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Susan Lambert, una mujer entregada a los hondureños despojados -- Rodolfo Cortés Calderón

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La semana pasada fuimos informados por las redes sociales a través de nuestra amiga Dalila Fernández que nuestra especial y querida amiga SUSAN LAMBERT, canadiense, religiosa de la Congregación Nuestra Señora (Notre Dame) y que dejó sembrado su corazón entre la gente sencilla y despojada del departamento de Santa Bárbara, Honduras, había fallecido en su país natal.

La noticia fue triste y dolorosa para nosotros porque con SUSAN mantuvimos desde los años ochenta una relación de amistad y trabajo muy especial. Sabíamos que ella estaba delicada de salud, pero no tanto; más pasando sus años mayores en un país donde la seguridad social y la medicina están tan avanzadas: Canadá.
Como lo testimoniamos en nuestro primer párrafo, realmente SUSAN dejó sembrada su alma, su vida, su corazón y sus fuerzas entre tanta gente del occidente de este país, principalmente en el departamento de Santa Bárbara en el cual tanto su Congregación, como varios sacerdotes de este departamento han plasmado su vocación.

La conocimos en Pinalejo en 1982 cuando acompañando al sacerdote Ricardo Pradilla, párroco de la iglesia Católica en el municipio de San Luis, departamento de Santa Bárbara, llegaron al Centro Las Milpas, centro emblemático de la Congregación Pasionista a defender el derecho de administrar y dirigir el Programa Agrícola de Santa Bárbara, PASBA, un programa rural que orientó su labor al acompañamiento de los sectores campesinos, unos 200 grupos del sector reformado, pero también del sector independiente, en técnicas de agricultura, especies menores, organización y concientización y que desarrollaron con buen suceso durante más de 10 años.

Con precisión recordamos que cuando el equipo promotor del PASBA llegábamos, a cualquier hora del día o de la noche a San Luis, SUSAN siempre estaba presta a facilitarnos un plato de comida.
Pero aquella no fue su labor exclusiva, al contrario, a esa inmensa labor de apoyar al padre Ricardo en las finanzas del PASBA y los quehaceres parroquiales, tenía el propio trabajo de su Congregación, acompañando y formando con abnegación y cariño a las familias, pero concretamente a las mujeres rurales, en aspectos de salud, nutrición y organización.

En esos años la comunicación dentro del municipio de San Luis, el segundo más grande del departamento, eran tan difíciles que a muchas aldeas y caseríos sólo se podía llegar caminando o en mula y ella recorrió muchas veces estas agrestes montañas y disfrutó sus hermosos parajes naturales.
Pero hay más sobre su colosal trabajo, también fue el alma y los ojos de la parroquia y del padre Ricardo en el Taller Nazaret, fundado por ellos, que catapultó a centenares de jóvenes, abandonados por las políticas estatales, en las destrezas de la carpintería, tallado y ebanistería de madera. Podríamos afirmar con conocimiento de causa que no hay un templo católico en Santa Bárbara que no se haya engalanado con bellas maderas autóctonas talladas por las finas manos de estos artistas. Años después prolongaron también el Taller al municipio de Macuelizo.

Pero todo esto es chiquito ante su monumental obra educativa que abrió los ojos físicos de la mente y de la ciencia a miles de ciudadanos y ciudadanas despojados y marginados por el sistema educativo nacional que vieron con ella las luces del saber hasta profesionalizarse siendo directora departamental del Programa Educativo “Maestro en Casa”, obra de la religiosa Sor Martha Osorto y que SUSAN dirigió por muchos años en Santa Bárbara.

En la primera década de este siglo repetidas veces nos cruzamos con ella en las tantas carreteras santabarbarenses de tierra o pavimento, entregando materiales pedagógicos para la juventud que amaba. Una incansable heroína.
Ya imaginamos las dificultades y vicisitudes que vivió y aceptó con paciencia franciscana SUSAN por estas carreteras, caminos y comunidades por lo difícil que siempre ha sido para una mujer que se desplaza sola.
A finales del año 2010 fuimos invitados como familia a los actos litúrgicos y vivenciales para compartir su retiro por jubilación y retorno hacia su natal Canadá. En ningún momento la vimos ni triste, ni apesadumbrada, al contrario siempre tuvo en su rostro la alegría característica de las personas que saben que su paso por el mundo no ha sido en vano.

A las hermanas de la Congregación Notre Dame en Honduras, a quienes les tenemos un cariño especial, pero también a las del mundo, nuestras condolencias, lo mismo a su familia a quienes no tuvimos el agrado de conocer pero que tuvieron en SUSAN, su digna embajadora.
SUSAN vivirá por siempre en nuestros recuerdos como una mujer amante de la humanidad empobrecida; la recordaremos siempre como una persona ordenada, enérgica, responsable y con un corazón desprendido puesto a toda prueba. Que el Señor Dios de la Vida le dé el mejor sitial que se merece, mientras tanto vivirá en el corazón de los que la tratamos y nos servimos de ella.

24 de mayo 2016.

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