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UNA IGLESIA MÁS INCLUSIVA Y COMPASIVA. LO QUE EL MOVIMIENTO INTERNACIONAL SOMOS IGLESIA ESPERA DEL ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS EN VALENCIA

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Dentro de pocos días Benedicto XVI estará en Valencia con motivo del Quinto Encuentro Mundial de las Familias, una ocasión importante para reflexionar y para la movilización del mundo católico sobre el tema de la vida, las relaciones y sentimientos que se desarrollan dentro de la esfera de la familia y las relaciones interpersonales. Nos parece que éste es el tema principal que surge en las cuestiones pastorales y en la evangelización de la Iglesia Católica al comienzo de este milenio. A la luz de este importante evento, nos sentimos comprometidos a expresar nuestras expectativas y puntos de vista entre nuestros hermanos creyentes.

Vivimos en una sociedad que ya no está guiada por los valores cristianos tradicionales y en la cual nuevas formas de convivencia y de ser familia se van consolidando por sí mismas. Como ciudadanos y cristianos adultos y responsables, debemos exigir leyes sobre los temas relacionados con la familia que tengan como punto de partida nuestras decisiones libres y responsables, siempre teniendo como referencia los derechos humanos, y respetando otras posibilidades en vez de intentar imponer para todos aquello que es sólo válido para un grupo de personas.

Creemos que , interna y socialmente, las personas al cargo de tareas pastorales en la Iglesia deben tener una actitud de inclusión más que de exclusión, una forma de ocuparse de los que sufren que es siempre fraternal, que ofrece palabras de amor y compasión (Lucas 6, 36) antes que y en lugar de normas y preceptos basados en una ley natural que supuestamente es válida en todos los tiempos y en todos los lugares pero cuya rigidez, desde hace algún tiempo, se ha puesto en cuestión en el pensamiento pastoral y teológico.

Optamos por ser fieles a las demandas del Evangelio, sobre todo la justicia a la par que el amor en la conducta en la pareja (con sus distintas características), en la educación de los hijos e hijas, en las relaciones con los padres y en todos otros aspectos de las relaciones interfamiliares. No podemos callar, infravalorar o ser negligentes sobre los prejuicios y todas las clases de violencia que ocurren en muchas partes del mundo, y a menudo de formas muy sofisticadas e incluso en países considerados como evolucionados, contra los más vulnerables: los niños, muchas mujeres, los ancianos y discapacitados, homosexuales, madres solteras y prostitutas. Tampoco podemos ignorar la violencia que también puede ocurrir en las familias “normales”.

Estamos convencidos de que la prioridad dada a los temas de la familia, la vida y la procreación en la enseñanza de la Iglesia tiende a dejar en segundo plano el hecho de que la supremacía del amor no se expresa sólo en la familia o en las relaciones personales, pues, como decía con frecuencia Pablo VI, la caridad se manifiesta en primer lugar y sobre todo en la política, entendida ésta como la búsqueda y la gestión del bien común. Nos parece que ante todo debería existir: un compromiso por un mundo más justo y más pacífico sin guerras, armas o crimen organizado, una relación distinta entre el Norte y el Sur y un entendimiento entre las religiones basado en una ética universal compartida y la salvaguarda de la Naturaleza. Éstas son las prioridades – a nuestro juicio – que el Evangelio nos pide para defender la vida, tanto ahora como la de las futuras generaciones.

Fue en el contexto de estas reflexiones generales cuando el Movimiento Internacional Somos Iglesia (IMWAC), en su “llamada desde el Pueblo de Dios” en 1995 que recogió dos millones y medio de firmas, expuso algunas cuestiones básicas sobre los temas que se tratarán en el encuentro de Valencia. Cuestiones sobre las que las reformas están aún pendientes en la propia Iglesia según el espíritu del Concilio Vaticano II. Uno de estos temas es la autorización para que los divorciados que han vuelto a casarse puedan recibir la Eucaristía en el contexto de una expresión personal y colectiva de de, el reconocimiento de la libertad de conciencia en el campo de la salud reproductiva y la aceptación plena de los métodos contraceptivos como defensa contra el SIDA, la superación de toda discriminación contra los homosexuales, la participación plena de las mujeres en el ministerio eclesiástico, el celibato opcional para los sacerdotes y la vuelta al servicio de la comunidad de aquéllos que se han casado.

Junio, 2006

Contacto en España: Raquel Mallavibarrena, rmal@telefonica.net, 649332654

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