue muy limitado, solamente una, la de Santo Domingo Soriano, tuvo relativo éxito. El carácter indómito de los nativos de esta región resultó fundamental para explicar estos fracasos. montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 285 do es la Católica Apostólica Romana». La fórmula surgió luego de muchos debates entre los constituyentes.

Jerárquicamente la Iglesia uruguaya seguía dependiendo de la antigua Sede Episcopal de Buenos Aires. El 2 de agosto de 1832 el Papa Gregorio XVI creó el Vicariato Apostólico del Uruguay y designó titular del mismo al Pbro. Larrañaga, quien ocupó el cargo hasta su muerte en 1848. Los vicarios posteriores fueron: Lorenzo Fernández (1848-1852), Benito Lamas (1854-1857), Juan Domingo Fernández (1857-1859), y Jacinto Vera (1859-1878). El 16 de julio de 1865 el Papa Pío IX consagró a Vera obispo titular de Megara «in partibus infidelium». En 1878 se convirtió en el primer obispo uruguayo al crearse la Dió cesis de Montevideo. En el período entre la independencia y la erección del obispado, la Iglesia evidenció una notoria debilidad estructural, consecuencia de la evangelización tardía y la inexistencia de un centro eclesiástico importante.

El Derecho de Patronato heredado por el Estado provocó frecuentes roces; la Iglesia debió confrontar en el plano ideológico contra masones y racionalistas; tenía un escaso número de sacerdotes para cubrir las necesidades espirituales de los fieles. Durante la Guerra Grande (1839-1852) la Iglesia quedó dividida. En el denominado «Gobierno del Cerrito», Larrañaga mantuvo su autoridad, pero en la ciudad de Montevideo sitiada, «Gobierno de la Defensa», el Presbítero Lorenzo Fernández gobernó como Provisor Eclesiástico. En 1842 los jesuitas retornaron al país por primera vez luego de su expulsión en el siglo XVIII. Su fidelidad a Roma y su férrea defensa de la autoridad pontificia desentonó y chocó abiertamente con los intereses del Gobierno por mantener sujeta y sumisa a la Iglesia y a sus pastores. En 1856 el Vicario Lamas publicó un documento recordado la condena contra la masonería. Estas y la Iglesia se enfrentaron duramente y comenzaron a distanciarse progresivamente.

El 26 de enero de 1859, el Presidente de la Repú- blica decretó la expulsión de los jesuitas por manifestaciones antimasónicas de algunos de sus miembros. Pero el conflicto más sonado fue a raíz de la muerte, 15 de abril de 1861 y en la ciudad de San José, del médico Enrique Jacobson, católico y masón: las autoridades eclesiásticas se negaron a sepultar sus restos en el cementerio. Eso provocó un enfrentamiento que culminó con la secularización de las necrópolis por parte del Estado. Hubo serias polémicas internas en la Iglesia que generaron la decisión de Vera de sustituir al párroco de la catedral de Montevideo, Padre Juan Brid, sacerdote de tendencia masónica, por Inocencio María Yéregui. El Presidente Bernardo Berro no lo aceptó. En virtud del Patronato, anuló el pase dado el año anterior al Breve Pontificio que designaba Vicario a Vera, quien fue desterrado el 7 de octubre de 1862 y se refugió en Buenos Aires. En agosto de 1863 se rec- 286 TOMáS SANSÓN CORBO Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 286 tificó y consiguió convencer a Vera de retornar a uruguay.

Tal actitud fue condicionada por la coyuntura política del momento: el Presidente no quería que el problema eclesiástico fuera una causa más de respaldo al caudillo Venancio Flores, quien estaba preparando una revolución. Estos acontecimientos marcaron el comienzo del proceso de secularización. En la década de 1860 se inició una etapa de profundas transformaciones estructurales en uruguay que duró cuatro décadas y se conoce como «modernización». Este concepto ha sido utilizado «para dar cuenta del proceso de tránsito de una sociedad de la ‘tradicionalidad’ a la ‘modernidad’. Ese proceso combina –aunque no siempre todos, ni todos contemporáneamente– los siguientes factores: urbanización, industrialización, superación de pautas tradicionales de comportamiento, eliminación de referentes religiosos de la normativa social, y articulación de una estructura política democrática y participativa».4 Carlos Zubillaga y Mario Cayota distinguen dos modelos preponderantes en el proceso modernizador: el agro-exportador5 y el urbano-industrial.6 En la época de la modernización el Estado uruguayo debió «imaginar» una nación.

Intelectuales como Francisco Bauzá, Juan Zorrilla de San Martín, Juan Manuel Blanes y José Pedro Varela, entre otros, contribuyeron a construir un pasado, crear una identidad colectiva, con un fuerte carácter laico, y a afirmar la viabilidad del país. Las corrientes de pensamiento imperante en el período fueron el espiritualismo y el positivismo.7 El espiritualismo8 de origen francés fue introducido en uruguay en 1848 por el Prof. José de la Peña, catedrático de Filosofía de la universidad. Esta escueLA IGLESIA Y EL PROCESO DE SECuLARIZACIÓN EN EL uRuGuAY… 287 Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X 4 C. ZuBILLAGA y M. CAYOTA, Cristianos y cambio social, Montevideo, 1982, t. I, 97. 5 Llevado adelante por lo que José Pedro Barrán y Benjamín Nahum denominaron «la nueva clase alta rural» (J. P. BARRAN, B. NAHuM, Historia rural del Uruguay Moderno, Montevideo, 1967, t. I,). Estaba integrada por «estancieros que concebían la explotación ganadera como una ‘empresa’, fue el sustractum desde el que partió la acción de la Asociación Rural, impulsora de la modernización».

Este sector presentaba una «visión unilateral del modelo de desarrollo» privilegiando una racional explotación agropecuaria y asegurando el orden en la campaña gracias al concurso del Estado militarista. El modelo feneció aproximadamente en 1886 por falta de inversión de capitales y por «las divergencias subsiguientes entre los productores agropecuarios, que enfrentaban al sector modernizador nucleado en la Asociación Rural con el sector de los estancieros tasajeros» (C. ZuBILLAGA – M. CAYOTA, 101). 6 El modelo urbano-industrial comenzó a fines de la década de 1880. Fue impulsado por las políticas civilistas y la todavía débil burguesía industrial. Puso en práctica una política proteccionista que permitió obrar con cierta independencia de los intereses extranjeros. 7 A. ARDAO es el autor uruguayo que mejor ha estudiado este fenómeno en dos obras clásicas: Espiritualismo y positivismo en el Uruguay, Montevideo, l968 y Racionalismo y liberalismo en el Uruguay, Montevideo, l963. 8

El espiritualismo ecléctico nació en Francia a comienzos del siglo XIX y tuvo como principal exponente a Víctor Cousin. Se trata de un movimiento que procuró realizar una síntesis de los elementos más positivos de distintas escuelas de pensamiento. Tuvo su apogeo durante el reinado de Luis Felipe montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 287 la, hegemónica durante 25 años, formó ideológicamente a la clase dirigente en un teoricismo acendrado –el fracaso del Principismo, expresión política de esta filosofía, revela las carencias de estos hombres para enfrentar los problemas del país. Creó las condiciones para el desarrollo del racionalismo religioso. La «Profesión de Fe Racionalista» de 1872 estaba impregnada de una ética y un deísmo característicos del espiritualismo. En la segunda mitad de la década de 1870 ingresó al país el positivismo.9 A partir de 1880 cambió la orientación filosófica de la universidad. Su rápido éxito estuvo vinculado a la instalación de las primeras cátedras de la Facultad de Medicina (1876) y al estudio de las ciencias naturales que permitieron la consolidación de lo que Arturo Ardao denominó «la cultura científica» del siglo.

10 El positivismo influyó en distintos planos, contribuyó a crear en los gobernantes una mentalidad nueva para enfrentar y solucionar los problemas nacionales. Las medidas comenzaron a tomarse en base a necesidades y hechos concretos, incorporándose el concepto de evolución a todas las realidades sociales y culturales. A nivel educativo, la reforma vareliana recogió elementos positivistas que se reflejaron en la tendencia científica y naturalista de la misma. En materia religiosa tanto el espiritualismo como el positivismo eran racionalistas.11 En uruguay el racionalismo decimonónico evolucionó rápidamente en distintas etapas y bajo su hegemonía intelectual se concretó el proceso de secularización.

Cada etapa estuvo marcada por un conflicto religioso: 1. racionalismo teísta (1850-1865, enfrentamiento entre masones católicos y jesuitas); 2. racionalismo deísta (1865-1880, racionalistas propiamente dichos contra católicos en general); y 3. racionalismo ateo o agnóstico (1880-1925, liberales frente a clericales)12. 288 TOMáS SANSÓN CORBO Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X de Orleans y llegó a dominar las cátedras universitarias. Posteriormente comenzó a decaer frente a los avances del positivismo. uno de sus textos clásicos, muy utilizado con fines didácticos, fue el Cours de philosophie de Eugenio Geruzez. 9 A propósito del mismo nos dice Arturo Ardao: «Atendido lo esencial, la filosofía positivista surgió en el siglo XiX como un gran movimiento de reacción contra la metafísica, llevado a cabo en nombre de la ciencia, y en particular de la ciencia de la naturaleza. (…) Ante todo representó el positivismo la síntesis del racionalismo con el empirismo. (…) El positivismo como escuela fue fundado en Francia por Augusto Comte (…)» (A. ARDAO, Espiritualismo… 67-70). 10 Cfr. ibidem, 61 y 108. 11 Ardao define al racionalismo religioso, como «toda posición que proclame o reivindique los derechos de la razón frente al dogmatismo teológico de la fe, aunque no siempre llegue a romper con ese dogmatismo» (A. ARDAO, Racionalismo… ll).

12 Las fechas indicadas deben tomarse como límites aproximados y no implican la desaparición de las formas anteriores. montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 288 El modelo de cristiandad fue confrontado y puesto en cuestión por las medidas anticlericales, que jalonaron la secularización de un Estado fuertemente influido por el racionalismo y el positivismo. Las autoridades eclesiásticas no escaparon a este movimiento que envolvió a toda la sociedad uruguaya y necesariamente tuvieron que «imaginar» una Iglesia adaptada a la nueva y desafiante realidad. El 16 de julio de 1865 el Papa Pío IX consagró al Vicario Apostólico, Pbro. Jacinto Vera,13 obispo titular de Megara «in partibus infidelium». Esta disposición coadyuvó a jerarquizar la institución y dotar a su máxima autoridad de la dignidad y poderes jurisdiccionales para enfrentar los embates anticlericales. El proceso de consolidación institucional tuvo un hito fundamental en 1878 cuando el Vicariato fue elevado a la categoría de Diócesis. Vera se transformó en el primer obispo de Montevideo con autoridad sobre todo el territorio nacional.

Desempeñó un rol trascendente en la organización de la iglesia uruguaya hasta su muerte en 1881. Vera y sus sucesores Inocencio María Yéregui, obispo entre 1881 y 1891, y Mariano Soler,14 obispo a partir de 1891 y Arzobispo desde 1897 hasta su muerte en 1908, debieron enfrentar críticas situaciones: ad extra, los embates del anticlericalismo y ad intra problemas económicos y organizativos. La pobreza edilicia y ornamental de los templos de campaña era notoria y provocaba reclamos por parte de los fieles que querían dignificar sus lugares de culto. Algunas capillas de parajes muy apartados carecían de los elementos necesarios para la realización de ceremonias religiosas. En ocasiones los sacerdotes no po – dían bautizar por la falta de crismeras. Los útiles litúrgicos eran muy escasos.15 LA IGLESIA Y EL PROCESO DE SECuLARIZACIÓN EN EL uRuGuAY… 289 Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X 13 Gran organizador institucional de la Iglesia uruguaya que debió enfrentar serias dificultades desde el comienzo de su gestión. En la década de 1870 desarrolló una acción muy intensa: estimuló el ingreso al país de congregaciones religiosas como bayoneses, salesianos, capuchinos, vicentinas y jesuitas, entre otros; promovió a un grupo de clérigos y laicos jóvenes; contó incondicionalmente con el respaldo de los jesuitas.

La Compañía de Jesús merece una mención especial pues constituyó en la primera época racionalista la avanzada de lucha contra la masonería católica. En los panfletos y en la prensa anticlerical posterior a la década de 1850 el término «jesuitismo» fue utilizado con una connotación peyorativa. 14 Soler estudió entre 1863 y 1868 en el colegio Inmaculada Concepción de Santa Fe (Argentina) a cargo de los jesuitas, en 1869 viajó a Roma para completar sus estudios en el Colegio Pío Latinoamericano; entre 1871 y 1874 obtuvo los grados académicos de Licenciado y Doctor en Teología y en Derecho Canónico; en 1874 volvió a Montevideo y comenzó una intensa actividad, ocupó cargos importantes a nivel de Curia e incluso fue electo Diputado (1879-1882). Tuvo un rol preponderante en la segunda etapa de organización de la Iglesia. Durante su episcopado procuró aumentar el clero y mejorar la formación de los seminaristas. Gran polemista, luchó duramente contra el anticlericalismo acé- rrimo de la época. Viajó incansablemente, recorrió el mundo llegando en varias ocasiones a Tierra Santa. Falleció en 1908 cuando retornaba a Uruguay de uno de esos viajes.

15 Algunos testimonios de época son elocuentes del estado material en que se encontraban las iglesias de campaña: montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 289 Además de los problemas económicos, había otro muy importante y que persistió a largo plazo: la escasez de vocaciones sacerdotales. La situación era muy difícil en el interior de la República y estaba agravada por la enorme extensión de las circunscripciones parroquiales. La tarea evangelizadora estaba muy resentida y existieron abusos. Mons. Yéregui constataba dolorosamente este problema: «Las parroquias no se hallan en estado más próspero porque, diré con sentimiento y sin pretender agraviar, que habiendo sido estas regenteadas por sacerdotes extranjeros, estos generalmente, y salvo honrosas excepciones, han procurado atesorar para retirarse a su país y no se han dedicado a las mejoras materiales o fundación de obras pías en las parroquias a su cargo».16 Las apreciaciones del prelado no eran exageradas.

La poca dedicación de los sacerdotes a sus tareas pastorales era un mal de larga data en el país. En 1834 el cónsul de Francia en Uruguay describía con tintes sombríos el personal sacerdotal de la campaña y el descreimiento generalizado que había detectado: «La religión, el freno más seguro para un pueblo ignorante y corrompido, es aquí completamente impotente para detener ese desborde de las costumbres y atemperar ese carácter de ferocidad. En campaña, las prácticas que prescribe son difíciles de observar, a causa de la gran distancia que separa las viviendas de los pueblos en que de ordinario se encuentran la iglesia y el domicilio de los curas. Así pasan los meses y los años sin que los pobladores asistan al servicio divino o a una instrucción pastoral. (…) la incredulidad se ha hecho una moda; y tales sentimientos se han transmitido así, de generación en generación hasta el presente. (…)

Puede decirse que en este pueblo se han extinguido todos los sentimientos religiosos, o al menos que exagera su indiferencia en materia de Religión. 290 TOMáS SANSÓN CORBO Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X «Sr. Presbítero Nicolás Luquese: Desde el momento en que me hice cargo de esta Vice Parroquia por medio de VD. manifesté a Su ilma. (…) las necesidades de ella, y entre las más urgentes (…) un misal: Vd. de respuesta me dijo: que no convenía comprar misal, porque se estaba reformando; y esto hace más de un año. Por la presente someto a la consideración de VD. que el misal existente en esta iglesia es del año 1761, no contiene ninguna de las misas de los misterios de la Pasión de Jesucristo, nada le digo de las otras misas que contienen los otros misales que se imprimieron después de la indicada fecha (…). Si Su Sra. ilma. creerá conveniente hacerme conseguir alguno de los muchos existentes en la catedral se lo agradecería, y con el tiempo comprar alguno después de la reforma» (Carta del Padre Vicente Caggiano al Padre Nicolás Luquese, s/d, ACEM. Obispado de Montevideo. Monseñor Inocencio Yéregui, C. 298, c. 3c).

Estos problemas no eran patrimonio del interior, Mons. Yéregui informaba que la propia Iglesia Catedral de Montevideo no tenía «rentas propias provenientes de beneficios, fundaciones o legados píos, sino las rentas de pie de altar que recibe por ser parroquia y que apenas son suficientes para atender al servicio que ha tenido siempre como iglesia Matriz de la Capital» (Cfr. I. Ma. YEREGuI, Visita Ad Limina. Estado de la diócesis de Montevideo (1888). ACEM. Obispado de Montevideo, Mons. Inocencio Ma. Yéregui, C. 298, c. 3b). 16 idem. montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 290 «La ignorancia y la inconducta del clero han influido (…) en este abandono casi general de todos los principios religiosos. Pocos de nuestros pastores de aldea no serán infinitamente más instruidos que la mayor parte de los sacerdotes de esta capital. Y en Francia no hay un solo ministro del Altar que dé el escándalo de un concubinato flagrante, como la mayor parte de los de esta república.

El respeto por el culto se resiste por este estado de cosas, que ejerce una influencia funesta sobre la moral pública de todo el país».17 En 1904 había 139 sacerdotes para la atención pastoral de 51 parroquias, 9 viceparroquias y 42 capillas extendidas por todo el territorio nacional; 47 uruguayos y 92 extranjeros, 55 de los cuales no estaban incardinados.18 El personal eclesiástico de los departamentos más alejados de la Capital era escaso, v.gr., dos sacerdotes en Artigas, uno en Salto y uno en Rivera. Primaba la heterogeneidad en cuanto niveles de instrucción y vivencia del compromiso ministerial. Monseñor Vera y sus sucesores hicieron denodados esfuerzos por crear un clero nacional con una formación intelectual sólida. En 1897 el Papa León XIII creó la Provincia Eclesiástica del Uruguay conformada por el Arzobispado de Montevideo y las diócesis sufragáneas de Melo y Salto. Los desacuerdos con el gobierno determinaron que las nuevas diócesis permanecieran vacantes. Cuando en 1908 murió Mons. Mariano Soler quedó también acéfala la Sede Metropolitana.

Mons. Ricardo Isasa asumió el gobierno de la Iglesia uruguaya en calidad de Administrador Apostólico. Le tocó enfrentar los últimos embates del secularismo anticlerical de José Batlle y Ordóñez, que derivó en la separación absoluta de la Iglesia y el Estado establecida en la Constitución de 1917. Mons. Isasa fue sustituido en 1918 por el sacerdote redentorista José Johannemann, como designado por el Vaticano Visitador Apostólico y encargado de normalizar la situación de la proyectada Provincia Eclesiástica del uruguay. Desarrolló su labor entre 1918 y 1919. En 1919, desaparecido el obstáculo del Patronato, fueron provistas las sedes vacantes: el Papa Benedicto XV designó a Juan Francisco Aragone Arzobispo de Montevideo; Tomás Camacho, Obispo de Salto; José Semería, Obispo de Melo. Se abría una nueva etapa en la historia de la Iglesia uruguaya…

LA IGLESIA Y EL PROCESO DE SECuLARIZACIÓN EN EL uRuGuAY… 291 Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X 17 «Informe del Señor Cónsul de Francia en Montevideo, M.R., Baredère, al Ministerio de relaciones Exteriores de Francia (1834)» Revista Histórica XXVIII (1958) 501-503. 18 Datos tomados de ACEM, Censo, C. 173. montaje HS127_artículos sobrantes HS126 09/05/11 10:03 Página 291 LA SECuLARIZACIÓN Y SuS CONSECuENCIAS La secularización19 fue un lento pero sostenido proceso de diferenciación de campos de influencia,20 jalonado por una serie de enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado. Se desarrolló durante las últimas cuatro décadas del siglo XIX y comienzos del XX, coincidiendo con la modernización del país. Los antecedentes del conflicto se encuentran a finales de la década de 1850, durante el vicariato de Lamas. Éste hizo pública una carta pastoral referida a los problemas de la Iglesia y advertía a los clérigos sobre la amenaza de la masonería y el racionalismo: «Rodeados de una vana y engañosa filosofía, y poco observada en algunos puntos la disciplina eclesiástica, nos desentenderíamos de un deber gravísimo y seríamos unos mercenarios infieles, si no os dirigiésemos nuestras letras. (…) «Venerables sacerdotes: vosotros sois el primer objeto de nuestra solicitud.

Por vuestro elevado estado sois el espejo en que se miran los demás. De vuestro arreglo pende ciertamente el de todo el pueblo. Vosotros sois los ministros del Señor, y como tales, os corresponde promover la observancia de la divina Ley, no menos con las obras que con las palabras. A vosotros toca celar el decoro de su sagrado Templo, la pureza de la religión, la reforma de las costumbres, ofreciendo con vuestros procedimientos el mejor modelo».21 En 1856 publicó otro documento recordando la condena eclesial sobre la masonería. El 26 de enero de 1859, el Presidente de la República decretó la expulsión de los jesuitas por manifestaciones antimasónicas de algunos de sus miembros. En 1861 se produjeron los acontecimientos relatados en el apartado anterior, vinculados con la muerte de Jacobson y que derivaron en la municipalización de los cementerios. A partir de entonces la relación entre Iglesia y Estado se 292 TOMáS SANSÓN CORBO Hispania Sacra, LXIII 127, enero-junio 2011, 283-303, ISSN: 0018-215-X 19 Categoría polisémica y controvertida que ha dado lugar a muchos debates y reformulaciones…….

Continua……
es por toda esta historia que NO NOS CABE EN LA CABEZA, ESTADO=IGLESIA IGLESIA=ESTADO.
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