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Tarancón, un cardenal para la libertad -- Jordi Bort

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Religión Digital

Tarancón.jpgLibro sobre la figura del purpurado levantino
Cien años después del nacimiento del cardenal Tarancón (1907-2007) y treinta dos años de su homilía, en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, en la entronización del rey Juan Carlos, las palabras de Vicente Enrique y Tarancón, continúan resonando con fuerza y con valentía, en una Iglesia, desgraciadamente, bastante alejada del Concilio Vaticano II. El cardenal Tarancón fue el hombre de confianza de Pablo VI en el Estado español. El hombre que hizo posible en la Iglesia española, atada al nacionalcatolicismo, un aggiornamento y una renovación.

Gracias al talante y al entusiasmo del cardenal Tarancón, a su lucidez y a su visión de futuro, a su espíritu libre y profético, la Iglesia de España se abrió a nuevos horizontes, dejando atrás la nostalgia de la cristiandad y de la unión con el poder. El cardenal Tarancón, hombre de un gran sentido común, fue un hombre precisamente fuera de lo común, y difíciles de encontrar hoy día.

La homilía del cardenal Tarancón el 27 de noviembre de 1975, abrió una nueva era en la Iglesia española. Una Iglesia que, con Tarancón como presidente de la Conferencia Episcopal Española, se lanzaba a la aventura del Reino, sin ataduras de ningún tipo, sin hipotecas con el gobierno, sin alianzas con el poder. Sólo con la libertad del Evangelio como único tesoro.

Las palabras de Tarancón con el templo lleno de demócratas de medio mundo (Rockefeller, Giscard, Walter Scheel, Felipe de Edimburgo, hasta los Grimaldi) tomó la iniciativa de proclamar la libertad para todos. Aquellas palabras salían de un corazón libre y sencillo, abierto a la esperanza, a la reconciliación, a la justicia y a la paz. Tarancón, avanzándose a la Constitución española de 1978, defendía la no confesionalidad, la autonomía en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y el pluralismo político. Con voz clara y firme, Tarancón proclamaba el hecho de que la Iglesia, “no impone un determinado modelo de sociedad, ni presenta opciones concretas de gobierno, ni patrocina ninguna forma de ideología política.”

Tarancón, dirigiéndose al rey, pedía una nueva manera de hacer las cosas, una nueva manera de gobernar, que fuera “justa socialmente, y equilibrada económicamente.” Había llegado el momento de abrir un nuevo camino, en el que “ninguna forma de opresión no esclavize a nadie.” Tarancón pedía, exigía, que se acabaran “las discriminaciones y los favoritismos”, y que en la nueva etapa que empezaba, se habían “de acoger y respetar las diferencias.” Las palabras de Tarancón fueron una perfecta ósmosis entre los valores de ayer y los de hoy, entre la tradición y el progreso, entre la historia y la renovación, las distintas ideologías y las actitudes divergentes, entre la sociedad civil y la iglesia, entre el hombre y la fe.

L’Agrupació Borrianenca de Cultura, haciéndose eco de esta línea plenamente conciliar y conmemorando el centenario del nacimiento del cardenal Tarancón, se ha sumado a los actos de este año con la edición de un libro en colaboración con el Ayuntamiento de Borriana. Un libro de homenaje al cardenal: Vicent Enrique y Tarancon. Un cardenal per a la libertat.

Esta obra, coordinada i coeditada por Jordi Bort Castelló, cuenta con las colaboraciones del P Josep M Soler, abad del monasterio benedictino de Montserrat, del valenciano Vicent Sanchis, director del Consell Editorial del diario Avui, de Emili J. Marín, director de la revista Saó, del profesor de la Universidad de València, August Monzon y de Joan Garí presidente de l’Agrupació Borrianenca de Cultura.

Según el abad Josep M Soler, “el cardenal Marty, arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, afirmaba que el cardenal Tarancón era uno de los obispos europeos que mejor había asimilado las directrices del Concilio, y a su vez, era también el mejor portavoz de la renovación de la Iglesia y de la reconciliación de la sociedad.” El P. Josep M Soler, en el artículo de este libro de homenaje constata que, “el cardenal Tarancón, sin miedos y confiando en Dios, supo ejercer un liderazgo moral con comprensión, con persuasión y con diálogo, procurando siempre unir y no dividir.”

El abad actualizando el mensaje afirma que “El cardenal Tarancón era consciente de que los pueblos de España tenían una tradición religiosa rica y que no era necesario despreciarla ni dilapidarla. Pero también era consciente de que no se podía vivir de recuerdos como si la sociedad no evolucionara. Se da cuenta que hay que actualizar aquella tradición, revitalizarla, renovando la vida cristiana de manera que fuera vivida no por costumbre social, sino por convicción personal”.

Emili Marín, director de la revista Saó, y compañero del cardenal en el Consell Valencià de Cultura nos recuerda historias menos conocidas de Tarancón, algunas de estas experiencias vividas en primera persona. Emili está convencido que la historia “será extremadamente benévola com el trabajo del cardenal y lo situará como uno de los grandes estadistas eclesiásticos que ha trabajado por la renovación de la Iglesia” .

Cómo expresa el también valenciano Vicent Sanchis, director del Consell Editorial del periódico catalán Avui, el cardenal de Borriana “posibilitó la reforma dentro de la Iglesia española que predicó la reconciliación”. Ahora que se analizan los hechos desde la distancia, hay que interpretar los la historia en el contexto social de la época. “Si el cardenal Vicente Enrique y Tarancón hubiera ido más rápido, podria haber roto la Iglesia española en dos. Si no hubiera llegado, la realidad social lo habria desbordado todavía más”.

Pocos meses antes de morir el cardenal Tarancón afirmaba que “España todavía transita”. Es decir que la Transición en España no ha sido sólo política. Cómo apuntaba el cardenal “La transición en España ha sido mucho más profunda que eso, es una transición cultural, una ruptura de la cultura católica de siglos a una cultura secular. Ha sido una transición ética, de costumbres, de una moral rigorosísima a un casi no tener moral”. Sanchis ha destacado la importancia del cardenal que impulsó “la reforma controlada de la Iglesia y la separación del Régimen.” Para Vicent Sanchis, Tarancón fué el motor que hizo posible que la Iglesia se convirtiera “en el instrumento de reconciliación.” No se puede pedir más clarividencia política.

August Monzon, profesor de la Universitat de València nos ilustra con su colaboración estableciendo un paralelismo entre los cardenales John Henry Newman y Vicente Enrique y Tarancón, para hacernos entender “los esfuerzos realizados desde la Iglesia católica, por algunas de sus personalidades más relevanes, con el objetivo de asimilar la cultura moderna sin perjudicar la propia identidad cristiana”.

Asimiso, Joan Garí nos evoca con el prólogo y una entrevista que le hizo al cardenal Tarancón en su etapa de jubilación y que fué publicada por la revista Buris-ana al núm 192. Jordi Bort, coordinador del libro hace un recorrido por la vida del cardenal basado en los conceptos de reconciliación y perdón como argumentos para reencontrarse con la ansiada y anelada justícia que se necesita para un justo progreso de los pueblos. Por otro lado, repasando la década de los setenta, en plena ‘batalla de Valencia’, entorno a los símbolos de identidad de los valencianos (la lengua, la bandera, el territorio…) el cardenal muestra cual fué su postura delante del radicalismo y la sinrazón.

Los artículos de todos los colaboradores han hecho de este libro un documento histórico excelente. A través de la pluma de todos ellos, con esta obra se quiere recordar, honrar y reivindicar una personalidad concreta y una manera de entender la vida, para memoria justa y colectiva de un País y como fermento esperanzador de las generaciones futuras.

El espíritu “taranconiano” da la sensación que se ha evaporado de la Iglesia española, pero su legado se resiste a desaparecer. Por eso conmemoramos el centenario de su nacimiento. ¿Es que podemos dejar de transmitir su legado en un momento en que el diálogo, la reconciliación y la paz vuelven a ser vitales para la sociedad civil y para la iglesia? Como afirma el abad de Montserrat, Josep M Soler, “El cardenal Tarancón es una voz que todavía habla.”

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