Trabajos presentados al Premio Redes Cristianas- 7

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«La Iglesia soñada» (Armando Márquez)

La invitación y el desafío “Atrévete a soñar” de REDES CRISTIANAS nos coloca en la dimensión de Mons. Oscar Arnulfo Romero que logró hacer realidad “una Iglesia pobre para los pobres” como lo deseó (lo soñó) el Papa Francisco y lo ha vuelto a recordar el Papa León XIV en su reciente Exhortación (DT 35).
La `Iglesia soñada´ de Mons. Romero fue una realidad constatada dentro y fuera de la Iglesia y, lo sigue siendo, ya no solamente por el pueblo creyente -que siempre lo hicimos- sino ahora, además, por la jerarquía de la Iglesia al reconocer oficialmente su santidad (Beatificación en 2025 y canonización en 2018) y por los últimos Papas, ahora también por León XIV que nos lo propone como “una exhortación viva para la Iglesia” (DT 89) y nos invita a dar “razón de la esperanza que ha sido derramada en nuestros corazones con la misma confianza que el santo Arzobispo Oscar Arnulfo Romero” (Conmemoración de los mártires 24/Sept/2025).
Mons. Romero, frente a una persona que constataba la ‘Iglesia soñada’ que él estaba construyendo nos contó la siguiente anécdota: Esta semana he oído una frase que me ha llenado mucho el corazón, una persona que no es de nuestro país, me dijo. “¿Quiere que le dé un título a su diócesis?”. –Me dice–: “Yo la he llamado la Iglesia soñada”. “¿Y por qué –le digo–, Iglesia soñada?”. “Porque he venido a encontrar aquí en esta Arquidiócesis, una Iglesia que ha puesto su fuerza en el poder de Dios, en el deseo de ser auténtica Iglesia, en el valor de desprenderse de aquellas cosas que antes tal vez la hacían poderosa, pero que no eran la fuerza de Dios”.
Y, a continuación, Mons. Romero, nos dejó la tarea de construir la Iglesia soñada: Me ha hecho reflexionar mucho esa frase; y no por vanidad se los digo, sino para comunicarles a todos ustedes, mis queridos hermanos, en esta meditación de familia, que sigamos haciendo de nuestra diócesis, la Iglesia soñada, la que soñó Cristo al ponerla toda ella amparada en su propia debilidad, amparada en la fuerza de Dios que le viene de la oración. [16/Oct/1977]
Por eso, desde la Comunidades Eclesiales de Base, en El Salvador y, creo que, en Latinoamérica y en otras regiones del mundo perseguimos la utopía evangélica y promesa del Reino. Con Monseñor nos atrevemos a seguir soñando:
– ¡Ésta es la Iglesia que yo sueño!, ¡ésta la Arquidiócesis que yo le pido al Señor!: Un pueblo que vaya creciendo en la fidelidad al Señor y que se deja llevar por el impulso del Espíritu Santo [13/May/1979]
– No es una Iglesia que por mantenerse fiel al Señor y bajo el impulso del Espíritu tenga que renunciar a las realidades de la tierra. Eso sería una desencarnación, eso sí sería opio del pueblo, eso sí sería una religiosidad alienante; y, por desgracia, hay muchos que piensan todavía en una piedad así, sin compromiso.
¡Ésta es la Iglesia que yo sueño!, ¡ésta la Arquidiócesis que yo le pido al Señor!: Un pueblo que vaya creciendo en la fidelidad al Señor y que se deja llevar por el impulso del Espíritu Santo. La Iglesia no quiere ser una fuerza de oposición política; ¡jamás! Jamás lo he dicho, ni seré. ¡La Iglesia no quiere ser un partido más de subversión, no lo será nunca, no lo puede ser! Si la Iglesia subvierte, si las inquieta, si la Iglesia es tildada de marxista, de política, de comunista, que eso quede solamente en el campo de la calumnia por parte de aquellos que no resisten que haya una Iglesia que, desde la fidelidad al Señor y desde el impulso del Espíritu, denuncia todas las injusticias que se cometen en cualquier sector de la humanidad. Ésta es la Iglesia que tenemos que construir, queridos hermanos.
Yo les invito, todos los domingos, a que construyamos esta verdadera Iglesia de fidelidad al Señor y a dejarse llevar por el impulso del Espíritu Santo. Por eso digo que la Iglesia, que es ese pueblo de Dios, nos da también a los Pastores la garantía de estar proclamando la verdadera fe que Cristo nos ha revelado; por eso, desde esta perspectiva de la Iglesia, miremos las perspectivas del mundo. [13/May/1979]
El día en que cada católico se propusiera parecerse a María como miembro de la Iglesia, tendríamos la Iglesia soñada, la Iglesia ideal. Mirémosla hoy, con motivo del día del Carmen. [15/Jul/1979]
Mi sueño al predicar aquí la Palabra de Dios y mi agradecimiento más profundo a la atención que ustedes le dispensan, es éste: ¡hacer nuestra Iglesia! Esto es lo primero que yo quiero. Construyamos entre todos una Iglesia según el corazón de Cristo… [14/Oct/1979]
– A pesar de las dificultades externas y de nuestras propias limitaciones- tratamos de construir la `Iglesia soñada´,
Peregrinamos entre las vicisitudes de la historia, entre las tentaciones y halagos del mundo. Hay el peligro de que nos vayamos quedando instalados en la tierra y olvidemos ese llamamiento amoroso de un Padre que nos espera con los brazos abiertos y que no sólo nos espera, sino que nos está dando para el camino nada menos que a su propio hijo, a Jesucristo. [09/Sept/1979]
– Por eso, somos Iglesia santa, pero, pecadora necesitada de conversión:
Lo menciona el mismo Concilio Vaticano II, sería este: La Iglesia Santa, pero necesitada de purificación. Esta palabra está en el número 8 de la constitución Lumen Gentium y todo el texto dice así: «Mientras Cristo –santo inocente, inmaculado– no conoció el pecado, sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores y, siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación»… Nosotros haríamos muy mal en creer que lo mejor del mundo es la Iglesia; y para muchos así conciben la Iglesia, incapaz de pecado, la inmaculada, la intocable. Y el Concilio ha dicho no, si en su seno encierra pecadores. Obispos, sacerdotes, religiosas, matrimonios, nos llamamos cristianos, somos pecadores, necesitados de purificación y el verdadero caminar es la senda de la penitencia y de la renovación. ¡Ay! del cristiano, ¡ay! del obispo, ¡ay! del sacerdote que se sienta tan perfecto que puede regañar a los otros y él, como los que va a corregir Jesucristo ahora… [05/Nov/1978]
Esta Iglesia, desafío actual en nuestras comunidades, siguiendo la palabra de nuestro pastor, reviste las siguientes características:
– Queremos vivir una comunidad situada históricamente:
Esta Iglesia, hermanos, depositaria del tesoro de la redención, testigo fiel de Cristo resucitado, no es una Iglesia abstracta. Me gusta mucho pensar que la Iglesia, de la cual yo siempre les hablo, son ustedes, soy yo, somos la comunidad que ahora vive con sus aspiraciones y con sus defectos. Me da gusto pensar que la Iglesia que yo predico no es una Iglesia abstracta, por las nubes, sino una Iglesia que peregrina con los pies en la tierra. ¡Es la que en esta Semana Santa ha vivido cosas muy bellas! [14/Abr/1979]
externas y de nuestras propias limitaciones- tratamos de construir la `Iglesia soñada´,
Peregrinamos entre las vicisitudes de la historia, entre las tentaciones y halagos del mundo. Hay el peligro de que nos vayamos quedando instalados en la tierra y olvidemos ese llamamiento amoroso de un Padre que nos espera con los brazos abiertos y que no sólo nos espera, sino que nos está dando para el camino nada menos que a su propio hijo, a Jesucristo. [09/Sept/1979]
– Por eso, somos Iglesia santa, pero, pecadora necesitada de conversión:
Lo menciona el mismo Concilio Vaticano II, sería este: La Iglesia Santa, pero necesitada de purificación. Esta palabra está en el número 8 de la constitución Lumen Gentium y todo el texto dice así: «Mientras Cristo –santo inocente, inmaculado– no conoció el pecado, sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores y, siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación»… Nosotros haríamos muy mal en creer que lo mejor del mundo es la Iglesia; y para muchos así conciben la Iglesia, incapaz de pecado, la inmaculada, la intocable. Y el Concilio ha dicho no, si en su seno encierra pecadores. Obispos, sacerdotes, religiosas, matrimonios, nos llamamos cristianos, somos pecadores, necesitados de purificación y el verdadero caminar es la senda de la penitencia y de la renovación. ¡Ay! del cristiano, ¡ay! del obispo, ¡ay! del sacerdote que se sienta tan perfecto que puede regañar a los otros y él, como los que va a corregir Jesucristo ahora… [05/Nov/1978]
Esta Iglesia, desafío actual en nuestras comunidades, siguiendo la palabra de nuestro pastor, reviste las siguientes características:
– Queremos vivir una comunidad situada históricamente:
Esta Iglesia, hermanos, depositaria del tesoro de la redención, testigo fiel de Cristo resucitado, no es una Iglesia abstracta. Me gusta mucho pensar que la Iglesia, de la cual yo siempre les hablo, son ustedes, soy yo, somos la comunidad que ahora vive con sus aspiraciones y con sus defectos. Me da gusto pensar que la Iglesia que yo predico no es una Iglesia abstracta, por las nubes, sino una Iglesia que peregrina con los pies en la tierra. ¡Es la que en esta Semana Santa ha vivido cosas muy bellas! [14/Abr/1979]
A mí me llena de esperanza una Iglesia encarnándose en el mundo, aunque la critiquen.
[22/Jul/1979]
Por eso, hermanos, la Iglesia, a la que me estoy refiriendo, es también una Iglesia concreta: Nuestra Iglesia. La que he visitado en esas comunidades tan simpáticas de catequesis, como el domingo pasado en Oratorio Festivo Ricaldone, o ayer en el cantón El Pepeto o en San Antonio Abad.
O la convivencia de 200 maestros seglares de colegios católicos, que se reúnen para reflexionar qué significa la Semana Santa hoy, y cuál es la misión de un maestro, hoy, aquí en El Salvador, dando su conciencia a una educación liberadora.
Es la comunidad de las vendedoras del Mercado Central que recuerdan el cuarto aniversario de la inauguración, con una misa de acción de gracias al Señor.
Unidos en el dolor, somos la Iglesia que llora la muerte de tantos hermanos. Principalmente pidiendo oración, hoy, por la mañana de un sacerdote: La mamá del P. Próspero Díaz, párroco de Candelaria, doña Mercedes Díaz, que murió en esta semana. Lo mismo que amigos que nos han pedido muchas oraciones por sus difuntos.
Es la Iglesia que va a ser testificada por religiosas, sacerdotales, catequistas, en diversas comunidades, para promover una Semana Santa que nos acerque más a Dios. Quiero felicitar y animar a todos esos grupos misioneros que se destacan a nuestra campiña para llevar el mensaje de la cruz y de la resurrección. De manera especial y como un aviso, quiero decirle al cantón Mizata de la parroquia de Teotepeque: Que llegarán tres religiosas mañana para anunciarles la Semana Santa, en la liturgia de nuestra Iglesia. Ojalá que el Mayordomo y los fieles les den una acogida fervorosa. [08/Abr/1979]
– Queremos seguir siendo las Comunidades Eclesiales de Base de Mons. Romero:
Crear comunidades, hacer grupos pequeños donde se pueda reflexionar más a fondo el Evangelio. Yo aprovecho este momento para decir a todos que traten de incorporarse o de hacer pequeños grupos, y que si alguien sospecha de estos grupos está muy equivocado. Son simplemente células de la Iglesia, comunidades eclesiales de base para vivir en una forma más íntima, familiar, la reflexión del Evangelio que culmina en la Eucaristía, en los sacramentos. [María, signo de la plenitud de los
tiempos. [24/Dic/1978]
Éstas son las comunidades, hermanos, y yo, al mencionar estos nombres, iba pensando: En Corinto, en Efeso… Porque lo que Pablo decía a sus comunidades, yo lo puedo decir también ahora con las palabras de Pablo, a nuestras comunidades parroquiales de base: Que Cristo está ahí, que es obra de Cristo lo que ahí se está haciendo y que, por tanto, Puebla invita a estas Comunidades Eclesiales de Base, las anima porque dice: «Integran familias, adultos, jóvenes, en íntima relación interpersonal en la fe. Son comunidades de fe, esperanza y caridad». Son palabras de Dios las que animan esas comunidades y yo quisiera decir al Gobierno: Que me las respete, que sepa allí se alimenta en la palabra de Dios una conciencia que naturalmente no es una conciencia que se adormece, es una conciencia crítica, pero con una crítica del Evangelio. Son comunidades que no se pueden detener. Y a lo largo de todo el continente, los obispos en Puebla nos hemos propuesto no detener la marcha en la creación de este pueblo de Dios, que se cimente sobre la Palabra de Dios, sobre los sacramentos, y que vaya siendo verdadero fermento en la liberación de nuestros países. [25/Feb/1979]
– Iglesia de la pobreza y de Opción preferencial por los pobres:
Por eso, siento que esta Iglesia de la alianza, esta Iglesia de la Arquidiócesis, heredera de la alianza de Abraham y de Moisés y de Cristo, es ahora verdaderamente auténtica, porque ahora la Iglesia no se apoya en ningún poder, en ningún dinero. Hoy la Iglesia es pobre, hoy la Iglesia sabe que los poderosos la rechazan pero que la aman los que sienten en Dios su confianza… Esta es la Iglesia que yo quiero, una Iglesia que no cuente con los privilegios y las valías de las cosas de la tierra, una Iglesia cada vez más desligada de las cosas terrenas, humanas, para poderlas juzgar con más libertad desde su perspectiva del evangelio, desde su pobreza. No una pobreza demagógica, porque eso no es pobreza… Pobre es la Iglesia, que no confía en ninguna revolución de la tierra, que no siembra odios, porque allí no encuentra nada. Que siembra amor a Dios y amor al prójimo, el Reino de Dios en la tierra, la verdadera pobreza, la verdadera humildad. Esta es la Iglesia que soñamos, hermanos, y la que yo creo que se va construyendo en nuestra Arquidiócesis. [28/Abr/1977]
La Iglesia se presenta hoy, no apoyada en cosas de la tierra, sino apoyada en la comunidad de amor, en su esperanza, en su fe, en su Dios, en su cielo, y así se va construyendo. Y yo me alegro, hermanos, de ser obispo en esta hora, en que la Iglesia se va definiendo tan auténticamente, en que la Iglesia se va definiendo sin odios, sin rencores, perdonando a los mismos que la calumnian y la matan, pero siendo la Iglesia del amor, la que se apoya en su Dios y que por eso está tan superior a todos los oleajes miserables que los hombres le pueden levantar. Vivamos esta fe, hermanos. [22/05/1977]
– Iglesia perseguida y peregrina.
Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los
pobres y decir a todo el pueblo, gobernantes, ricos y poderosos: si no se hacen pobres, si no se interesan por la pobreza de nuestro pueblo como si fuera su propia familia, no podrán salvar a la sociedad…» [15/Jul/1979]
– Qué fáciles somos para buscar protección en la tierra, qué poca nos parece la confianza en la cruz. Y sin embargo, este es el desprendimiento que la fe nos pide. Es la Cruz de Cristo la clave de la verdadera liberación… Así dice bellamente el Concilio: «Entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, la Iglesia va peregrinando en el mundo, señalando la Cruz hasta que el Señor vuelva». Entonces es cuando la Cruz florecerá en pascua, así como la Cruz de Cristo el Viernes Santo florece en la resurrección, para darnos una idea de lo que es la vida: Cruz y martirio, pero luego resurrección y vida eterna. Sólo los amigos de la Cruz, sólo los que la abracen sin temor a perder amores en esta tierra, sólo los que se entreguen al seguimiento del absoluto, con un sentido, sólo éstos serán los valientes con quienes cuenta Cristo.
Esta es la Iglesia que tratamos de forjar, queridos hermanos, y por eso les repito: me alegro de vivir en una Iglesia que no se apoya en las fuerzas de la tierra, sino que las fuerzas de la tierra tienen que convertirse a ella para ser salvas. [04/Sept/1979]
– Somos Iglesia profética.
Es obra de Dios, y por eso no tenemos miedo a la misión profética que el Señor nos ha encomendado. Ya me imagino que alguno dice: «¡Ah, se está creyendo profeta!». No es que me crea profeta, es que ustedes y yo somos un pueblo profético, es que todo bautizado ha recibido participación en la misión profética de Cristo…
«…El Pueblo Santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo, sobre todo con la vida de fe y caridad, y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza que es fruto de los labios que confiesan su nombre…». Quiere decir que en ustedes, pueblo de Dios, todo eso que ustedes, y en mis sacerdotes, los colaboradores del pueblo de Dios, todo eso que es: obispos, sacerdotes, religiosas, instituciones católicas, fieles, familias cristianas, formamos el pueblo de Dios y Cristo, profeta, nos ha hecho participantes de su misión profética… Siento que el pueblo es mi profeta, a mí me está enseñando con la unción que el Espíritu ha hecho en su bautismo… [8 julio 1979]
– Somos Iglesia solidaria:
Sufrimos con los que han sufrido tanto. Estamos de veras con ustedes, y queremos decirles, hermanos, que el dolor de ustedes es el dolor de la Iglesia… nuestra palabra de solidaridad se fija también en tantos queridos muertos asesinados, por los cuales pedimos en esta misa el eterno descanso, seguros que el Señor se lo concederá y que desde su cielo seguirán trabajando esta liberación santa que Aguilares ha emprendido.
Sufrimos con los que están perdidos, con los que no se sabe dónde están o por los que están huyendo y no saben qué pasa con su familia. Somos testigos de este dolor, de esta separación. Lo vivimos muy de cerca porque como pastor, sentimos esa confianza dolorida de quienes buscan a través de la Iglesia un encuentro con esos que la crueldad ha dispersado… Para Dios no hay perdidos, para Dios no hay más que el
misterio del dolor, que si se acepta con sentido de santificación y de redención, será como el de Cristo nuestro Señor, también un dolor redentor.
Estamos con los que sufren las torturas. Sabemos que muchos están en sus hogares sufriendo esas dolencias, esas humillaciones. El Señor les dé valor y sepan perdonar. Sepan, hermanos, que la violencia, de cualquier parte que venga y sobre todo cuando viene de esa fuerza armada, que en vez de ser defensa del pueblo, se torna en ultraje, es reprochada por Dios nuestro Señor; no la puede bendecir. Sepan que el dolor pues y que todo el sufrimiento de ustedes, es bien comprendido; y que la Iglesia lo interpreta, en esa primera lectura (Zac 12, 10-11), como un dolor redentor… [19/Jun/1977]
– Con Mons. Romero, reiteramos nuestro compromiso de fidelidad a la Iglesia soñada:
Yo creo que nuestra Iglesia en San Salvador está dando razón de su esperanza, porque no pone su esperanza en el poder ni el dinero, sino que la pone en la fuente de su esperanza que es Cristo crucificado. Es la esperanza su fidelidad al evangelio. Su esperanza está en ser fiel a Dios. Por eso le digo a mis queridos sacerdotes, a las comunidades religiosas, a los colegios católicos, a las parroquias, a las comunidades de base: no se dejen seducir ni por los halagos del poder y del dinero ni por el seguimiento de falsas ideologías, que tampoco allí está la esperanza verdadera. La esperanza verdadera no está en una revolución de violencia y de sangre ni la esperanza está en el dinero y en el poder, ni en la izquierda ni en derecha. La esperanza de la cual tenemos que dar razón y por la cual hablamos con valor es porque está en Cristo, que aun después de la muerte, aunque sea muerte de asesinato, Él es el que reina y todos los que con él hayan predicado su justicia, su amor, su esperanza, su paz. [30/Abr/1978]
Yo les agradezco a todos los celebradores de la palabra, sacerdotes, religiosas, seglares, porque han comprendido este mensaje. Y aquellos que desconfiaban de la Iglesia y la van encontrando cada día más auténtica, crean que ésta es la Iglesia verdadera. Si un día yo mismo les traiciono, no me hagan caso a mí, sigan a esa Iglesia que ahora hemos vislumbrado con tanta claridad. Pero, espero con la ayuda de ustedes que no traicionaré nunca esta Iglesia… la Iglesia se siente comprometida con estos intereses nobles del pueblo. Y mientras no haya ese ambiente de confianza, queridos hermanos, yo sería un traidor a ustedes si a las espaldas de ustedes estuviera entendiéndome con quien no respeta los derechos de los hombres. [28/Ago/1977]
Somos servidores de esta Iglesia que no quiere traicionar ni al Evangelio ni al pueblo. [27/Nov/1977]
Quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio me exige… [11/Nov/1979]
– Finalmente, con Mons. Romero, damos gracias a Dios por esta `Iglesia soñada´:
Desde el punto de vista de Iglesia como Pastor, yo le doy gracias a Dios porque hemos vivido una Iglesia que de veras nos hace felices. La persecución, las
pruebas, todo lo que ha sufrido nuestra madre Iglesia aquí en El Salvador, en nuestra Arquidiócesis, no ha servido más que para hacerla más floreciente. Yo le doy gracias a Dios por todo lo que han hecho los sacerdotes, los agentes de pastoral, las comunidades, los colegios, todas las instituciones que están trabajando en la Iglesia, prescindiendo del ambiente hostil o difícil, incomprensivo. La Iglesia ha sido fiel a Jesucristo. [31/Dic/1979]