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Testimonios de primavera eclesial -- Luis Carlos Bernal Restrepo, Teólogo y educador popular

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PILAR MOLA MAYAYO (Calahorra, España, 1930)
Pilar, a sus 52 años aprendió a pensar, sentir y vivir desde el reverso de la historia, a partir precisamente del texto de Gustavo Gutiérrez: Teología desde el reverso de la historia (1977), que influyó notablemente en su pensamiento y su compromiso. Pilar Mola Mayayo nació en Calahorra, pequeña ciudad de la Provincia de La Rioja – España, el 12 de abril de 1930. Tiene aún recuerdos de la guerra civil española en su primera infancia.

Es decir, según las nuevas generaciones españolas, es una mujer de antes de la guerra, lo que debe entenderse como que es una mujer fuerte y recia. Desde su juventud entró a formar parte de la Institución Javeriana. En los primeros años de religiosa, formó y acompañó grupos de reflexión de la Congregación Mariana y los impulsó a un compromiso de tipo social. Vivió el Concilio siendo maestra de junioras y en esos años, animó búsquedas de actualización de la iglesia y de la vida religiosa e hizo sus primeras experiencias de compartir con los menos favorecidos: trabajó como camarera durante dos veranos, sirviendo en hoteles de la Costa Mediterránea.

La Constitución sobre la iglesia en el mundo (Gaudium et spes) del Concilio Vaticano II, la impactó seriamente. Lecturas que le influyeron por esos días fueron también: San Juan de la Cruz, Dietrich Bonhoeffer y Teilhard de Chardin… autores que la llevaron a iniciar un camino espiritual que con los años maduraría.
Posteriormente en 1977, fue nombrada directora general de la Institución; conoció América Latina, se conmovió con estas realidades y al terminar su período optó por venir a entregar su vida en Colombia. Como maestra de junioras y como directora general empujó a la Institución a la modernidad, a los valores del Concilio Vaticano II y sobre todo hacia la libertad, uno de sus máximos valores.

Al venir a Colombia, llegó a Cali, al barrio Meléndez – Jordán. Desde su llegada a estas tierras se vinculó al Centro Cultural Popular Meléndez, hoy Casa Cultural Tejiendo Sororidades. Trabajó muchos años formando a mujeres populares en diversos trabajos artesanales, así como en música y pintura. Promovió desde la parroquia y desde la Casa Cultural, Comunidades Eclesiales de Base CEBs, compuestas fundamentalmente por mujeres. Desarrolló entonces relecturas bíblicas en varios aspectos que ayudaron a las mujeres a encontrar su propia palabra y expresión religiosa-espiritual. Durante largos años fue bibliotecaria del Centro Cultural y desde allí orientó a los niños y jóvenes y a sus familias en sus estudios de primaria y bachillerato y en su introducción al mundo de la lectura.

Pilar Mola en su vida en Colombia, donde permanece hoy, a sus 90 años, estuvo ligada a “la iglesia de los pobres” y se comprometió a fondo con la promoción y acompañamiento a las Comunidades, así como con la coordinación en la ciudad de Cali y el sur occidente colombiano de estos procesos, que posteriormente se agruparon en ACOGER. Promovió y difundió las revistas Solidaridad y Utopías. Su paso por las CEBs es recordado por sus aportes en formación bíblica y por la elaboración de materiales de acompañamiento y motivación, diseñó carteles y afiches para campañas impulsadas desde la iglesia popular.

A lo largo de su vida ha liderado campañas de lucha contra la violación y las violencias contra las mujeres, acompañando a denunciar y condenar estas prácticas tan corrientes en la cultura patriarcal en que vivimos. Con el paso del tiempo, profundizó –en unión de sus compañeras de comunidad en la espiritualidad femenina y feminista. Y acompañó espacios y ritualidades de espiritualidad entre mujeres populares.

Por su trabajo en la Casa Cultural, promovió y acompañó grupos artesanales, grupos de teatro y de danzas. Su aporte ha sido definitivo en la formación y el desarrollo del Círculo de Espiritualidad María de Magdala. Círculo que nace a mediados de la década de los 90, como la Comisión Mujer – Iglesia de la Comisión de Religiosos y Religiosas de Cali y que posteriormente se autonomiza como Grupo-Círculo María de Magdala. Espacio en el que hemos bebido en las tradiciones eclesiales y espirituales femeninas y desde el que hemos recuperado la memoria de mujeres pioneras en el desarrollo de la conciencia del ser mujer.
En estos años ha tenido un encuentro profundo y vital con la poesía mística de Ernestina de Champourcin. Pilar ha sido siempre una persona amante de la música y de todas las formas del arte y la belleza Su camino de espiritualidad con las mujeres la llevó a expresar su vivencia espiritual por medio del canto y produjo una serie de composiciones musicales precisamente para expresar y acompañar este camino. Estas composiciones fueron recogidas y difundidas en el CD, Ecos de mi vida, que recoge canciones como un Ave María, Constructoras de la Sororidad, Siento una fuerza en mí, Mujeres de Belén… y otras que animan muchas de las celebraciones de mujeres en Cali y otras latitudes.

Pilar es una gran amiga y una de las características que más la definen es su capacidad de acogida, su capacidad de hacer lugar para todas y cada una de las personas que se le acercan y con las cuales teje lazos. Desde la Casa Cultural y desde el Círculo María de Magdala, ha puesto bases firmes para la práctica de la Sororidad, para su difusión, para la creación de una cultura de la sororidad.

Estos últimos años de su vida, los pasa más o menos en retiro. En su proceso personal y espiritual ha llegado a ser una gran Maestra de la Sabiduría que nos lleva de la mano a muchas por esos senderos. Comparte con quienes la visitan y en círculos pequeños en los que continúa animando la búsqueda de caminos diversos a la Divinidad. Disfruta de la música, de la oración y la amistad. La embarga un sentimiento de gratitud con la vida que trasluce permanentemente y que crece con el pasar del tiempo.
Carmiña Navia Velasco Escritora, poeta y teóloga http://carminanaviavelasco.blogspot.com/ cnaviavelasco@yahoo.es https

TESTIMONIO DE PRIMAVERA ECLESIAL
Federico Carrasquilla Muñoz
Itaguí/Antioquia, 1935
“De un momento a otro, no sé cómo, descubrí que la vocación no tenía nada que ver directamente con los curas. Que la vocación era una opción por la persona de Jesús. Y que a Jesús no le interesaba que yo me quedara en el seminario, que a Jesús lo que le interesaba era que yo fuera feliz y que yo podía servirle en la calle, casado, soltero, lo que fuera. Fue una liberación. Vi que a mí me apasionaba Jesús, entonces me dije: “el mejor espacio para eso es ser sacerdote”. Y cuando descubro a Jesús inmediatamente descubro que Jesús es inseparable del pobre, comprendí que lo que yo quería era dedicarle mi vida a Jesús y tenía que ser en el pobre y con el pobre. Por eso a esas dos cosas, Jesús y el pobre, que nunca se me han separado, enfoqué toda misión espiritual, apostólica y sacerdotal en Jesús y en el pobre.”

“De un momento a otro, no sé cómo, descubrí que la vocación no tenía nada que ver directamente con los curas. Que la vocación era una opción por la persona de Jesús. Y que a Jesús no le interesaba que yo me quedara en el seminario, que a Jesús lo que le interesaba era que yo fuera feliz y que yo podía servirle en la calle, casado, soltero, lo que fuera. Fue una liberación. Vi que a mí me apasionaba Jesús, entonces me dije: “el mejor espacio para eso es ser sacerdote”. Y cuando descubro a Jesús inmediatamente descubro que Jesús es inseparable del pobre, comprendí que lo que yo quería era dedicarle mi vida a Jesús y tenía que ser en el pobre y con el pobre. Por eso a esas dos cosas, Jesús y el pobre, que nunca se me han separado, enfoqué toda misión espiritual, apostólica y sacerdotal en Jesús y en el pobre.”

Federico Carrasquilla Muñoz, sacerdote antioqueño nacido en Itagüí en 1935 y adscrito a la Arquidiócesis de Medellín, ha sido una persona claramente excepcional, intelectual orgánico, fiel discípulo del Jesús de los evangelios.
Fue a Roma a estudiar teología en 1958 en la Universidad Gregoriana y fue ordenado en 1959 en la capilla de San Juan de Letrán. Europa vivía tiempos de posguerra y había toda una ebullición de ideas, entre las cuales destacaban las de genios como Sigmund Freud y Carlos Marx, quienes desde sus descubrimientos como intelectuales, no dejaron también de atacar a la iglesia católica, institución que desplegaba un poder social muy grande en esa época.
Al mismo tiempo a Federico le tocó vivir de cerca el nombramiento de Juan XXIII como Papa y todas las incidencias del Concilio Vaticano II.

Mientras cursaba la licenciatura en teología en Roma, conoció la espiritualidad del Hno. Carlos de Foucauld, quien lo marcó para toda su vida, por la centralidad del mensaje de este sacerdote francés en la espiritualidad que emana de la vida de Jesús en Nazaret. “Que a Jesús había que verlo en el plano humano como una persona que venía a compartir con nosotros y que en ese compartir iba revelando su condición de Dios. Jesús aborda la perspectiva religiosa desde la condición humana. De ahí también la primacía del pobre, categoría que da universalidad a esta espiritualidad”.
De Carlos Marx, profundizó en sus obras filosóficas, de quien valoró mucho su método de análisis de la realidad. “Si la iglesia hubiera entendido las tesis de Marx sobre Feuerbach, que son bellísimas, pues son una lectura sobre la realidad, habría comprendido que es la misma perspectiva de Jesús”. De hecho, para su texto: “Escuchemos a los pobres” (1996) toma pistas de Marx, además de su lectura de Jesús en los evangelios.

A su regreso a Medellín en 1962, marcado por toda esa efervescencia de ideas y transformaciones que se daban en Europa y que obviamente lo marcaron, tuvo un paso efímero por la docencia. Comienza a trabajar como rector en el seminario de Filosofía. A los tres años lo echaron, pero eso fue una consecuencia lógica, pues su actitud personal de mantener cercanía con la gente, con los estudiantes, era difícilmente asimilable por la jerarquía de una iglesia acostumbrada a marcar distancia de la gente.

En 1967 decide irse a vivir y trabajar en la Parroquia La Divina Providencia, en el barrio Popular de Medellín, donde se daba un proceso de “invasión” llevado a cabo por habitantes que venían de los distintos pueblos y regiones de Antioquia, traídos por el ciclo de violencia que vivía en ese momento el país. Esto lo llevó a dejar la docencia de lado, pues consideraba que era más fácil conseguir un nuevo profesor para el seminario, que un párroco que aceptara de buena gana trabajar en las difíciles condiciones de un barrio ilegal. Su inserción en el barrio con la gente, le permitió vivenciar lo mejor que podía aportarles. Vivir en un barrio así por opción, es diferente a vivirlo porque no hay alternativa, que es lo propio de la gente.

Vivió con la comunidad la tensión permanente con la policía que sólo iba a tumbarle las precarias viviendas, y los ciclos posteriores de violencia por la llegada de grupos guerrilleros que se fueron extendiendo por el país, como el ELN, el M-19, violencia que fue mutando y se fue complejizando con la irrupción del narcotráfico en la década del 70 y el 80.

En 1984 el cardenal Alfonso López Trujillo, arzobispo de Medellín, lo sacó de La Divina Providencia y lo pasó a otra parroquia en el municipio de Bello, de manera abrupta e inconsulta. Esto le significó tensiones adicionales, para las que afortunadamente contó con compañeros como los sacerdotes del Prado, fundados por Antoine Chevrier, gestor de una espiritualidad hermana de la Foucauldiana para el clero diocesano. Con ellos pudo hacer lectura permanente de esos procesos de tensión con el cardenal.

Federico siempre tuvo claro que su intención era hacer al pobre sujeto de su historia, distinto a obtener el cambio social como un fin en sí mismo, para lo cual muchos movimientos incluso instrumentalizaban al pobre. Hizo parte del grupo Golconda y de Sacerdotes para América Latina SAL, pero al interior de ellos siempre mantuvo esta postura, no siempre bien comprendida. No obstante su vitalidad, Federico ha padecido problemas de salud que tendían a aparecer a lo largo de su vida desde cuando llegó al barrio Popular, e incluso lo obligaron en 1986 a aprender a caminar nuevamente. Pero Dios lo ha tenido de pie, “como un roble”, como decimos coloquialmente, hasta el sol de hoy.

Ya con 85 años cumplidos ha bajado su ritmo de viajes por todo el mundo, sobre todo por Iberoamérica, pero sigue produciendo intelectualmente. Es siempre inquieto por transmitir su lectura de fe de la realidad, innumerables congregaciones religiosas lo siguen buscando para dictar retiros, hacer reflexiones. Igualmente lo buscamos infinidad de agrupaciones de laicos, de maestros, intelectuales, universidades.

Según su percepción, la iglesia hoy no tiene el poder social de antes, y esto le permite en cambio ser un instrumento más adecuado para la tarea de la evangelización, en la cual al laico le corresponde un lugar preponderante. Argumenta para ello que el mundo de hoy prima lo afectivo, que es el mundo de Jesús; la lectura intelectual de la realidad no tiene vigencia hoy, lectura que se quebró justo desde los años 60, que significaron para el mundo y para la sociedad de hoy, no una época de cambios, sino un cambio de época; que no es fácil de asimilar por el peso de muchos siglos de predominio de lo intelectual, pero esa es la tarea.

Doy gracias a Dios por permitirnos gozar de su compañía y agudeza en la percepción de la realidad actual, que encuentra más propicia que nunca para el anuncio del evangelio. Sacerdote, pero más que eso: amigo, hermano, asesor, consejero, siempre visionario. Gracias Fede por tu vida siempre entregada, sencilla, abierta, dispuesta al servicio. Gracias también por acercarnos a la eucaristía como celebración y como sacramento, tu insistencia en celebrarla de manera cercana y como amigos, como Jesús lo hizo con sus discípulos, nos muestra la actualidad y vigencia de este misterio en nuestra vida de cristianos. Cada que la celebramos con vos, es una invitación a alimentarnos de ella para dar vida a otros, preferentemente a los más necesitados. Así nos acercas a Jesús como persona y al pobre como sacramento y sujeto constructo.

Gracias Fede por tu vida siempre entregada, sencilla, abierta, dispuesta al servicio. Gracias también por acercarnos a la eucaristía como celebración y como sacramento, tu insistencia en celebrarla de manera cercana y como amigos, como Jesús lo hizo con sus discípulos, nos muestra la actualidad y vigencia de este misterio en nuestra vida de cristianos. Cada que la celebramos con vos, es una invitación a alimentarnos de ella para dar vida a otros, preferentemente a los más necesitados. Así nos acercas a Jesús como persona y al pobre como sacramento y sujeto constructor de su propia historia.
Hernán Darío Ramírez, Fraternidad Secular Carlos de Foucauld , Medellín
EE-mail: hernanramirez11@yahoo.

TESTIMONIO DE PRIMAVERA ECLESIAL
Isabel Corpas
Bogotá, 1939 –

Isabelita, como cariñosamente le decimos sus colegas, nació en 1939 en Bogotá en un hogar católico; es madre de 5 hijos y abuela de 12 nietos. Pertenece a una generación de mujeres colombianas que pasaron del ámbito privado de la casa y el hogar a un espacio público de la academia y del quehacer teológico; a la primera generación de mujeres latinoamericanas en acceder a un doctorado en teología.
Esta doble circunstancia, que no es coyuntural en su vida, sino vital, determinó sus primeras búsquedas y respuestas a su itinerario de fe y de estudio teológico. Su formación y experiencia académica.

Isabelita, como cariñosamente le decimos sus colegas, nació en 1939 en Bogotá en un hogar católico; es madre de 5 hijos y abuela de 12 nietos. Pertenece a una generación de mujeres colombianas que pasaron del ámbito privado de la casa y el hogar a un espacio público de la academia y del quehacer teológico; a la primera generación de mujeres latinoamericanas en acceder a un doctorado en teología.
Esta doble circunstancia, que no es coyuntural en su vida, sino vital, determinó sus primeras búsquedas y respuestas a su itinerario de fe y de estudio teológico. Su formación y experiencia académica.

El origen de su vocación como teóloga laica se remonta al año de 1968, según su propio testimonio: “Hace cincuenta años yo era una señora relativamente joven, por entonces casada y con cinco hijos –la menor acababa de nacer- y relativamente piadosa. Eso sí, religiosamente inquiera, aunque no pertenecía a ningún grupo o movimiento de apostolado.
Recuerdo particularmente el programa diseñado por la Secretaría Preparatoria del XXXIX Congreso Eucarístico Internacional porque considero esta circunstancia y al mismo tiempo experiencia como punto de partida de mi vocación teológica. El programa de preparación estaba centrado en las Asambleas Familiares que se reunieron durante los meses anteriores a la celebración del Congreso y en cuya organización, por cosas del destino, participé visitando parroquias bogotanas para motivar a los párrocos, primero, y en un segundo momento a las familias que iban a liderar el proceso en las parroquias.
Recuerdo también haber participado en su capacitación como integrante de un equipo conformado en su mayoría por laicos y laicas que estrenábamos identidad en la Iglesia, un equipo que recorrió el país traduciendo los documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965) acabados de publicar y que estábamos empezando a leer.

“Recuerdo, sobre todo, que estábamos descubriendo en ellos que la Iglesia no es únicamente la jerarquía sino que, por el bautismo, todos somos Iglesia y que el laicado tenía una responsabilidad en la vida de la Iglesia, lo que para muchos era novedoso”.
En 1971, movida por la experiencia de las Asambleas Familiares, por el Documento de Medellín, por la curiosidad existencial de la fe, entra a la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana. En aquella época, no se acostumbraba que las mujeres se sentaran en las aulas de una Facultad de Teología; era una profesión que parecía exclusiva de los “hombres de Iglesia”. Pero su curiosidad inicial se convirtió en vocación teológica y en compromiso eclesial, que fue interpretando y asumiendo como un ministerio; así como también fue aprendiendo que, a través de las diversas circunstancias, o de la lectura de los “signos de los tiempos en su vida”, Dios le estaba mostrando un camino como teóloga.

En 1975 terminó el pregrado y obtuvo la Licencia Civil. Al año siguiente inició su postgrado y recibió el título de Magister en Teología Sistemática. En el año 1982 se matriculó al doctorado en teología y recibió su título en 1984 con la tesis “Pareja abierta a Dios” dirigida por su profesor P. Alberto Parra S.J.

De las cosas más interesantes en Isabelita, es que, inquieta con su experiencia de fe, sus estudios contribuyeron a enriquecerla, a la vez que a profundizar en el conocimiento de Dios. Aunque por definición el estudio de la teología es la ciencia que trata de Dios, en realidad se ocupa de cómo varones y mujeres han vivido y están viviendo la experiencia de Dios en diversos contextos culturales; cómo esta experiencia transforma sus vidas, cómo la celebran, cómo la han comunicado y celebrado.
Isabelita, deja plasmado en sus numerosas publicaciones esta experiencia de vida y de saber teológico. Isabelita, fue comprendiendo a través del estudio de la teología que sus argumentos responden a circunstancias concretas y se enmarcan en los modelos de pensamiento correspondientes a un contexto cultural, por lo cual la reflexión teológica es diversa, situada, histórica, y surge como respuesta a las preguntas que los seres humanos se plantean y a los problemas que ellos y ellas viven.

Ha sido Profesora en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá desde 1977 hasta 1997. Profesora Titular en la Facultad de Teología y directora de la Maestría en Estudios del Hecho Religioso de la Universidad de San Buenaventura Bogotá, hasta 2010. Es autora de numerosos libros y artículos publicados sobre temas especializados en teología. Investigadora independiente e incansable en asuntos de estudio de la religión, género, Iglesia. Colaboradora de artículos de la revista impresa y posteriormente virtual Vida Nueva.
Es miembro fundadora de la Asociación Colombiana de Teólogas y de la Red de Teólogas y Teólogos Javerianos; miembro de Red ecuménica de teólogos y teólogas Amerindia; del Instituto Colombiano para el Estudio de las Religiones ICER y del Centro Ecuménico de Formación e Investigación Teológica CEFIT.

Vivencia del Concilio Vaticano II Como buena creyente, transformada y enriquecida por el estudio teológico, no se hicieron esperar sus publicaciones enmarcadas en el contexto de la renovación eclesial que se empezó a dar a partir del Concilio Vaticano II. Sus escritos se pueden agrupar de acuerdo con sus intereses académicos, así: pareja, matrimonio y familia; pedagogía de la fe; el lugar de laicos y mujeres en la Iglesia; teología sacramental; teología de los ministerios eclesiales; la identidad de la teología y su estatuto epistemológico; teología en perspectiva de género; el estudio interdisciplinario del hecho religioso; el evangelio al alcance de todos; algunos escritos que no se integran a ninguno de estos temas y pueden clasificarse en el renglón de temas varios; los escritos de Soledad Acosta de Samper leídos en perspectiva de género.

Su producción teológica responde a la confluencia de sus dos inquietudes iniciales, una circunstancia vital y unas circunstancias coyunturales que fueron definiendo el contenido y enfoque de su reflexión teológica. Desde el comienzo de sus estudios tuvo la intuición que su aporte y reflexión teológica debería ir desde la experiencia de pareja, dada su condición de mujer casada. Y este es quizá uno de sus mayores aportes a la teología del matrimonio en su ejemplar obra Pareja abierta a Dios. Obra de la cual hemos estudiado muchos de sus alumnos en la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, en la Universidad San Buenaventura y en general en muchas facultades y centros de estudios teológicos, nacionales e internacionales.

El aporte teológico de Isabelita tiene que ver no solamente con el ámbito académico, sino también como consultora y participante activa en la XXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Colombiana cuyo tema fue la familia, también participó como conferencista en eventos académicos diversos: Congresos de Sexología; encuentros convocados por el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano); cursos y seminarios organizados por universidades y 4 organizaciones eclesiales.

Hizo un valioso aporte como integrante del Equipo Asesor de la Sección de Pastoral Familiar del CELAM desde 1992 hasta 1994. Isabelita, por más de 30 años ha investigado teológicamente sobre la experiencia de pareja, ha respondido a interrogantes de sus estudiantes, a inquietudes de muchísimas parejas a quienes ha tenido la oportunidad de acompañar, asesorar y ayudar a revisar su proyecto de vida común, como preparación al matrimonio.

El legado de vida de Isabelita para la juventud hoy. Isabelita como buena investigadora ha estado abierta a los desafíos del mundo actual. Esta es la manera como aporta con su reflexión y escritos a la vida de la iglesia. El legado de ella ha tendido distintos frentes: en la academia, hemos aprendido el rigor y la sistematicidad en su quehacer teológico; en la preparación a la vida sacramental en muchos jóvenes; en la reflexión teológica del diaconado de las mujeres; en su contribución a la teología latinoamericana en la red de teólogos y teólogas Amerindia; en la lectura teológica crítica y esperanzadora sobre los asuntos apremiantes para la vida en el mundo de hoy.
Socorro Vivas Albán Teóloga, docente e investigadora. e-mail: svivasalban@gmail.com

TESTIMONIO DE PRIMAVERA ECLESIAL
Mario Calderón Villegas
Manizales, 1946 – Bogotá, 1997

Enterado del Proyecto “Primavera Eclesial”, por el cual se quiere dar a conocer biografías de personas que han sido apreciadas como ejemplos de un caminar alegre y comprometido tras las huellas de Jesús de Nazareth, he creído conveniente presentar la imagen de quien fuera compañero y amigo: MARIO CALDERÓN VILLEGAS.

Quiero resaltar tres aspectos fundamentales de su personalidad: 1. Una gran libertad y madurez interior 2. Una comprensión tempranera
1. libertad y madurez interior
Mario nació el 13 de octubre de 1946 en Manizales. Fue el segundo de cinco hijos del hogar de Alejandro Calderón y Luisa Villegas; tres hermanas y dos hermanos. Ingresó a la Escuela Apostólica de la Compañía de Jesús, en Bogotá, a los 15 años, para luego pasar al Noviciado y empezar su vida religiosa. Desde el primer momento se distinguió por su frescura y naturalidad en asumir las actividades propias de su nueva vida. Persona alegre, sencilla y despreocupada de la rigidez conventual. Cumplía con las normas y las directrices generales pero siempre dentro de una gran libertad interior. Su preocupación no era el cumplir juiciosamente todos los detalles, sino el encontrar el sentido y la razón de ser de las cosas. Gozaba de una gran libertad interior. Poco a poco había ido comprendiendo que la norma última de sus actos no residía en una ley externa a sí mismo, sino en la autonomía de una conciencia bien formada. De ahí que hiciera gala de un comportamiento que otros, apegados a las normas y al cumplimiento de las prescripciones externas, a veces no entendían. Podemos decir, entonces, que Mario aparecía como un canto a la libertad de los hijos de Dios.

2. Una comprensión tempranera y profética de la ecología: el cuidado de la Casa Común
Mario era una persona amante de la vida sencilla. Su temperamento des complicado transparentaba la alegría de vivir. Cuando aún no estaba en el ambiente la preocupación por los daños causados al planeta, cuando en su medio ni siquiera se hablaba de ello, él ya había comenzado a caminar por la senda de la conversión ecológica: no tenía al planeta como mercancía de uso y recambio, como habría de decirlo más tarde el Papa Francisco, sino como un ser vivo que hay que proteger, conservar y cuidar.

Tuvo con nosotros el detalle de visitarnos, mientras trabajábamos en San Vicente de Chucurí (Santander), a finales de la década del 80, por el placer de recorrer y apropiarse –según decía- la agreste topografía del suelo colombiano. Mario se comprometió de lleno en la defensa del medio ambiente. Organizó talleres y reuniones con los campesinos del Sumapaz. En su preocupación ambiental se dedicó a defender la riqueza exuberante de las aguas de una región tan rica en ellas que él bautizó “La República de las aguas”. De esa sintonía con la Madre Tierra y de su temperamento amiguero había de surgir la idea de crear en 1989, con un grupo de amigos cercanos, la Asociación de la Reserva Natural del Sumapaz. Una vez más, Mario se estaba alineando con la historia y comprendía la importancia de “un ecosistema que regula el caudal hídrico de las cuencas altas de los ríos Tunjuelo, Sumapaz, Blanco, Ariari, Guape, Duda y Cabrera, ríos oferentes de servicios ecosistémicos para el Distrito Capital de Bogotá y los Departamentos del Meta, Huila y Cundinamarca.

Uno de los sitios de alta montaña más ricos en géneros y especies de flora colombiana. No en vano es el parque más extenso del mundo” (Google). Mario lamentaba profundamente el daño que se le estaba causando a la “Casa Común” y no dudó en enfrentarse más de una vez a quienes en su egoísmo destruían el medio ambiente.

3. Opción clara y efectiva por los pobres
Esas dos primeras características afectivo-sentimentales de que hemos hablado, libertad interior y amor por la naturaleza, encontraron su cumplimiento en una clara y efectiva opción por los pobres. Habiendo entrado a la Compañía de Jesús en 1961 y cumplidos sus primeros años de formación religiosa, comenzó su labor pastoral ocupándose preferentemente de la juventud en la parroquia de Villa Javier y de las Comunidades Eclesiales de Base del barrio Buenos Aires (Bogotá).

Sus frecuentes reuniones con los grupos de la parroquia a mediados de la década de los 70 eran verdaderos momentos de formación evangélica y sicosocial a la luz de Paulo Freire y de la Teología de la Liberación. Una vez ordenado Sacerdote el 3 de diciembre de 1974 seguiría animando el Equipo de Pastoral de la parroquia de Villa Javier e impulsando el trabajo organizativo de los jóvenes para lo cual tenía en cuenta las orientaciones de la Compañía en su Congregación General 32 que definía la misión como “El servicio de la fe del cual la promoción de la justicia es una exigencia absoluta”.

Dado su compromiso apostólico, es así como en 1979 los Superiores Jesuitas deciden enviarlo a Paris a fin de completar su formación. Allí obtendría un doctorado en Sociología de la Religión en la Escuela de Altos Estudios de París con la tesis: Conflictos en el Catolicismo Colombiano.
Coherente con su opción evangélica, a la vez que ejercía su solidaridad con las víctimas de Colombia, que estaba siendo azotada cruelmente por la violencia y la represión, pasaba largas estadías en el sur de Francia intercambiando preocupaciones y proyectos con un grupo anarquista de Longo Mai, amigos seriamente preocupados por el medio ambiente. Posiblemente este fue el origen de su opción por el cuidado de la Casa Común.

A su regreso a Colombia en 1987 es destinado por sus superiores a trabajar en Tierra Alta (Córdoba), en compañía del P. Sergio Restrepo, como Vicario Cooperador de la Parroquia. Al mismo tiempo es nombrado coordinador del Programa por la Paz en el Alto Sinú de la Compañía de Jesús. Una vez más, asume su labor desde un compromiso claro y definido en favor de los más pobres, opción que no fue bien vista por los poderosos terratenientes de la región.
El mismo día en que fue asesinado el P. Sergio Restrepo, 1º de junio de 1989, fue necesario sacar a Mario y traerlo a Bogotá. Su vida habría de cambiar radicalmente. A raíz del absurdo asesinato del padre Sergio Restrepo, muerte especialmente absurda porque, según se cree entre los que conocían su compromiso en el trabajo, era a Mario Calderón y no a Sergio Restrepo a quien querían asesinar, los superiores decidieron traerlo a Bogotá y destinarlo a trabajar en el CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular). Ya en Bogotá retomó su compromiso de trabajo como investigador de la problemática social del país, como también se ocupó de la defensa en favor de los perseguidos, como miembro del Comité Permanente por la defensa de los Derechos Humanos.

Como siempre y una vez más se entregó de lleno a la defensa de las personas y de las grandes causas sociales en colaboración de un equipo de compañeros muy cualificados. En dicho equipo del CINEP habría de encontrarse con la socióloga y comunicadora Elsa Alvarado con quien, habiéndose retirado de la vida religiosa, decide formar una familia y de cuya unión nacería Iván Calderón Alvarado. Ya en pareja, Mario y Elsa toman la costumbre de salir los fines de semana a su casa de descanso en la Reserva del Sumapaz. Qué ironía, paraíso que él gustaba evocar como de Suma…Paz! El 12 de mayo de 1997 sería su última visita a la Reserva pues siete días más tarde, el 19 de mayo de 1997, Mario y Elsa, en compañía de su suegro, Carlos Alvarado, serían brutalmente asesinados en su propio apartamento de Chapinero, en medio de la noche, por los secuaces de la banda de la terraza, crimen pagado por los paramilitares y ordenado por Carlos Castaño, comandante de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia).
Imposible callar una muy extraña coincidencia, a saber, que ocho días antes, al salir ellos de la Reserva, fueron detenidos y sometidos un minucioso interrogatorio en un retén militar: anotaron sus identidades, placas de carro, dirección y teléfono. El próximo 19 de mayo se cumplirán 23 años de total impunidad! Mario fue brutalmente asesinado por ser un defensor de los derechos humanos, por reclamar protección de la naturaleza, por empeñarse en un compromiso liberador.

Fue muerto por ser un líder social de acuerdo a su compromiso por el Evangelio. O como lo expresó el P. Javier Giraldo en el momento de sus exequias: “Mario ha concluido su peregrinación, excluido violentamente de nuestro entorno por las fuerzas de la muerte que nos envuelven y dominan. Sus últimas huellas quedan, pues, ensangrentadas y producen en nosotros el escalofrío de la sangre; el escalofrío de lo que fue truncado; de los proyectos deshechos; de las utopías destruidas, de lo que nunca debió suceder y que sólo ocurrió por un cúmulo de absurdos y de sin razones, que se ha convertido, desgraciadamente, en lo más cotidiano de nuestra cotidianidad”.
Mario, mártir por la causa de Jesús, hoy es ejemplo para los jóvenes de vida en el servicio de los más pobres y en el cuidado de la Casa Común.

e-mail: luiscarlos6325@gmail.com

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