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Sigue la Misa Sixtina. Orar en círculo o de espaldas -- Xavier Pikaza

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Xavier Pikaza

Misa en latín1.jpgAyer interrumpí mi pequeña serie de textos sobre el pluralismo y la comunicación religiosa para introducir una página-protesta de Carmen Hernández sobre la “misa de espaldas” del Papa. Era un texto al estilo de Carmen o y, en principio, quise quitar la mitad de las frases, sin contar con ella… Pero no me pareció correco, porque el texto no era mío (como los del día anterior). He cumplido su función, ha creado debate, y me alegro.
Quienes tengan otras opiniones y formas de escribir pueden mandarme sus aportaciones, pues deseo que este blog esté abierto a visiones distintas. De todas formas, deploro que el texto haya podido ofender a algunos y que otros ofendido a Carmen que, con buen criterio, ha renunciado a defenderse.

Hubiera cerrado la discusión, pero el tema de fondo es vital para el futuro del cristianismo y de la humanidad: ¿Cómo se relaciona la oración, que es lo más alto, con el encuentro y comunicación concreta entre los hombres y mujeres, que es también lo más alto? ¿Orar en profundidad ha de ser siempre mirarse unos a otros mirando a Dios? ¿Orar en cristiano es comer-juntos compartiendo el don de la vida de Dios? ¿Se puede orar en plenitud sin mirarse, aceptarse y compartir? Escribí sobre ello un libro titulado Fiesta del pan, fiesta del vino. Mesa común y eucaristía, Verbo Divino, Estella 2003. De allí tomo algunas ideas que siguen.

Principios

Ciertamente, hay diversas formas de orar pero ¿cuál es la preferente según el cristianismo? ¿La oración individual en la cámara secreta? ¿Todos juntos, en línea, presididos por un sacerdote, mirando hacia un altar/retablo? ¿Mirar a Dios mirándonos unos a los otros y compartiendo el pan? Quiero dejar que hoy siga el tema, ofreciendo como apéndice dos textos: uno de mi amigo A. Aia sobre la alquibla musulmana; otro un texto clásico de Righetti, especialista máximo de historia de la liturgia, sobre el altar y la dirección de la oración.

1. No hay Jerusalén ni Garizim: el lugar de Dios son los otros. En principio, los cristianos no oran mirando a Jerusalén ni al Garizim (Jn 4, 21), pues Dios está en “espíritu y verdad” en todos los hombres y en todas las cosas… Sin embargo, algunas direcciones han podido ser venerables para muchos, tanto el oriente como el occidente y, en especial, Jerusalén.

2. La forma original de oración comunitaria cristiana (y la eucaristía es oración comunitaria) es la oración en círculo, pues sólo así tienen sentido las palabras de Jesús y del celebrante: “tomad, comed”, “tomad, bebed”… Decir esas palabras de espaldas va en contra de la intención del gesto y de la plegaria (aunque se haya hecho, y se haga en oriente…). En esa línea se sitúa el texto de la eucaristía/multiplicación que habla de “círculos” de comida-oración (Mc 6. 38-40).

3. La oración cristiana vincula el “Dios” y el “nuestro”. La dirección de Dios son los otros: el encuentro con Dios es el encuentro con los demás… Desde ese fondo se pueden poner de relieve otros elementos, pero el “sacrificio” cristiano (defínase como se defina) es inseparable de la comunión cristiana.

4. La verdad y el futuro del cristianismo y, a mi juicio, de la humanidad está en la Eucaristía, en el despliegue de una oración que sea comida compartida, en una comunicación con Dios que sea comunicación entre los hombres y mujeres… Lamento que la reflexión de ayer (de Carmen) haya podido suscitar divisiones e incluso insultos. Eso no ha sido eucaristía… y lamento haber provocado esos insultos-divisiones, si la causa de ellos ha sido la inclusión del texto de Carmen.

5. Para que sea vea el tipo de dirección musulmana en la oración introduzco el texto de A. Aia… La alquibla es venerable, pero no explana la plenitud de la oración cristiana. En el lugar de Mirhab musulmán tenemos que poner los cristianos el pan para compartirlo en corro… (aunque a veces el Mirhab sea muy importante). Por eso, el sagrario cristiano es «un pan» para compartir, es el corro de los hombres y mujeres que «adoran» al Dios del pan compartido. Sería hermoso comparar el sagrario-pan cristiano con la Mirhab musulmana.
6. Para quien quiera conocer más sobre el tema de la dirección cristiana… y de la historia de la eucaristía le recomiendo el libro de Righetti, en cómoda edición on line, que cito al final.

Apéndice 1. A. Aia: La QIBLA musulmana

La qibla es orientación cuando se hace la azalá. En cada mezquita, el mihrab marca la dirección de la qibla. Durante algún tiempo la qibla de los musulmanes fue Jerusalén. Tras una fuerte experiencia espiritual que Muhammad tuvo y que la tradición conoce como “el Viaje Nocturno” (→ ascensión), el islam adoptó la Caaba (en Meca) como su qibla. Hay muchas explicaciones de por qué primero los musulmanes tenían como qibla Jerusalén y luego Meca. La más malintencionada de ellas dice que Muhammad aspiraba en principio en ser aceptado como profeta de la tradición bíblica con el encargo de anunciar el mensaje a los árabes, y que cuando comprobó que los judíos nunca le aceptarían ni siquiera con la misión de predicar a los que no eran judíos, quiso marcar una diferencia frontal entre judíos y musulmanes.

Otras interpretaciones más benévolas dicen que haber establecido la qibla en la Caaba desde el principio, una Caaba por aquel entonces llena de ídolos, habría confundido a los musulmanes. Para hacer de la Caaba la qibla del islam debía primero de limpiarse de ídolos y que esta fue la razón de que hasta entonces los musulmanes tuvieran permitido orientarse hacia la única qibla que por aquel entonces tenía el unitarismo: Jerusalén.

El sentido de dirigir la azalá hacia un punto concreto del espacio físico lejos de ser una recurrencia de la mentalidad mágica y de suponer ninguna clase de reivindicación nacionalista, tiene un sentido de unir a los creyentes en una sola comunidad. Pertenece a esa serie de mecanismos con que cuenta el islam para unir a una comunidad, como ayunar en un mismo mes, peregrinar en un momento concreto del año a un lugar específico o no tocar una coma del libro revelado. Que exista una qibla no quiere decir que el musulmán encuentre a Dios sólo en una dirección. Expresamente dice el Corán “Hacia donde vuelvas tu rostro, allí está la Faz de Allâh” (2:115) (Abdelmumin Aia)

Apéndice 2. M. Righetti: altar y direccién eucarística

(cf. Mario Righetti, Historia de la Liturgia, Tomo I, III, 6. Edición Impresa: BAC, Madrid, 1955. Versión On Line: http://www. holytrinitymission.org/books/spanish/historia_liturgia
_m_righetti_1.htm#_Toc22650548)

1. Principio. Altares de Madera

Cuando, en la edad apostólica y postapostólica, el rito agápico no había hecho aún la separación entre la mesa del banquete y la del sacrificio, el altar quizá no era un objeto litúrgico; servía para tal fin una de las mesas en forma de ese griega en torno a las cuales los fieles habían comido fraternalmente, y, más en concreto, aquella sobre la cual el obispo con los presbíteros había consagrado el pan santo. He ahí por qué no existió en este primer período un altar propiamente dicho, como solían concebirlo los paganos, que acusaban efectivamente a los cristianos de ateísmo

Esta movilidad del altar respondía al concepto que de él tenía el cristianismo, muy distinto del de los paganos. Para éstos, lo que contaba era el soporte material del sacrificio (el βωμός, como lo llamaban); para los cristianos, mαs importancia que el objeto material tenía la acción mística, el sacrificio de Cristo, que allí se realizaba. Con todo, el fin eminentemente sagrado a que servía debió muy pronto asegurar a la mesa eucarística una atención especial, y fue causa de que se la considerara como «objeto litúrgico»; más aún, como res sacra, porque, como observaba Orígenes, estaba consagrada por la sangre de Cristo.

2. El Altar Fijo, de Piedra.

Con la paz de Constantino, el altar entra en una nueva fase. Esta presenta tres características importantes: a) Abandona la madera y se construye preferentemente con materiales sólidos (piedra, mármol, metales preciosos).b) Se fija de manera estable en el suelo. c) Se asocia, por lo regular, a las reliquias de los mártires. Esta evolución del altar se verifica contemporáneamente y, casi podríamos decir, de improviso en la primera mitad del siglo IV tanto en Oriente como en Occidente. En el siglo IV, el altar de piedra, asociado a las reliquias de los mártires, se presenta bajo tres formas principales:

Las dimensiones del altar durante este segundo período de su historia (s.IV-IX) fueron constantemente modestas. La mesa tiene preferentemente forma cuadrada o un poco rectangular; los lados no pasan del metro de largura y de altura. El altar se coloca en el ábside, delante de la cátedra, o bien entre las dos pequeñas rampas que conducen del pavimento de la iglesia al plano realzado del presbiterio, o también en medio o al comienzo de la nave central, como en las antiguas basílicas de San Pedro y San Pablo. Carece todavía de las gradas de acceso que tendrá más tarde y se apoya directamente sobre el pavimento. Tampoco presenta un lado anterior y otro posterior, sino que es una simple mesa sostenida por cuatro pies. Según la orientación habitual de las iglesias, el obispo celebraba desde la cátedra vuelto de cara al pueblo, esto es, hacia el occidente, mientras que el pueblo asistía mirando al oriente, de cara al obispo oficiante.

Todos hacia Oriente: Misa de espaldas al pueblo. RetabloSólo que hacia los siglos VI-VII (es difícil determinar exactamente la época), acaso por influencias de Bizancio, donde la orientación para orar se cuidaba más que en ninguna otra parte, pretendióse, en cuanto la posición del altar lo permitiera, imponer al oficiante que celebrase mirando al oriente. Dos consecuencias:

1. De espaldas al pueblo: liturgia galicana. Por eso tuvo necesariamente que volver las espaldas a los fieles. Fue éste un cambio litúrgico de gran trascendencia para el Occidente, y que llegó a Roma a través de la liturgia galicana, como lo atestigua el Ordo en su doble versión. En la más antigua se dice sencillamente que el pontífice stat versus ad orientem; en la posterior, la rúbrica es más detallada: Quando vero finierint (el «Kyrien»), Pontifex, dirigens se contra populum, incipit «Gloria in excelsis Deo.» Et statim «regirat se ad oriénteme, usque dum finiatur. Post hoc, «dirigens se iterum ad populum. dicens, «Pax vobis» et «regirans se ad orientem» dicit «Oremus»; et sequitur «Oratio.» La nueva postura del sacerdote en el altar no se practicó ciertamente en seguida en todas partes, ni siquiera en Roma; pero poco a poco se fue generalizando, y, sin duda, fue el primer paso que había de conducir a la costumbre tan poco natural de celebrar de espaldas al pueblo, separándolo prácticamente de la participación en la acción litúrgica. Práctica que contribuyó no poco a la recitación en voz baja de la oración eucarística.

3. Mirar hacia el Retablo.

Hasta esta época, el revestimiento de que hablan los textos antiguos cubría el altar en todas sus partes o por lo menos en sus dos caras principales; era como un verdadero «vestido sagrado» del altar. A partir del siglo XI, al difundirse los retablos y acercarse el altar hacia la pared de la iglesia, se comenzó a no revestir todo el altar; fue suficiente cubrir la parte anterior solamente; de ahí los nombres de ante altare, frontale, antependium, que corren en los inventarios medievales para designar lo que llamamos frontal, y en otras partes, como en Italia, se indica con palabras derivadas de palliare = cubrir.

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