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Siete Orientaciones hacia el futuro -- Once sacerdotes de la diócesis de Colonia (Alemania)

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Con una carta abierta sobre la situación de la Iglesia y del ministerio sacerdotal en Alemania, once sacerdotes del curso de ordenación de 1967 de la Arquidiócesis de Colonia se han dirigido al clero y a la opinión pública. La emisora de la arquidiócesis, en su página web domradio.de,reprodujo textualmente la carta de los sacerdotes con sus propuestas de reformas.
Martes, 10 de enero de 2017
En medio de los impulsos del Concilio Vaticano II, comenzamos en 1961 el estudio de la teología. Después de dejar el Seminario en el año 1967 nos hemos encontrado generalmente un vez al mes. Hemos participado juntos en retiros, formación permanente y viajes. El 27 de enero de 2017, exactamente 50 años después de que la mayoría de nosotros recibió la ordenación de presbítero, queremos celebrar nuestra misa de acción de gracias en la iglesia de San Maximilian en Düsseldorf, donde recibimos en 1966 el diaconado.

Cuando optamos por el estudio de la teología, el Papa Juan XXIII sorpresivamente había abierto las ventanas de la Iglesia. El mundo quedó asombrado y nos sentimos parte de la vanguardia de un mundo cristiano en renovación. Desgraciadamente, más tarde entre las autoridades en Roma y también en la Diócesis de Colonia se incrementaron los miedos. Una mentalidad de bunker habría que asegurar la fe. Y quién clamó entonces: !No tengan miedo!?

No obstante, nuestra Iglesia ha avanzado. Muchas cosas que en aquel entonces favorecimos y fomentamos por medio de una obediencia anticipada en las parroquias hoy se sobreentienden y son oficialmente toleradas e incluso aprobadas. Sin embargo, con el tiempo se manifestó que las reformas litúrgicas no andaban acompañadas de un trabajo bíblico renovado y profundo. Tuvimos que aprender a seguir nuestro camino con numerosas decepciones. Entonces, las comunidades locales muchas veces nos dieron fuerza para no perder el ánimo.

Nos deprime que la cuestión de Dios para muchas personas aquí ya no es tema. Además, constatamos que los avances científicos sobre la Biblia y sobre la condición histórica de la Iglesia no entraron en los conocimientos generales sobre la fe de los cristianos. El nuevo entusiasmo que el Papa Francisco quiere iniciar con la palabra bíblica clave Misericordia hasta ahora parece cautivar apenas a unos pocos.

Nos duele particularmente que aparte de la temporada de las Primeras Comuniones apenas llegan niños y familias jóvenes a misa y que muchos jóvenes y adultos sólo participan en la vida de nuestras parroquias ocasionalmente, si es que participan, todo eso después de habernos esmerado durante décadas precisamente por las familias jóvenes.

En nuestra sociedad, en la cultura, la política y la economía sentimos demasiado poco la fuerza que podría salir de Jesucristo, y como cristianos y como Iglesia la hacemos sentir demasiado poco. Muchos cristianos se quedan callados, en vez de defender abierta y decididamente su fe.

Ante el creciente número de musulmanes debemos dar la cara como cristianos y fortalecernos para el diálogo. Se necesita, sobre todo, el diálogo espiritual, para que el espíritu de la Biblia se encuentre con el espíritu del Korán y la Palabra se confronte con la Palabra en la búsqueda de clarificación y acercamiento.

¡Pero la presente crisis en la vida de fe de las iglesias también trae oportunidades! Si no “abandonamos la esperanza transmitida en el Evangelio” (Col 1,23), pensamos concretamente en siete orientaciones hacia el futuro:

Necesitamos un lenguaje que hoy nuevamente llame la atención en el anuncio del mensaje bíblico. El lenguaje de la Biblia se tiene que poner más claramente en relación con nuestras vivencias y nuestras metáforas.

Consideramos importante animar al gobierno de la Iglesia a permitir que actúen los carismas de hombres y mujeres y no restringirlos por medio de leyes eclesiásticas: hay que apoyar a hombres y mujeres a que pongan sus talentos al servicio de todo el mundo.

Necesitamos urgentemente iniciativas valientes en la cuestión de la admisión a los ministerios consagrados. Para nosotros no tiene sentido estar rogando todo el tiempo al Espíritu Santo por vocaciones y al mismo tiempo excluir a todas las mujeres de estos ministerios.

Necesitamos una actitud sin temor y confianza en que el Señor está muy por encima de nuestras querellas confesionales. La participación en la Eucaristía y la Cena del Señor está bajo la responsabilidad de cada persona cristiana bautizada.

Necesitamos ya un giro en la planificación pastoral. Las autoridades eclesiásticas han dejado colapsar el sistema hasta ahora vigente ante la vista de todos nosotros. Las Mega-parroquias bajo todo punto de vista son un despropósito. Así, la creciente tendencia al anonimato y aislamiento en la sociedades fomentado hasta desde la Iglesia, en vez de oponernos a ello. Iglesia debe encontrarse y comunicarse en cada lugar. La dirección de la parroquia no debe estar en una central alejada sino allí “donde está la torre de la iglesia y donde suenan las campanas”. En cambio, sí tiene sentido que haya redes supra-locales para coordinar la Pastoral Social, el movimiento juvenil o la música sagrada.

Se necesita un espacio para la experiencia de comunidades de fe en pequeño y en grande, precisamente, la iglesia con centro parroquial. La muerte de parroquias de ninguna manera estará programada de antemano, siempre y cuando hombres y mujeres de iglesia estén presentes y vivan en cada lugar. De reflexiones y proyectos, p.ej. en Austria y Francia podemos aprender.

Finalmente, nos mueve la experiencia de soledad- en aquel entonces impuesta por obligación. Como célibes avanzando en edad, después de 50 años de ministerio, ahora la sentimos a veces fuertemente. El celibato, unido a una Vida Religiosa comunitaria, es capaz de liberar grandes energías. Unido al “modelo de hombre soltero” lleva una y otra vez a un aislamiento estéril y/o un activismo impotente. Rara vez libera una fuente espiritual para la pastoral. Sin duda muchos de nosotros hemos aceptado este estado clerical por amor a la vocación, pero no hemos optado por él. Hasta en la Biblia faltan las palabras que sustenten la ley eclesiástica en cuestión. Un motivo para la reflexión presenta esta cita bíblica, un impulso para una enmienda vivificante que da ánimo a las comunidades:”El obispo sea un hombre sin falta, casado solamente una vez….” (1 Tim 3,2)
Los firmantes: Wolfgang Bretschneider, Hans Otto Bussalb, Gerhard Dane, Franz Decker, Günter Fessler, Willi Hoffsümmer, Winfried Jansen, Fritz Reinery, Josef Ring, Josef Rottländer, Heinz Schmidt; con este círculo también se identifican: Klaus Kümhoff, Erhard März, Horst Pehl, Josef Rosche.

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