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SUEÑOS DE ALTERMUNDO: REPASO A UNA DÉCADA DE ALTERMUNDISMO (II). Manoel Santos

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ATTAC

Lo que hoy llamamos altermundismo se corresponde realmente con lo que en principio fue el movimiento antiglobalización, pero hoy en día este término es rechazado por sus integrantes. Primero porque el prefixo alter- parece más oportuno por hacer referencia a la búsqueda de un mundo alternativo al del ultracapitalismo; y después porque nadie en el movimiento se considera anti- nada, a pesar de que los grandes medios del poder insistan en llamarlos así, probablemente por la negatividad que emana el prefijo. (Continuación del artículo publicado ayer en Redes Cristianas).

2. El altermundismo: la respuesta desde abajo
En realidad los altermundistas son más globalizadores que sus adversarios, pero su globalización hace referencia a la educación para todos, al respeto a las culturas del mundo, a la sanidad universal, a la sostenibilidad del medio ambiente… En definitiva, a la justicia social.

2.1. Globalizar la resistencia: la gestación del movimiento

El movimiento de movimientos tiene probablemente sus raíces en las reivindicaciones sociales de la década de 1960, que se centraban en cuestiones concretas como el ecologismo, el feminismo o el pacifismo y que ya tenían de alguna manera carácter anticapitalista. Pero, como se demostró años después de las revueltas de mayo del 68, estas protestas acabaron siempre integradas en el sistema, fundamentalmente en “partidos de izquierda”.

Con la explosión del neoliberalismo comienzan a surgir movimientos más globales, cuyos objetivos atacan directamente a la base del sistema, al concepto economicista de todo lo humano. Algunas de estas luchas se articulan en ONG, pero en este caso no se trata de un movimiento en si, principalmente debido a la heterogeneidad de sus objetivos, a menudo aislados unos de los otros, y por su dependencia de los gobiernos y empresas que muchas veces las financian, con excepciones del tipo Greenpeace o Anmistía Internacional.

Aunque no hay coincidencia plena, la gestación del movimiento tiene mucho que ver con el levantamiento zapatista de Chiapas en 1994, que se produce a causa de la entrada en vigor del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Significó un cambio enorme en la manera de concebir la política y despertó la solidaridad de todo el planeta. Sin embargo, la fecha clave fue el llamamiento desde las montañas del sureste mexicano en 1996, cuándo se organiza el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad contra el Neoliberalismo. Más de 3.000 activistas de cuarenta países de los cinco continentes acudieron a la llamada de: “No es necesario conquistar el mundo. Llega con que creemos uno nuevo”. De alguna manera, y tomando las palabras del subcomandante Marcos en la Segunda Declaración de La Realidad, “un mundo hecho de muchos mundos se fundó en aquellos días en las montañas mexicanas”. Nacía una red intercontinental de resistencia para la humanidad que empleaba un discurso nunca antes escuchado, con visión global de los problemas, que valoraba la diversidad y la multiculturalidad y que, curiosamente, no pretendía tomar el poder, no tenía cúpula, ni dirigentes, ni jerarquías. Pretendía resistir, buscar otro mundo bajo dos preceptos básicos: 1) Piensa globalmente, actúa localmente y 2) Globalicemos la resistencia.

Después del éxito de la iniciativa zapatista se articula una propuesta para organizar una Acción Global de los Pueblos –o Movimiento de Resistencia Global (MRG)– basada en valores como la solidaridad, la paz, la igualdad, la defensa del medio ambiente, la participación democrática, el internacionalismo. Las primeras consecuencias de este nuevo pensamiento son las grandes movilizaciones-protesta contra de las políticas desarrolladas por las instituciones económicas y monetarias, como las francesas contra el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), discutido en secreto por la OCDE para instaurar una especie de Constitución Mundial del capital, que les daría a las transnacionales los mismos derechos que a las empresas locales. Francia descartaba el AMI en 1998 a causa de la presión popular.

Pero el gran despegue se produce en noviembre de 1999 en Seattle, dónde 50.000 manifestantes llegados de todos los rincones del planeta consiguen hacer fracasar la Ronda del Milenio de la OMC con una movilización sin precedentes organizada fundamentalmente desde Internet. A partir de aquí un gigantesco grupo de personas, desde sindicalistas a intelectuales, desde labradores a camioneros, hacen converger sus protestas presionando en todas y cada una de las reuniones de los poderosos: asambleas de la ONU, ministeriales de la OMC, o citas del FMI, G-8 y Comisión Europea. Se suceden grandes movilizaciones (Bangkok, Washington, Praga, Florencia…) y el movimiento se torna en un obstáculo real para los autoproclamados amos del orden mundial, que tienden a protegerse con ejércitos de policías, estableciendo las ya famosas “zonas rojas” en medio de las ciudades, poniendo inconvenientes en las fronteras o buscando lugares de reunión inaccesibles a los rebeldes.

A pesar de todo el movimiento avanza, y en enero de 2001 se produce uno de los hechos fundamentales de esta década de altermundismo: nace el Foro Social Mundial (FSM). Mientras los poderosos se reunían en el Foro Económico de Davos, en el lado pobre del planeta, en una ciudad simbólica por sus experiencias en democracia participativa, un millar de organizaciones de todo el mundo decidían dar un paso más, encaminándose a la presentación de propuestas alternativas a la globalización neoliberal.

El movimiento adquiría entonces sus dos primeros mecanismos de resistencia, la protesta masiva y el estudio de una alternativa. Y comenzaba a molestar de más. De hecho, ese 2001 se recordará no tanto por la energía de las protestas de los “antiglobalizadores”, sino por la contundencia de la respuesta de los que mandan. En junio, la policía de Goteborg abre fuego real contra los que se manifestaban frente a los líderes europeos hiriendo a varios activistas. En julio el BM tiene que suspender su conferencia anual en Barcelona, dónde la respuesta policial fue más que abusiva, y unos días después Austria suspende el Tratado de Schengen –de libre circulación de ciudadanos por la UE– para salvar el Foro Económico Mundial en Salzburgo.
También llegaban las primeras víctimas, como Carlo Giuliani, asesinado por la policía en el transcurso de las protestas contra lo G-8 en Génova (julio de 2001) o Lee Kyung Hae, campesino coreano que se suicidó clavándose una navaja en el pecho durante la V ministerial de la OMC en Cancún (septiembre de 2003).

Entre medias, los atentados del 11 de septiembre de 2001 frenan al movimiento de movimientos de golpe, fundamentalmente por el control de las fronteras y la psicosis del terrorismo generada por el gobierno Bush. Pero el MRG lejos de morir sigue trabajando en la elaboración de propuestas alternativas en los Foros Sociales y se rearma organizando el 15 de febrero de 2003 la mayor manifestación mundial de la historia. Unos 60 millones de personas salen a las calles ese día contra la invasión de Irak. En pocos años el movimiento de movimientos adquiere una impresionante dimensión.

2.2. La horizontalidad del movimiento: una red de redes

Quien piense que el movimiento altermundista es un producto espontáneo se confunde de todas todas. Es un universo de asociaciones, de clases sociales, de movimientos teóricos, de mesas de debate, de campos de acción e incluso de personas a título individual con una estructura articulada pero descentrada, pues sucede que esa articulación poco tiene que ver con lo conocido hasta ahora. No está edificado en vertical, de arriba abajo, sino que es un tejido asociativo horizontal vertebrado a partir de la diversidad. Carece de sede, de jeraquías y de líderes con capacidad de decisión, y no existen ni declaraciones globales ni un comité central que concentre las estrategias, pero son capaces de coordinarse desde diferentes puntos del planeta y converger en impresionantes acciones simultáneas. Estas surgen de una gigantesca tela de araña que en gran medida emplea la tecnología –internet– para comunicarse, que actúa localmente en todos los campos, pero que también es capaz de sintonizar objetivos comunes y principios a nivel global.

El principal concepto que define al movimiento es el de Red de Redes. En este campo Internet se erigió como un nuevo espacio en el que existe una participación social insólita y que permite movilizar millares de personas en tiempos mínimos. El hecho de que la brecha digital entre Norte y Sur sea aún evidente es un problema en muchos aspectos, pero también generó una conciencia colectiva desde el Norte hacia el Sur, de manera que muchas organizaciones trabajan desde arriba mirando hacia abajo por primera vez.

Ahí confluyen desde asociaciones campesinas a colectivos indígenas, desde medios de comunicación e información alternativos a foros e institutos de economistas, sociólogos, politólogos y filósofos que dan vida y argumentos al movimiento y que son capaces de pasar por encima de los inconvenientes generados por los medios de comunicación alineados con el poder. Ejemplos de esta variedad son el Independent Media Center (www.indymedia.org), red internacional que cuenta con portales en muchas lenguas que abarcan informaciones cercanas a raudales de activistas; Znet (www.zmag.org), revista electrónica orientada al cambio social con más de 250.000 visitantes semanales y reputados colaboradores en todas las disciplinas, que además de denunciar presenta propuestas de cambio, informa sobre los movimientos sociales y tiene actividades de formación; Nodo50 (www.nodo50.org), que se autodefine como un territorio virtual para los movimientos sociales y la acción política; multitud de medios y agencias alternativas, desde generales a temáticos, que informan sobre lo que no suele tener espacio, o que se oculta, en los medios tradicionales: Rebelión (www.rebelion.org), Argenpress (www.argenpres.info), ALAI (América Latina en Movimiento, alainet.org), Adital (www.adital.org.br), Púlsar (www.agenciapulsar.org), Red Voltaire (www.voltairenet.org); y otras agencias y medios tradicionales –en el mercado– pero con líneas editoriales afines y comprometidas, como el periódico mexicano La Jornada (www.jornada.unam.mx), el francés Le Monde Diplomatique o Inter Press Service (www.ipsnoticias.net).

Al lado de estas fuentes de información y comunicación se articulan las organizaciones de activistas, que van desde los colectivos juveniles, con gran peso en las movilizaciones, a organizaciones políticas como el PT brasileño y asociaciones que abarcan terrenos de actuación y estudio específicos. La diversidad es impresionante, pero destacan por su actividad e influencia ATTAC, Vía Campesina, el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), el Foro Mundial de las Alternativas, el Foro Internacional sobre la Globalización, Focus on the Global South, Social Watch y el Instituto Transnacional de Ámsterdam.

Todas estas organizaciones cuentan con presencia estable en Internet y están dirigidas por una amalgama importante de personajes –conocidos como los intelectuales del movimiento y autodefinidos como militantes– que, si bien no se pueden definir como líderes, pues no representan al altermundismo, sí influyen con sus declaraciones y publicaciones enormemente, y sientan las bases teóricas del movimiento y de los caminos que este puede seguir. Ellos reflejan también la heterogeneidad del altermundo. En el mismo plano encontramos todo el espectro de clases que va desde los campesinos a los catedráticos de Universidad, desde activistas anónimos a Premios Nobel: Ignacio Ramonet, Bernard Cassen, Noam Chomsky, Michael Albert, Eduardo Galeano, Adolfo Pérez Esquivel, Susan George, Boaventura de Sousa Santos, Naomi Klein, James Petras, Carlos Taibo, Hazel Henderson, Rafael Alegría, José Bové, Vandana Shiva, Walden Bello, Samir Amin, François Houtart, Pascual Serrano, Éric Toussaint, etc.

2.3. Alrededor del Foro Social Mundial

Según Chico Whitaker, recientemente galardonado con el Right Livelihood Award (Nobel Alternativo), la idea de organizar el FSM la tuvo Oded Grajew, brasileño vinculado a la promoción de la responsabilidad social empresarial, que vio la necesidad de complementar las grandes manifestaciones contra la globalización neoliberal con una nueva etapa propositiva en la que se debían buscar respuestas a los desafíos de construcción del “otro mundo”. La idea fue presentada a Bernard Cassen, director de Le Monde Diplomatique, y enseguida una serie de entidades, siete brasileñas –incluido el MST (Movimiento de los Trabajadores sin Tierra)– y ATTAC le dieron forma. Escogieron Porto Alegre como lugar de celebración y también las mismas fechas (enero de 2001) en las que se celebraba el Foro Económico de Davos, con lo que consiguieron una importante repercusión mediática.

El éxito del primer FSM sorprendió incluso a sus organizadores. Se esperaban 3.000 personas y reunió a más de 20.000 –4.700 delegadas de diversas entidades– de 117 países diferentes y 1.900 periodistas acreditados. Unos meses después nacía la Carta de Principios del FSM, que serviría de base para la organización de los foros que vendrían. Dicha carta define el Foro como un espacio abierto –no es pues un movimiento, sino un lugar de encuentro– para intensificar la reflexión, realizar un debate democrático de ideas, establecer el libre intercambio de experiencias y articular acciones eficaces por parte de los movimientos sociales opuestos al neoliberalismo.

La gran novedad es su carácter global como proceso permanente de búsqueda y construcción de alternativas; su horizontalidad, con actividades autogestionadas

(*) Publicado en Tempo Exterior y difundido por ATTAC

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