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Fuente: Observatorio eclesial
Perú. Cuando la Iglesia deja de escuchar el clamor delos pobres, se vuelve sorda. Cuando calla ante la injus-ticia, la corrupción, la violencia y la exclusión, se vuelvemuda. Cuando es incapaz de reconocer el rostro deCristo en quienes sufren, se vuelve ciega.
Una Iglesia encerrada en sus templos, preocupada máspor conservar privilegios que por servir al pueblo, correel riesgo de olvidar que Jesús caminó entre los últimos,tocó a los excluidos y denunció con va-lentía la hipocresía religiosa.La Iglesia no está llamada a ser un museo de tradicio-nes, sino una comunidad profética que anuncie la espe-ranza y denuncie todo lo que destruye la dignidad hu-mana.
El Evangelio no nos invita al silencio cómplice,sino a una palabra valiente que defienda la vida, la jus-ticia y la verdad.Es hora de pedir a Dios oídos para escuchar el sufri-miento del pueblo, labios para proclamar la Buena Nue-va sin miedo y ojos para descubrir a Cristo en cadapersona marginada.
Solo así la Iglesia será verdadera-mente signo del Reino de Dios en medio de la historia.Presbitero Douglas Calderón Morillas.Perú Iglesia cristiana apostólica católica.Comunidad ANAWIM EMAUS INTERNACIONAL

