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Sobre el futuro de la humanidad -- Carlos Manuel Sánchez

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Este historiador y filósofo levanta expectación. Ha conseguido algo nunca visto.
Vender 35 millones de libros, traducidos a 65 idiomas, con sesudas reflexiones
sobre el ser humano y su papel en el mundo. Hablamos con él en busca de
respuestas ante una explosión tecnológica plagada de promesas… y peligros.
«Si tengo algún superpoder, es el de ver las cosas como son en realidad», dice
Yuval Noah Harari (Israel, 45 años), que ha afinado esa visión de rayos X con
años de meditación para no distraerse con el ruido mental y centrarse en lo
importante.

Este historiador y filósofo social que se atrevió a contar el pasado
de la humanidad en Sapiens, el futuro en Homo Deus y el presente en 21
lecciones para el siglo 21 se ha convertido en un fenómeno editorial. Ahora
publica Los pilares de la civilización, el segundo volumen de Sapiens. Una
historia gráfica (Debate), una adaptación al cómic de su texto más ambicioso,
que sigue batiendo récords. «Estamos en la década más crítica de la historia»,
asegura Harari, quien considera que el destino del ser humano está en juego.
Entre la exposición de una ‘celebritie’ y el retiro monacal. Harari vive en
Israel y lo hace al margen de las redes sociales y ‘desaparece’ dos meses al
año en un retiro espiritual. No obstante, confiesa que conoció a su marido, Itzik,
gracias a una aplicación para citas. Eso sí, allá por 2010.

XLSemanal. Durante la crisis, escuchábamos a los economistas y, ahora,
los filósofos se han puesto de moda. ¿Son ustedes los nuevos gurús?
Yuval Noah Harari. ¡Espero que sí! Necesitamos a los filósofos más que
nunca porque muchas de las preguntas filosóficas, que antes eran puramente
teóricas, ahora se han convertido en cuestiones de ingeniería práctica.
Un coche autónomo debe tomar decisiones éticas. El famoso dilema de si
atropellas a un niño o te estrellas contra un camión que viene de frente…

XL. ¿Y estamos por la labor de reflexionar?

Y.N.H. La mayoría de la gente no se embarca en un viaje serio de
autoexploración porque descubres muchas cosas que no te gustan sobre ti
mismo. Pero, ahora, la tecnología nos está obligando a hacer esta búsqueda
espiritual. Pagaremos caro si no la hacemos.
«Es peor sentirse inútil que estar explotado. En el siglo XX, un obrero podía ir a
la huelga. Ahora, con la automatización, los obreros son prescindibles. Ir a la
huelga, ¿para qué? Si nadie te necesita…»

XL. ¿Por qué?
Y.N.H. Porque estamos inmersos en una carrera por ‘hackear‘ a la humanidad
en general y a ti en particular. Y debes hacer el esfuerzo de estar un paso por
delante de tus competidores: de las grandes corporaciones, de los gobiernos.
Para ganar, debes conocerte a ti mismo mejor que ellos a ti.

XL. La biotecnología también nos plantea cuestiones peliagudas…
Y.N.H. Sin duda. ¿Hasta qué punto podemos modificar el cuerpo y la mente
con ingeniería genética, o con cirugía, o con una interfaz cerebro-
computadora? Pero las preguntas de fondo son las de siempre: ¿qué significa
ser una persona?, ¿qué cualidades humanas son valiosas? Los filósofos han
reflexionado sobre estas cuestiones durante miles de años, sin demasiada
repercusión en la práctica, porque nadie tenía la tecnología para reinventar al
ser humano. Ahora empezamos a tenerla.

XL. ¿Les haremos caso a los filósofos?
Y.N.H. Espero que las compañías y los gobiernos les presten atención, pero
también a los poetas, a los artistas… Porque los ingenieros, a veces, pueden
ser muy ingenuos o estar desinformados sobre las consecuencias de lo que
hacen. Si dejas que una compañía o un ejército decida cómo rediseñar al ser
humano, lo más probable es que potencien las cualidades que a ellos les
vienen bien, como la productividad o la disciplina, y desprecien otras, como la
sensibilidad y la compasión. Y el resultado será que tendremos gente muy
inteligente y disciplinada, pero superficial y espiritualmente pobre. Y esto no va
a mejorar al ser humano, sino a degradarlo.

XL. ¿Cree que existe un alto riesgo de que la tecnología nos haga
miserables?
Y.N.H. Sí. Estamos viendo como surgen nuevas maneras de organizar el
mundo a través de la tecnología de vigilancia. Los chinos están probando
herramientas para algo que podría convertirse en el peor sistema que ha
existido jamás en la historia. Y, además, puede ser exportado a todo el mundo,
como un pack. Incluso países que no tienen la tecnología para crear un sistema
de vigilancia pueden comprarla a China. Así que el peligro es global.

XL. Pero en Occidente ya se ejerce ese espionaje de nuestros datos,
aunque sea para vendernos productos y servicios…
Y.N.H. Sí, es verdad, lo mismo se puede decir del capitalismo de
vigilancia que vemos en Estados Unidos y que también se exporta al resto del
mundo. Espero que encontremos una tercera vía porque ambos sistemas son
muy dañinos no solo para la supervivencia de la democracia, sino para los
valores humanos y el desarrollo mismo de las personas

XL. ¿Puede describir el proceso por el que la tecnología devalúa al ser
humano?
Y.N.H. Le pondré un ejemplo. Cuando pensamos en las posibilidades actuales
de la ingeniería genética, deberíamos recordar que hemos estado criando
vacas y cerdos durante miles de años. Los hemos domesticado buscando las
cualidades que nos interesaban: que den más leche, que sean más
obedientes… Y el resultado es que los animales domésticos no son una mejora
de sus ancestros salvajes, sino un pálido reflejo de lo que eran. Y lo mismo
puede sucederles a los humanos.
«El poder y la riqueza se concentran en China y Estados Unidos. Europa unida
debería convertirse en un contrapoder. Ningún país europeo solo puede
competir con Google, Baidu, Tencent, Facebook…»

XL. Ya, pero que intenten domesticarnos no es nuevo…
Y.N.H. Sí que hay algo nuevo. Antes casi toda la información que se reunía
sobre ti estaba fuera de tu piel: qué compras, dónde vas, lo que ves… Ahora
hay herramientas que pueden recopilar lo que sucede en tu corazón y en tu
cerebro. Y no hablo de tecnologías invasivas, como implantes. Una pulsera que
mide tu ritmo cardíaco o cámaras que observan tu cara son muy buenas ya
para inferir tu estado emocional. Y, en manos de un estado totalitario, pueden
ser muy peligrosas. Imagine que Corea del Norte obliga a sus ciudadanos a
llevar una pulsera biométrica. Entras en una habitación y hay una foto de Kim
Jong-un y el brazalete capta los signos de ira porque tiene acceso a tu cerebro.
Son muy malas noticias para ti.

XL. ¿Somos fáciles de manipular?
Y.N.H. No es tan sencillo. Los gobiernos siempre han querido hacerlo, pero no
podían porque no solo necesitan información, sino capacidad para analizarla.
Si un país tiene cien millones de habitantes, hacían falta cien millones de
espías para seguir sus pasos. Y, aunque los tuvieran y alguien anotase todo lo
que digo, se producirían cien millones de informes diarios. Nadie podría leerlos.
Pero ahora es posible seguir a todas las personas durante las 24 horas.
Tenemos al espía en la mano: el móvil… Y, por primera vez en la historia, se
puede analizar esa información con inteligencia artificial. Ni tu madre te conoce
mejor que el algoritmo.

XL. Usted afirma que somos muy malos tomando decisiones. Si el
algoritmo nos conoce tan bien como para sugerirnos una serie o
elegirnos pareja y, además, acierta más que nosotros, ¿qué hay de malo?
Y.N.H. En principio, nada. Es una cuestión de qué tipo de decisiones les
dejamos a las máquinas. Y quién controla a estas. Por ejemplo, meto mi dinero
en un fondo de pensiones, pero no quiero que ese dinero vaya a parar a
empresas que contribuyan al cambio climático.

No tengo tiempo para estar
mirando dónde invierte ese fondo, pero la inteligencia artificial sí que puede. Me
parece bien, porque me está ayudando a cumplir mis objetivos. El potencial
para lo bueno está ahí y la tecnología puede mejorar la atención sanitaria,
psicológica… El problema es que la mayoría de los datos que se recopilan de
cada uno de nosotros se usan para manipularnos. Por ejemplo, se entrena al
algoritmo para que identifique a jóvenes con baja autoestima y enviarles
anuncios de dietas.

«La economía global es compleja; resulta difícil entender que un magnate del
otro lado del mundo sea responsable de lo que te está pasando a ti. Es más
fácil culpar a los inmigrantes»

XL. ¿Nos está robando el algoritmo nuestro derecho a equivocarnos y
aprender de nuestros errores?
Y.N.H. No necesariamente. Un algoritmo que recomienda música aprenderá las
canciones que nos gustan, pero también se puede ajustar para que nos sugiera
nuevos estilos. Depende de cómo se diseñe. Un cuchillo puede tener forma de
daga o de bisturí. Uno sirve para matar y otro para salvar vidas. Si no tiene otra
cosa, un cirujano también puede usar una daga, pero le va a resultar más difícil
operar con ella. Una de las elecciones más importantes a la hora de diseñar
algoritmos es si se crean para que gobiernos y compañías vigilen a la gente o
viceversa, para que nosotros los vigilemos. Hoy solo se hace en una dirección.
Ellos saben mucho de nosotros y nosotros, casi nada de ellos.

XL. En resumen, el algoritmo quiere saber cómo somos, pero nosotros
somos poco dados a reflexionar.
Y.N.H. Muchas veces la verdad es dolorosa y complicada y preferimos
ignorarla. Eso sucede a nivel individual. Se ha demostrado que la mayoría
piensa que conduce mejor que la media, lo cual es matemáticamente
imposible. Pero también sucede a nivel colectivo: los políticos que le cuentan a
la gente la verdad sobre su país pierden las elecciones. Sucede en Israel, en
España, en Estados Unidos…

XL. Si te sientes abandonado por el sistema, votas a quien te da
esperanzas, no a quien te dice que te va a ser muy difícil encontrar
trabajo.
Y.N.H. Además, es peor sentirse inútil que explotado. En el siglo XX, si eras un
obrero en una fábrica, había una gran compañía que intentaba que trabajases
más horas. La lucha de los movimientos sociales se organiza para contrarrestar
esto. Si ibas a la huelga, la economía colapsaba. Tenías cierto poder porque
eras necesario.

XL. ¿Y ahora no?
Y.N.H. Lo que estamos viendo con la nueva economía del siglo XXI es que la
automatización destruye un montón de empleos y crea otros nuevos, pero esos
nuevos empleos demandan altos niveles de destreza y mucha gente no va a
poder hacer esa transición. No le puedes pedir a un conductor que se recicle
en diseñador de videojuegos. No estará explotado, pero será prescindible. Y
esto es mucho más peligroso. No te sirve de nada ir a la huelga, ¿para qué? Si
nadie te necesita…
«La verdad es dolorosa y complicada y preferimos ignorarla. Los políticos que
cuentan la verdad pierden las elecciones. Pasa en Estados Unidos, en
España…»

XL. Usted señala que esa frustración se proyecta sobre las minorías y no
sobre las élites que se han enriquecido hasta niveles nunca vistos. ¿Por
qué no le pedimos cuentas a Jeff Bezos o Elon Musk?
Y.N.H. Porque la economía global es compleja. Es muy difícil entender cómo
funciona el sistema, las relaciones de causa y efecto. Durante la Revolución
francesa, los campesinos sabían que el aristócrata del castillo cercano los
estaba explotando, así que pedían su cabeza. Pero era fácil ver la conexión.
Ahora es muy difícil hacer responsable a un magnate del otro extremo del
mundo de lo que te está pasando a ti. Es más fácil culpar a los inmigrantes.

XL. ¿Es inevitable que una parte importante de la humanidad acabe
siendo ‘clase inútil’?
Y.N.H. No creo. Antes aprendías una profesión de joven y ya te valía. Pero
hará falta reeducar a los trabajadores cada década, más o menos. Esto va a
requerir enormes inversiones en educación. Algunos países tendrán recursos;
otros no. ¿Y qué va a pasar cuando ni siquiera puedan ofrecer mano de obra
barata porque será más barato volver a producir en Estados Unidos?
Colapsarán.

XL. ¿Podemos escapar de ese futuro?
Y.N.H. No es algo que esté determinado, pero existe un gran riesgo. Además,
vamos hacia un nuevo colonialismo. Durante la mayor parte de la historia
hemos tenido esta clase de relación entre la metrópolis y sus provincias. Estas
proporcionaban las materias primas como algodón, cobre y caucho que las
potencias convertían en tejidos, electrónica y coches, y los vendían a la
periferia. Ahora, la materia prima son los datos. Se necesitan enormes
cantidades de datos para entrenar a la inteligencia artificial. Y estos datos
fluyen hacia el centro del imperio, que los convierten en aplicaciones y
productos tecnológicos que luego venden al resto del mundo, cerrando el
círculo.
«Tenemos al espía en la mano: el móvil… Ni tu madre te conoce mejor que el
algoritmo. La tecnología devalúa al ser humano. Lo domestica»

XL. ¿Dónde está ese centro en la actualidad?
Y.N.H. Hay dos: Estados Unidos y China. Las diez compañías más importantes
son americanas o chinas. Y esto es malo porque, de nuevo, la mayor parte de
la riqueza y el poder se concentra en muy pocos lugares. Una Europa unida
debería intentar convertirse en un contrapeso. No hay ningún país europeo que
por sí solo pueda competir con Google, Baidu, Tencent, Facebook…

XL. Estamos saliendo de una pandemia y ahora dicen que se avecina una
época de escasez. ¿Podemos aspirar a ser felices o solo a sobrevivir?
Y.N.H. No deberíamos pensar en términos binarios. En tener lo uno o lo otro.
Para resistir a una pandemia, hace falta un buen sistema de salud, y la salud
mental es esencial y el bienestar social también lo es. Hemos visto que no
solo es el virus el que amenaza a la gente, también la depresión, la ansiedad,
la soledad, la desconfianza… Podemos ser felices, pero tenemos que escoger
bien nuestras prioridades.

XL. En su libro Sapiens. Una historia gráfica. Volumen 2: los pilares de la
civilización (Debate) cuenta que el trigo nos domesticó, cuando creíamos
que había sido al revés. Esta hierba silvestre se las arregló para
extenderse por el mundo a nuestro lado.
Y.N.H. Sí. Y creíamos que íbamos a vivir mejor, pero nuestras existencias
empeoraron… La Revolución Agrícola fue un fraude. Hace unos diez mil años
llevábamos una vida bastante cómoda y, en un par de milenios, no hacíamos
otra cosa que cuidar de la cosecha de sol a sol.
XL. La agricultura también trajo hambre, lo que resulta paradójico.
Y.N.H. Lo que sucedió fue que la agricultura llevó a una explosión demográfica.
Y cada vez hubo más campesinos no porque la gente lo eligiera, sino porque
ese excedente de población arrinconó a los cazadores recolectores. Pero nadie
se podía imaginar las consecuencias de esta transición. Nadie sospechaba que
las epidemias también eran la consecuencia de la Revolución Agrícola, que
propició el hacinamiento.

XL. Hablemos de los pilares de la civilización: gobiernos y escritura
también aparecieron con la Revolución Agrícola.
Y.N.H. Los reyes y la burocracia son recientes, en términos de evolución. Los
humanos han existido desde hace dos millones de años y se las apañaron sin
gobernantes la mayoría de ese tiempo.

XL. ¿Pero no es mejor ser civilizado que un salvaje?
Y.N.H. Nos gusta imaginar que en las sociedades de la Edad de Piedra había
un jefe. Pero es un error. Fueron las sociedades más igualitarias de la historia.
No había dictadores en esa época. Si alguien intentaba someter a los demás,
podían matarlo por la noche. O marcharse… Con la agricultura no te puedes
mover. Todos dependen de sus campos. Y si un gobernante los oprime no
pueden huir.
 
Yuval Noah Harari
Publicado en El Correo XL Semanal y citado en la web de Enrique Martínez
Lozano.
Entrevista de Carlos Manuel Sánchez a Yuval Noah Harari

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