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Teología política-V -- Benjamín Forcano

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Teología Política
El tiempo es propicio para , en medio de la crisis, tener memoria, situar la relación y compromisos de nuestra cristiana y no olvidar las prácticas habituales de una política neoliberal.
Y esto bajando al arena concreta de la situación que estamos viviendo. Son puntos para la reflexión, que a lo mejor sirven para revisar y asumir nuevas actitudes y opciones.

1. El cristianismo , como religión pública que es, ¿qué aporta al socialismo?

2. Ferocidades verbales de la derecha

3. Les puede el Partido, no la verdad

4. Católicos votantes del PP

Benjamín Forcano

1

EL CRISTIANISMO, COMO RELIGIÓN PÚBLICA QUE ES,

¿QUE APORTA AL SOCIALISMO?

La consulta histórica de los temas nos aleccionan a veces de manera sorprendente. Ocurre que muchas veces se ha exigido la exclusión de la religión cristiana de la vida pública, debido a haber tergiversado su misión y haberla convertido en poder al servicio de intereses y objetivos de dominación y de egoísmo. Pero, la historia nos ha ido haciendo ver que una cosa son las corrupciones y otra la esencia de la religión y que es un disparate empeñarse en eliminar la religión so pretexto de acabar con sus errores, sin advertir su otra cara de fraternidad y liberación.

Precisamente por eso, las cosas vuelven a su cauce y, delimitadas las cosas, se ve como algo absolutamente normal que la religión cristiana es religión pública y que, además, puede Pser una gran fuerza de regeneración , animación y garantía del socialismo.

Persona y religión

Lo primero que ha contribuido a centrar la cuestión ha sido lo que aparece obvio en el ser humano: su libertad para manifestarse o no religioso. Podrá discutirse todo lo que se quiera sobre esta cuestión, pero lo que sí es evidente es que la persona tiene derecho a expresarse libremente en este aspecto. Ya hemos visto que muchas objeciones caen por sí mismas con solo fijar el concepto de cristianismo de que partimos. La religiosidad, que actúe en contra de la dignidad y derechos humanos, podrá ser criticada y combatida como falsa. Pero, la religiosidad que sirva para promover y garantizar esa dignidad deberá ser reconocida y enaltecida.

Lo que no se puede, en consecuencia, es reconocer el derecho a la libertad religiosa y, al mismo tiempo, decretar políticamente su privacidad. Si la libertad religiosa es un derecho de la persona, se deduce que la persona que la profesa lo hace porque la considera un elemento fundante y configurador de su vida. Pretender que la persona religiosa se olvide de sus principios y valores religiosos a la hora de actuar en público, es un doble error: someter a la persona a una esquizofrenia y diluir en la nada el contenido objetivo de la religión.

La persona es una unidad y si la religiosidad auténtica la posee, esa religiosidad la impregna en su totalidad: individual y social, interior y exterior, privada y pública, particular y universal, local y cósmica. Quiere esto decir que la religiosidad personal, además de animar y guiar al sujeto en su interioridad, es lógico que aspire a articularse comunitaria e institucionalmente según doctrinas, valores y ritos propios de cada religión. Los límites a ese derecho no pueden ir más allá de los establecidos para cualquier otra visión filosófica o ideológica: el respeto de la dignidad humana y sus derechos.

Persona y política
La persona es constitutivamente convivencial y comunitaria y, por ende, política. No puede prescindir de los otros a la hora de resolver los problemas comunes. Es la política. La política es esa permanente dedicación a conjugar el bien particular con el común, los derechos de unos con los de los demás, las obligaciones de unos con las obligaciones de los otros. Y este quehacer político no es posible si a la persona la desproveemos de responsabilidad y solidaridad, es decir, de ética.

La política no es posible sin personas, y la persona no es posible sin ética.Pero, aquí aparece claro otro extremo: así como la religión por ser plural es individual en la opción y en el contenido, la política por ser comunitaria debe implicar derechos, necesidades y valores que sean comunes. Lo común pertenece a la política, pero la religión por su diversidad, puede sobrepasar e ir más allá de lo común. Y no se puede políticamente programar unitariamente para todos, ni puede ella, por ser particular, erigirse en gestora de una política determinada. Ni política confesional, teocrática; ni confesionalismo político, sacralizado. La religión es y se implica en la política, pero va más allá de la política. La ciudadanía es una franja universal en la que se hallan incluidos todos los seres humanos, con su dignidad y derechos inviolables, en tanto que la religión, sin dejar de reforzar esos derechos, establece además otros vínculos de unidad y comunión gratuitos.

Esto quiere decir que ninguna religión puede aspirar a crear una política propia,un Estado propio, una legislación propia, un sistema económico propio y, desde él,dirigir y vincular a todos los ciudadanos. Ninguna religión tiene poder para definir ese tipo de cuestiones e instituciones.

Persona y mediaciones

Esto quiere decir que la persona, como comunitaria y política que es, no puede llegar a soluciones sin aplicar mediaciones concretas. Ahora, la solución de problemas comunes (pobreza, paro, desigualdad, etc.) requiere de principios religiosos, pero al mismo tiempo la determinación de pasos y medios operativos concretos pertenece al campo y diseño de la antropología, de las ciencias, de las estrategias y políticas concretas que han de buscarse y aplicarse en cada lugar sin desvincularse de los principios y valores guía.Por eso, las mediaciones quedan a merced de un cambio permanente, bien sea por las diferencias existentes en cada pueblo o entre las relaciones de unos pueblos con otros, bien sea por la presión ético religiosa que exige nuevas mediaciones para lograr más adecuación con los valores-fines de la persona y de la sociedad.

Persona y cristianismo

Los que se profesan cristianos, tiene razones para afirmar que la religión cristiana es una religión pública y que, por lo mismo, y sin pretender monopolizar ni imponer nada, obrando de acuerdo con los principios y valores de esa religión, su conducta reflejará la marca, inspiración y medida de esos valores. Sencillamente porque la persona es unidad y unitariedad, y si la religión la inspira e impregna en su totalidad, debe impregnarla en lo que es la amalgama de esa totalidad: convicciones, actitudes, sentimientos y opciones.

Cada persona elige un estilo de vivir. Y, para los creyentes, la religión es parte

importante y hasta esencial de ese estilo. Un estilo que no hay que presuponerlo extraño o peligroso, pues la fe, al menos la cristiana, comienza por ser fe humana, es decir, fe en el hombre, en su dignidad y derechos. Ese es el primer artículo de la fe cristiana y sin él la fe se toma sospechosa, vacía o falsa. Y, desde esa fe en lo humano, el cristiano expresa su identidad y comunión con todos aquellos que -ateos o no- viven con el sueño de hacer una ciudad humana universal: fraterna, igualitaria, libre. Hay, pues, un caminar común, porque hay un terreno y fe común.

Pero, ¿cuál es el estilo, si lo hay que, junto a esos elementos comunes, debe configurar al cristiano?El estilo es el de Jesús de Nazaret.

Cualquier otra coartada, que aspire a definir el cristianismo sin pasar por ahí, es cuestionable. Se es cristiano porque se elige con libertad personal vivir la vida como Jesús de Nazaret. Y Jesús de Nazaret es todo un estilo: en el pensar, en el sentir y en el obrar; en relación con Dios, con uno mismo y con los hombres; en relación con la justicia y con el culto; en relación con los ricos y con los pobres; en relación con el poder religioso y con el poder político; en relación con la interioridad y la exterioridad; en relación con lo que es vicio y lo que es virtud; en relación con la vida material y espiritual, personal e institucional, histórica y escatológica.

Puesto a describir el estilo de Jesús, me gustaría destacar algunos de los trazos más salientes:1. Inmerso en su pueblo, participa de todo lo que constituye su historia. Sabe que la expectación sobre el Mesías es grande y varias las maneras de interpretarlo y acogerlo. Resulta predominante la de un mesianismo teocrático, nacionalista, excluyente que restaurará la gloria de Israel con fuerza y esplendor. No se concibe un Mesías que no vaya asociado al poder, al éxito, la gloria.

El mesianismo de Jesús es de muy distinta naturaleza: «Sin hacer alarde de ser igual a Dios, se vacía de sí mismo y toma la condición de esclavo haciéndose uno de tantos» (Fp 2,6-8). Escribe Rafael Díaz Salazar:

«La forma de Dios como esclavo entregándose a la liberación de los esclavizados con una radicalización que le lleva a la muerte con la doble acusación de subversivo y blasfemo es única en la historia de las religiones.» (1)

Tan única que este mesianismo cambia de raíz las relaciones de Dios con la política en el sentido de que no habrá otra forma de hacer política divina sino aquellas que, de verdad, sirvan al servicio y liberación de los empobrecidos desde los valores propios del Evangelio.

2. Este mesianismo jesuánico se centra en el anuncio y realización del Reino de Dios. Este Reino es la utopía del Nazareno, a la que consagra por entero su vida:- Él, como profeta, se enfrenta a las autoridades religiosas y políticas de su pueblo para desenmascarar sus errores y contradicciones. Ningún sistema político puede instrumentalizar la divinidad para el encubramiento de unos y la dominación de otros, y ningún sistema religioso puede erigirse como dueño de Dios y utilizarlo con alienación y detrimento de las personas: «Es muy significativo que la persona que se presenta como el enviado de Dios sea condenada por subversivo y blasfemo. La revelación jesuánica de Dios es captada como suprema negación de la divinidad tal como ésta era concebida por la mayoría de los judíos y romanos. Desde ésta óptica no hemos de extrañamos que los primeros cristianos fueran considerados ateos» (ídem, p. 338).

– Dios es Padre de todos, sin exclusión de nadie, en una patria y familia universal, sin fronteras ni discriminaciones, en la que la todos son hermanos. Aquí, el parentesco es de otro rango y sobrepasa el simple de la sangre y de la raza, y se incrusta en la ley primigenia del amor, única que libera, que enlaza culto y justicia y que hace presente a Dios mismo en la liberación de los empobrecidos (Cfr. Mt 25, 31-46).

– Para hacer efectiva esta patria. Dios no va a suplir a nadie. Él cuenta con la responsabilidad humana y, sobre todo, con las disposiciones y actitudes de cada uno, alejadas del orgullo, de la avaricia y del egoísmo. Se trata de echar abajo una serie de ídolos (el dinero, el poder, el dominio) que alimentan la deshumanización e impiden que la convivencia y las relaciones entre los humanos sean justas y fraternales.

– El mensaje de Jesús no se centra en el diseño de una política específica. Las políticas son necesarias y ellas deben ocupar la entrega y compromiso de los hombres pero, en tanto que políticas, son coyunturales y evolutivas, mientras los valores del Evangelio son esenciales, suprapolíticos, válidos para guiar la política y reconducirla cuando haga falta.

Cristianismo y socialismo

Si tenemos claro cuáles son los problemas que mayormente afectan a la sociedad, claro que la izquierda pretende ofrecer las mejores propuestas para la solución de esos problemas, claro que no hay un sistema económico-sociopolítico que pueda sobrevivir sin ideología , pues todo proceso económico-político resulta indisociable de un determinado tipo de filosofía y ética. ¿La izquierda de hoy adolece de un vacío de espiritualidad y de valores que la propulsen? Está claro que el neoliberalismo constituye un determinado sistema dominante desde el que organizar la economía y también las conciencias, entonces, la pregunta clave es ésta: en la marcha de este proceso, ¿con qué energías y valores morales contamos? ¿podemos seguir abrigando la duda o el escepticismo de la validez del cristianismo para acometer con garantía la solución de esos problemas? En todo caso, y de ser afirmativo, ¿qué tareas o contribuciones puede aportar el cristianismo a la solución de tan ingentes problemas?

Creo que puedo señalar cuatro:

1. Tener como criterio de organización sociopolítica y de educación el criterio de que todos los hombres son hermanos y, si hermanos, hay que luchar para que las relaciones sean de igualdad y desaparezcan los obstáculos que más la imposibilitan: el dinero y el poder. Hay que establecer como prioridad que tantos y tantos como se encuentran en la miseria y exclusión (los últimos) sean los primeros, de modo que sea desde las carencias de sus derechos y necesidades como comience a organizarse la sociedad. Si Jesús llama a los pobres bienaventurados es porque les asegura que su situación va a cambiar y para ello es preciso crear un movimiento que sea capaz de lograrlo, devolviéndoles la dignidad y la esperanza. Hay que dar la primacía de los últimos:

«El cristianismo originario se enfrenta al reinado del dinero y del poder como

mecanismo de dominación e introduce una pasión en la historia: que los últimos dejen

de serlo, que se adopten comportamientos y se organicen políticas y economías que les

den la primacía para construir una sociedad sin últimos ni primeros o, al menos, con la

menor desigualdad entre los seres humanos convocados a ser hermanos.” (2)

2. De acuerdo con esta pasión por los últimos, tener sensibilidad y criterio para saber detectar dónde se encuentran en nuestro mundo las causas y mecanismos que producen los primeros y mayores problemas de desigualdad e injusticia.

3. Crear una voluntad colectiva que sea capaz de anteponer las necesidades de los últimos y que articule políticas y comportamientos sociales solidarios, con la consiguiente adopción de esfuerzos y renuncias comunes. Si la pasión por los últimos se convierte en idea y fuerza moral movilizadora, tendremos entonces la posibilidad de políticas internacionales de solidaridad, de democracia económica, de asunción de la pobreza evangélica, llegando a crear nuevos sujetos sociales, con una nueva escala de valores antropológicos y una nueva finalidad para la vida personal y colectiva.

4. Hacer propia la cultura del samaritano ante el prójimo necesitado: sentir como propio el dolor de los oprimidos, aproximarse a ellos y liberarlos. Sin este compromiso, toda la religiosidad es falsa:

«El cristianismo originario presenta unos valores de fondo que vistos en su conjunto configuran un determinado espíritu o fuerza socio-vital muy importante para la izquierda. La primacía de los últimos, la pasión por su liberación, la crítica de las

riquezas, la cercanía a las víctimas de la explotación, el anhelo por construir la

fraternidad desde la justicia y más allá de éste, la apuesta por un estilo de vida

centrado en la desposesión y comunión de bienes, la unión entre el cambio de la

interioridad del hombre y la transformación de la historia, etc. son propuestas vitales

muy valiosas para la cultura socialista.» (3)

NOTAS

(1) R.DIAZ SALAZAR, La izquierda y el cristianismo, Taurus, 1998, p. 342.

(2) Idem, p. 354.

(3) Idem, p. 399.

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FEROCIDADES VERBALES DE LA DERECHA

Hace tiempo que me rondaba la idea de hacer un estudio sobre los juicios de valor vertidos en los medios de comunicación contra el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. No estaba acostumbrado a oir de tantas bocas tantas descalificaciones y me preguntaba si aquello sería un fenómeno exclusivo de la idiosincrasia española o más bien reflejo de un déficit de comportamiento democrático. En ningún país, había escuchado yo o leído dislates semejantes y tan feroces calumnias sobre su presidente o jefe de gobierno.

Zapatero había sido elegido presidente democráticamente por dos veces consecutivas. Y lo habían hecho más de once millones de españoles. Y fueron tan amplios e innegables sus logros que le valieron el reconocimiento internacional y a nivel nacional, con sus fallos y aciertos, era especialmente valorado por su talante apacible, tolerante, dialogante, componedor del mayor consenso posible, defensor de los derechos de minorías marginadas, un talante inusual en muchos políticos de derecha.

Pensaba yo que, una de dos: o Zapatero era un monstruo y entonces no entendía que un sector mayoritario de una sociedad democrática lo votase o era un político excepcional que venía frustrando las ansias de llegar al poder de sus adversarios políticos. Aún así, me resultaba inconcebible la saña con que se lo trataba en determinados “medios”. Por supuesto, yo rechazaba el consabido tópico de que lo mismo hacían los políticos del PSOE. Tal respuesta quedaba desmentida por la realidad.

Mira por donde hace unos días llegó a mis manos un libro, que cubría mi deseo y confirmaba lo que yo pensaba: “Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna”, de José María Izquierdo, prologado por Iñaki Gabilondo.

De sus 236 páginas, me interesan ahora las 40 dedicadas a Zapatero. Las frases recogidas por el autor son de firmas o autores muy conocidos, que suelen escribir o hablar en los grandes diarios, en televisión o radio y que pertenecen mayoritariamente al Partido Popular.

Voy a exponer lo escrito y que el lector juzgue. Y lo voy a hacer citando literalmente frases de estos autores, recogidas en el libro, con indicación del medio y día en que fueron dichas o escritas. Son frases de unos veinte autores, con nombre y apellido, que los lectores pueden comprobar si lo desean, pero que yo prefiero silenciar. Lo importante es lo que se dice, aunque luego quede marcado quien lo dice. Luego, añadiré de mi parte unas reflexiones.

. “ La ignorancia inabarcable de nuestro presidente ha dejado huella en toda Europa” – “Los principales dirigentes europeos lo consideran un pardillo ignorante” – “Está claro que, tras siete años gobernados por este híbrido de Alicia y Atila, en España no cabe un imbécil más”- “Infantilismo y catetez, sumadas a una impecable carencia de escrúpulos morales, son arma eficacísima en las manos de un frío profesional de la política” – “Es el cerebro de un adolescente , injertado sobre una ignorancia más allá de lo descriptible”, “¡Qué cantidad de gansadas dice este hombre!”- “Este indigente intelectual se ha cargado la transición” –

“Zapatero no sabe en qué mundo vive ni en qué día” – “ La psicología de Zapatero al final es más simple que el mecanismo de un botijo”, “Preside el Gobierno un perfecto alucinado” – “Zapatero es un político sin solvencia ni preparación, frívolo, hueco, táctico, relativista, líquido, puro pensamiento débil” -“Sus declaraciones son para antología de la memez” .

. “Zapatero avanza, en constante y errático progreso, hacia la noche” – “Quienes lo conocen aseguran que el resentimiento es el rasgo constitutivo de su carácter” – “Se ha convertido en un mentiroso compulsivo y sin remedio” – “Rodríguez es un pertubado. Tratar al sujeto de indecente mamarracho se queda corto”, “Además de nefasto cretino es un cursi redomado” – “Ejemplo de degradación ha sido el político de izquierdas más antisocial del mundo, es un villano que lleva a nuestro pueblo a la degradación”.

. “Es un caradura, no tiene dignidad” – “Es un ser amoral, inepto y, además, cobarde” – “Al final tenemos a un perfecto majadero con la cara como un pirata” – “Se instala en la falsedad y vive en ella permanentemente” – “Es un vende patrias , es decir, no tiene ningún concepto de España”. -“Es un señor monstruoso”.

. “Zapatero es la mayor calamidad que ha tenido España” – “La basura generada diariamente por el Gobierno de Rodríguez Zapatero es imposible de reciclar” – “Este “tío” acredita mil fechorías, una frivolidad política y económica sin límites, una improvisación de púber y una chulería incompatible con su escasa arquitectura”, “El daño que ha hecho a España no lo ha hecho nadie nunca” – “Zapatero trafica sin pestañear con nuestros valores más sagrados y nos entregaría al mejor postor si eso fuera útil para él. Pactaría con el mismísimo Satanás si éste le concediera alguna importancia” –

“Insultó a los parados, les llama cobayas, les llama ratas de laboratorio” – “Zapatero ha sido y es el peor presidente que haya tenido nunca este país” – “Desde Fernando VII, el rey felón, no había sufrido esta pobre nación semejante flagelo de incompetencia y traición” – “El esdrújulo y circunflejo Zapatero ha sido el peor gobernante que ha tenido España desde Witiza” .

No hay duda de que, tras estos juicios, existen unas motivaciones que los determinan. Y pudieran ser razón para entablar con Zapatero, su equipo de Gobierno y ciudadanos que lo han votado un debate y argumentar sobre lo infundado o equivocado de su quehacer político. Estarían en su derecho y haría un buen servicio a la convivencia. Pero, lo que bulle en todas estas frases no es argumentación y sensatez sino odio y calumnia. El odio es un sentimiento violento que lleva a hacer daño a alguien y la calumnia a imputarle cosas gravemente falsas.

Este talante es lo preocupante en una convivencia y es lo que distingue a los falsos de los verdaderos demócratas. Porque el error, la ignorancia, la maldad y la cobardía se combaten con la verdad, la sabiduría, la lealtad y la coherencia, no con la calumnia ni el odio.

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LES PUEDE EL PARTIDO, NO LA VERDAD

Próximamente la mayoría de los españoles votará a uno u otro de los dos grandes Partidos, aunque haya partidos minoritarios que merecerían ser votados por encarnar mejor los valores de la democracia. Pero la política a seguir será la del PP o la del PSOE, dos proyectos distintos, un poco reflejo de las dos Españas,

En la situación actual la gente lleva metida en el alma la cantinela del PP: Zapatero y su gobierno están agotados, dejan a España dividida, intervenida y en ruinas, son cinco los millones de parados, están congeladas las pensiones, hemos perdido crédito en el ámbito internacional, decrece la prosperidad y confianza,… Zapatero no ha hecho nada o lo ha hecho todo mal, es el presidente peor de la democracia y de la historia de España. Es la hora del cambio.

El PSOE lleva dos legislaturas gobernando, ha tenido el apoyo mayor de los electores, elevó las pensiones de 325 a 725 € y ha explicado cómo su congelación por un año es para asegurarlas en los 25 años siguientes a los futuros jubilados, sacó las tropas de Irak, consiguió el apoyo parlamentario para las leyes del matrimonio homosexual, del aborto, de la igualdad, de la dependencia, creó una televisión pública independiente, aseguró igualdad de oportunidades en educación y sanidad, ha denunciado la corrupción política, ha promovido las Autonomías, ha derrotado a ETA,…

Pero con tal de ganar aquí vale todo, tanto si se calumnia como si se engaña a los electores con grandes promesas, con lugares comunes, sin soluciones. El PP está liderando el tema de las privatizaciones a mansalva, debilitando el sector público, consagrando los privilegios de los que más tienen, preparando la pérdida de los derechos civiles, desatendiendo a las minorías. No hay sino mirar a la Cospedal, su campeona en recortes sociales y a Esperanza Aguirre su líder en las privatizaciones.

Al PP no le interesa la verdad de diagnósticos y análisis, propuestas y alternativas, le basta con repetir que Zapatero es el culpable de todo y crucificarlo con los clavos de mil vejámenes.

Me temo que el PP, si finalmente llega al poder, no va a cambiar de estrategia, lleva mucho resentimiento acumulado, le resultará difícil liberarse de su prolongada frustración y crispación, dejar a un lado tanta ferocidad mediática (según describe José María Izquierdo en su último libro: “Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna”) y dejar de sembrar alarmas, falsedades, ilusiones que envenenan la convivencia.

Es posible que muchos votantes sinceros los descubran en breve, por sus obras, y contrasten la retórica de sus promesas con la realidad escondida de sus verdaderas intenciones.

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El PRE – JUICIO EN POLÍTICA

Hace tiempo que, cuando me asomo a un programa de televisión , me interesa primero de todo los nombres de los que intervienen. Y he llegado a la decisión de desconectar sin son nombres que intervienen en nombre de los partidos.

Me resulta insoportable su irracionalidad, que proviene de no valorar los razonamientos del contrario, de no preocuparse por los derechos de la mayoría, de negar y contradecir al contrario. Un ejercicio éste pre-racional, (lo racional es lo específicamente humano) con el objetivo de que el propio partido sobresalga invicto.

Los intereses del pueblo, -el único que delega el poder y tiene derecho a que se le represente con obediencia y honestidad-, son siempre los mismos, se trate del partido que sea. No es consecuente, por tanto, que los políticos se ataquen obstinadamente como si de intereses distintos se tratara. Esta postura es hoy pestilente en ciertos debates políticos.

La perduración de esta dialéctica partidista produce confusión y malestar y subrepticiamente va inoculando fobias de exclusión y menosprecio. Desgraciadamente, muchos ciudadanos piensan por lo que dicen estas personas. Obran con pre-juicio, es decir, sin uso de la propia razón.

Entiendo, no obstante, la acrítica receptividad de muchos televidentes. En nuestro interior anidan ideas, pautas y sentimientos que desde diversas instancias se nos fueron introyectando. No todos han dispuesto luego de circunstancias que les permitieran valorar ese contorno, despojándolo de elementos exagerados, unilaterales e incluso falsos. Pero, otra cosa es la postura de los que cínicamente proceden así, a sabiendas de que mienten.

El ciudadano debe estar alerta contra esta mediocraciapolítica que, además de insolente es antidemocrática y arranca de creer que tan solo tal o cual partido es vehículo de verdad y de soluciones. Insolencia que trastueca hechos básicos como son los de pensar que sólo la derecha define bien la realidad de España, sólo la derecha asume y respeta la religión, sólo la derecha garantiza los valores morales, sólo la derecha gobierna y legisla de acuerdo con la herencia cultural de la católica España o que sólo la izquierda es sospechosa de todos los males.

En este pre-juicio se agita el fantasma de las dos Españas: la de que por ser español hay que ser de derechas (neoliberal), la de que por ser de derechas hay que ser católico y la de que por ser católico hay que rechazar toda izquierda (socialismo). Esta división dual apriorística, es la que está en la base del pre-juicio. Por las venas de muchos españoles corren todavía los miedos de enfrentamientos seculares, vividos entre tradición y avance, imperialismo políticorreligioso y proyecto social revolucionario, sociedad premoderna y sociedad abierta pluralista.

Los católicos estamos aprendiendo a sentir y demostrar que, no por ser españoles, debemos ser católicos y que no por no ser católico se deja de ser verdadero español. Confesamos que hemos coaccionado muchas veces hasta imponer la fe y hemos prostituido el Evangelio legitimando intereses de los más ricos y poderosos, callando ante la injusticia e induciendo a resignación al pueblo. Eso no es la Buena Nueva del Evangelio. Han pasado décadas donde ha quedado claro que la libertad religiosa es un derecho de toda persona: cada uno es libre de ser creyente o ateo. Una buena o mala convivencia no depende de ser creyente o ateo sino de ser un mal creyente o un mal ateo.

Los no católicos y, entre ellos los que sean ateos, deben admitir que la religión católica en sí, tal como brota del Evangelio, no es alienante, ni es opresora, ni cómplice del precapitalismo, ni del capitalismo o de ninguna otra suerte de neoliberalismo, sino defensa y lugar nato de los más pobres: los preferidos y auténticos vicarios del Dios de Jesús. Eso explica precisamente que los mismos católicos podamos denunciar y combatir todo desvío eclesiástico en contra.

Creyentes y no creyentes podemos encontrarnos en una fe común: la fe en el hombre, en su dignidad y derechos, en la lucha por lo que sea emancipación de toda esclavitud y discriminación. Fe cristiana, que no reivindica todo esto, es falsa. Y ateos que siguen pensando que la religión es opio del pueblo y que no merece un lugar en la sociedad y que no se puede esperar de la fe un compromiso serio a favor de la justicia y liberación, es sostener planteamientos trasnochados.

Estamos en una sociedad abierta y pluralista, con Estado aconfesional, en la que son innegables la autonomía humana, el quehacer de las instituciones humanas y el derecho a ejercer la libertad religiosa. No tiene sentido la antítesis militante de la Iglesia contra la Sociedad ni de la Sociedad contra la Iglesia. Si nos diferencia la particularidad de la fe religiosa, nos identifica y cohesiona la fe común en el hombre.

Hay que esclarecer pre-juicios, que fueron y ya no son, pero que actúan todavía en muchas mentes: si eres del PP todo lo que haga el PP te parecerá maravilloso y encomiable, y no habrá aspecto malo que no comprendas o disculpes, y todo lo que vaya en contra de él lo verás como falsedad, fruto de la malquerencia. Y te enquistarás en la trinchera de la eliminación –ideológica y física- del contrario: con nosotros o contra nosotros, pre-juicio.

Ni la verdad está toda en un partido ni el error en otro. En un debate hay que preguntar: ¿Cuáles son sus obras cuando tanto prometen? ¿Prometen lo de aquellos concejales de un ayuntamiento: “Juro ser el primero en el sacrificio y el último en el beneficio?

No hipotequemos, por tanto, nuestra libertad con ningún partido, aun cuando se haga ineludible elegir entre uno u otro estableciendo prioridades y graduaciones. No todos son iguales, hay un más y un menos.

El poder político es del pueblo y quien lo recibe debe ejercerlo atendiendo al bien y derechos del pueblo. Sin poder no hay política posible, ni democracia posible. Y es en el ejercicio del poder donde se manifiesta la vocación del político –servidor del pueblo- o del burócrata que lo utiliza en beneficio propio –funcionario corrupto-.

En el pre-juicio no opera la razón, prevalece siempre la opción tomada, alimentada casi siempre por ideas desajustadas y viejos temores y reivindicaciones del pasado. ¿No es la ignorancia fuente de donde mana el pre-juicio?

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CATOLICOS VOTANTES DEL PP

Sé que, al tratar de esta cuestión, no me voy a liberar del acoso de la derecha y de la izquierda, porque ambas, una por unas razones y otra por otras, sostienen que la religión es un asunto privado y que, por tanto, no debe incidir en la vida pública.

Debo mencionar, para ser justo, la tendencia de un socialismo europeo y latinoamericano, hoy mayoritaria que , sin dejar de afirmar el carácter privado de la religión, subraya con fuerza su dimensión pública. Por el contrario, los movimientos religiosos neoconservadores, con faz pública en el neoliberalismo, defienden su vinculación con la religión para la moral privada del matrimonio y la familia y largan fuera a la religión cuando de cuestiones sociopolíticas se trata, a no ser que –y es otra de sus opciones- se apoderen de ella como factor ideológico legitimante de su política e intereses.

Intento confrontar estas mis reflexiones con la conciencia de no pocos católicos, que votan habitualmente al PP o que, acaso, lo van a hacer por primera vez. Por supuesto, no pretendo dirigir el voto de nadie, lo cual no está reñido con que yo, ciudadano católico, analice el significado de algunos hechos, protagonizados por el PP en nuestra sociedad y que se prestan a una valoración. Y digo de antemano que, para mí y para millones de católicos, la religión no tiene por qué ser “opio”, aunque lo haya sido muchas veces; ni tiene por qué ser relegada al jardín de la interioridad o privatizada forzadamente, por más que muchas situaciones históricas ilustren el contubernio de ella con el poder.

Para mí, es obvio que la fe, con ser una cosa íntima, incide en la totalidad de la persona y en esa totalidad está como parte importante la vida social y pública. Por eso, me ha resultado natural que, en las manifestaciones contra la guerra, se encontraran en las calles miles y miles de ciudadanos católicos, movidos por imperativos de solidaridad y de ética natural y, también, de ética evangélica, suscribiendo con naturalidad las palabras de A. Einstein: “Nos sublevamos contra la guerra porque todo hombre tiene derecho a la vida, porque la guerra aniquila promisorias vidas humanas, pone al individuo en situaciones indignas, lo compele a matar a otros, cosa que él no quiere, destruye preciosos valores materiales, productos del trabajo humano, y tantas cosas más. La guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural , y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella; lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una repulsa intelectual y afectiva, es en nosotros, los pacifistas, una intolerancia constitucional, una idiosincracia extrema, por así decir”·

Con esta perspectiva resultan incompatibles las palabras de ciertos católicos que en ocasiones han afirmado “No crearles la guerra ningún problema de conciencia”; son expresión de un catolicismo integrista que hace alianza con las tesis básicas del neoliberalismo. Si ellos no tienen problemas de conciencia, es lógico suponer que será porque han sustituido los principios de la ética cristiana por los de la ética neoliberal y, entonces, no es extraño que puedan apartarse del sentir de la mayoría y de las mismas palabras del Papa Juan Pablo II, como ocurrió con la guerra de Irak.

En esta postura se pueden entrever seguramente los resultados de una educación cristiana ferozmente individualista, ajena a las cuestiones candentes de la sociedad. ¡Como si a Jesús de Nazaret lo hubiese fulminado un meteorito atmosférico y no la conspirada alianza del poder religioso y político de su sociedad, que lo vieron como peligroso y opuesto a su programa e intereses! “Este hombre no nos conviene, debe morir”.

Esta forma de pensar resulta, para un cristiano crítico y de nuestro tiempo, lamentablemente anacrónica. Históricamente la religión cristiana ha ido más de la mano del capitalismo que del socialismo. Oficialmente, casi hasta el concilio Vaticano II, la alianza del cristianismo con el capitalismo era vista como natural y querida por Dios, y la alianza con el socialismo como innatural y reprobable.Han sido siglos de modelación de las conciencias que dieron como resultado un talante católico conservador y reaccionario.

No en vano, resonó en la cristiandad por activa y pasiva que comunismo y socialismo eran incompatibles con la religión cristiana, que la sociedad de clases respondía a la voluntad de Dios, que la existencia de ricos y pobres era fruto de su voluntad y que el cambio de ese modelo era un atentado contra la ley natural y divina.

La convocatoria del Vaticano II obedecía sobre todo a saldar el desfase de la Iglesia con el mundo moderno, a liberarla de una teología y espiritualidad medieval y barroca, a inculturarla en la revolución antropológica y social moderna y, sobre todo, a reivindicar su opción profética a favor de los empobrecidos y en contra los empobrecedores.

Hay, por lo demás, un hecho histórico reiterado: las revoluciones se han hecho siempre sin la Iglesia o contra la Iglesia, no con la Iglesia. Quizás la revolución sandinista fue la primera que gozó del apoyo y legitimación eclesiástica. Afortunadamente, con el concilio Vaticano II floreció una nueva teología y espiritualidad cristiana, plasmada sobre todo en la teología de la liberación, que reformulaba profundamente la presencia y compromiso de los cristianos en la sociedad. Se puede calificar de copernicano el giro que en este punto se ha dado en muchas partes confirmado en multitud de movimientos, luchas, testimonios y mártires a favor de la justicia y de la liberación.Se entiende así que el PP, derecha política, busque como consorcio suyo natural a la derecha eclesiástica. Es lo suyo: un modelo de sociedad primordialmente económico, profundamente polarizado entre fuertes y débiles, movido por el egoísmo, el lucro y por la ley de la competencia más agresiva. El PP no puede ver con buenos ojos un proyecto de convivencia social reestructurado desde la igualdad , la justicia, la libertad y la primacía de los últimos.

Este proyecto es profundamente evangélico, con enormes repercusiones en la vida pública, por reclamar unas relaciones sociales de fraternidad (todos vosotros sois hermanos); de efectivo compartir los bienes (lo tenían todo en común); de desidolatración del poder (entre vosotros el que quiere ser el primero que sea el último); de amor veraz y palpable en el prójimo (la fe que no se muestra en obras y amor al prójimo es muerta y diabólica).Un partido conservador busca, primero de todo, mantener su nivel superior de bienestar, de privilegios y de dominación. Por más que se diga, sus promesas de respetar la religión son, de hecho, aparentes. Ya no sorprende por tanto la paradoja de que el PP se manifieste muy sensible a las orientaciones de la Iglesia, del Papa en primer lugar, cuando se trata de temas de moral matrimonial-familiar y sexual, y se muestre frío o indiferente a las orientaciones de la ética social y de las palabras del Papa. Y no han faltado dirigentes políticos, obispos incluidos, que reclamaban no dar el voto a partidos que estableciesen una regulación civil sobre situaciones conflictivas del aborto, divorcio, control de natalidad, homosexualidad, parejas de hecho, etc. que no fueran acordes con las normas de la Iglesia.

El PP ha hecho gala, para muchos de estos casos, de fiel sometimiento a la Iglesia. De la misma manera, ha dado un trato de favor a la Iglesia en la cuestión de la religión en la escuela y en otras cuestiones de pago al clero, de exención, de privilegios indebidos, etc.

Esto creaba, en no pocos ambientes, la sensación de que el PP era un partido respetuoso con la enseñanza y moral de la Iglesia. En la guerra contra Irak la luz llegó hasta el fondo. El Gobierno del PP de entonces, con la totalidad indivisa de sus diputados, desoyó la voz mayoritaria del pueblo, del marco legal de las Naciones Unidas, del Consejo de Seguridad y del Papa; optaron por la voz del emperador y no la del Papa Juan Pablo II.

Entonces: ¿cómo el PP compagina sus decisiones con las pautas del Evangelio en aquellos puntos que tocan sus intereses económicos? ¿Su defensa de la religión es por fidelidad o por cálculo y conveniencia? En todo caso, es hora de arrancar caretas y de no permitir la desfachatez de que se siga abrigando o exhibiendo la convicción de que el PP garantiza los valores de la religión y es natural aliado de la Iglesia católica.

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