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Una ilusión de Jeremías -- Antoni Ferret

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El profeta Jeremías, en un texto leído hace poco (Jr 31: 31-34), nos da una gran sorpresa y, quizás, al mismo tiempo, una pista muy importante.
Dice textualmente:
“Vienen días, lo digo yo, el Señor, en que pactaré una alianza nueva con la casa de Israel y con la casa de Judá. No será como la alianza que pacté con sus padres, cuando los cogí de la mano para hacerlos salir del país de Egipto. (…)

La alianza que yo pactaré con la casa de Israel tras aquellos días será esta: Pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón. Entonces yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Lo digo yo, el Señor.”

La sorpresa consiste en el hecho de que, que sepamos, nunca se realizó tal nueva alianza. O nunca se informó de ella. Se trata de una promesa de Yahvé, claramente y de forma relativamente solemne expuesta, y que no se realizó.

¿Cómo pudo ser?
Ese texto me ha dado la llave de una hipótesis que hace muchos años me ronda por la cabeza:
Lejos de la afirmación solemne de la tradición eclesiástica de que los profetas, y en general los autores bíblicos, son inspirados “por” Dios, creo que, al revés, en todos los casos o quizá en la mayoría de ellos, es el profeta (o, en mucho menor grado, el autor bíblico) quien se autoinspira “en” Dios. Se trata de una persona que vive tan autoidentificada “con” Dios, que llega a adivinar su pensamiento, o incluso sus intenciones. Como quiera que las expone “en nombre de Dios”, siendo él totalmente capaz de equivocarse como hombre, a veces lo acierta, a veces no.
Ese fenómeno se puede observar en otras ocasiones, pero ese texto citado me parece como escogido para la ocasión.

Jeremías cree que ese pacto, por cierto que muy atrevido y difícil, tanto que incluso convertiría a las personas en autómatas, convendría mucho a su pueblo, que entonces sí sería bueno y fiel, y lo cree tan necesario que no tiene la menor duda de que Dios lo tenía que querer. Y lo dice bien convencido.

Pero, al parecer, Dios no tenía esa intención (ni siquiera la creía posible, puesto que chocaba con su decisión fundamental de dar a cada persona su libertad de obrar).
Creo que el ejemplo nos puede ser muy útil en el sentido de comprender mejor el mecanismo de los textos bíblicos, y de la actuación divina. Y al mismo tiempo relativizar las tesis eclesiásticas, siempre tan mecánicas y tan “seguras”.
Antoni Ferret

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